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La aventura y la barbarie de la conquista a través de tres novelas de William Ospina

lunes 25 de noviembre de 2024
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William Ospina
Las novelas Ursúa, El País de la Canela y La serpiente sin ojos, de William Ospina, conforman una aventura emocionante y poética sobre el desenfreno de la avaricia y la sinrazón humana.

El 12 de octubre de 2024 se cumplieron 532 años de la llegada de los españoles a las islas del Caribe. Mucho se ha dicho y escrito sobre el tema, desde la transcripción de crónicas, versos, prosas de la época, textos históricos y análisis críticos, hasta novelas y versos contemporáneos, a lo largo y ancho de Latinoamérica.

También se han realizado compilaciones de relatos, reescrito leyendas, identificado deidades y especialmente en México los textos sobre el tema llenan cientos de anaqueles. La búsqueda de la identidad de un pueblo, y más, de un continente, es un tema inagotable, y decir sobre él hoy suena de una importancia mayor, pues conceptos como verdad, justicia, compensación o reconocimiento conforman un campo de preocupación social y política como nunca antes.

En Colombia son varios los novelistas que han abordado el tema desde diversos puntos de vista: novelas que se narran antes de la llegada de los españoles como El gran jaguar, de Bernardo Valderrama Andrade, y la reciente novela Farsante americano, de Álvaro Hernández V. La primera novela importante de la conquista se llama Yngermina o la hija de Calamar, de Juan José Nieto Gil, publicada en 1844, y luego Felipe Pérez Manosalva (Huayna Capac y Atahualpa, en 1856, así como Los Pizarros, en 1857). Siguieron muchas: Barco a la vista, de C. Torres, o Tríptico de la infamia, de Pablo Montoya, entre otras, tocan aspectos que recuerdan la llegada de los españoles.1

“Ursúa”, de William Ospina
Ursúa, de William Ospina (Random House, 2024). Disponible en Amazon

Dentro de este abanico de textos, existen tres novelas escritas por William Ospina: Ursúa (2005), El País de la Canela (2008) y La serpiente sin ojos (2012), que tal vez conforman el corpus de ficción más extenso escrito en Colombia sobre el tema que hemos llamado “conquista” y que en realidad fue el exterminio de los nativos, la aniquilación de su cultura y el saqueo de sus pertenencias materiales y espirituales. Entre los aspectos valiosos, además de su gran documentación histórica y geográfica, está su maestría narrativa, que hace de las tres una aventura emocionante y poética, un descenso a los acontecimientos donde se admite la reflexión sobre lo ocurrido en ambos lados que se enfrentaron en desigualdad, en una época donde no estaba permitido todo, pero sí el desborde del desenfreno de la avaricia y la sinrazón humana.

Las novelas son narradas por un mismo personaje que habla en primera persona y quien es amigo y compañero cercano de Ursúa. Este narrador (contador de historias), cuyo nombre no aparece sino en una sola oportunidad, cruza los tres textos: es un mestizo (padre español y madre indígena caribeña); nace en La Española; conoce, estudia y combate en Europa, y viene a América a participar en la “conquista” desarrollando diferentes actividades, pero ante todo se convierte en casi un asistente y amigo de Ursúa. La condición de mestizo le permite narrar con cercanía muchas atrocidades, los sufrimientos y la situación de esclavitud de los indígenas y las negritudes en los primeros sesenta años posteriores al arribo de Colón. Asimismo, narra con suficiencia la condición europea de los colonizadores, su situación política y económica y la importancia de su cultura en el conocido mundo occidental, y hace referencias al pensamiento en los campos religioso, filosófico, monárquico y cultural.

