
Martin Heidegger es uno de los filósofos más importantes del siglo XX. Su libro Ser y tiempo ha sido objeto de innumerables estudios. En este artículo nos referimos especialmente a la crítica de quienes se le oponen.
Supe de Heidegger a través de un amigo poeta, quien cual Sócrates se paraba en las esquinas para conversar con la gente y recitar sus versos. Una vez lo vi leyendo un libro sentado en una acera. Estaba absorto en su lectura. Me le acerqué y vi el título: Ser y tiempo, de Martin Heidegger. Le pregunté de qué trataba, y me contestó:
—Lo único que me queda claro es que si uno no piensa en la muerte es igual a un animal que no sabe que morirá. Por lo demás, no entiendo mucho, porque contiene parrafadas inextricables que evocan la verborrea de Cantinflas.
En mis primeras indagaciones me enteré de que Martin Heidegger (1889-1976) está considerado el filósofo más importante del siglo XX y que solía decir que para entender la vida había que pasar más tiempo en los cementerios e imaginarnos en una sepultura. Inmediatamente, asocié esa idea con Cuento de Navidad (1843), de Charles Dickens (1812-1870). Veamos: el fantasma del futuro lleva a Scrooge hasta un viejo camposanto y le señala una lápida. Scrooge se arrastra temblando hasta el sitio que le indica el espectro “y leyó sobre la piedra de la descuidada tumba su propio nombre: Ebenezer Scrooge”. Después de eso, el tacaño, avaro y misántropo Scrooge “se transformó en tan buen amigo, tan buen señor, tan buen hombre, que fue el mejor en toda aquella buena y vieja ciudad...”.
Leí Ser y tiempo y para tratar de entenderlo recurrí al filósofo italiano Gianni Vattimo (1936-2023), que nos acerca al pensamiento del filósofo alemán con su libro Introducción a Heidegger (1985).
No sólo mi amigo poeta, con sus ínfulas de filósofo pueblerino, llegó a esa conclusión sobre Heidegger, sino también algunos pensadores de altos vuelos universales.
En 2008, en una entrevista en España, le preguntaron al filósofo argentino Mario Bunge (1919-2020) sobre Ser y tiempo, y explicó:
—¿Y qué dice sobre el ser? “El ser es ello mismo”. ¿Qué significa? ¡Nada! Pero la gente, como no lo entiende, piensa que debe ser algo muy profundo. Vea cómo define el tiempo: “Es la maduración de la temporalidad”. ¿Qué significa eso? Las frases de Heidegger son las propias de un esquizofrénico. Se llama esquizofasia. Es un desorden típico del esquizofrénico avanzado.
—¿Usted cree que Heidegger era un esquizofrénico?
—No, era un pillo que se aprovechó de la tradición académica alemana según la cual lo incomprensible es profundo. Y por supuesto adoptó el irracionalismo y atacó a la ciencia porque, cuanto más estúpida sea la gente, tanto mejor se la puede manejar desde arriba. Por esto es por lo que Heidegger es el filósofo de Hitler, su protegido. Pero al mismo tiempo su seudofilosofía es tan abstrusa que no podía ser popular. De modo que al pueblo se le da una ideología crasa, del suelo, lo telúrico, la sangre, la raza. Y para la élite, fenomenología, existencialismo, esas cosas abstrusas que nadie entiende, pero si usted dice que no entiende, pasa por tonto. Si quiere hacer carrera académica tiene que tratar de imitar a estos pillos, de lo contrario, se queda atrás...
La escritora venezolana Teresa de la Parra (1889-1936) se refirió a ese estilo críptico de decir las cosas en 1929:
El escritor, al pecar por exceso de verosimilitud o claridad, se vería cubierto de desprecio. Lo incomprensible, al humillar violentamente los espíritus, arranca de las manos aplausos irritados y sinceros, cuyo verdadero significado es este: “¡Bravo, bravo, bravísimo, que no hemos entendido ni una jota!”.
Bertrand Russell (1872-1970), en Historia de la filosofía occidental (1946), anotó: “La obra de Heidegger es excéntrica y oscura (...), una psicología existencialista disfrazada de lógica”.
Leyte escribió: “Heidegger es recordado más por su expresión que por su contenido filosófico. La evocación de la lengua le lleva a retorcer literalmente las palabras”.
El pedagogo y filósofo británico Alfred Jules Ayer (1910-1989) escribió: “Heidegger es un charlatán”.
Otro filósofo británico, Roger Scruton (1944-2020), manifestó también su escepticismo sobre la obra de Heidegger: “Ser y tiempo es sumamente difícil, a menos que sea un total galimatías, en cual caso es irrisoriamente fácil”.
¿Acaso Heidegger quiso camuflar su filosofía? Recordemos que Nietzsche una vez dijo: “Escribo para ser entendido, pero también para no ser entendido”.
