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Mujeres que hablan de amor:
Alfonsina Storni, Gabriela Wiener y Rosa Elena Pérez Mendoza

lunes 8 de marzo de 2021
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Alfonsina Storni, Gabriela Wiener y Rosa Elena Pérez Mendoza
En Storni, Wiener y Pérez Mendoza, la crónica es un género que, a la vez que les permite dar cuenta de la realidad en la que están inmersas, les permite también, desde sus particulares lecturas del amor, interrogarse a sí mismas.

Cuando Sócrates en El banquete, de Platón, se refiere al amor, lo hace a través de las palabras de una mujer, Diotima de Mantinea, a la que atribuye sabiduría “no sólo en estas cuestiones, sino en otras muchas”.1 Al plantearme una amplia indagación sobre el erotismo y el amor en Hispanoamérica, a partir de la exploración de géneros no-ficcionales (ensayos, crónicas, autobiografía, cartas) he creído conveniente interpretar algunas crónicas de tres escritoras hispanoamericanas: la argentina Alfonsina Storni (1892-1938), la peruana Gabriela Wiener (1975) y la venezolana Rosa Elena Pérez Mendoza (1966).

 

1. Alfonsina Storni

Puesto que la crónica moderna hispanoamericana surge en el modernismo, he escogido textos de la escritora Alfonsina Storni, dada la relevancia de su obra y su cercanía literaria e histórica con respecto al modernismo. Las otras dos cronistas son nuestras contemporáneas. Entre ellas hay distancias geográficas y temporales pero también, por supuesto, estilísticas e incluso lexicales. Las une la inquietante condición de ser mujeres americanas y el deseo de interpretarse a sí mismas desde sus propias pasiones. Venus o Afroditas a las que el artesanado de la crónica convierte en Diotimas ungidas de sabiduría.

Una constatación se impone: la presencia de la mujer cronista en la tradición de la crónica hispanoamericana es casi nula y desconocida. La crónica, de un modo más subrayado que otros géneros (el cuento, la poesía, el teatro, la novela), ha sido abrumadoramente escrita por hombres. Esta situación ha tendido a cambiar desde hace algunas décadas, tal como lo revela la significativa producción de autoras como la mexicana Elena Poniatowska, la venezolana Elisa Lerner o la argentina Josefina Licitra. Sin embargo no son frecuentes, incluso hoy, las mujeres que desde la crónica, entendida como género periodístico-literario, se atreven a relatar sus experiencias eróticas o amorosas. Observo una resistencia en las mujeres a escribir o reflexionar en torno a la intimidad amorosa, desde los géneros no-ficcionales (crónicas, ensayos, cartas, autobiografías, etc.).

Hay en la crónica, a diferencia del ensayo, una puesta en escena del deseo y la pasión amorosa que es otra manera de pensar.

Algunas interrogantes incitan mi búsqueda: ¿puede la crónica pensar los fenómenos del amor y el erotismo?, ¿o sólo circunstancialmente los narra o describe? En este caso, ¿cómo los narra?, ¿no subtiende acaso la mirada de estas cronistas una particular reflexión en torno al amor y el erotismo, entendidos éstos como expresiones cercanas al arte y la poesía?, ¿qué distingue a estas miradas?, ¿qué las vincula?

La crónica y el ensayo son géneros próximos, pero a diferencia del ensayo observamos que la crónica, más que pensar el amor y el erotismo, los narran y los describen. Hay en la crónica, a diferencia del ensayo, una puesta en escena del deseo y la pasión amorosa que es otra manera de pensar, quizás más cercana a la sabiduría y la intuición femenina que la lógica racional o argumentativa del ensayo.

Esta interrelación, casi cofusión con el ensayo, es lo que ocurre particularmente, a mi modo de ver, en las crónicas de Alfonsina Storni (1892-1938). Conocida fundamentalmente como poeta posmodernista, Storni escribió sus crónicas para secciones femeninas de periódicos y revistas de su época y las publicó especialmente entre los años 1919 y 1921.2

El amor y el erotismo son constantes de la poesía de Storni, lo cual se explica en alguna medida si observamos que el modernismo y el posmodernismo a los que se adscribe su obra fueron estéticas que favorecieron o propiciaron la imaginación y la sensibilidad eróticas. No es gratuito que una poeta como ella, dada a la afanosa búsqueda de un propio lenguaje, haya escogido la crónica como un medio alterno de expresión, pues en ésta, como género en el que se cruzan periodismo y literatura, ha debido ver también, a la par que un instrumento privilegiado para la difusión de su pensamiento crítico y para acercase a un público más vasto, un laboratorio que le permitió ensayar, configurar y diversificar su propio estilo literario.3

Sus crónicas suelen apelar a un cierto humor irónico, a la pluralidad de sentidos de las palabras y las frases. Así, en su crónica “Feminidades”, publicada el 28 de marzo de 1919, ella, que se quería feminista, dice en tono irónico y a la vez crítico: “…el sexo femenino es resignado por hábito”. Y en otra crónica que titula, apelando a la forma epistolar, “Carta de una engañada”, señala la condición de inferioridad de la mujer y una como relación de vasallaje de ésta con respecto al hombre y con respecto a lo sentimental:

…Inferior porque recogemos todo lo deshecho, lo manoseado… porque pasamos la vida construyendo lo que el hombre destruye. Inferior porque el sentimiento nos maniata, inhabilita y ciega para la crueldad.4

Storni hace de la crónica un medio que le permite expresar su visión crítica con respecto a aspectos sensibles y claves en su época tales como el papel de la mujer en la sociedad y la cultura modernas, en relación con el amor, con lo erótico, la conducta imitativa de algunas mujeres, el engaño sentimental y los celos, la interrogación de la complejidad femenina, la difícil relación hombre-mujer. En fin, todo un conjunto de aspectos centrales para ella, vinculados con la representación simbólica de la mujer y con la psique y la conducta amorosa de ésta, captadas en una suerte de cotidianidad sojuzgada y en el proceso de incipiente modernización cultural de una ciudad como Buenos Aires a inicios del siglo XX.