Obviamente sin pretender señalar al narrador como el alter ego del escritor, sí le brinda la oportunidad para hablar de La divina comedia, de Dante, por ejemplo, y en una serie de páginas, al final de La serpiente sin ojos, el autor cierra la novela en una exposición excelente sobre la distancia del hombre y la naturaleza, sobre el desprecio de los españoles con nuestros dioses, para señalar el saqueo y la complacencia de la Iglesia, y da por terminada la novela con una nota en la cual habla el autor, y nos relata el cambio que hicieron en sus hábitos la escritura de la novela, las investigaciones, los viajes, los estudios y las lecturas realizados. Lo que deseo afirmar es que este personaje mestizo intradiegético, cercano a los ojos de los lectores, muta hasta mostrarnos explícitamente el pensamiento del autor en esta gesta trágica para el pueblo americano que fue la llamada conquista española.

El mismo William Ospina dijo que esta trilogía, escrita a lo largo de veinte años, es en Ursúa una historia de guerras; en la segunda, una novela de aventuras, y en la tercera, una historia de amor. Esto es cierto, pero creo que las tres son una excusa para hablar de la naturaleza y de lo telúrico, aspecto que al autor siempre le ha apasionado, y pienso en este momento en El año del verano que nunca llegó y en Guayacanal (novelas posteriores), pero esta trilogía de la que hablamos es un homenaje al río Amazonas, al poder de esa gigantesca serpiente sin ojos que se desliza desde el lado oriental de las montañas andinas y conforma el caudal más grande y más largo del planeta.

La serpiente sin ojos narra no sólo la muerte de Ursúa2 sino además el segmento conocido de la vida del “loco” Lope de Aguirre, quien lidera una insurrección, se declara en contra de la corona española y se nombra nuevo soberano en medio del lugar más remoto posible, el río Amazonas en el año 1560. Nadie ha podido representar mejor este momento que Werner Herzog en la película Aguirre, la ira de Dios, cuya versión es muy cercana a los acontecimientos descritos en la novela de Ospina. En la cinta de Herzog se muestra perfectamente, con lentitud, la brutalidad que sólo un demente puede concebir, al asesinar a todos los hombres de la expedición que han quedado después de casi un año de penurias sobre la superficie del río.

“El País de la Canela”, de William Ospina
El País de la Canela, de William Ospina (Random House, 2024). Disponible en Amazon

Hoy que hemos convertido la selva y el río Amazonas en un problema ambiental —en agosto y septiembre de 2024 su caudal descendió de 60% a 70% en algunos lugares—, recurrir a la lectura de El País de la Canela y La serpiente sin ojos es comparar lo que hemos perdido a causa de la explotación indiscriminada de nuestros recursos. Quiero ver en las tres novelas la oportunidad para una reflexión sobre lo que fuimos y nos arrebataron, o cómo desbaratamos lo poco que nos dejaron.

La novela Ursúa es definitivamente un recuento de las batallas del protagonista. Permite no sólo narrar la atrocidad y lo salvaje de la conquista, sino también entrever los claros intereses e hipocresías de la corona española respecto al saqueo del oro y la plata. Aunque la novela intenta, en varias oportunidades, echarles la culpa a los individuos conquistadores (aventureros, ex presidiarios, ilustres, poetas, avaros, buscadores de fama y fortuna) y no a la corona, pues el pensar del narrador dice que la crueldad era de aquellos “conquistadores” muy a pesar de los múltiples esfuerzos de los reyes enviando jueces, aclaradores y clérigos para que disminuyeran el derramamiento de sangre. Aspecto en el cual no estoy de acuerdo con el autor, aunque muestre, en la novela, que a los crueles conquistadores los juzgan en las cortes de España porque no le entregaron a la corona lo hurtado, y no por sus asesinatos y crueldades cometidos en el nuevo reino.

Aspectos que se suman, en la novela, a la recuperación de elementos míticos de los nativos, proporcionando ejemplos numerosos sobre la existencia de una saga mitológica de dioses y hombres que se perdió debido a la forma de la conquista, y que apenas hoy hemos iniciado esfuerzos en esta maravillosa recuperación de la descripción de un imaginario “dios-naturaleza” que habíamos construido. Pongo al final de esta nota una de las descripciones extraordinarias sobre Bachúe, la madre del mundo, que salió de la laguna para poblar la tierra.3

El País de la Canela es una novela poética, escrita en el placer con la naturaleza, narrada por el mismo hombre mestizo que habla desde el hombro de Ursúa y por ello lo sentimos cercano, aunque se mueve en el terreno de los conquistadores, pero le es posible entender el intenso sufrimiento de los indígenas esclavos y el ultraje a la dignidad, vida y cultura de los caciques soberanos de estas tierras.

