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Cinco poemas de Alexander Martínez Reyes

lunes 17 de agosto de 2026
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Entre las sombras

Qué miran los gatos
si no el pasado y el futuro,
están tendidos sobre el presente
que no perciben en nuestra presencia
porque miran con nuestros ojos,
pero cuando desandan
entre las sombras sin ser vistos
miran la eternidad.

 

Si te miro a los ojos

Si te miro a los ojos me quedo colgando
de tus pupilas
como si estuviese agarrado de una piedra
al borde de un precipicio
si te miro la boca me siento hambriento
como un perro famélico
que sobrevive de sobras y huesos
y si imagino tu lengua me invade la sed
como si atravesase un desierto
mi propio desierto de soledades
y el tuyo de dunas indescifrables
si te miro a los ojos y no me precipito
en el abismo
es porque algo de ti me quiere aferrar.

 

Amarte y quererte

A Leel, cometa de mis sueños.

Te amé mucho
como un ángel que adora la luz,
pude amarte más
como un ángel que adora el abismo
con un amor desmedido
delirante
pero te amé con cordura
con esa ternura
que desborda por la mirada
para hacerte sentir arrullada
entre mis brazos sin tocarte,
amé tu melancolía
me la inyecté en las venas
para que circulara por mi sangre
y la sintiese siempre mi corazón,
quise amarte mucho más
pero me contentaba
con el perfume de tus cabellos
y el contacto de tus manos fugaces,
añoraba besarte como los niños
que sueñan viajes galácticos
y regresan con estrellas en los bolsillos,
viajar por tu boca
para llevarme un poco de tu aliento
tatuármelo en los labios
y respirarlo siempre,
por último,
hubiese querido “conocerte”,
haber visto tu sexo,
extraviarme en tus entrañas,
y después,
el amor se habría desvanecido,
pero te habría querido eternamente
como si fueses mi hermana,
mi madre, mi hija
o mi propia carne.

 

Las cenizas de lo inevitable

Algunas noches la soledad me quema
como cera derretida en las pupilas,
el presente arde en la memoria
expandiendo el humo del cotidiano
hacia el futuro que no temo,
algunas noches me quema los ojos
el recuerdo de la sonrisa de mi hijo
la presencia lejana de mi madre
el beso añorado de Leel
me quema una llama necesaria
para hacer que me ardan los ojos
de tanto mirar el tiempo que asecha,
me quema mi propio ego, la vida
para que renazca cada instante
de las cenizas de lo inevitable.

 

Bingo

Juegas a la lotería como si fueses un niño
cuando jugabas a las bolas y perdías
a la pelota y te ponchaban
a los escondidos y te descubrían
pero cuando estaba por culminar el día
pasaba ella con sus amiguitas,
y se moría de la risa
no resistía verte y te dabas cuenta
de que parecía que iba a desmayarse por ti
entonces algo habías ganado ese día
y después de poco tiempo
hasta te hacías novio de ella:
ya eso era un premio que no te esperabas
y así continúa a suceder de adulto,
juegas y no ganas nada,
pero, de vez en cuando,
las inalcanzables te clavan ciertas miradas
que te hacen sentir vencedor
sí, de una modesta cifra,
pero nunca se sabe,
quizás de mirada en mirada
un día podrías “ayudar” a una de esas chicas
bellísimas y solas
que en el fondo de su alma
apuestan por que cualquier pobre diablo
las ame un poco
en modo descarado o romántico,
les da igual
y sucede
entonces haces el amor con una de las elegidas
y la satisfaces para que gane la apuesta
mientras sobre la mesita de noche
a un lado de la cama
yacen tus números de la lotería
pero sabes que esa noche ya has ganado
y quieres agradecer la buenaventura
y el único modo que se te ocurre
es romper los boletos sin controlarlos
y lanzarlos a la basura.

Alexander Martínez Reyes
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