En este sentido sus crónicas tienen implicaciones políticas, pues deconstruyen discursos convencionales que hacen parte del sojuzgamiento de la mujer: el amor regulado por el matrimonio, el erotismo censurado por la familia, la belleza femenina reducida al “adorno”, el traje de moda, las representaciones estereotipadas de lo femenino y lo masculino.

En una crónica titulada “Un baile familiar” describe las atracciones eróticas entre muchachas y muchachos que participan en una reunión festiva de carácter familiar. El lector de hoy observa el ambiente reprimidamente decoroso de una fiesta familiar en la Buenos Aires de 1919 en cuya escena entran en tensión los deseos y el erotismo de los jóvenes, bajo la mirada vigilante de las “graves señoras de negro”.5

Detrás de esta parodia está la crítica feroz a una sociedad que degrada el amor y constriñe la sensibilidad femenina a la moda.

Quizás no podamos encontrar en las crónicas de Storni una definición de lo que es para ella el amor o el erotismo, pues éstos no se dejan captar sino en sus contradicciones sentimentales y sociales, a veces incluso en la ausencia de ellos, en la negatividad que los anima o en su escurridiza presencia a través de una mirada, un gesto, una insinuación juvenil. En la interrogación que de ellos hace la autora operan y se cruzan tensiones y fuerzas anímicas y sociales que tienen que ver con un discurso de poder social y político opresivos, de carácter androcéntrico. En sus páginas se deslizan las maestras solteronas, las telefonistas envejecidas, en cuyos rostros se puede captar el desgaste, la censura, la represión; las empleadas domésticas sometidas a un trabajo oprobioso, las costureritas a domicilio que apenas ganan para sobrevivir. Mujeres negadas a la alegría del amor, el orgullo de sí, sin voces propias ni autonomía personal.

Hay en muchas de sus crónicas una incisiva ironía con respecto a las costumbres a inicios del siglo XX, que normaban aún la vida social de las mujeres e impedían la revelación de sus deseos. Tal es el caso de lo que expresa en la crónica que titula “Diario de una vida inútil”, publicada el 23 de mayo de 1919, en la que parodia la escritura de un diario íntimo. Esta simulación del diario íntimo se propone remedar la forma romántica y modernista dada a la efusión lírica, sentimental, y al tono elocuente. En contraste, Storni parodia también las “recomendaciones” al uso en la época para “cazar novio”, un decálogo de una “Asociación secreta de las niñas inútiles…”. De este modo Storni parodia la retórica sentimental, artificiosamente amorosa, del romanticismo y modernismo decadentes.

Detrás de esta parodia está la crítica feroz a una sociedad que degrada el amor y constriñe la sensibilidad femenina a la moda, a los “detalles” de un vestido, es decir, a falsos e inútiles protocolos. Escuchemos: “…Sí, le añadiré dos centímetros de gasa al escote porque colijo… que los centímetros son cosa muy grave en la vida femenina”.6

Vemos entonces cómo, a partir de una anécdota o de la descripción de una situación personal o familiar, las crónicas de Storni se deslizan hacia una reflexión que trasciende lo frívolo o banal y que por lo general se expresa como crítica a prejuicios religiosos, éticos o morales y con respecto a costumbres y convencionalismos sociales y culturales que afectan la libre expresión del amor, del erotismo y por supuesto de la condición femenina.

En la crónica que titula “Los detalles, el alma”, que es quizás una de las más ensayísticas por su preocupación reflexiva, después de considerar las diferencias en la moda masculina y femenina Storni observa cómo la mujer ha sido prisionera de su “pasión de agradar” y cómo “junto a la herencia espiritual del sexo” ha tenido que asumir una “herencia maternal” (el corsé, los tacones altos, por ejemplo) que ha modelado artificialmente su elegancia, su figura corporal, sólo con el objeto de agradar al hombre.

Considera cómo esta pasión inútil de agradar avasalla a la mujer y le impide acceder a su “alma”, a su autocomprensión o autoconocimiento. Imbricada en una relación opresiva con respecto a lo sexual, esta dependencia con respecto a la moda, al detalle, ha impedido que la mujer acceda a un “plano luminoso” y ha promovido su conversión en objeto sexual, haciendo de ella “ídolo y demonio”, “la causa de todas las locuras masculinas y de todos sus desprecios”.7

En otra crónica que titula “El amor y la mujer”, Storni insiste en su crítica irónica con respecto a la visión romántica del amor y de la mujer, que suele emblematizarse en flores, perfumes, vestal, delicada gracia femenina. Intentando desmitificar ese amor romántico, y como confrontando a sus lectores, las interroga: “¿Qué es el amor, divinas?”. Insistiendo en un tono tanto sarcástico, opta por proponer las distintas definiciones que del amor podrían dar un cínico, un filósofo, un escéptico, un espiritualista, un lírico. Al espíritu teórico de las definiciones opone la experiencia vital y concreta de las mujeres quienes “han dicho desde antiguo la última palabra en amor: es decir que el amor debe vivirse y no comentarse…”.8

Pero las “malas plumas”, aquellas que para Storni expresan una visión androcéntrica del mundo, han creado una imagen de inferioridad intelectual de la mujer por ser practicantes de un amor “ardiente y enorme”; voluptuoso, que les impide “remontarse a la razón fría y al pensamiento austero”.9 Desde la ironía propia de su estilo, Storni señala cómo esos mismos autores hombres, que han creado esa imagen de inferioridad de la mujer apegada a la tierra y a un amor instintivo, paradojalmente recurren a ella para “buscar en la mujer el calor santo de la tierra, la vida misma”.10