Esta novela es sobre la expedición del horror... La de encontrar el País de la Canela. Después del oro siguieron las especies y la idea de encontrar bosques enteros de canela, lo que promueve la aventura a la selva por entre los ríos con centenares de esclavos negros, miles de indígenas y varias centenas de españoles, y el más grande horror es esa carnicería de los cientos de perros devorando vivos a un millar de indios. Luego, el hambre hace pensar en comerse a los perros y uno de los españoles grita que es imposible pues “los indios están en los perros, no podemos comerlos porque han comido carne humana”.

Esta extensa novela, a veces diría que en demasía, relata con belleza una imagen puntual, una experiencia personal del autor cuando, navegando por el Amazonas, observa un ejemplo del mundo bucólico que teníamos en lo prehispánico, cuando ve una canoa repleta de niños que juegan con los animales de igual a igual: uno con una tortuga, otro con una serpiente enredada en la cintura, con papagayos, monos perezosos, peces que se acercan... En definitiva un cuento infantil necesario, después de tanto (pág. 198).

“La serpiente sin ojos”, de William Ospina
La serpiente sin ojos, de William Ospina (Random House, 2022). Disponible en Amazon

Al final de El País de la Canela, luego de la tragedia, se hace un recuento de la realidad de Europa en la época de la corona de Carlos V, las guerras del imperio y los dineros que se requerían para sostenerlas. Dice el narrador que los dineros de las Indias sólo eran paliativos para las necesidades de la corona. La venta del Milanesado al Papa fue por la necesidad de gran cantidad de dinero para continuar las guerras. Señala el narrador que los problemas de las Indias eran un dolor de cabeza para el emperador.

Por su parte, el final de La serpiente sin ojos, como lo señalé, es un repensar el encuentro con lo natural, donde se hace una reflexión sobre la actitud occidental de dominar la naturaleza y se permite el espacio para que lo prehispánico pueda tener una posibilidad de ser admirado. “¿Quiénes somos nosotros —reflexiona— sino esos seres incapaces de estar de verdad en el mundo porque en todo encontramos peligro, porque todo amenaza, porque en nuestro recelo los ríos ahogan y las serpientes estrangulan, la avispa inyecta fuego y la mariposa nombra la muerte, la araña es su ponzoña y el pez en el agua una hilera de dientes voraces?”.

Siempre es oportuno aprovechar fechas importantes para acercarnos a la literatura. Este breve texto apunta a mi experiencia de lector de novelas y poesía y recomiendo releer con agudeza y placer estos textos muy actuales, ahora que hemos continuado y permitido la explotación de la riqueza natural y cultural del continente.

La trilogía de Ospina es sólo una excusa para leer las demás novelas sobre el tema. También otras que hemos dejado a un lado, como son los relatos escritos por indígenas actuales, quienes están poniendo al día sus sentimientos expuestos a la explotación y el ultraje de todos estos siglos. Pongo de referencia un ensayo sobre tres escritoras wayúu, al darme cuenta de que debo utilizar estas notas como punto inicial para un trabajo cuidadoso que hasta ahora comienza.4

Carlos Luis Torres Gutiérrez
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Notas

