Lecturas de poesa en apoyo a afectados por el volcn en La Palma

Saltar al contenido

El Monolito, de Adalberto Llinas

sábado 29 de mayo de 2021
¡Compártelo en tus redes!
“El Monolito”, de Adalberto Llinas
El Monolito, de Adalberto Llinas (Universo de Letras, 2021). Disponible en Amazon

El Monolito
Adalberto Llinas
Novela
Universo de Letras
Madrid (España), 2021
ISBN: 9788418674815
116 páginas

Homo sapiens vs. Homo digitalis. Un ser térreo con nombre de virus

Covitt Alberto Zefair es un ingeniero térreo altamente cotizado por su preparación extraterrenal y su gran capacidad profesional, para el momento en que comienza la novela El Monolito, del escritor colombiano Adalberto Llinas y publicada por Universo de Letras, la plataforma de edición profesional asistida de Editorial Planeta. Covitt recibe un informe de Ninoska, la gigantesca máquina que realiza los análisis de los problemas que el ingeniero deberá resolver. Se trata de organizar un sistema de transporte en la colonia que ha quedado en la Tierra después del paso del virus que mermó a gran parte de la población y de una serie de cataclismos naturales que terminaron de cambiar por completo la geografía terráquea y la distribución poblacional.

El tema de un nuevo orden ya no mundial, sino extraterrenal, ha sido ampliamente explorado en los últimos tiempos por la literatura de ciencia ficción.

Desde Frankenstein, sobre la monstruosa y gloriosa creatura de la no menos grande Mary B. Shelley, hasta De la Tierra a la Luna y Viaje al centro de la Tierra, de Julio Verne, pasando por Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, hasta llegar a El cuento de la criada, de Margaret Atwood, el género se ha dedicado a registrar la aventura humana y el viaje de este héroe hecho de polvo cósmico, cuyo derrotero final es la desaparición, pero que busca denodadamente la posibilidad de la vida eterna, la desmaterialización de lo denso o la cura de todas las enfermedades.

El cielo y el universo como grandes extensiones de esa búsqueda por revelar misterios insondables.

Desde diversas temáticas sociales y científicas, entre tantos subgéneros, la ciencia ficción se ocupa del impacto de las fuerzas externas sobre el individuo, o sobre transformaciones del mundo tal como se le conoce: bien sea por la instauración de un régimen totalitario —ciencia ficción, política, distopía, ucronía, cyberpunk, steampunk, dieselpunk o biopunk— sobre los individuos y la sociedad, como de los avances tecnológicos y la ciencia sobre la humanidad y, con particular énfasis, la búsqueda por conquistar territorios más allá de sus dominios naturales. El cielo y el universo como grandes extensiones de esa búsqueda por revelar misterios insondables. Se piensa en el espacio y enseguida las notas de Así habló Zaratustra, que hacen parte de la banda sonora del filme 2001: odisea del espacio, de Stanley Kubrick, acuden al imaginario.

Se voltea hacia el cielo y enseguida la gran orquestación de John Williams nos habla de la gran saga de George Lucas Star Wars, que más temprano que tarde, y luego de haber construido un gigantesco imaginario de criaturas extrañas a nuestra fisionomía, las dota de valores y atributos para contarnos los viajes del héroe y su transformación a medida que va venciendo los obstáculos que se le presentan, desde personajes malignos-oponentes, que se conforman en bandas, bandos, partidos y hasta células terroristas, y por supuestas circunstancias adversas —Deus ex machina—, movimientos energéticos, la naturaleza como amenaza, en fin, que nos permiten el paseo emocional que ha instalado la saga Star Wars como uno de los gigantescos fenómenos de la cultura pop.

 

Primero fue la luna, nuestro gran satélite

Desde la carrera espacial, iniciada por rusos y norteamericanos en los años 60, “un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad”, como dijera Neil Armstrong al alunizar. El hombre ha enviado cohetes y desarrollado telescopios y sondas que exploran la posibilidad de vida en otros planetas, siendo su más reciente objeto de estudio el planeta rojo, que en la novela ya aparece como parte del paisaje y del destino interplanetario.