En un artículo de prensa publicado el 14 de noviembre de 1920, de carácter ensayístico, que titula “La complejidad femenina”, Storni considera tres factores que intervienen en esta complejidad: el orgánico, el educativo y el económico. Al comparar acá la vida amorosa del hombre con respecto a la de la mujer, observa que el mundo moral en que la mujer se escuda “es una de las causas más visibles de su complejidad”,11 lo que, a diferencia del hombre, que expresa su amor sin mayores dificultades morales, inhibe su libre manifestación. Estas barreras morales que la educación históricamente le ha impuesto a la mujer hacen —según Storni— que ésta se valga de insinuaciones eróticas para conquistar al hombre.

En alguna medida lo que estas crónicas de Storni proponen es dilucidar críticamente la trama de una mitología cotidiana que los hombres han tejido en torno a la mujer.

Este erotismo femenino es visto así por esta escritora como una “tarea, gratísima a la mujer…”, más complicada que la confesión lisa y llana de un sentimiento. “La mujer… recurre a su belleza, a su coquetería, inicia un juego de si es o no es, conservando siempre una puerta de escape ante un posible fracaso de sus ardides, que pondría en relativo peligro su moral”.12 Visto de este modo, este erotismo seria la gran “arma” que la mujer utiliza para seducir al hombre.

En otra crónica en la que Storni vuelve a emplear la forma epistolar, titulada precisamente “Una carta”, la narradora simula que responde una carta de una amiga. En ella le dice, después de confesarle que ha roto su compromiso con Ernesto, que vive “enamorada del amor”, y en un tono un tanto sarcástico pregunta a la amiga: “Estos hombres modernos ¿de qué pasta están construidos?”.13 La narradora, que va de la anécdota a la reflexión, observa que, aunque autores han dividido el amor en grupos, ella piensa que es “uno, sólo los sujetos que lo reciben son distintos: toma el color del temperamento que los gasta; pero él es inmutable”.14

En alguna medida lo que estas crónicas de Storni proponen es dilucidar críticamente la trama de una mitología cotidiana que los hombres han tejido en torno a la mujer, que ha falsificado y complicado su verdadera condición y naturaleza. Pero para Storni la mujer, desde su conducta de resignación y sumisión y desde su visión romántica del amor, ha propiciado esta mirada desnaturalizadora.

La crítica e interrogación de la condición femenina y del amor no están por lo tanto en esta autora desvinculados de la crítica e interrogación de la condición masculina y de las instituciones y costumbres que las han modelado. En este sentido, para ella tanto el discurso femenino como el discurso amoroso que la mujer se ha dado son elaboraciones culturales y sociales que han obedecido a manipulaciones de distinto orden (educativas, religiosas, morales), impuestas donde instituciones como la Iglesia, la familia o el matrimonio. Al respecto es reveladora la incisiva ironía con que describe las costumbres que normaban la vida social de las mujeres en la época (inicios del siglo XX en Argentina), impidiéndoles la libre expresión de sus deseos.

Modos estilísticos como la ironía y la parodia le permiten a Storni tomar distancia, confrontarse estética e ideológicamente con respecto a las formas sentimentales o clisés en que degeneró la manifestación del amor y del erotismo durante los períodos del romanticismo y el modernismo, es decir, fines del siglo XIX e inicios del siglo XX. Éstos crearon un modelo y un imaginario de la mujer que Storni rechaza. De allí que en algunas ocasiones recurra a simulaciones paródicas como la del “diario” íntimo, muy del uso por las mujeres en su tiempo, para develar la pátina sentimental o sensiblera que recubre el imaginario erótico y amoroso. Tal es la preocupación de la narradora, que enuncia algunas de estas crónicas a través de la máscara de una señorita “nerviosa”, “convulsionada” por la cantidad de “detalles” que deben cumplir para llevar a cabo exitosamente la “caza del novio”. Lo que finalmente nos revelan estas crónicas de Alfonsina Storni es, creo, la invención de un lenguaje moderno fundado en una conciencia crítica y alterna de la mujer, del amor y el erotismo femeninos.

 

2. Gabriela Wiener

Gabriela Wiener (Lima, 1975) es una escritora peruana conocida fundamentalmente como cronista y periodista, aunque ha escrito también libros de poesía y novelas. Vive en Barcelona (España) desde el año 2003. Está ligada a grupos o movimientos que proponen una nueva manera de hacer crónica como el grupo de “Nuevos Cronistas de Indias”. Me detendré en la consideración de algunas crónicas suyas referidas a uno de sus temas privilegiados: el amor en su relación con la sexualidad y el erotismo. Algunos de sus libros de crónicas son Sexografías (2008), Kit de supervivencia para el fin del mundo (2012) y Mozart, la iguana con priapismo y otras historias (2013).

Las crónicas de Wiener, que participan en cierta medida de lo que se ha denominado “periodismo gonzo”, un estilo transgresivo del periodismo convencional, plantean una mirada extrema y desmitificadora con respecto a los tabúes sociales, particularmente aquellos relativos a la sexualidad. En los límites entre el erotismo y la pornografía, muchas de sus crónicas parecieran querer provocar al lector a partir de la más impúdica exhibición de la intimidad sexual. Apelando a un humor desmitificador, Wiener se atreve a decir y mostrar lo que otros y particularmente otras mujeres no se han atrevido: el comercio con muñecas sexuales hiperrealistas, los clubes de amor swinger, las mujeres que lloran o rían en sus orgasmos e incluso lo que ocurrió al interior de un taller denominado “Mi vulva, mi vagina”.

