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Los orígenes paralelos del modernismo en el arte y la literatura

lunes 11 de febrero de 2019
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Rubén Darío
Los temas de los cuentos y poemas que componen Azul…, de Rubén Darío, son diversos e incluyen referencias a la condición del artista bohemio en la sociedad burguesa, así como un enfoque en lo natural.

Definir el modernismo, determinar sus puntos y fechas de origen así como identificar las características que lo distinguen de las épocas socioculturales anteriores son preguntas que cualquiera puede contestar en función de su perspectiva. En otras palabras, falta una respuesta objetiva, pero es de hecho esta falta de objetividad lo que, de manera paradójica, une las infinitas definiciones del modernismo. Para un marxista, por ejemplo, la modernidad política podría haber comenzado durante la revolución industrial, pero un biólogo podría considerar los principios de la modernidad científica un poco más allá de la publicación de Systema Naturae, en el cual Carlos Linneo presentó su método de nomenclatura binomial para la taxonomía de los organismos. No obstante, el modernismo cultural —el que incluye varias disciplinas como la música, la cinematografía y el teatro, entre otras— sigue la evolución paralela de las artes visuales y la literatura desde la segunda mitad del siglo XIX.

El impresionismo se manifestó como una radicalización del romanticismo que ya comenzaba a cuestionar el enfoque clásico del arte representativo.

El movimiento modernista nació como una reacción a las ideas objetivas y racionalistas que caracterizaron la época de la Ilustración, es decir la corriente que dominó el pensamiento occidental en el siglo XVIII. La revolución científica que surgió a finales del Renacimiento Europeo tenía una profunda influencia en las filosofías de Francis Bacon y John Locke que, por primera vez, empezaron a aplicar el empirismo a las ciencias sociales y las humanidades. Sin embargo, esta certidumbre de lo objetivo y la confianza en lo racional empezaron a erosionarse en el siglo XIX con la llegada de una nueva generación de filósofos como Sigmund Freud y Friedrich Nietzsche. En una obra temprana de Freud, Estudios sobre la histeria, el psicólogo desarrolló la idea de “la primacía de la mente inconsciente en la vida mental”. Según su teoría, toda la realidad subjetiva se basa en los papeles de impulsos básicos e instintos a través de los cuales se perciben los fenómenos del mundo exterior. Su descripción de los estados subjetivos implica una mente inconsciente llena de impulsos primarios que sirven como un contrapeso a las restricciones autoimpuestas derivadas de los valores sociales (Butler, 2010). La disciplina de psicoanálisis que desarrolló Freud en sus estudios de los sueños y la mente inconsciente sirvió como inspiración principal al pintor surrealista Salvador Dalí, entre otros. Del mismo modo, Nietzsche a menudo identificaba la vida con la “voluntad al poder”, es decir, con el instinto de crecimiento y durabilidad. Sus trabajos sobre el tiempo y la conciencia tuvieron un gran impacto en novelistas como James Joyce y Virginia Woolf, que utilizaron en sus estilos literarios la técnica de la voz interior. Además, su filosofía también valoraba la intuición, aunque sin rechazar la importancia del intelecto (Flynn, 2006).

Fue en esta época cuando la subjetividad se convirtió en un tema dominante en los artes visuales. Hasta el siglo XIX, las normas clásicas establecidas por las academias de arte dominaron las tendencias artísticas y enfatizaron ante todo la representación objetiva de un modelo. Este tipo de realismo definía los estilos clásicos hasta que la reacción filosófica de la sociedad postilustrada capturó la imaginación de un grupo de pintores parisinos desencantados con los enfoques tradicionalistas de la Académie des Beaux-Arts y otras instituciones burguesas. De esta manera, el impresionismo se manifestó como una radicalización del romanticismo que ya comenzaba a cuestionar el enfoque clásico del arte representativo al permitir que los artistas describieran abiertamente sus emociones personales en sus obras (Phillips, 2013). Fue, sin embargo, el cuadro Impression, soleil levant, de Claude Monet, el que impactó al mundo de las artes académicas, empezando así una revolución impresionista que alcanzó su máximo exponente al separarse de las exhibiciones burguesas y a su vez apoyar a los salones independientes de los espíritus bohemios e innovadores que el emergente vanguardismo comenzaba a atraer. El cuadro de Monet se convertía así en un prototipo del estilo impresionista ya que incluía las características más propias de dicho movimiento. Ante todo, se enfocó en un paisaje natural, pero en vez de representarlo de una manera objetiva, el artista expresó sus sensaciones e impresiones más verdaderas. Para lograr esto, Monet sacrificó el realismo de los barcos y las estructuras del puerto en el horizonte para acentuar lo que más le importaba: el color del sol, su reflejo en el agua y la luminosidad del cielo a través de la niebla (Phillips, 2013). Impression, soleil levant, se presentó en la llamada “Exposición de los impresionistas” en 1874 e inspiró el nombre del movimiento que en 1890 se separó de la Société Nationale des Beaux-Arts y estableció el Salon au Champs-de-Mars (Holzwarth, 2016). De esta manera, pintores como Edgar Degas, Édouard Manet, Pierre-Auguste Renoir y más tarde Paul Cézanne, junto con otros impresionistas, constituyeron el primer grupo artístico que declaró oficialmente su independencia de las instituciones académicas para difundir las ideas vanguardistas en toda Europa, inspirar movimientos artísticos posteriores como el cubismo y, finalmente, influir otras manifestaciones del pensamiento modernista como la fenomenología y el existencialismo del siglo XX.