  1. El gran jaguar, que narra una historia de amor de dos jóvenes kogui antes de la llegada de Colón, es una novela sobre la guerra entre las diferentes tribus, cruzada con lecciones de astronomía, medicina, mitos de dioses y arquitectura, y predicción de la llegada de los blancos. Farsante americano narra el viaje tras sus fronteras y hacia el sur de un joven nativo muisca antes de la llegada de los españoles. Yngermina o la hija de Calamar es la historia de amor de dos hermanos de crianza, Yngermina y Catarpa. Esta unión se interrumpe con la conquista española y la llegada del conquistador Alonso de Heredia, hermano menor de Pedro de Heredia. Cuando Alonso conoce a Yngermina queda cautivado por su belleza desde el primer momento. Comienza a surgir entre los indígenas una división entre aquellos que se someten y los que se rebelan guiados por la muchacha. Tríptico de la infamia, de Pablo Montoya, tres artistas-dibujantes-cartógrafos del siglo XVI vienen al Caribe a pintar y se sorprenden cada uno de la exuberancia del Nuevo Mundo, y con su trabajo denuncian las atrocidades e injusticias cometidas por los europeos; son testigos y víctimas de las grandezas e iniquidades de su tiempo (la novela ganó el premio Rómulo Gallegos en 2015). En Barco a la vista, una historia de amor en el siglo XX permite que entre sus fisuras se penetre la llegada de Colón y específicamente los viajes y la muerte de Rodrigo de Bastidas. En el ámbito iberoamericano, en el final del siglo XX y comienzos del XXI se han publicado numerosas novelas sobre el tema de la conquista. Gran parte de la obra novelística de Carlos Fuentes hace referencia a estos tiempos. Además, Malinche, de Laura Esquivel; Inés del alma mía, de Isabel Allende; Ojos azules, de Arturo Pérez-Reverte; El capitán Olano, de Edward Rosset; Anacaona, de Jordi Diez Rojas; El manuscrito de aire, de Luis García Jambrina; Azteca, de Gary Jennings; Los hijos del hierro y del fuego, de David W. Sánchez Fabra, o Yo, Moctezuma, de Hugh Thomas, entre otras.
  2. A la muerte cruenta y brutal de Ursúa sigue la descripción de su entierro y éste se describe con una mágica poesía: “Al día siguiente el entierro de Ursúa en la selva, a la orilla del río, en la región embrujada de Machifaro, con Inés sollozando entre el abrazo de las mujeres, huérfana y viuda otra vez pero ahora despojada de riqueza y haciendas, un eclipse de luna por estanques de fiebre, fue el desfile más triste. No hubo féretro ni honor ni ceremonia. Bajo rezos susurrados su cuerpo entró en la selva para volverse musgo y agua, y el alma no encontró ángeles entre los árboles gigantes sino alas de guacamayas, silbas de pájaros” (pág. 278).
  3. “Los nativos saben que la meseta fue hace mucho tiempo una enorme laguna, una copa ofrecida en lo alto al dios que no puede mirarse. Conocen los relatos de los tiempos primeros, cuando la tiniebla que cubría el mundo se fragmentó en grandes pájaros negros de cuyos picos brotaba la luz. Saben cómo Bachué, la madre del mundo, salió con su hijo de la laguna, y recorrió con él campos sin nadie, y tiempo después se apareó con el muchacho para poblar la tierra. Saben cómo esos padres incestuosos al final se cambiaron en serpientes y se perdieron otra vez en el agua. Y saben que en otras edades, cuando había venados gigantes, el viejo de cuya cara brotaba lana blanca, Bochica, vino de tierras desconocidas, enseñó los secretos de hilvanar el oro y moldear la arcilla expresiva, y en un día terrible hizo que se abrieran los peñascos y vació hacia el oeste por el torrente del Tequendama todo el mar dulce de la laguna. Cada uno de ellos lleva como un recuerdo personal esa avalancha que bajó entre espumas de fango y nieblas en iris, con el temblor de un racimo de truenos, a sumarse al caudal del río Yuma, el río grande de la Magdalena, que viene del sur desde el comienzo, con su pueblo de bagres barbados y de ‘capaces’ incontables. Y saben que fue así como el lecho de la laguna, secado por el dios, se convirtió en el campo de maizales que gobernaron los Zipas arrogantes y los Zaques ceremoniosos”. Ursúa; Alfaguara, 2005 (pág. 141).
  4. Cubillos Acosta, Vivian Rocío (2024). “Literatura indígena colombiana contemporánea: una apuesta necesaria en el plan lector de nuestros estudiantes”. En: revista Nuevo Mundo, año 2, Nº 4; enero-agosto de 2024 (págs. 63-64).
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