La narradora, en la medida en que va describiendo el club y participando en los hechos o relaciones sexuales, deja ver sus miedos.

Detengámonos en su crónica “Dame el tuyo, toma el mío (aventuras en un club de intercambio de parejas)”. Se trata de la descripción y narración de lo que ocurre en un club swinger de Barcelona (España).15 La narradora, acompañada de su marido, llamado J., visitan por primera vez el club 6&9, en el que se encontrarán con enigmáticos personajes y ambientes y se verán envueltos en insólitas relaciones y a ratos cómicos intercambios sexuales. La crónica, narrada en primera persona, intercambia diálogos con el relato de los hechos y la descripción del club en un lenguaje ágil, el de una periodista (mujer) que, desde su intervención en los acontecimientos, hace un particular reporte sobre el club.

Como toda cronista que se aprecie de tal, la narradora ha investigado previamente sobre el lugar, pues señala datos, informaciones sobre el objeto escogido para su crónica. Uno de los aspectos interesantes es que la narradora, en la medida en que va describiendo el club y participando en los hechos o relaciones sexuales, deja ver sus miedos, sus propios prejuicios y tabúes sobre el sexo. Dice a propósito del club:

En mi encuesta previa lo habían calificado además de “higiénico”, un tema que yo había subrayado inicialmente por mi creencia de que el sexo es sucio sólo si se hace bien, pero terminó siendo un punto a favor del 6&9 cuando decidimos venir.16

El recorrido por el club, que vamos conociendo guiados por la narradora, es una suerte de cómico descenso dantesco al infierno: los distintos lugares del club son lugares de lujuria y de “pecado”, de transgresión del pudor y de las relaciones sexuales convencionales. La narración y la descripción están impregnadas de un incisivo humor y de una ironía cruzadas por referencias intelectuales que aluden al amor y al erotismo teorizado por autores como Platón, Marx o Georges Bataille, o al cine (Kubrick, Nagisa Oshima). En este recorrido por el club pasamos por el bar, las camas de treinta metros, el jacuzzi, el cuarto oscuro o miniteca nudista, la habitación de las orgias, espacios de excitación o de desenfreno amoroso.

La descripción se detiene en detalles y rasgos de los amantes en sus actitudes eróticas, lo que le otorga a la narración una cierta analogía fílmica, como escenas que se suceden unas tras otras, en una progresión o ritmo erótico ascendente. Una narración que apela a generar un clima de incitación y suspenso, a crear expectativas de lectura que juegan con la emoción, el deseo y el humor. Técnicas descriptivas y narrativas como el close-up o el flashback parecieran proponer una parodia del cine porno. En este sentido los recuerdos y las escenas amorosas anteriores a la visita al club forman parte del discurso de una crónica que apela también al discurso reflexivo que remite a la liberalidad o censura moral con que se asume la sexualidad. Se nos dice: “…un buen swinger es generoso con los compañeros liberales, pero sólo ama a la mano que le da de comer”.17

Se trata de una crónica que hace del deseo el eje central del sentido, convirtiéndolo en una forma de realización dialógica del relato. Diálogo de humor y reflexión, de provocación y temor, de erotismo y pornografía, de seducción y esnobismo. La narradora exhibe un cuerpo, su intimidad sexual, pero también sus temores y sus culpas. Dice: “A mí nunca me gustó intercambiar: siempre he tenido arrebatos de generosidad, egoísmos repentinos, ingratitud y pequeños robos”.18

Aunque muchas de las crónicas que escribe Wiener están referidas a España, particularmente las que publica en el diario El País, en las que utiliza incluso modos o giros lexicales propios de ese país, su mirada es en el fondo la mirada de una latinoamericana que por encontrar extraños, diferentes, los comportamientos eróticos y sexuales que ocurren en ciudades supuestamente posmodernas como Madrid o Barcelona, los narra y describe con el desparpajo que es propio de su estilo. En efecto, el escritor César Calvo, al referirse a las crónicas incluidas en Sexografías, señala que éstas “…tienen el interés juguetón por las formas de vida más extremas o grotescas de América Latina, principalmente, y la mirada distanciada y a menudo sutilmente socarrona sobre sus objetivos”.19

En esta mirada de Wiener, insistimos, es muy significativa la presencia de ese humor irónico, transgresivo o irreverente, que en alguna medida es también su distancia. Tal ocurre en muchas de las crónicas que escribe para diarios y revistas norteamericanas o europeas como Marie Claire o Esquire, o para revistas latinoamericanas como Soho o Etiqueta Negra.

Es el humor que está presente en crónicas como “Modern Family” o “Toy Story”, escritas para el diario El País, en las que las conductas eróticas refieren a una sociedad occidental desarrollada que ha adoptado formas de vida sexual que pudiéramos llamar “posmodernas”. Algo de un comportamiento mítico puede uno observar en la propia narradora que confiesa, quizás paródicamente, haber asumido algunos de estos patrones de vida posmoderna europeos. Tal es la situación que narra una crónica como “Modern Family”, en la que la narradora comienza refiriendo una situación familiar: “Mi hija Lena está un poco agotada de tener que aclarar en el colegio que su hermanito no es sólo ‘el hijo de la novia de su papá’. A veces sus amigos la ayudan a explicarlo: son un trío”.20

La narradora describe tres casos o situaciones que transgreden el esquema de los matrimonios convencionales.

Dos aspectos, extensivos en cierta medida a toda la obra de Wiener, me parecen destacables: primero, la insistencia en sus diversas crónicas de hacer público lo privado, de convertir la crónica en una puesta en escena de lo íntimo, y segundo, hacer de lo a-normal erótico o sexual el espacio privilegiado de la crónica. En “Modern Family” la a-normalidad está referida a las relaciones amorosas fuera de la monogamia, que rompe ese patrón convencional.

