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Damián H. Estévez le da forma a su universo en Lotavianos

viernes 12 de febrero de 2021
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“Lotavianos”, de Damián H. Estévez
Lotavianos, de Damián H. Estévez (Aguere-Idea, 2019). Disponible en la web del autor

Lotavianos
Damián H. Estévez
Cuentos
Aguere-Idea
Santa Cruz de Tenerife (España), 2019
ISBN: 9788417764401
312 páginas

En algún lugar de Misisipi, en Estados Unidos, está ubicado el condado de Yoknapatawpha, un área de unos seis mil kilómetros cuadrados surcada por los ríos Tallahatchie y Yoknapatawpha, y en la que está representado lo mejor y lo peor del sur del gran país del norte. Sin embargo, quien se dé a la tarea de recorrer el estado en busca de este territorio habrá emprendido una tarea vana: Yoknapatawpha sólo existe en las novelas de William Faulkner.

En cierto punto de su carrera, todo narrador aprende la importancia del espacio para establecer los desplazamientos de sus personajes. Pero para algunos autores la geografía no da lo suficiente de sí para expresarse a plenitud, y es entonces cuando surgen los territorios míticos: Yoknapatawpha en Faulkner, Macondo en García Márquez, Liliput en Swift, Lotavia en Damián H. Estévez.

Situada en el archipiélago canario, Lotavia es una isla cuyos habitantes, escenarios y vivencias discurren en la obra narrativa de Estévez. El autor español nos describirá en detalle la geografía imaginaria de este territorio insular, e incluso pasajes de su historia, en los relatos que componen Lotavianos, su título más reciente.

 

Las historias contenidas en Lotavianos nos muestran todo un despliegue de cartografía imaginaria.

Lotavianos y la realidad

Publicado en 2019 por Aguere-Idea, Lotavianos está compuesto por diez relatos de Damián H. Estévez que nos permitirán no sólo conocer las gentes y los paisajes de Lotavia, sino además adentrarnos en la finamente detallada narrativa de este escritor natural de Los Realejos, un pueblo del norte de Tenerife.

Las historias contenidas en Lotavianos nos muestran las playas de arena negra de la isla, así como sus montañas y sus bosques; también sus ciudades, su capital San José y su competidora, por así decirlo, Lotra; el pueblo pesquero de Puerto Cabirria y su condición de cuna de intelectuales; el pueblo de Tingo con sus tradiciones católicas, y todo un despliegue de cartografía imaginaria cuyos puntos de referencia pueden encontrarse en “Lugares propicios al amor”, uno de sus cuentos:

(…) el pico Fecho hacia el este y los toscales y los llanos donde se fundó San José, la ciudad capital; entre ésta y su antagonista, Lotra, la ensenada del Conde de Tería surcada de continuo por ferrys de pasajeros, barcos de mercancías y falúas que, muy a su pesar, las unen; a sus pies, la propia ciudad, su barrio antiguo en la franja costera, en torno a la plaza del Carmen y la Avenida de la Costa y sus barrios modernos, de trazado caótico, que colonizan —con la excepción del espacio protegido del barranco de Azguán— el lecho de los profundos barrancos que bajan desde el macizo de Tarco, o se agolpan en sus empinadas laderas con edificios tan apretujados que disputan a las calles el aire mínimo para subsistir y al sur el océano inconsútil que se dilata desde las escolleras de los muelles; por último, al oeste, Tarco, la frontera pétrea y feraz que obstruye el valle.

Estévez construye Lotavia en su obra como una suerte de compendio de las demás islas canarias. Un espacio que no es sólo geografía sino también cultura, como todo espacio humano, y que está integrado a la realidad por finos hilos que el autor va entretejiendo en sus líneas. Para los curiosos, el autor ha dejado algunas pistas en su web.

“Mis personajes viajan de Lotavia a las otras islas, o a otros países, no es un espacio cerrado y excluyente”, ha dicho Estévez sobre el carácter realista de su ejercicio de creación. “Crear una isla más me permite una libertad absoluta de montar los escenarios que necesito para la trama, de amoldarlos incluso al carácter de los personajes y a su modo de entender la vida”.

 

Los relatos de Lotavianos no ocultan la tendencia del autor a la narrativa de largo aliento, al lenguaje poético como carne de la narración.

