La codicia
A partir de Hieronymus Bosch
En la antesala de la no existencia
pesan más que oro al morir las horas.
Alguien colocó a Cristo en el vitral
y al caer flechas de luz al enfermo
comen cual gorrión a la mariposa.
Humana armadura se oxida rápido.
Es traicionero el metal de la sangre
porque sólo cuenta lo compartido.
Asemeja la seda de las sábanas
de la urna el tono triste y lujoso.
Sentado en ese desierto se alza
porque teme que alguien le arrebate
una bolsa de vísceras monedas.
Que se lleven el cuerpo que le queda,
que lo vacíen sin gastar lo suyo.
Ávido de cultivar el vacío
quien no supo dar valor a las cosas
inevitable recibe visita.
Se trata de una dama sin piedad
que no aceptará un no por respuesta.
Los ángeles elevan su mirada.
Una mano que clama y la otra
sobre el pálido hombro del enfermo
intentan persuadirlo de su error.
Esparciendo un asombro sin sonrisa
ella cruza hecha huesos la puerta,
segura de ser la flecha final.
A su paso el verbo descarnado
dibuja demonios al mediodía...
monjes con filosas alas de acero
meditan su indiferencia de espaldas
y las colas repugnantes se arrastran
o en dos patas se yerguen sobre el oro
sigilosos mamíferos mutantes
o acechan las pezuñas desde el techo.
Un cuerpo al que le duele hasta el reposo
acumuló tanta nada que no sabe darse
y desafortunadamente se va
en deuda para siempre con la vida.
Fuego
La velocidad implacable del tiburón
supo medir con los ojos el mar.
El jaguar y la gacela pusieron misterios
sobre la tierra, desnudándola en precisión,
y la golondrina, el zopilote y el águila
planearon sin pudor por la alta torre del aire.
Encarnar el elemento de la historia es habitarla, dicen unos
pero en la hoguera, en el incendio, entre las llamas...
¿Qué ojos se abren?
Amor animal
Un amor que espera y aparece
con la sangre caliente
apto para la supervivencia
ni reptil ni anfibio, en las entrañas,
seguro hasta su expulsión
un amor que abre los ojos del cuerpo
y bebe de la leche amorosa
que una madre inmensa y milenaria
le ofrece mientras se rompen los huevos o son comidos
día tras día en este paraíso imperfecto
él se oculta por el suelo constante
arrastra su sombra
entre las copas de los árboles espía pequeño
a los monstruosos dinosaurios del odio
un amor del tamaño de un ratón
se deleita devorando insectos, nueces, fruta,
el jugo hipnótico de las cortezas
hasta que lo seduce la superficie silenciosa
y deja su escondrijo
porque no teme al tiempo ni quiere comprenderlo
confía en el sonido
de cráneos y columnas
que la vida abandona sobre el suelo
agonía gigantesca
escamas sin sol
era que se derrumba
música sin terror
los cadáveres no lo cazan y así avanza
un amor que se alimenta de muertes
adicto a evoluciones
siempre a un cambio
de conseguir lo que quiere
no importa la torpeza, importa el intento
caer a cuerpos que no lograron adaptarse
cuernos que nunca tocaron el cielo
pero sí el corazón de los curiosos
porque así crece
amorosamente
paso a paso nuestro
amor animal
no se parece al que hoy conoces
ya le decían caballo pero era caos
casi camello, rinoceronte impreciso,
así lo cuentan las rocas
Un amor caravana bajo el sol
manada de metamorfosis en clima cálido
fruta jugosa de Tierra sin Hombres
de lobos abundantes como bocas
creciendo así hasta que el hielo quiso
un amor monstruoso hasta ser Mamut
ocultando su tuétano del frío
mostrándole las fauces
abiertas en ángulo recto
al enemigo
mutando extrañeza para ser látigo,
dedícuro, daga, colmillo esmilodonte,
al sur siempre al sur
lejos de los crueles glaciares...
un amor pigmento prehistórico
pardo, rojo, amarillo
fósil helado en el suelo de Siberia
inexacto en esencia pero recordado
en la caverna eco de la caída
desde entonces hierba que todavía crece
cielo de bestias de nieve intactas
estrellas sirviendo a una oscuridad aceitosa
un horizonte inverso que contemplan en Polonia
siglos de asombro después
un amor desorientado en el museo de las formas perdidas
estudiando su desaparición
las causas de no acordarse cómo llegó aquí
glaciar que retrocede
para que tras la extinción tú existas...
un amor monedita
musaraña
manatí
montaña azul que nada
en el Atlántico
como bajo el agua canta un pájaro imposible
Antípoda
A partir de Subnautica Below Zero
Iba buscándote,
abandoné la nave.
La cápsula que abordé me salvó
otra vez del cuerpo, de sus caídas
de astro insignificante.
Aterricé. Una soledad de nieve inmensa,
de cielos y aguas de cristal
acarició mi cerebro
y del planeta que perdí surgió la palabra
antípoda. Yo en medio de lo inhabitable,
buscándote. Las herramientas ayudan más
que la esperanza y sus imperfecciones.
Sé que lo desconocido nunca es una casa
pero en este planeta helado
tu presencia es una posibilidad. Llamaste
desde la base por última vez.
No solíamos tomarnos en serio
en nuestros juegos terrestres.
El caos era nuestro privilegio
y, no sin regaños,
nuestros padres nos lo concedían.
Ganar era un oxígeno alterado
necesario como el sueño o correr descalzos.
Nuestra casa era una habitación aparte.
Evoco en este clima bajo cero
los niños que fuimos, la conciencia caprichosa
de las horas que amamos como una bacteria
en contra de la realidad pero alimentándola.
Infancia paraíso virus virtual parásito.
Sé que el deseo crece más rápido que el cuerpo,
no te lo dijo la ciencia que tanto estudiaste.
La que te condujo a esta misión
que hoy es misterio y mal presagio.
Buceo en busca de venganza
voy a lo profundo y regreso a la superficie
pero, como en la tierra, no estoy hecha
para llegar al fondo del mar ni de las cosas.
Tu rastro se oxida pero resiste,
aún hay posters prohibidos en tus paredes
botones y bitácoras
cuyo sentido ignoro.
Y sin embargo construyo
una isla tecnológica como método de supervivencia.
Recolecto día y noche minerales mientras
la tempestad aguarda un tropiezo,
una distracción, un camino elegido por mí al azar,
es el leviatán que nada y no duda, nada.
Pero vengo de un mundo acabado,
ese que tú tan bien conociste. No me rindo,
algo ajeno e incorpóreo
me invade y habla en mi interior para que avance.
Sin miedo a la genética extraterrestre ni
a sus criaturas combatientes sigo tu rastro
esperando que a nadie se le ocurra,
como pasó con la infancia,
como pasó con la tierra,
desconectar el cable a mitad del amor.
- Poemas de Brianda Pineda Melgarejo - viernes 21 de agosto de 2026