La narradora describe tres casos o situaciones que transgreden el esquema de los matrimonios convencionales: primero, tres mujeres brasileñas “que han logrado registrar como unión civil la primera relación estable de tres personas en ese país”; segundo, el caso de tres hombres que en Tailandia se casaron, y tercero, la serie documental de la televisora brasileña TV Globo que narra en sus episodios “una historia libre amorosa real… con altos índice de audiencia”. Frente a este hecho de la a-normalidad y de la diversidad amorosa, esta crónica apela también a un marcado tono ensayístico que no excluye el humor y las referencias a teóricas o humoristas feministas que “ante la andanada de amores múltiples” han acunado nuevos términos como “polirromántico” o “polimachos”.

En otra crónica que Wiener titula “Sexo con (entre) embarazadas: el último tabú”,21 nuestra autora insiste en su actitud provocadora al referir, con un acento confesional, las excitaciones eróticas y sexuales que experimentaba en sus días de embarazo. Esto le va a permitir indicar lo que considera son los signos eróticos de la mujer embarazada: “hinchadas tetas”, “clítoris endurecido”, “vagina dilatada”. Y en tono irónico y humorístico propone una “tipología de la preñada”: primero, la embarazada onanista; segundo, la embarazada lesbiana; tercero, la embarazada queer, altporn o posporno, y cuarto, la embarazada adúltera. Refiere en esta crónica cómo en una película de cine porno de la directora y actriz Madison Young pudo ver “follando a embarazadas con otras mujeres, lesbianas o trans… masturbándose de lo lindo por puro deseo”. Se trata para Wiener de desmitificar el embarazo, un período de la mujer considerado tradicionalmente ajeno al erotismo y la sexualidad.

Como en otras crónicas de estos autores, vemos un humor cáustico y a la vez festivo desde el que se transgrede la moral victoriana y se celebra y magnifica el goce sexual. Así, en la crónica que titula “Llorar durante el orgasmo”,22 dice que “el sexo es todo lo que no es horrible”. Confiesa, involucrándose en lo que narra y describe, que ella misma ha llorado en algunas de sus relaciones sexuales. Comenta: “…yo he llorado antes —porque quería follar— y después —porque quería volver a follar”. Se trata también, para Wiener, de restarle seriedad y gravedad al tema del sexo y la sexualidad, tan sometidos a moralismo, tabúes y prejuicios de distinta índole.

Otro rasgo que caracteriza el estilo de esta cronista peruana es una cierta tensión entre lo culto y lo popular, lo serio y lo cómico. Ya hemos señalado cómo en algunos de sus textos eróticos suele hacer referencia a autores clásicos o consagrados como Platón, Marx o Bataille, pero también en otras crónicas refiere a actrices o artistas populares o porno feministas como Madison Young, Billy Bob Thornton, Halle Berry o Maria Llopis que proponen visiones alternativas de la sexualidad. Deseo, es decir, erotismo y pasión del lenguaje se cruzan en las crónicas de Wiener. Sus textos, como los de Storni o Rosa Elena Pérez, son crónicas de escritoras, es decir, expresan conciencia y pasión del lenguaje. Pero en ellas se juega también por supuestos, una sensibilidad que involucra la búsqueda de una forma y una voz literaria propias, que les permite significar su particular visón del amor y el erotismo femeninos.

En este sentido hay en Wiener, aunque se reconozca cercana a las obras de autores como el chileno Roberto Bolaño o las norteamericanas A. M. Homes o Joan Didion, una relectura y resignificación estéticas y literarias de la tradición de la crónica de los grandes escritores “flaneurs” del siglo XIX: Baudelaire y Fournier, pero también Martí, Darío o Gómez Carrillo. Como ellos, Wiener da cuenta de la feria mundana de las grandes ciudades. Como en ellos, sus crónicas son una pasión de la forma y de la mirada. Su paisaje, aunque fundamentalmente interior, está rasgado por la calle.

 

Vista su incapacidad de fijar el tiempo, la crónica sería una especie de representación e interpretación ilusoria en la que se desdibujan los límites entre lo real y lo ficticio.

3. Rosa Elena Pérez Mendoza

Rosa Elena Pérez Mendoza (1966) es una escritora venezolana. Poeta y cronista, ha publicado dos libros de crónicas: Juanita Poulin y otras crónicas (2006) y Caracas, desvíos y extravíos (2010). El amor y el erotismo, como en Storni y en Wiener, son una constante en su obra. Juanita Poulin y otras crónicas, el libro que comentaremos, se abre con un “boceto” que es una suerte de poética de la crónica que tendrá su correspondencia con otra crónica titulada “Lectores”. Ambas, más que crónicas en sí, configuran un discurso sobre la escritura de la crónica y la tipología de los lectores de Pérez Mendoza. “Boceto” interroga poéticamente la crónica, su lenguaje, a la vez que la plantea como la forma que la autora tiene de asirse a la vida y de “atrapar lo cotidiano” para que no escape irremediablemente.23

La escritura es una lucha desigual contra el tiempo pues éste, como lo expresa a través de la cita de un poema de Álvaro Mutis, huye en la “…mansa procesión de los días” y diluye la memoria de las personas y las cosas. Vista su incapacidad de fijar el tiempo, la crónica sería una especie de representación e interpretación ilusoria en la que se desdibujan los límites entre lo real y lo ficticio. “Lectores” propone una tipología de lectores en la que destaca el lector ideal como aquel que asume la conciencia de un lenguaje diferente que, al mezclar “vida y ficción, lo propio y lo ajeno, lo cierto y lo falso”, sea capaz de seducirnos.24

“Bandolera” es la primera crónica en su Juanita Poulin…, en la que la narradora cuenta y describe un breve itinerario en Caracas en un viejo “carrito” que avanza lento. Al fondo se escucha una canción de Rubén Blades. El discurso musical alude a una relación amorosa de pareja en la que la mujer es calificada de “bandolera”. Esta primera crónica adelanta algunos de los elementos de significación que serán constantes en la configuración formal y semántica de los textos de este libro, a saber: primero, la interrelación de la narración y la descripción con otros lenguajes, particularmente con el lenguaje de la música, y segundo, la presencia de la relación amorosa y de pareja como relación conflictiva o como ausencia o carencia de amor.

