
El fotógrafo, artista visual y docente venezolano Nelson Garrido, Premio Nacional de Artes Plásticas y formador de varias generaciones de artistas de la imagen, murió el jueves 20 de agosto. La Organización Nelson Garrido (La ONG), espacio cultural que fundó en Caracas, confirmó el fallecimiento mediante sus redes sociales. Al momento de publicarse esta nota no se habían informado las causas de la muerte.
Nacido en Caracas el 24 de agosto de 1952, Garrido fue una figura central de la fotografía venezolana contemporánea y el primer fotógrafo del país en recibir el máximo galardón de las artes plásticas en su país, distinción que obtuvo en 1991. Pasó parte de su infancia y juventud en Italia, Francia y Chile y, entre 1966 y 1967, estudió fotografía en el taller parisino de Carlos Cruz-Diez, a quien consideraba uno de sus maestros.
Forjó una dilatada trayectoria en fotografía industrial, publicitaria, antropológica y documental, así como en retrato, danza, teatro y cine. Desde la década de 1980 desarrolló en paralelo una obra documental y una producción artística personal que terminó por situarlo como uno de los referentes de la fotografía latinoamericana.

Su trabajo construyó una iconografía en la que confluyeron religión, sexualidad, humor, violencia e imaginería popular. La puesta en escena fotográfica, la estética de lo feo y la revisión de símbolos religiosos y culturales fueron elementos recurrentes de series y obras como Muertos en vía (1987-1988), Todos los santos son muertos (1989-1993), Caracas sangrante (1993), La crucifixión del cochino levitando (1993), La nave de los locos (1999), Gótico americano (2008), El hombre bola o el mito andrógino y La balsa de la Medusa. Su producción se extendió además a la instalación, el grabado y otros medios.
Una parte decisiva de su legado estuvo vinculada con la enseñanza. En 2002 fundó La ONG, proyecto autogestionado que funcionó en Caracas hasta 2022 como escuela de fotografía, centro cultural, biblioteca pública, espacio expositivo y plataforma para artistas. Durante dos décadas ofreció un programa de formación, mantuvo tres salas de exposiciones y abrió sus espacios a propuestas visuales, escénicas y literarias. Garrido dirigió la organización hasta 2009; desde 2010 la conducción estuvo a cargo de su hija, la artista Gala Garrido.
“Yo asumo la muerte igual que la soledad, como mi amiga. La muerte hay que llevarla como acompañante”, le dijo Garrido a José Pulido en esta entrevista publicada en Letralia 376. Allí el artista habló de la fotografía como una forma de detener el tiempo, de su interés por la literatura y de su defensa de los procesos creativos lentos. También definió su práctica artística con otra idea recurrente en su pensamiento: “Mi práctica de libertad es el derecho a la lentitud”.
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