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Cuatro poemas de Darío Ramos Amau

miércoles 30 de septiembre de 2026
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He salido a buscarte

He salido a buscarte
con el dolor del ocaso
y con la soledad anudada
a la sal de los días muertos.
He buscado tu desdicha,
marcada con mi nombre,
en la tímida oscuridad
y sólo resuena el silencio gris
que estremece la tierra.
Tus ojos y tu corazón
¿Seguirán el aciago destino?
De sepultar sueños.
De esconder la soledad.
Y el fracaso sin destino.
¿Seguirá el viento golpeando
el inquieto amanecer?
¿O todo será como ahora?
Inquietos en la incertidumbre.
Azorado ante la existencia.
A punto de que Dios muera
y nos quedemos sin eternidad.

 

Contener la soledad

Contener la soledad
en un pequeño acuario
y observar sus lentos
movimientos.
Sus ojos cerraditos,
de calma,
tan desvaído por el destino.
Extraños rumores anuncian
el retorno de la tristeza.
Escribir un derribado poema
y arrugarse como un papel
en la cesta.
Bebo un charco de culpa,
mientras naufraga la vida.
Lamento.
Intranquilizar mi conciencia.
Abrumar mi cuerpo
en la inutilidad.
¡Ay soledad!
De tanto mirarte
la promesa
se ha vuelto funesta.

 

He decidido

He decidido adoptar
la arena del desierto.
Y colocar un gran dios
de mármol y esmeralda.
He dejado atrás
la ciudad
y el pensamiento
compuesto,
grave y articulado.
He dejado atrás
a mi mujer hastiada
y su tratado en latín sacro.
He dejado atrás la utopía,
el verde amanecer
y los sueños de colores.
Sentado.
En esta duna sin palmera
rescribiendo el Génesis,
madurando conflictos.
Otear la arena
yermo de esperanza.
La casa vacía
es mejor
que la vida llena.

 

Lo lamento

En esta larga noche infiel
llegaré tarde, lo lamento.
Me quedaré en aquel bar
inglés, de madera oscura,
y de espejos perplejos.
Abrazado a la sombra
rococó de tus pensamientos
y al aroma agraz de la noche
simula el antifaz del destino.
Al fondo las sombras juegan
cartas y fuman tristeza rota.
El mundo sigue su curso
sin el gato de ojos verdes.
Sobre estas calles sedosas
la noche sepulta tu nombre.
Quisiera estar en tu latido,
devorando tu esperanza.
Buscar el sabor de tu vida
en el taimado viento de la noche
y tan sólo es humo disuelto.

Darío Ramos Amau
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