James Joyce afirmaba que escribió el Ulises para que los estudiosos estuvieran cientos de años averiguando lo que quiso decir, porque esa era su manera de alcanzar la inmortalidad. ¿Quiso Heidegger alcanzar la inmortalidad a través de un texto oscuramente escarpado? A propósito, Fernando Savater dice: “Heidegger es un filósofo oscuro”.
Y Jorge Luis Borges explicó: “Joyce construyó monstruosidades verbales. Se propuso escribir un libro imposible y lo logró. Hizo un laberinto donde él mismo se perdió e hizo perder a sus lectores. Ulises es ilegible”.
Volvamos a Mario Bunge y asociemos el término que empleó (esquizofasia), para referirse a Heidegger, con el Ulises de Joyce.
En 1930, Lucia, hija de Joyce, empezó a mostrar síntomas de enfermedad mental. Se le diagnosticó esquizofrenia. En 1934, el psiquiatra Carl Gustav Jung atendió a Lucia como paciente, y después de leer Ulises, pensó que el padre también sufría de esquizofrenia.
Jung afirmó que ambos, padre e hija, “se deslizaban al fondo de un río, sólo que él sabía bucear y ella se hundía irremediablemente”.
Viktor Frankl se refirió al tema planteado por Bunge y otros pensadores:
Los malentendidos en el campo del existencialismo pueden comprenderse fácilmente. La terminología es, muchas veces, esotérica, por decirlo de alguna manera. Alrededor de treinta años atrás tuve que dar una conferencia pública sobre psiquiatría y existencialismo en Viena. Confronté a mi audiencia con dos pensamientos y les dije que uno de ellos era tomado de los escritos de Heidegger, en tanto que el otro era parte de una conversación que había mantenido con un paciente esquizofrénico ingresado en el hospital estatal de Viena, en el cual yo trabajaba. Luego, invité a la audiencia a descubrir qué pensamiento pertenecía a cada uno. Créase o no, una abrumadora mayoría pensó que el pasaje de Heidegger era la expresión del esquizofrénico y viceversa.
Algunos dicen que la filosofía es un género literario. Entonces, unos cuantos libros filosóficos pueden leerse como una novela, y “en la novela lo que vale es la ambigüedad”, dice Rosa Montero. La escritora española agrega que hay obras que se pueden asimilar pasando muchas hojas sin leer, porque son de relleno. ¿Ser y tiempo tiene muchas verdades en medio de un montón de relleno?
Schopenhauer, en “Sobre la filosofía de universidad” (Parerga y paralipómena, 1851), afirma algo que bien pudieran usar quienes adversan a Heidegger:
A fin de disimular la carencia de auténticos pensamientos, muchos se fabrican un aparato imponente de largas palabras compuestas, de intrincadas piezas de retórica, de períodos interminables, de expresiones nuevas que jamás nadie había oído antes, de la suma de todo lo cual resulta entonces una complicadísima jerga que suena a docta. Pero con todo esto no dicen nada; no se capta ningún pensamiento, no se siente que el propio conocimiento haya aumentado. Sino que uno al final se ve obligado a musitar: oigo bien el tableteo del molino, pero la harina no la veo por ningún lado.
Cioran escribió:
Heidegger creyó demasiado en las palabras. No resolvió las dificultades, simplemente pasó por encima de ellas con la ayuda de las palabras. Considero esto altamente deshonesto. No niego que Heidegger haya sido un genio, pero también lo considero como un estafador. En lugar de darles solución a los problemas, se conformó con mostrarlos, creó palabras, desplazó los conflictos y les dio respuesta —como diría— con una producción de vocabulario. Para mí, Heidegger era realmente demasiado ingenuo, aunque al mismo tiempo haya sido astuto como un campesino. Era un hombre, me atreveré a decirlo, inconscientemente, taimado.
Pero no se puede despachar tan fácilmente un libro que está considerado el más importante de la filosofía del siglo XX. El hecho de que no lo entendamos no es suficiente razón para vituperarlo y descartarlo; claro, en cada crítica hay, por lo menos, un grano de verdad, o como afirma Gianni Vattimo, “todo el mundo tiene un poquito de razón”.
Somos platónicos o aristotélicos, idealistas o materialistas, apolíneos o dionisíacos. Y con Heidegger descubrimos que somos auténticos o inauténticos, y que nuestra vida puede ser propia o impropia.
- Martin Heidegger ante legos y académicos
Ser y tiempo: crítica desde la razón práctica - lunes 2 de septiembre de 2024 - En la casa donde se originó el realismo socialista - sábado 27 de mayo de 2023
- Vaquería, de Enrique Mujica - miércoles 3 de octubre de 2018


