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Poemas de Alsino Ramírez C.

viernes 5 de diciembre de 2025
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Distancia sobre la aurora de mis pájaros

Para Aurora Ramírez, cantautora

Hay calles que no deseo advertir, puertos, trastos, libros,
las fotos que amo y aún no deseo mirar.
Están la soledad, el invierno y los lunes,
están los pasillos obstinados, la noche de todas las noches,
el desfile de los perros con cara de llanto.
Está mi carne cocinada en la ira,
está mi yugular seducida por el silencio,
están tres pájaros encadenados a mi vuelo
pesando la tierra, cantando a mi nariz,
esculpiendo su inocencia, acelerando sus pies
con la frecuencia de los años de novicios.

Tú que conoces la muerte, cuéntale de mis
años sin alma, de mi desacato a la fantasía
de dioses y titanes, cuéntale que seguiré rompiendo
lagartos para resolver la poesía de tu nombre.

 

No, no nos lloriqueen ahora

No, no me lloriqueen,
no después de lanzarme por los tejados
y empeñar las cafeterías donde espiaba
las tardes dormir y engendrar sombras,
donde había orgasmos tristes
y condolencias anticipadas por los amantes ocasionales.

No, no nos lloriqueen,
es prohibido dolerse ahora que hemos
sido expulsados de la soledad que nos protegía,
ahora que hemos sido echados a vagar entre
los balbuceos, publicidades y semáforos,
ahora que buscamos placebos en ingestas vulgares
y dominamos la poesía de autobuses,
los discursos de bocinas musculosas,
los diálogos de pájaros y fábricas y casas de citas enfermas.

No nos lloren ahora
que combatimos prendidos de la mano
contra la anemia de sus corazones,
que entendemos la zafra de la muerte,
que nos despedimos con los ojos abiertos.

 

Aún están cayendo pájaros en la madrugada

Aún están cayendo pájaros en la madrugada,
hay un olor a combustión mitológica en las ciudades,
un olor a madre que dejó de dormir hace tiempo,
una gravedad de huesos que acaba en tristeza,
un tufo propio de desánimo que inunda las alergias de la noche.
Hay una cresta que roza insistente mis órganos diciéndome
que los días vendrán recogidos como enfermos,
que serán mártires avanzando como animales sangrantes.
Lo he vivido,
para qué perseverar en el dulce complot de mis muertos
por hacerme desquiciadamente feliz,
para qué creer en la luz del nuevo día con estos ojos
rebozados, lascados de confesiones, silenciosos de hospital.

Aún están cayendo pájaros en la madrugada,
no me pidan seguir las campanadas de los templos
ni razones para servir la mesa y deleitar el corazón,
no me obliguen conjugar verbos solidarios con la felicidad ajena.
Lo he sentido como una suma de fiebres
que impiden sosegarse y proclamar reyertas en los estrados,
para qué entonces permanecer confiado en que no moriré
si esta mañana me he levantado muerto,
humedecido en absurdo y ácido de lengua.

Podrían declararme cuerdo si me visto de luto,
si leo los versículos que entregan en los autobuses
a los psicópatas con cara de salvación,
podrían los alquimistas alguna vez catalizar el amor.
Para qué seguir entonces escuchando a las naciones
de sus quejas si todo es inevitable,
hemos trasladado en hombros a tantos compañeros
de infortunio que la vida terminó doliendo en los tobillos,
nuestros ojos se volverán piedra ciega, nuestras ciudades
se rendirán ante los brutos del látigo,
sangre nuestra que se licúa en agua bautismal
para los que vienen huérfanos y hambrientos.
Cantan invisibles mis visiones amadas,
hoy es el día donde se alternan la distancia
y la anarquía de la muerte,
no quiero seguir tratando de entender este frío de retiro,
todavía siguen cayendo los pájaros en esta noche.

 

Nueve

Para Aurora Ramírez, cantautora

Hoy, estacionario, tullido, expulsado
he motivado nueve veces mi falta de empatía con la tierra
nueve retornos a mi estado natural de rabia
nueve declaraciones de guerra a las ciudades, los puertos,
los vecinos, las franquicias de comida, los baños públicos,
las letras aburridas de una receta de médico
nueve diámetros del universo tras la verdad
de una palabra fugaz que termina en el silencio más hondo
nueve hematomas como únicos milagros reconocidos
nueve veces muerto esperando con inutilidad una escena surrealista,
una voz familiar, una curvatura del espacio con biografías de amor.
Una vida, un cuerpo con mal de ojo,
un carbón anémico en las entrañas,
una mirada que busca ser entre las auroras del mundo

 

Escribamos hasta nuestro íntimo salvaje

Escribamos hasta nuestro íntimo salvaje,
escribamos para el conjuro y expulsemos el elogio del rosario de intenciones
Sólo quiero encender fósforo en las cabezas de los pocos que me escuchen
sólo voy a leer manifiestos sobre esta danza de traidores
sobre este déjà vu de asco hacia las tardes
No me obliguen a arrancarme el alma y pretender en mí el vacío
mejor expresen con lo mejor que tengan
las razones de este salón de espera donde no se espera nada
el argumento de estas estufas tristes como un orfanato que se derrama
las raíces de estas calles con sus perros delgados como minuteros
donde los vagabundos duermen de pie
donde defecan, fingen, pasan hambre
donde odian sus cuerpos y coleccionan fotos ajenas y tienen
esperanza en la muerte, pero aun así duermen de pie
como si en un rito de extravío pudieran evitar caer de golpe
acostados como muertos
Enuncien, expongan, con la voz de todos los corregidos y amotinados
en esta nocturna rebelión de sombras que fuman y beben y hacen hijos
Cuenten de su infierno de urbe con sus pequeñas alegrías orgásmicas
La verdad estará desnuda con las piernas cruzadas
invitando al regocijo de los ilustrados
a costa de sus hígados devorados por los zánganos del sastre
Un juez corre desnudo entre el desprecio de la hierba

Escribamos hasta tu íntimo salvaje
que las letras sean vengadas por llevarlas a la horca de los locutores
Escribamos para soltar los minotauros cerca
de las residencias de los fedatarios de la miseria
Que se haga justicia por los pétalos enfermos de estos tréboles alborotadores
que sólo alcanzan para la fatalidad y el enojo
Que se haga una rebelión para reponer la honra de estas casas en huesos
de estas ciudades de yeso barato y flojo
de estas catedrales pendencieras hasta la ofensa
de estos hospicios con cara de pájaro en luto
de estos hospitales y manicomios afligidos como jeringas de adictos
qué tristeza su desahucio bajo los genitales de los generales
Que el poema saque nuestro íntimo salvaje
Sólo quedará en lo que resta del día arrancar los ojos de los invidentes

Alsino Ramírez C.
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