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El misticismo en el más allá de la posición femenina

lunes 12 de octubre de 2020
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Marie de la Trinité
El caso de la religiosa dominica francesa Marie de la Trinité (1903-1980), paciente de Jacques Lacan, permite diferenciar entre solución mística y experiencia mística.
Mi terror llegó a ser tal que sentí estar rozando la locura. La angustia ya no estaba vinculada a ningún motivo, ya nada la limitaba y nada en mí se le podía resistir, lo había sumergido todo.
Marie de la Trinité

Según Lacan los místicos encarnan la posición femenina. En el lugar de la relación sexual que no existe, colocan el amor a Dios. La relación con Dios les procura un goce extático en el cuerpo, aunque fuera de las fronteras del yo, y más allá del goce común, más allá de todo lo que existe. Ese goce del éxtasis busca en ese amor una complitud en el Otro mediante un goce que podemos definir como goce suplementario de la posición femenina, no todo regulado por el falo.

Marie de la Trinité no sólo es una mística con un trabajo de escritura copioso, sino además es un sujeto afecto de un superyó feroz.

No todos los místicos, y aun menos las místicas, incluyen en su experiencia la dimensión de una escritura directa. Los místicos viven la religiosidad de otra manera, con una voluntad muy singular de vivir una religiosidad no exenta de erotismo, experimentando una mezcla de éxtasis y sufrimiento, más allá del principio del placer freudiano y que Lacan llamara goce. Lacan cuestiona las interpretaciones anteriores que consideraban el goce místico como un goce fálico sublimado, mientras que él lo sitúa decididamente del lado Otro.

La experiencia mística, extática, desmesurada, inexplicable, incomprensible, demanda el ejercicio de la letra que contiene el goce. La escritura está allí para ser forzada a fin de que pueda recoger algo que siempre roza la dimensión de la locura, que toca puntos en lo que el decir puede ser imposible si no se acepta que el cuerpo del lenguaje se resquebraje.

En el caso de Marie de la Trinité (1903-1980), no sólo es una mística con un trabajo de escritura copioso, sino además es un sujeto afecto de un superyó feroz, de origen manifiestamente materno, al cual la oración y el mensaje divino la protegen de ese superyó que la atenaza. Marie de la Trinité enfermó por la tensión entre su vocación y su obediencia, agravada por la incomprensión de las autoridades religiosas acerca de su deseo de llevar una vida contemplativa dedicada a la oración.

Afectada desde su juventud por arrebatos místicos y una grave crisis depresiva con intensos ataques de angustia y obsesiones, consultó a unos veinte psiquiatras y psicoanalistas muy prestigiosos de su época y escapó por poco a la lobotomía y a los electrochoques. En 1949, se traslada a París, donde inicia un tratamiento psicoanalítico con Lacan que durará cuatro años. Escribió una obra mística, testimonial de su relación con Dios, en más de cuarenta cuadernos que tienen enorme valor religioso y clínico (más de 3.500 páginas). Uno de ellos fue conservado por Lacan. En ellos describe sus vivencias que define como las visiones, las gracias y el diálogo con Dios que la guía en una relación de intimidad con él, que la hace única. Testimonio de ello, está su escrito “De l’angoisse à la paix” (“De la angustia a la paz”), donde se evidencia un verdadero testimonio acerca de la relación entre enfermedad mental y experiencia mística, un relato terrible de un sufrimiento moral y físico. Marie de la Trinité siguió un tratamiento psicoanalítico con Lacan, frecuente y regular, durante cuatro años, de 1949 a 1953, y fue a petición de éste que ella redactó este testimonio.

El lazo de obediencia que Marie de la Trinité establecía la colocaba en una posición de alienación al Otro.

La oración fue un recurso de Marie de la Trinité y por ello quería dedicarse a la vida contemplativa. Sus plegarias con Dios la protegen del superyó que la invade. En él encuentra un mensaje divino donde refugiarse y que la distingue haciéndola única. Pero, quizás porque ya había iniciado unas conductas frenéticas de misa, ayuno y penitencia, su superior le ordenó que se hiciera dominica y llevase una vida más activa. Ella aceptó por obediencia y a esto le acompañó la angustia que ya no la abandonará. La escritura tendrá un papel esencial, en primer lugar el de soportar la angustia y en segundo lugar elaborar una teología y la filiación a partir de la experiencia mística de las gracias y del diálogo con Dios que interpreta como resultado de la intervención de la Santísima Trinidad en ella. Su forma de escritura es un lenguaje sobrio, ordenado y lógico. Escribió además de sus cuadernos una amplia correspondencia con su familia, sus psiquiatras y Lacan. Hay que considerar que su teología consistía en unir a Dios por la filiación al Cristo y luego anudarlo con el Espíritu Santo, parecido a un anudamiento borromeo, un nudo trinitario del cual ella en tanto sujeto es trina (Marie de la Trinité).

Marie de la Trinité nos permite diferenciar entre solución mística y experiencia mística. La experiencia mística es transestructural y consiste en abolirse en el Otro, de forma episódica, en la búsqueda de ese Otro goce, más allá del falo.

La solución mística de Marie de la Trinité no es tanto abolirse en el Otro, sino que el diálogo permanente con Dios le impide abolirse en ella misma, lo que fracasa cuando las obsesiones le impiden rezar y la hacen caer en el gravísimo cuadro melancólico que describe en “De la angustia a la paz”.

El lazo de obediencia que Marie de la Trinité establecía la colocaba en una posición de alienación al Otro. La paradoja era que si se rebelaba y salía del voto peligraba su filiación a la comunidad religiosa que le proporcionaba un lugar en la existencia. En esa disyuntiva, Marie de la Trinité vivió su dramática existencia. El análisis con Lacan le permitió introducir el no-todo y obedecer de otra manera, con toda libertad; Lacan pudo captar enseguida que el nudo de la cuestión no es el voto de castidad, sino el de obediencia, donde el objetivo no era desprenderse de ese complejo, sino descubrir que lo patógeno no debiera convertirse en ingobernable.

Fue Lacan quien sobre una dimensión ética no retrocedió ante esa mujer habituada a lidiar nada menos que con el propio Dios.

 

Bibliografía

  • Durand, Isabelle: El superyó, femenino. Las afinidades entre el superyó y el goce femenino. Editorial Tres Haches, Argentina, 2010.
  • Lacan, Jacques. Seminario Libro 20 “Aun”. Paidós, Buenos Aires, 1995.
  • Marie de la Trinité: De l’angoisse à la paix, relation pour Jacques Lacan. Arfuyen, 2003 (edición original).
    : De la angustia a la paz, testimonio de una religiosa, paciente de Jacques Lacan. Nuevos Emprendedores Editoriales, 2018 (edición utilizada).
  • Miller, Jaqcues-Alain. Le Nouvel Ane, Marie de la Trinité. Quarto Revista de psicoanálisis Nº 90, Bélgica, 2007.
  • Morin, Isabelle: Obéir librément. L’Enigme de Marie de la Trinité. Psychanalyse Nº 20. Érès, 2011.
  • Sanson, Christiane: Marie de la Trinité, de la angoisse a la paix. Editions du Cerf, París, 2005.
Fernando Ferreyra
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