
En su clásico segundo ensayo El problema del indio, José Carlos Mariátegui (1894-1930) afirma con contundencia que el problema no es el indio, sino el sistema. Esta idea central se ha convertido en una piedra angular del pensamiento social crítico en el Perú. Mariátegui sostiene que el problema indígena no es de carácter étnico ni cultural, sino fundamentalmente económico y estructural: el problema del indio arranca de nuestra estructura económica y social.
Hoy, en un contexto marcado por la polarización política, la protesta social y el reclamo de sectores provincianos por una mayor inclusión en la toma de decisiones, vale la pena revisar la vigencia de esta tesis. Las movilizaciones de 2023, que algunos han denominado “la toma de Lima”, evidencian una tensión no resuelta entre el centralismo limeño y las regiones. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿existe aún un rechazo por parte del Estado a la inclusión efectiva de la población de provincias en el manejo político del país? Este ensayo se propone responder dicha interrogante revisando el pensamiento de Mariátegui, contrastándolo con la realidad actual y evaluando si las reivindicaciones contemporáneas se corresponden con un modelo de exclusión estructural o si están siendo resignificadas en un contexto globalizado, tecnológico y políticamente diverso.
En el segundo de sus Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Mariátegui desarrolla una tesis radical: el indio no es el problema; el problema es el régimen de propiedad de la tierra y el andamiaje legal que lo sustenta. Para él, la verdadera emancipación del indio pasa por una transformación estructural, no por reformas paternalistas: “El problema del indio no se resolverá dentro del marco del derecho civil burgués, sino por obra de una revolución social” (Mariátegui, 1928). Esta tesis conecta con la exclusión sistémica que padecieron los pueblos originarios desde la Colonia, perpetuada en la República por una élite que negó su agencia política. En esa lógica, el indio fue reducido a una función servil, ajena al ejercicio de la ciudadanía. Como lo señala Quijano (2014), esta estructura de dominación se mantiene a través de una colonialidad del poder que jerarquiza racial y territorialmente a la población peruana, reproduciendo relaciones de subordinación que aún hoy son visibles.
Asimismo, Mariátegui afirmaba que la lucha indígena carecía de fuerza por estar dispersa y desorganizada. Hoy, sin embargo, la tecnología ha alterado radicalmente el panorama. La comunicación digital ha permitido que sectores tradicionalmente marginados se articulen, protesten y visibilicen. A través de redes sociales, plataformas digitales y medios alternativos, se ejerce un tipo de acción política que supera las barreras geográficas. Este nuevo escenario hace necesario reevaluar los conceptos de “representación” y “exclusión”. Si bien persisten desigualdades, también es cierto que existen mecanismos efectivos de participación desde las regiones: elecciones populares, gobiernos regionales o programas nacionales de inclusión, entre otros.
La elección de Pedro Castillo Terrones como presidente del Perú evidenció el poder del voto rural y provinciano. Su figura, asociada simbólicamente a la del “indio” o del “campesino andino”, despertó esperanzas de representación real para los sectores históricamente excluidos. No obstante, su salida del poder en medio de una crisis política puso en discusión la sostenibilidad de estas formas de representación. De acuerdo con De la Cadena (2005), lo indígena no es una esencia cultural fija, sino una posición política activada en contextos de conflicto y disputa por el poder. Bajo esa mirada, la figura de Castillo encarnó un reclamo simbólico más que un proyecto transformador. ¿Fue Castillo excluido por ser provinciano o por sus propios errores de gestión? Esta pregunta complejiza la lectura simplista de que toda exclusión es producto de un rechazo estatal. La política contemporánea exige más que identificación étnica o geográfica: requiere capacidad técnica, alianzas y legitimidad más allá del origen.
En el Congreso peruano actual existen representantes de casi todas las regiones del país: Ayacucho, Loreto, Amazonas, La Libertad, Áncash, Cuzco, entre otros. Esto evidencia que, al menos formalmente, existe inclusión política. La pregunta es si esta representación es efectiva, si responde a los intereses colectivos de sus regiones o si ha sido cooptada por lógicas centralistas. La descentralización política también ha permitido que gobiernos regionales gestionen recursos, diseñen políticas y ejerzan liderazgo territorial. Esta autonomía relativa es un avance respecto a la centralización que Mariátegui denunciaba, aunque su eficacia sigue en debate.
Hablar hoy del “problema del indio” en los términos de Mariátegui requiere una contextualización crítica. El término mismo resulta problemático en su carga histórica, y debe ser reemplazado por nociones más actuales como ciudadanía intercultural, pluralismo étnico o derechos colectivos. El Perú es una nación mestiza, multirracial, que alberga una gran diversidad cultural. La famosa frase “el que no tiene de inga tiene de mandinga” sintetiza esa mixtura. No se trata, por tanto, de negar la historia de exclusión, sino de superarla a través de mecanismos que garanticen igualdad real de oportunidades. En esta línea, Portocarrero (2007) advierte que el racismo y la jerarquización social en el Perú se actualizan cotidianamente en prácticas institucionales y culturales que legitiman formas sutiles de exclusión, incluso en contextos de mestizaje.
Bajo este marco, podemos señalar que la tesis de Mariátegui mantiene vigencia como crítica estructural al sistema de exclusión. Sin embargo, la realidad contemporánea muestra que existen avances concretos en representación y participación regional. Reducir el conflicto actual a una reedición del “problema del indio” resulta insuficiente y, en ocasiones, funcional a discursos polarizantes. La Constitución reconoce la igualdad de derechos de todos los ciudadanos. La meritocracia, el acceso a la educación, los programas de inclusión social y la tecnología han transformado el escenario de lucha. La verdadera reivindicación no debe estar basada en la identidad étnica, sino en la capacidad de cada persona para ejercer plenamente su ciudadanía. Releer a Mariátegui hoy exige no sólo admirar su lucidez, sino también actualizar su pensamiento en función de los nuevos retos de la democracia peruana.
Referencias
- De la Cadena, Marisol (2005). Indígenas mestizos: raza, cultura y nación en el Cuzco. Lima: IEP.
- Mariátegui, José Carlos (1928). Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Biblioteca Ayacucho.
- Portocarrero, Gonzalo (2007). Racismo y mestizaje y otros ensayos. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú.
- Quijano, Aníbal (2014). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso).
- El problema del indio: vigencia del pensamiento mariateguista en el Perú contemporáneo - lunes 21 de julio de 2025


