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Hablemos, de Octavio Santana Suarez

El escritor británico Kazuo Ishiguro, Premio Nobel de Literatura 2017

• Jueves 5 de octubre de 2017
Kazuo Ishiguro
Kazuo Ishiguro gana el novel por descubrir “el abismo bajo nuestro ilusorio sentido de conexión con el mundo”.

El ganador del Premio Nobel de Literatura 2017 es el escritor británico Kazuo Ishiguro, “quien, en novelas de gran fuerza emocional, ha descubierto el abismo bajo nuestro ilusorio sentido de conexión con el mundo”, según anunció la secretaria de la Academia Sueca, Sara Danius, este jueves 5 de octubre a la 1 de la tarde (hora de Estocolmo).

En una entrevista posterior, Danius consideró a Ishiguro como un hombre de “gran integridad” y comparó su pluma con las de Franz Kafka y Jane Austen, por su empeño en explorar el pasado, “sin ser un escritor proustiano”, para ahondar en cómo sobrevive el ser humano como individuo y como sociedad.

Por otra parte, Danius agregó que la Academia espera que la elección de quien catalogan como un “novelista absolutamente brillante” haga “feliz” al mundo, en alusión a la controversia desatada el año pasado con la escogencia del cantante estadounidense Bob Dylan en 2016.

El 114º ganador del Premio Nobel de Literatura nació en Nagasaki, Japón, el 8 de noviembre de 1954, pero se trasladó a Londres con sus padres y sus dos hermanas cuando él tenía sólo seis años de edad. Se graduó por la Universidad de Kent en 1978, haciendo después un posgrado de literatura creativa en la Universidad de East Anglia. Se nacionalizó ciudadano británico en 1982.

Ha publicado las novelas Pálida luz en las colinas (1982), Un artista del mundo flotante (1986), Lo que queda del día (1989) —llevada al cine en 1993 por el cineasta James Ivory con Anthony Hopkins como protagonista—, Los inconsolables (1995), Cuando fuimos huérfanos (2000), Nunca me abandones (2005) —adaptada al cine en 2010 por Mark Romanek—, y El gigante enterrado (2015) —todas publicadas en español por el sello Anagrama—, así como varios libros de cuentos, guiones cinematográficos e incluso letras de canciones.

Antes de recibir el Nobel, el británico ha sido merecedor de numerosos premios, entre ellos el Booker (1989) por Lo que queda del día, así como la Orden del Imperio Británico (1995) y la Orden de las Artes y las Letras de Francia (1998).

El japonés Haruki Murakami, el keniano Ngugi Wa Thiong’o, el sirio Adonis y el israelí Amos Oz eran algunos de los que más aparecían en las apuestas en esta oportunidad. Murakami ha encabezado los pronósticos por su notable éxito de ventas, mientras que la canadiense Margaret Atwood, el italiano Claudio Magris y los estadounidenses Philip Roth, Don DeLillo y Joyce Carol Oates han demostrado ser favoritos de la crítica.

De los 114 ganadores del Nobel de Literatura, catorce han sido mujeres, la lengua más laureada ha sido la inglesa con veintinueve y la nacionalidad más reconocida ha sido la francesa con quince.

Finalmente, once de los galardonados con el Nobel de Literatura han sido de habla hispana: los chilenos Gabriela Mistral (1945) y Pablo Neruda (1971); el guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1967); el colombiano Gabriel García Márquez (1982); el mexicano Octavio Paz (1990); el peruano Mario Vargas Llosa (2010), y los españoles José Echegaray (1904), Jacinto Benavente (1922), Juan Ramón Jiménez (1956), Vicente Aleixandre (1977) y Camilo José Cela (1989).

 

Los otros premios

El lunes 2 de octubre fue anunciado el Premio Nobel de Medicina, que recayó sobre los científicos estadounidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young por descubrir los mecanismos moleculares que controlan el ritmo circadiano, el “reloj biológico interno” por el que plantas, animales y humanos se adaptan a las rotaciones de la Tierra.

