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Falleció a los 75 años el escritor hondureño Teófilo Trejo

domingo 20 de marzo de 2016
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Teófilo Trejo
Trejo: “La mentira es una práctica de los políticos para mantener en la ignorancia o el engaño a un pueblo”.

El escritor hondureño Teófilo Trejo murió este viernes 18 de marzo, a los 75 años, a causa de las lesiones que sufrió tras ser atropellado, al parecer por una motocicleta, cuando —durante uno de sus acostumbrados recorridos vendiendo sus libros— cruzaba una calle en la ciudad de Choloma, norte de Honduras, informó una hija suya.

Trejo, quien vivía en esa población, era para los hondureños un símbolo de la tradición oral, que empezó a plasmar en formato impreso en sus primeros dos libros, Las perras de Teofilito y Cuénteme otra (perra), Teofilito, editados a finales del siglo pasado por la Editorial Guaymuras.

El escritor, que solamente cursó parte de la educación primaria, comenzó a cultivar el arte de la expresión oral en los campos bananeros.

La directora de Guaymuras, la periodista Isolda Arita, dijo a la prensa que la muerte del escritor es una pérdida para el país por lo que representaba en la tradición oral con sus exquisitas “perras” (chascarrillos).

Después, el escritor, que nació el 5 de marzo de 1941 en un campo bananero cercano al municipio de La Lima, editó por su cuenta otros pequeños libros con sus ocurrentes “perras”, los que vendía de casa en casa para agenciarse algún ingreso económico, en un país donde ser escritor no da para vivir aunque su obra sea excelente.

Trejo decía que hay una gran diferencia entre sus “perras” y la mentira, porque él con sus cortos cuentos agudos creaba conciencia social y hacía reír a la gente, mientras que la mentira “es una práctica de los políticos para mantener en la ignorancia o el engaño a un pueblo”.

El escritor, que solamente cursó parte de la educación primaria, comenzó a cultivar el arte de la expresión oral en los campos bananeros. “Recuerdo que cuando estaba en la escuela los niños me hacían rueda para escuchar mis cuentos sobre reyes, gigantes y sin faltar las mil y una historias de Tío Coyote, Tío Conejo, El Duende, El Cadejo y La Sucia”, dijo Trejo en una entrevista.

Al quedar huérfano de madre a los nueve años de edad, tuvo que desertar de la escuela para ayudar a su papá y a sus cinco hermanos en las labores agrícolas que desempeñaban en las fincas bananeras.

Sus anécdotas ligeras, que fue escribiendo en cuadernos a partir de los años 70, en parte fueron rescatadas por Guaymuras, que le propuso que sus “perras” fueran impresas para que las conocieran los hondureños que nunca lo habían escuchado.

Trejo nació con el don para el cuento agudo corto, a través del cual se dio a conocer y le permitió llegar a ser un reconocido líder campesino y predicador de la Iglesia Católica. Además fue fundador de la Central Nacional de Trabajadores del Campo (CNTC), de la que fue su primer secretario general y en la que al momento de morir ocupaba el cargo de secretario general adjunto.

En 1971 se convierte en celebrador de la palabra y monitor de las Escuelas Radiofónicas. Fue presidente de patronato, secretario de equipo de fútbol, alcalde auxiliar y presidente de su grupo base.

Durante los últimos 25 años de su vida estuvo estrechamente ligado al desarrollo del movimiento campesino hondureño, por cuya causa no pocas veces fue golpeado y encarcelado. Abogaba por una reforma agraria que desde hace más de cincuenta años se viene impulsando en Honduras, sin que hasta ahora se haya logrado el objetivo de que todos los campesinos del país tengan tierras para cultivar.

“En Honduras hace falta mucha capacitación y formación de la ciudadanía, porque ya no se puede seguir con una cultura de muerte, que conduce a que ya solo se hable de matar, de crimen organizado, de violencia. Hay que darle vuelta a todo para superar la situación de injusticia que se vive en el país”, opinaba el autor.

Su hija Miriam Trejo recordó el jueves a su padre como un ser “muy amoroso y respetuoso”. “Nos aconsejaba como padre y nos pedía que siempre estuviéramos unidos”, añadió.

Trejo, quien había perdido la vista en un ojo, fue ingresado con politraumatismos en el Hospital Mario Catarino Rivas, de San Pedro Sula, ciudad cercana a Choloma, al que cita en una de sus “perras”, en la que relata que había llegado como paciente y que con sus anécdotas imaginarias todos los enfermos se habían curado.

El autor soñaba con cambiar a Honduras con sus “perras”, entre las que figuran El sueño de Teofilito, Las perras más perras de Teofilito, Qué perrero es Teofilito, Son puras perras Teofilito, Seguís perreando Teofilito y Mundo libre o muerte.

Los restos de Trejo fueron velados desde el sábado 19 de marzo en Quebrada Seca, norte del país.

Fuentes: EFETiempo
Letralia

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