Al mismo tiempo en Latinoamérica, la revolución modernista se manifestó principalmente no por las artes visuales sino por las letras. La Latinoamérica de finales del siglo XIX se caracterizó por un desencanto con la sociedad poscolonial y un anhelo de encontrar tanto su propia voz como su identidad cultural. Antes de morir luchando en la Guerra de Independencia de Cuba en 1895, José Martí escribió poemas repletos de lemas nacionalistas que denunciaban el imperialismo español y, a la vez, alababan el orgullo de ser cubano. Además de las llamadas independentistas de Martí, las nuevas políticas radicales que llegaban de Europa empezaron a surgir también en los textos latinoamericanos. Las ideas comunistas de Karl Marx y Friedrich Engels, así como el anarquismo de Pierre-Joseph Proudhon, tuvieron un profundo impacto en el librepensamiento que tanto defendió Manuel González Prada en sus ensayos y discursos en los últimos años del siglo.

Sin embargo, el origen del modernismo en la literatura latinoamericana se remonta a 1888, cuando Rubén Darío publicó su colección de cuentos y poemas titulada Azul… Algunos años más tarde de su publicación, Darío explicó que apreciaba el color azul como “el color de ensueño, el color del arte, un color helénico y homérico, color oceánico y firmamental”, refutando el mito de que su título proviene del epígrafe “l’art c’est l’azur”, de Víctor Hugo, un escritor romántico a quien admiraba (Darío, 1916). Con estas palabras Darío destaca, de acuerdo a la filosofía de los artistas impresionistas, cómo el color es una percepción muy personal que se presta a múltiples interpretaciones. Los temas de los cuentos y poemas que componen Azul… son diversos e incluyen referencias a la condición del artista bohemio en la sociedad burguesa, así como un enfoque en lo natural. Si bien las menciones de la lucha bohemia se pueden ver como una oda a los mismos problemas que enfrentaban los artistas tanto en Europa como en Latinoamérica en un sentido literal, es la preocupación por el naturalismo lo que conecta a los pintores y a los escritores modernistas en el nivel filosófico. Es decir, la cuestión del naturalismo, ya sea en pinturas o en poemas, trataba de explicar los comportamientos de seres humanos por interpretar la vida mediante la descripción del entorno para descubrir las leyes que rigen la conducta humana (Lathers, 2001).

El movimiento modernista no sólo sobrevivió sus comienzos explosivos en el siglo XIX sino que siguió evolucionando y dando forma a la cultura del próximo siglo.

Efectivamente la clase burguesa, con sus conservadoras creencias y una satisfacción con el statu quo, reaccionó escépticamente ante el movimiento modernista y cómo éste amenazaba con cambiar su sociedad. En el cuento “Psicopatía”, Enrique Gómez Carrillo describe la historia de un doctor que se especializó en “la más interesante de las ciencias modernas: la ciencia de las enfermedades ideológicas y sensitivas” que en su opinión afectaban a la mayoría de los escritores y artistas actuales (Gómez Carrillo, 1898). Durante su evaluación del narrador, a quien se le identifica con el vanguardismo artístico y literario, el médico explica la enfermedad que padece Coriolis, un personaje que representa el arquetipo de artista bohemio en el libro Manette Salomon, escrito por Edmond y Jules de Goncourt (Lathers, 2001). Coriolis pinta en el más puro estilo romántico, coincidiendo con la filosofía naturalista en sus obras, y es debido a esto que el doctor afirma que él está casi tan enfermo como el narrador cuando explica que “no hay más que ver sus obras para comprenderlo; su titulación cerebral es aguda y profunda, y le obliga a buscar matices que no existen en la naturaleza, a tratar de descubrir detalles invisibles, a combinar sus colores de manera que produzcan reflejos inverosímiles” (Gómez Carrillo, 1898). Añade que “esos prismas de luz filtrada y esas gamas complicadas de tonos fuertes sobre tonos pálidos bastarían para asegurar que el autor está gravemente enfermo de titulación, de vicio supremo…” (Gómez Carrillo, 1898). Aunque en la historia Gómez Carrillo cuenta la opinión que un doctor imaginario tiene sobre el estilo de un artista también imaginario, el diagnóstico que da el doctor no difiere mucho de las críticas que recibieron las primeras exposiciones impresionistas en el mundo del arte académico. De hecho, cuando Coriolis es atacado por crear obras interpretativas en lugar de representativas, así como por reproducir su entorno de manera subjetiva tal y como él lo percibía, el médico podría haber también estando haciendo mención a Impression, soleil levant, o a cualquier otra obra de Monet.