Otro elemento de significación formal que se observa en esta primera crónica, y que será un tanto recurrente en otras, es su lado reflexivo, lo que le otorga una cierta inteligencia crítica y una condición híbrida. La narradora-personaje, a la vez que escucha la canción de Rubén Blades y reflexiona sobre “este hábito de carnaval incrustado en nuestra personalidad caribeña que nos obliga a reírnos de lo dramático”,25 cuenta que va en búsqueda de una constancia de su divorcio en los tribunales e imagina que es la protagonista de un film y que baila “por todo el medio de las torres de El Silencio al ritmo de una canción de Maelo”.26

La música es parte de este discurso liberador y del deseo que, como un secreto hilo de plata, se entreteje en este libro y comunica una crónica con la otra. Si la búsqueda de la constancia de divorcio constituyó el núcleo del relato en “Bandolera”, la crónica siguiente, titulada “La Niña”, se abre con la referencia a una noticia periodística en la que se nos informa sobre la violación de una niña indigente. La precisión de la fecha (“un mal día de agosto de 2005”) y el nombre de la niña (“Kenia Nairobi Perdomo Beltrán”) nos indican que la crónica está referida a un hecho real.

Como otras crónicas del libro, esta alude a la lucha de la mujer por la sobrevivencia y a la violencia de que es objeto. La violación es aquí la trágica culminación de una vida signada por la carencia de amor. La crónica nos señala el itinerario y los rostros perversos de esta carencia: la orfandad, la calle, la cárcel, lugar en el que finalmente sobre Nairobi Perdomo se ciernen la desolación y la muerte.

“Nadia Comaneci” es una crónica que narra y describe las sesiones de relaciones sexuales de Nadia Comaneci, alter ego de la narradora, con su pareja, como “contiendas” o “round de torneo de lucha libre en lodo”.27 Esta crónica refleja una visión áspera y conflictiva del matrimonio, pero también del amor y el sexo; en éstos no hay espacios para la ternura. En contraste con la belleza de las alusiones coreográficas (“Coppelia”, “La muerte de cisne”), la representación de las relaciones sexuales, cercana a lo agónico, a la muerte, insiste en su lado sádico, en la presencia del instinto, la voracidad, la competencia, el cansancio y, como un corolario de éstos, la huida.

“Thelma y Louise”, como su nombre lo indica, es una crónica que parodia al grado de la caricatura la famosa película homónima para referir el viaje de la narradora y su prima entre Caracas y Mérida. Un viaje con incidencias eróticas que es aquí metáfora de un deseo de amor que termina en desilusión. A diferencia de lo que ocurre en la película, la narradora señala: “…los hombres no nos persiguen, somos nosotras mismas quienes caemos en nuestras propias trampas y nos autolesionamos”.28 En “Crónica de una mujer en vía de divorcio” la narradora comienza por referir la sensación de felicidad que experimenta cuando su ex marido decide irse de la casa. De nuevo la relación conyugal es descrita desde la perspectiva del fracaso. Como en la crónica titulada “De género”, el maltrato, la ruptura y la violencia psicológica y verbal configuran la negación de todo erotismo y del amor como espacios fundados en la comprensión, el juego o la ternura.

En el marco de la vivencia erótica el enamoramiento es descrito como una “extraña sensación” de pertenencia a un otro.

“Ángeles” es una crónica que narra y describe en dos tiempos un encuentro erótico de dos amantes: el primero es un tiempo del encuentro en el que se describe el sentimiento erótico como una “extraña sensación” anímica y corporal. Al expresar la intensidad del encuentro, la narradora dice: “…una extraña sensación debajo de su lengua la invade asaltando glándulas, estremeciendo su ombligo, entrando al centro del vientre y renovando su piel…”.29 Lo erótico es visto aquí como un fenómeno complejo, pues se señalan algunas de sus plurales dimensiones: primero, se indica que es un vínculo universal y místico, “…todo está dentro de una historia cotidiana esbozada con un fino trazo místico”;30 segundo, supone una ruptura con el entorno y un impulso atávico y ancestral: “…raro designio… como un imán atávico”;31 tercero, es un sentimiento que se vive como un “torbellino”, y cuarto, está rasgado por el asombro, la extrañeza, el misterio.

Se trata de un primer tiempo marcado por “coincidencias”, “halagos”, “coquetería”, en el que la vivencia de la momentánea separación está señalada como “dolor”. El segundo tiempo es el del desencuentro, signado por la presencia de “datos atroces”, un “infructuoso y temerario naufragio”, el conocimiento del miedo y una “huida” en la que los amantes “se esfumaron”.32

En el marco de la vivencia erótica el enamoramiento es descrito como una “extraña sensación” de pertenencia a un otro. Se trata pues de una crónica que al describir la profunda intensidad del sentimiento erótico traza algunos rasgos caracterizadores de su complejidad como fenómeno humano.