La novela de ciencia ficción se encarga entonces de construir un universo lo suficientemente verosímil que sostenga el relato de extraños nombres, pastillas que sustituyen al eros contenido en el concepto de la gastronomía, otras para estimular el pensamiento y la reflexión, o el deseo; el empleo de la física cuántica para la teletransportación, la separación de los hombres entre quienes provienen de un planeta u otro, jerarquías, distancias y desigualdades. Se trata de crear condiciones para que el pacto ficcional no sucumba ante la primera propuesta de siglas complicadas o el desfile de creaturas extrañas y seguramente verdes, con capacidades y poderes desconocidos, o que nombran al mundo con onomatopeyas y extraños alfabetos.

 

El monolito

Un monolito es un bloque de roca de gran tamaño y de consistencia homogénea, reza el Diccionario de la lengua española. Los monolitos naturales por lo general están conformados por rocas ígneas o metamórficas producto de la erosión, como en el caso del Peñón de Gibraltar. No obstante, también existen monolitos metálicos como los que pudieron ser vistos a lo largo de 2020 y cuya última parada fue Rusia. Unos objetos que nadie sabe cómo llegaron allí —antes fueron colocados en el estado de Utah en Estados Unidos, Rumania, Colombia e Inglaterra. Al parecer el material del que están hechos recuerda al famoso monolito de la película 2001: odisea del espacio, de allí la especulación de que podrían haber sido ubicados allí por seres de otros planetas.

Un monolito extraterrestre es de color negro mate y guarda la proporción exacta de 1.4.9. Se reseña que fueron construidos por una civilización extraterrestre como la que aparece en otra novela de ciencia ficción, Los exploradores de Pórtico, de Frederik Pohl.

Desde el título, la novela comienza a dialogar no sólo con el antecedente inmediato de la película de Kubrick. El conflicto entre el mal y el bien está encarnado entre esas nuevas formas y seres y su manera de gobernar en el nuevo orden extraterráqueo y los seres primitivos que aún habitan la Tierra, con su consiguiente conducta anárquica en los reductos marginales, la dependencia de nuevas formas de energía como el litio y la sustitución de la sociedad del conocimiento por la sociedad del algoritmo. “Ahora regía el mercado; la autoridad, casi cien por ciento bajo algoritmos de inteligencia artificial, garantizaba el orden en el casi perfecto modelo”.

 

El ingeniero Covitt debe entregar al llegar a la Tierra el nuevo diseño del software Dinky-2, responsable de la coordinación de movilidad en los espacios reducidos donde habita la población no evolucionada.

Un nombre posapocalíptico

El nombre peculiarísimo del protagonista, Covitt Alberto, ya ofrece al lector el contexto posapocalíptico del relato que va a leer. Las permanentes alusiones de los viajes a Marte y la Luna como espacios ya conocidos y transitados, así como la relación con la propia Tierra, lo invitan a entrar en un imaginario en el que los códigos están claramente delineados. En el año 2050 la Tierra no es el centro del sistema solar; la vida tal como la conocemos ha desaparecido. Para ilustrar este estadio cultural vale la pena leer este párrafo al inicio de la novela:

Ninoska, le reporta. He encontrado la siguiente información. La especie primitiva es el primer participante de la llamada era de la hipercomunicación, es el hombre de la palabra, el individuo de la capacidad simbólica, de la capacidad de generar cultura.

El ingeniero Covitt debe entregar al llegar a la Tierra el nuevo diseño del software Dinky-2, responsable de la coordinación de movilidad en los espacios reducidos donde habita la población no evolucionada. El proyecto realiza el análisis de todas las variables que pudiesen afectar para lograr la manera más eficiente de transportar a los habitantes de las áreas restringidas donde quedaron asignados los Homo sapiens, luego de la época de pandemia que se acompañó con la secuencia de eventos naturales catastróficos que terminaron diezmando la población y dejando sólo el 5% del planeta habitable. Del lenguaje como instrumento de comunicación y pensamientos, pasó a ser el hombre de la imagen, en la era prepandémica o de la Selfie Sociedad. Su desarrollo social ocurrió alrededor de unas máquinas neuroprogramadoras primitivas llamadas televisores. Puede decirse que es una metamorfosis que revierte en la naturaleza misma del Homo sapiens. La televisión convertida en paideia, como instrumento antropogénico, un médium que genera una involución soberbia, transformado hacia una atrofia, produciendo imágenes y anulando conceptos. Los datos según el coeficiente neurodigital estaban en la mejor época de la especie sapiens en 178 promedio, luego disminuyó en el período prepandémico a un promedio de 97.