No obstante, como todos los artistas y escritores que se negaron a someterse a los ataques de la burguesía a sus ideas e innovaciones estilísticas, el narrador de “Psicopatía” tampoco se rinde al doctor y declara con resolución: “No; yo he tomado ya mi determinación definitiva; y puesto que en el mundo de las letras es necesario escoger entre la Burguesía y la Enfermedad, me quedo con la Enfermedad” (Gómez Carrillo, 1898). Debido a una generación de artistas y escritores que compartieron la resolución de este narrador, el movimiento modernista no sólo sobrevivió sus comienzos explosivos en el siglo XIX sino que siguió evolucionando y dando forma a la cultura del próximo siglo. Después de la época del impresionismo, el arte moderno se ramificó en varios estilos que continuaban radicalizando las ideas principales en las que se basaron los impresionistas. El padre del cubismo, Pablo Picasso, en un homenaje a sus raíces artísticas declaró: “Mi único maestro… Cézanne era como el padre de todos nosotros” (Holzwarth, 2016). Además, los futuros estilos, que de algún modo tenían raíces en el impresionismo, siguieron influyendo a otras disciplinas culturales como la cinematografía expresionista alemana, bien ejemplificada por la película muda El gabinete del doctor Caligari, de Robert Wiene, o la surrealista del cineasta español Luis Buñuel, con mención especial a obras como Un perro andaluz o La edad de oro. Del mismo modo, la literatura moderna se diversificó mucho en el siglo XX, y el lema “make it new”, del escritor estadounidense Ezra Pound, mostró que la innovación y la originalidad se han convertido en algo favorable en el mundo de las letras. Como ocurrió con las artes visuales, los escritores modernistas también desempeñaron un papel importante en influir a otras disciplinas culturales con sus ideas literarias. El teatro es una de ellas, ya que tomó una gran inspiración de la literatura moderna, notablemente en la influencia que el período existencialista tuvo en el nacimiento del teatro de lo absurdo, cuando escritores de la talla de Jean-Paul Sartre y Samuel Beckett demostraron ser excelentes dramaturgos con obras como A puerta cerrada y Esperando a Godot, respectivamente. Incluso hoy en día, al debatir el estado del arte y la literatura contemporánea, dos disciplinas culturales que han evolucionado tanto en el último siglo que algunos críticos ya sugieren clasificarlas como “posmodernas”, no se puede pasar por alto ni tampoco olvidar la gran influencia que el arte y la literatura han tenido en nuestra sociedad —tanto en las obras pictóricas como en las ideas— desde sus orígenes paralelos en la revolución modernista del siglo XIX.

 

Bibliografía

  • Butler, C. (2010). Modernism: A Very Short Introduction. Oxford: Oxford University Press.
  • Darío, R. (1916). Antología: poesías de Rubén Darío. Precedida de la historia de mis libros. Madrid: Librería de la Viuda de G. Pueyo.
  • Flynn, T. (2006). Existentialism: A Very Short Introduction. Oxford: Oxford University Press.
  • Gómez Carrillo, E. (1898). Psicopatía. Almas y cerebros: historias sentimentales, intimidades parisienses, etc. París: Garnier-Hermanos, Libreros-Editores.
  • Holzwarth, H. W. (2016). Modern Art 1870-2000: Impressionism to Today. Colonia: Taschen.
  • Lathers, M. (2001). Bodies of Art: French Literary Realism and the Artist’s Model. Lincoln: University of Nebraska Press.
  • Phillips, S. (2013). Isms: Understanding Modern Art. Nueva York: Rizzoli International Publications.
Kacper Grass
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