“Juanita Poulin”, la crónica que da nombre al libro, se abre con la comparación de “Juanita”, personaje de la crónica, y Amélie Poulin, nombre de la protagonista de la película francesa Amélie. La narradora la describe con un “peinado a lo Teresa de la Parra” e indica que “es Amélie porque lleva un peinado francés que enmarca su rostro y cuerpo de india, pero también porque dentro de su pecho hay un corazón generoso…”. Pero Juanita, el personaje de la crónica, es Juanita Bandres, una madre venezolana con dos hijos sin padre que vive entre Caracas y Altagracia de Orituco, donde habita una casa llanera “con agua prestada y luz robada”.33

Se trata de un personaje con una significación plural, pues es metáfora de la mujer latinoamericana trabajadora y sacrificada pero también de la mujer amante y aguerrida o de la mujer escritora o intelectual. Es decir, puede ser Juanita Menchú, Juanita Sáenz, Juanita de la Parra, Juanita Nin o Juanita Beauvoir. Pero sobre todo encarna la mujer valerosa, de pueblo, solitaria, en la que finalmente la polvareda del camino la persigue y le susurra al oído “canciones de amor, de un amor que nunca tuvo o que fue tan accidentado…”.

Pero Juanita es también Thelma y Louise, o la Bandolera, o la Niña, o Nadia Comaneci, es decir, mujeres finalmente solitarias, movidas por el deseo y la pasión, pero que han fracasado en sus relaciones conyugales y amorosas.

“Nuda Veritas” es una crónica de tono ensayístico en la que la autora interroga el erotismo a partir de la lectura de un cuadro de Gustavo Klimt. Se inicia con la descripción poética de un dibujo de este artista austriaco titulado “Fish Blood” en el que encuentra un “erotismo espontáneo y llano” opuesto al erotismo vulgar y feroz, de carácter más bien pornográfico, difundido por las imágenes comerciales.

Desea subrayar la autora la oposición entre la mirada de Klimt, que ve en el desnudo femenino una “pureza exquisita”, y el concepto de la mujer como objeto sexual que transmiten las imágenes comerciales o las vallas publicitarias que inundan hoy nuestras ciudades capitalistas. El erotismo es visto en su dimensión polisémica, pues al interpretar la intimidad femenina que traduce el dibujo de Klimt, Rosa Elena Pérez señala la “naturaleza, profundidad y emoción estética” que éste transmite. En contraste con esta visión delicada y tranquila que de la desnudez femenina está en Klimt, la narradora señala la agresividad de una valla publicitaria situada en Caracas que exhibe “la voluptuosidad del trasero” de una mujer catira que promociona una marca de cerveza.

“Nuda Veritas” es una crónica que ensaya una interpretación del erotismo como fenómeno complejo en el que dialogan sensibilidad e imaginación. Destaca como estética de la sensualidad que, al expresar el esplendor femenino en Klimt, se opone a la imagen casi obscena y vulgar que de la mujer promueve la publicidad comercial.

En las crónicas de Rosa Elena Pérez Mendoza, la mujer es el centro de sus indagaciones. Todo ocurre alrededor de ellas; búsqueda e interrogación, es una pasión vital pero también una metáfora, una irradiación del sentido, una forma —la crónica— que está siempre haciéndose y reelaborándose, que no cesa de ser y de preguntarse quién es. Llama la atención que en las crónicas de esta autora, aunque amor y erotismo configuran un mismo tejido del deseo, ocurren en situaciones discursivas y narrativas diferentes.

Tienen en común estas crónicas el ser historias de mujeres que narran y describen sus afectos y desafectos, sus amores y desilusiones.

Mientras el amor deviene en desengaño o desencuentro, en relaciones conflictivas (divorcio, sexo como “contienda”), convirtiéndose en una carencia, como en el caso referido en las crónicas “La Niña” o “Juanita Poulin”, el erotismo es una aventura como en “Thelma o Luise” o una mirada creadora o intimista de la mujer como en “Nuda Veritas”. En este tejido verbal imantado por el deseo que es cada personaje femenino y cada crónica de Rosa Elena Pérez, pueden cruzarse música y referencialidad cotidiana, cine y lenguaje oral, boxeo y pintura, es decir formas, discurso y sentido diversos. Cada mujer es un palimpsesto en el que es difícil saber cuál es el lenguaje o texto original. Culta y popular, en cada personaje femenino habitan muchas voces y muchos deseos. Como la crónica misma, la mujer es un texto híbrido y plural en el que dialogan pasión y reflexión, autorreferencialidad y crítica de género, interrogación y saberes, parodia e ironía.

Sus modelos, como en las crónicas de Weiner, están en el cine o en la literatura, pero pueden estar ligados también al espectáculo o a la reflexión. Con las crónicas de Storni, Weiner y Pérez Mendoza, vemos tres literaturas del amor (en sus relaciones, amor, sexo y erotismo) y de la mujer. Estamos en presencia por supuesto del amor visto desde una sensibilidad y sensualidad femeninas que se abren no sólo a la observación, a la descripción y narración del acontecimiento, sino también al reclamo y la crítica. Hablamos por lo tanto de tres modos distintos de concebir la crónica y de practicar el oficio de su escritura. Si en Storni encontramos una crónica que suele tender a la reflexión, a lo ensayístico, en Wiener está la crónica un tanto humorística en la que la misma narradora se involucra en lo que cuenta, por lo general hechos ligados a extraños comportamientos sexuales. En Pérez Mendoza vemos una crónica que expresa el desamor pero que también se abre a la aventura, a la música, al erotismo, a la poesía. Formas de la crónica, estilos que indican la diversidad de un género y las maneras también diversas de entender los sentimientos y fenómenos complejos que son el amor y el erotismo, desde la sensibilidad y perspectiva de tres mujeres que escriben en contextos culturales diferentes.