Las revelaciones de este equipo de investigadores se aplican por ejemplo al “jet lag” que producen los viajes transatlánticos y a la función clorofílica de las plantas, y han convertido la biología circadiana en un amplio y rico campo de investigación con implicaciones para la salud y el bienestar.

Usando de modelo moscas de la fruta, aislaron un gen que controla el ritmo biológico diario y codifica una proteína que se acumula en las células de noche y se degrada de día, además de identificar otros componentes que afectan a su “reloj autosuficiente interno”, explicó la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo.

El Nobel de Física, anunciado el martes 3, fue para los científicos, también estadounidenses, Rainer Weiss, Barry C. Barish y Kip S. Thorne, por su “decisiva contribución al detector Ligo y la observación de las ondas gravitacionales”, según el anuncio emitido por la Real Academia Sueca de las Ciencias. Weiss recibirá la mitad del premio en metálico y sus dos colegas compartirán el resto.

Los tres galardonados, explica el fallo, han contribuido “con su entusiasmo y determinación” de forma “inestimable” a poner en marcha el Observatorio de Ondas Gravitacionales por Interferometría Láser (Ligo), la iniciativa que detectó por primera vez esas ondas.

Tras “cuatro décadas de esfuerzos”, este proyecto, en el que colaboran unos mil científicos de una veintena de países, fue el que detectó por primera vez, el 14 de septiembre de 2015, este fenómeno cósmico que Albert Einstein había predicho un siglo antes en su Teoría General de la Relatividad. La vibración detectada, que llegó a la Tierra de forma “extremadamente débil”, provenía de la colisión de dos agujeros negros, sucedida hace 1.300 millones de años, explica el jurado.

La invención de la criomicroscopía electrónica —un método revolucionario de observación de las moléculas en 3D—, por su parte, les valió el Nobel de Química al científico suizo Jacques Dubochet, el estadounidense Joachim Frank y el británico Richard Henderson, según el anuncio hecho el miércoles 4.

“El premio de este año recompensa un refrescante método de producir imágenes de moléculas vivas” congeladas en movimiento, anunció Göran Hansson, secretario general de la Academia Real de Ciencias, que otorga el galardón. Gracias a los hallazgos de este equipo, “los científicos pueden ahora producir (…) estructuras tridimensionales de biomoléculas”, argumentó el jurado Nobel.

La criomicroscopía permite estudiar muestras biológicas (virus, proteínas) sin alterar sus propiedades, puesto que evita los colorantes o los haces de electrones desprendidos por los rayos X. Hasta los años 1980, cuando Dubochet —ahora de 75 años— y su equipo inventaron la criomicroscopía electrónica, se congelaba la muestra para conservarla en su estado original. La tecnología moderna permite reconstruir la muestra biológica —por ejemplo de un virus o una bacteria— en tres dimensiones. “Una imagen es una llave para la comprensión”, explica la Academia.

El viernes 6 será anunciado el Premio Nobel de la Paz, que no se entrega en Estocolmo, como los otros, sino en Oslo, capital de Noruega, y es elegido por el Comité Nobel Noruego, compuesto por cinco personas designadas por el Parlamento. Parte de la expectativa este año está puesta en si el papa Francisco, uno de los nominados, puede ser premiado. Sería el primer sumo pontífice en obtenerlo y el segundo argentino en consagrarse, tras el galardón que recibió Adolfo Pérez Esquivel en 1980 en su lucha por los derechos humanos.

Finalmente, el lunes 9 de octubre será anunciado el Premio Nobel de Ciencias Económicas, el único de los galardones que no constaba en el testamento de Alfred Nobel, creador de los premios. Fue instituido en 1968 por el Banco de Suecia y su premio no es sufragado por la Fundación Nobel pese a tener el mismo valor: 10 millones de coronas suecas (1.226.320 de dólares).

Fuentes: AFPEFELa NaciónPremios Nobel
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