“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Sergio Ramírez dedica el Cervantes a víctimas del gobierno nicaragüense

lunes 23 de abril de 2018
Sergio Ramírez
“Vivo en mi lengua, en el ancho territorio de La Mancha”, dijo el autor al recibir el galardón de manos de los reyes de España.

El escritor nicaragüense Sergio Ramírez (Masatepe, 1942) dedicó este lunes 23 de abril el premio Cervantes a las víctimas de los hechos de represión que vive en estos momentos su país, y aseguró que el poeta Rubén Darío “abrió las puertas a generación tras generación de poetas siempre modernos”.

Ramírez recibió el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes 2017 de manos de los reyes de España en una ceremonia celebrada en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, a la que asistieron, entre otros, el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy; el ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, y el director de la Real Academia Española y presidente del jurado que otorgó el galardón, Darío Villanueva.

Ramírez es el primer centroamericano que recibe el premio de literatura más importante en lengua castellana.

En su intervención, el rey Felipe afirmó que Sergio Ramírez “representa, en la literatura que se hace en América, la continuidad de una tradición que alberga nombres propios de enorme relevancia y de influencia decisiva en las distintas generaciones literarias en lengua española, desde el siglo XVI hasta la actualidad”. Además, el autor de Margarita, está linda la mar, según añadió el rey, “es una rama esencial de ese árbol que es la literatura de raíz cervantina”.

El monarca, por último, añadió que “hoy reconocemos a Sergio Ramírez, embajador de una lengua de todos. Hoy reconocemos a un embajador de Cervantes y de la patria de Rubén Darío, que, con usted, ha vuelto a casa, a esta casa que es la lengua de todos”.

Por su parte, Íñigo Méndez de Vigo recordó el cerca de medio centenar de libros que llevan “la firma, el talento, el ingenio de Sergio Ramírez (…). Así es como distinguimos a los grandes de la literatura universal: cuando saltamos de un libro a otro atisbamos una misma personalidad, una misma manera de afrontar la vida, una misma manera de tejer la literatura, incluso en diferentes géneros o registros. Y en su caso, los hay: porque su genuina manera de escribir y de describir impregna tanto su obra de ficción como sus ensayos y asoma con igual brillo en sus novelas como en sus cuentos”.

En su discurso de recepción, Ramírez, primer centroamericano que recibe el premio de literatura más importante en lengua castellana, comenzó señalando que en su patria todos son poetas “gracias a la formidable sombra tutelar de Rubén Darío, quien creó nuestra identidad, no sólo en sentido literario, sino como país (…). No todos en Nicaragua escriben versos, pero Rubén Darío abrió las puertas a generación tras generación de poetas siempre modernos, hasta hoy”.

Ramírez señaló que narrar es un don que no brota sino de la necesidad de contar.

Rubén Darío, continuó Ramírez, “trajo novedades liberadoras a la lengua que recibió en herencia de Cervantes, sacudiéndola del marasmo”.

“La lengua que era ya la de Cervantes —afirmó Ramírez— hizo a Centroamérica el viaje de ida cuando en 1605 llegaron a Portobelo los primeros ejemplares de El Quijote, y el viaje de vuelta en 1888 con los primeros ejemplares de Azul (…). Tres siglos después de Cervantes, Rubén Darío devolvió a la península una lengua que entonces resultó extraña porque venía nutrida de desafíos y atrevimientos”.

Pero esa lengua, como explicó el premiado, “nunca dejó de ser la lengua cervantina, otra vez, como en el Siglo de Oro, una lengua de novedades, y es esa lengua de ida y de vuelta la que hoy se reinventa de manera constante en el siglo veintiuno mientras se multiplica y se expande”.

En su papel como escritor, Ramírez señaló que narrar es un don que no brota sino de la necesidad de contar, “esa necesidad apremiante sin la cual, quien se entrega a este oficio incomparable, no puede vivir en paz consigo mismo (…). Yo escribo entre cuatro paredes, pero con las ventanas abiertas, porque como novelista no puedo ignorar la anormalidad constante de las ocurrencias de la realidad en que vivo, tan desconcertantes y tornadizas, y no pocas veces tan trágicas pero siempre seductoras”.

Antes de concluir, Sergio Ramírez afirmó que “vivo en mi lengua, en el ancho territorio de La Mancha, un territorio verbal y a la vez una mancha indeleble. La Mancha que no se deslíe ni se borra. La escritura manchada, contaminada de belleza y de verdades, de ilusión y realidad, de iniquidades y de grandeza”.

Fuente: RAE

 

Lee aquí completo el discurso del escritor nicaragüense Sergio Ramírez al recibir el Premio Cervantes 2017

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