Tienen en común estas crónicas el ser historias de mujeres que narran y describen sus afectos y desafectos, sus amores y desilusiones, sus experiencias a veces muy difíciles, a veces cómicas o tragicómicas. Estos relatos de vida pueden leerse también desde la perspectiva de lo que significa ser mujer y amar en América Latina. Aunque las crónicas de Wiener aquí comentadas están referidas a su experiencia en España, su sensibilidad y su percepción son las de una mujer hispanoamericana.

Son crónicas en buena medida sentimentales pero que asumen el sentimiento amoroso o erótico-sexual desde una conciencia literaria de la narración, de la escritura. Y desde una conciencia que, en los casos se Storni y Pérez Mendoza, adopta un incisivo matiz de crítica social o política que pudiera entenderse como actitud de critica feminista.

Si en Storni priva la perspectiva crítica en relación con el comportamiento amoroso y erótico de la mujer argentina y de las costumbres e instituciones que lo regulan (matrimonio, familia, sociedad) en los inicios de una modernidad periférica (para decirlo con el termino de Beatriz Sarlo), la perspectiva de Wiener es más bien transgresiva e irreverente con respecto a las formas convencionales del amor y el erotismo. Desde su humor irónico y paródico, festivo, Wiener describe los nuevos modos eróticos y amorosos de una España abierta a la posmodernidad. Por su parte, las crónicas de Pérez Mendoza ubican a sus mujeres criollas y mestizas en una Caracas actual y tropical impregnada de “salsa”. Su perspectiva es crítica en relación con la subordinación de la mujer en esta sociedad y a su desigualdad con respecto al hombre.

En ellas tres —Storni, Wiener y Pérez Mendoza—, la crónica es un género que, a la vez que les permite dar cuenta de la realidad en la que están inmersas, les permite también, desde sus particulares lecturas del amor, interrogarse a sí mismas. De este modo, la crónica es en ellas más que un medio de comunicación, una forma de indagación plural de sus respectivas identidades psíquicas, es decir, subjetivas y sociales. Por ello, si tuviéramos que preguntarnos qué es el amor para estas cronistas, pudiéramos decir, entre otras posibles respuestas, que es ante todo un sentimiento en el que se reconocen como mujeres luchadoras, en rebelión, enfrentadas a veces a la carencia afectiva o al fracaso.

Juego entre lo público y lo privado, la lectura que del amor y el erotismo proponen involucran en cierta manera una interrogación de éstos, un asedio acerca de cómo ocurren en sus vidas, cómo las modifican. Sentimientos y fenómenos que las crónicas de estas tres mujeres latinoamericanas nos permiten captar en las contradicciones dinámicas de sus vidas, en el dolor o alegría de sus personajes. Un amor y un erotismo que revela identidades inconclusas, siempre rehaciéndose permeadas por las propias circunstancias históricas y culturales.

Douglas Bohórquez
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Notas

  1. Platón: El banquete / Fedón / Fedro. Orbis. Barcelona (España), 1983. pp. 76-77.
  2. Una selección de estas crónicas, confundidas algunas como ensayos, fue publicada póstumamente con el titulo Nosotras… y la piel. Selección de ensayos de Alfonsina Storni. Compilación y prólogo: Mariela Méndez, Graciela Queirolo y Alicia Salomone. Alfaguara. Buenos Aires, 1998.
  3. Las crónicas de Storni, herederas de la crónica modernista, reflejan el gusto y la conciencia estética del lenguaje propio del modernismo: para Rotker la crónica modernista propuso una “forma de entender la literatura, que tiene que ver con la belleza, con la selección consciente del lenguaje…, con la mixtura de lo extranjero y lo propio de los estilos, de los géneros, de las artes”. Susana Rotker. La invención de la crónica. Fondo de Cultura Económica / Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano. México, 2005. p. 108.
  4. Alfonsina Storni: Ob. cit. pp. 22 y 57.
  5. Ibíd., p. 37.
  6. Ibíd., p. 45.
  7. Ibíd., p. 88.
  8. Ibíd., p. 130.
  9. Ibíd., p. 131.
  10. Ibíd.
  11. Ibíd., p. 147.
  12. Ibíd.
  13. Ibíd.
  14. Ibíd., p. 178.
  15. Un club swinger es un club de intercambio sexual entre parejas.
  16. Gabriela Wiener: “Dame el tuyo, toma el mío…”, en Darío Jaramillo Agudelo, ed. Antología de la crónica latinoamericana actual. Alfaguara. Caracas, 2013.
  17. Ibíd., p. 457.
  18. Ibíd.
  19. Más adelante Calvo agrega: “En sus páginas el desnudamiento del yo alterna entre lo cándido, lo simpático y lo entrañablemente cochino”: César Calvo, “Prólogo”, en: Sexografías. Lima, 2008. p. 8.
  20. Wiener, Gabriela (2 de febrero de 2016): Modern Family, en El País. Consultado el 10 de abril de 2016.
  21. Wiener, Gabriela (22 de diciembre de 2015): “Sexo con (entre) embarazadas: el último tabú”, en El País. Consultado el 12 de abril de 2016.
  22. Wiener, Gabriela (6 de enero de 2016): “Llorar durante el orgasmo”, en El País. Consultado el 15 de abril de 2016.
  23. Pérez Mendoza, Rosa Elena. Juanita Poulin y otras crónicas. El Perro y la Rana. Caracas, 2006.
  24. Ibíd., p. 41.
  25. Ibíd., p. 15.
  26. Ibíd., p. 16.
  27. Ibíd., p. 19.
  28. Ibíd., p. 28.
  29. Ibíd., p. 55.
  30. Ibíd., p. 56.
  31. Ibíd., p. 63.
  32. Ibíd., p. 64.
  33. Ibíd., p. 80.
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