Lotavianos y la ficción

Los diez relatos de Lotavianos tienen su origen en pasajes que se encuentran en el libro anterior de Estévez, la novela Quién como yo (2015), un complejo juego de identidades en el que convergen las vidas de sus dos personajes principales. Están escritos en una rica variedad de registros, con narradores en primera, segunda y tercera persona; incluso en alguno pasa de uno a otro según el personaje del que se habla, como en “El secreto de Rosalinda”, o construye el parlamento de un personaje intercalando lo coloquial en un discurso pretendidamente formal, como en “El mar en un hueco”:

(…) me inventaba mandarrias que rompían ruindades y llanas que alisaban caminos, se me ocurrían historias raras con atarecos de albañil que hablaban y comían pero que no estudiaban, a mí que nunca había leído un libro. Por ver si se le pegaba algo y se olvidaba de tanto estudio y se venía conmigo a la obra y entendían los otros de dónde me aprendí todas esas palabras finas, que me las aprendía de memoria y a veces se me escapaban mal dichas o sin venir a cuento. Pero no, siempre quería ir a la escuela, no quería saber nada de balcones que no se aguantan ni de lo complicado que es construir tabiques, me decía tacitulno, sino de las cosas que le enseñaban los maestros, porque la cultura es buena.

“Desde los primeros cuentos que he escrito y publicado, experimenté con que los protagonistas de alguno de ellos aparecieran momentáneamente en los aledaños de los protagonistas de otros relatos”, ha asegurado el autor canario, quien a medida que escribía la novela mencionada “descubría en algunos personajes, por completo anecdóticos, la posibilidad de otorgarles historias que me permitieran indagar en una convicción artística que siempre me ha inspirado”.

Es así como nace Lotavianos, libro cuyos relatos no ocultan la tendencia del autor a la narrativa de largo aliento, al lenguaje poético como carne de la narración pero además al contar sin prisas, sin escamotear detalles sensoriales o de la trama, con la libertad con que debería escribir cualquier autor sin ceñirse a límites de extensión impuestos por pretensiones academicistas.

Para construir la historia en la que dará vida a cada uno de esos personajes, Estévez echa mano de temas que pueblan el debate contemporáneo, temas universales tratados con la perspectiva aparentemente local que les confiere su ubicación geográfica en los espacios insulares de Lotavia.

Entre estos temas el lector se encontrará con los sótanos más escabrosos del alma humana, como la pedofilia en “El esteticista” o la violación en “Incendios” y “El secreto de Rosalinda”; materias de polémica como el uso de las armas en “El mar en un hueco”; de justicia social como en “Hombre con traje rojo”; de reivindicación de la emancipación de la mujer como en “Arminda y el cofre del esposo difunto”; así como temas más individuales, como el descubrimiento del amor en “Lugares propicios al amor”, la aceptación de la vejez en “Donde la arena es negra”, la relatividad de la belleza en “La belleza” o la obsesión por la limpieza en “Propiedades de las cosas”.

 

Con Lotavianos comprobamos que estamos ante un autor que tiene algo que decir y lo dice con entero dominio del oficio.

Lotavianos y su creador

Lotavianos se suma a una lista de obras que incluye, además de la novela ya mencionada, los volúmenes de cuentos Lo que queda en el aire (2010) y …En el aire queda (2013). La fina vocación narrativa de Damián H. Estévez ha ido construyendo con meticulosidad los espacios de Lotavia convirtiéndolos en el ambiente común de todos sus libros.

Después de estudiar el bachillerato en ciencias en el instituto de su ciudad natal, Los Realejos, Estévez cursó la carrera de Filología Hispánica en la Universidad de La Laguna. Ha impartido la docencia como profesor de secundaria de Lengua y Literatura en institutos públicos de El Hierro, Gran Canaria y Tenerife. Actualmente lo hace en el Instituto de Tegueste. Ganador del premio Félix Francisco Casanova del diario El Día en 1977, el autor ha publicado algunos textos en ese periódico y en La Tarde.

Con Lotavianos comprobamos que estamos ante un autor que tiene algo que decir y lo dice con entero dominio del oficio, una razón más que suficiente para convertirse en uno de los títulos recomendados de la Tierra de Letras.

Letralia

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