“Térreo” es el gentilicio que emplea para designar la reducida colonia que, tras el paso de olas sucesivas del virus Covid-19, y el choque de un meteorito, aún habita la Tierra bajo el gobierno de la Corporación; es decir, una asociación “altruista” de intereses totalmente ajenos al concepto de la política y la democracia, conformada por una serie de empresarios multimillonarios, ex militares… un gobierno corporativo que remplazó monarquías, democracias, comunistas y todo tipo de gobierno.

El libro está estructurado en una serie de capítulos cortos en los que nos enteramos del orden y la estructura del nuevo orden cósmico, en el que la vida transcurre y que mayormente se configura por lugares de paso o los no lugares de Marc Augé: cabinas, estaciones, naves. Así conoceremos la estación espacial Ockham 57, “un modelo muy avanzado con un sistema de paneles de escudo, el moderno sistema de protección (…). Resistentes y capaces de evitar una catástrofe como la del 2034, cuando se destruyó la estación International, al colisionar con un meteorito”.

 

En relación con el conflicto

Una organización terrorista, HMD, ha logrado apropiarse de las minas de aluminio-litio, propiedad de la corporación, y tomar la planta procesadora de tritio. Esta situación amenaza al transporte intergaláctico y los acerca a la posesión de torpedos con capacidad para derribar los drones de seguridad de la corporación.

Como toda colonia, el llamado planeta madre requiere de mecanismos coercitivos para mantener el orden de la masa. Así la organización y el control lo establecen pasaportes biológicos y su consecuente falsificación, un importante parque de armas, material radioactivo… que pone en jaque el nuevo orden y cuya creciente amenaza altera para siempre la pacífica existencia del ingeniero Covitt, quien deberá cambiar sus planes para diseñar una estrategia contra la organización terrorista.

Al ingeniero también le toca mantener la tensa relación con los nuevos habitantes que ocupan otro escalón en la jerarquía: digitalis y cyborgs. Él es una suerte de médium entre esos mundos. Él habita en Metroplolixx, sector de gran desarrollo bajo la dirección de la Corporación, donde los habitantes gozan de dispensadores de felicidad en forma de cápsulas verdes de acceso ilimitado. En los complejos de producción los robots se encargan de las tareas mecánicas y el apoyo a los clientes. En esta área de 7.692 km² —única habitable de la Tierra— reside una población de 24,8 millones de habitantes, mayoritariamente Homo digitalis, un pequeño porcentaje de Homo sapiens con funciones como el mantenimiento de los cyborgs y actividades de entretenimiento.

La Corporación con reticencia confiará en el ingeniero para resolver un problema de sobrevivencia del orden intergaláctico.

La telepatía y la conexión simbiótica conforman la manera de interconexión del grupo especial de intervención que debe controlar la célula revulsiva instalada en el planeta madre. El ingeniero, formado exitosamente en la Luna en estudios superiores, goza de confianza por parte de una nativa del que fuera nuestro asteroide. Xilena es la encargada de seguridad estratégica de la corporación a quien el ingeniero deberá reportar toda la información sobre un proyecto que compromete el futuro de la corporación y la comunidad intergaláctica.

Para concluir, y como todo viaje del héroe que se precie, el ingeniero deberá poner de lado su resentimiento por ser discriminado (él se siente parte de los digitalis, pero para los marcianos y los selenitas es un térreo o quizá un híbrido o mestizo).

El protagonista de El Monolito es un investigador cuya tesis de física cuántica es acerca de cómo “el tiempo transcurre de diferentes maneras para diferentes observadores, espacio tiempo se fusionan en la realidad ‘subjetiva’”. Explica el narrador omnisciente: “Logró demostrar cómo dos observadores al reencontrarse de nuevo en un mismo punto del espacio-tiempo, después de que uno de éstos regresa de un viaje prolongado fuera del planeta, la percepción de ‘la realidad’ cambia para ambos”. Esta tesis le valió el respeto y la consideración para encargarle los mayores proyectos de planificación y expansión de la Corporación. A cierta altura de la historia, la Corporación con reticencia confiará en el ingeniero para resolver un problema de sobrevivencia del orden intergaláctico, antes de que el comandante militar de la corporación ejecute un plan de exterminio del planeta madre.

