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Legado de Francisco Brines es entregado al Instituto Cervantes

martes 15 de junio de 2021
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Luis García Montero
Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, recibió el legado de Brines en un acto en el jardín de la casa del poeta en Elca.

Durante un acto celebrado el lunes 14 de junio en Oliva (Valencia, España) en homenaje al poeta español Francisco Brines, Premio Cervantes 2020 y fallecido el 20 de mayo días después de recibir el galardón, se hizo entrega al Instituto Cervantes del legado del autor para la Caja de las Letras, un desconocido conjunto de 79 poemas inéditos que, bajo el título Dios hecho viento, constituyen su primer poemario, que escribió cuando tenía entre quince y diecisiete años.

En el homenaje, celebrado al aire libre en el jardín de la casa de Brines en Elca (Oliva), y en el que participaron la directora general del Libro y Fomento de la Lectura de España, María José Gálvez, además de autores y amigos como Carlos Marzal, Luisa Castro o Vicente Gallego, entre otros, la Fundación Francisco Brines formalizó la donación del manuscrito, que estaba perdido y fue encontrado recientemente por la poeta Àngels Gregori, directora de la fundación.

Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, recibió los poemas, legado que quedará bajo llave en la caja de seguridad número 1018 de la Caja de las Letras, y más adelante se integrará en la nueva Biblioteca Patrimonial del Instituto, ubicada en Alcalá de Henares (Madrid). El Cervantes guardará a perpetuidad esta donación póstuma, que incluye también un dibujo.

“Dios hecho viento”, de Francisco Brines
Bajo el título Dios hecho viento estaban reunidos 79 poemas inéditos que Brines daba por perdidos.

Fue el propio Brines quien eligió el contenido del legado cuando previó que, por su delicado estado de salud, no podría entregarlo personalmente en abril a la Caja de las Letras, como hace cada año el escritor distinguido con el Premio Cervantes en vísperas de recoger el máximo galardón literario de España.

El hallazgo de Dios hecho viento se produjo cuando Àngels Gregori preparaba, como comisaria, la exposición de Francisco Brines en la Universidad de Alcalá con motivo del Premio Cervantes 2020. Tras indagar en numerosas cajas que contenían correspondencia, fotografías, carpetas con borradores de poemas inéditos, prosas “maravillosas” de sus primeros viajes e incluso multas de tráfico, encontró una última caja que atesoraba esos poemas que un jovencísimo Paco Brines escribió entre 1947 y 1949, al menos once años antes de su primer libro publicado, Las brasas (1960).

El manuscrito llevaba la inscripción “Para el premio Ínsula de poesía”, y Brines compuso los versos cuando estudiaba en el colegio de los Jesuitas de Valencia, fruto de su primera crisis religiosa. Aunque no llegaron a ver la luz, algunos de esos versos tomaron después forma definitiva en libros posteriores.

“Fue un milagro encontrarlo”, dijo Àngels Gregori. Ella se los leyó a Brines durante sus últimas semanas antes de su muerte el 20 de mayo; el poeta los evaluaba y le preguntaba si debían publicarse por vez primera. “Se sentía emocionadísimo de reencontrarse con esa primera juventud”, explicó.

El Instituto Cervantes quiso añadir a esta donación dos primeras ediciones de sendos poetas muy admirados por Francisco Brines: Diario de un poeta recién casado, de Juan Ramón Jiménez (primera edición de 1916), y Soledades, de Machado (de 1907). La directora de Cultura del Cervantes, Raquel Caleya, los depositó en la caja preparada al efecto junto con un ejemplar del último poemario de Luis García Montero, No puedes ser así, y un libro de Felipe Benítez Reyes con una dedicatoria para Brines.

García Montero destacó que este “acto melancólico” es un homenaje “al maestro, al poeta, al amigo, a la persona que nos enseñó que la verdad poética es una manera de ética”. Aseguró que el Cervantes va a conservar este legado “como uno de sus mejores tesoros”, en recuerdo de quien “nos enseñó a querer, a admirar y hacer de la poesía una apuesta por la honestidad más íntima y los valores más nobles de la identidad humana”, porque “la poesía trabaja para sacar lo mejor de nosotros mismos”.

Fuente: Instituto Cervantes
Letralia