Hemos logrado infiltrar la HMD, en pocos días tendremos noticias positivas; nuestros drones están haciendo el seguimiento y tenemos dos equipos cyborg listos para la intervención quirúrgica que permita eliminar los elementos que hoy generan preocupación a la corporación.

 

Entre el sapiens y el digitalis

A lo largo de la historia el ingeniero se moverá en medio de pulsiones que le generan hondos choques dentro de sí: las grandes transformaciones que se suceden como resultado de la omnipresencia de la inteligencia artificial y su recuerdo de la sociedad hondamente simbólica y mítica en la que nació.

Los primeros años en la Tierra le generan grandes emociones aun sin tomar las cápsulas; sus recuerdos le hacen sentir apego a ese sitio donde creció, mientras trata de entender la escalada autodestructiva generada por la facción radical de la HMD, quienes en su comienzo hablaban de un universo en paz para todos.

 

Una serie de mitos circulan a lo largo de la novela

El pensamiento mágico de los sapiens está sostenido por la creencia de un ser superior, una suerte de gran padre protector que sabe y conoce el destino de sus gobernados y sabe aplicar el bien común.

El antropocentrismo: el Homo sapiens, como el eslabón más alto de una falsa jerarquía entre las especies, olvidó la ciencia, la evolución y el respeto al medio ambiente, y generó la depredación del planeta.

El hombre —sapiens— es mostrado como una raza que busca sacar ventaja estando por encima de los otros. La sociedad del rebaño anárquico, que sólo busca a los iguales e ignora a los distintos.

El hombre como un ser histórico que necesita ejercitar la memoria, la identidad y la relación de pertenencia. Covitt Alberto Zefair no olvida su origen. Tampoco su lazo familiar. Es un solitario en medio de la multitud, que entiende que debe evitar la solución planteada, destruir el sapiens, es autodestrucción. Casi un retroceso mayor que el del Homo digitalis. Será la mujer de la luna, Xailena, la voz para sensibilizar al consejo. Está claro que debe hacer algo para impedir la extinción de la especie de la que forma parte.

Le revelarán sus consultas al oráculo digital, la máquina de nombre Ninoska:

Con una capacidad de adaptación, con una evolucionada organización social, la población de Homo sapiens comenzó a multiplicarse. A diferencia del Homo erectus, un bípedo avanzado, su ascendiente más cercano, el Homo sapiens salió de su hábitat natural a la conquista del planeta. Los sapiens se organizaron en hordas, clanes, fratrías y tribus, que fueron evolucionando a medida que crecía la población. Los gobiernos pasaron de ser regidos por imperativos divinos, monárquicos y feudales, a los generados por la autodeterminación del sapiens, democráticos, totalitarios y anárquicos.

La creación de la Corporación aceleró la evolución de la especie luego de la pandemia, cuando se instaló la anarquía de los gobiernos débiles. Fue cuando los descubrimientos corporativos marcaron el rumbo. El nuevo Homo digitalis con mayores capacidades neurobiológicas interactúa de mejor manera con la inteligencia artificial que lidera la Corporación. Su limitación es la supervivencia como especie ante el Homo sapiens que, por su esencia depredadora, tratará de detener el proceso evolutivo.

La lucha por salvar lo que queda de los térreos llevará por caminos insondables al ingeniero. Una decisión que de ser ejecutada será un antes y después en la vida de sus coterráneos.

El Monolito se erige entonces como un símbolo, como un recordatorio de sus orígenes y el gran conflicto de dos razas que conviven en tensa relación de poder y territorio. Como los que recientemente aparecieron en el año 2020, el monolito de esta historia es un elemento perturbador que nos deja la pregunta del propio narrador: ¿será algo más que un símbolo?

Cabe entonces parafrasear el microcuento más famoso del mundo y escribir: Cuando intentó salvarse y abrió los ojos… el monolito todavía estaba allí.


Cómpralo ya en papel:

Cómpralo ya en Ebook:

Yoyiana Ahumada Licea
Últimas entradas de Yoyiana Ahumada Licea (ver todo)