Saltar al contenido

Introducción de Poetry & Pigeons, de George Franklin
(traducción al español por Maria Cristina Fernández)

domingo 5 de octubre de 2025
¡Comparte esto en tus redes sociales!

George Franklin

George Franklin es autor de dos poemarios: Traveling for No Good Reason (Sheila-Na-Gig Editions, 2018) y un poemario bilingüe, Among the Ruins / Entre las ruinas, traducido por Ximena Gómez al español (Katakana Editores, 2018), además de un folleto que publicó Broadsided Press (2019). Su trabajo de traducción en colaboración con Ximena Gómez se ha publicado en Cagibi, Sheila-Na-Gig, Cigar City Poetry Journal, Two Chairs y The Laurel Review. Obtuvo una maestría en Poesía de la Universidad de Columbia y un doctorado en Literatura Inglesa y Americana de la Universidad de Brandeis. George Franklin es abogado, practica el derecho en Miami e imparte talleres de poesía en las cárceles del estado de la Florida.

 

La primera vez que vi a George Franklin fue cuando asistí a una orientación para trabajar con un programa excepcional que lleva literatura, arte y mucho más a las tristísimas prisiones que circundan el condado de Miami Dade. Franklin se presentó como el asesor o consejero legal del grupo, y muy necesaria que es su presencia allí por todo lo engorroso que se hace dar clases a personas convictas en estos lugares. Lo que supe después es que, además de hombre de leyes, era un excelente instructor de escritura creativa —mayormente poesía— y que sus alumnos lo apreciaban sobremanera. No tardé mucho en reconocer que era un gran poeta, gracias a poder leerlo en las traducciones que su pareja y magnífica poeta también, Ximena Gómez, ha hecho de su escritura. Entre sus títulos publicados están Noise of the World, Travels of the Angel of Sorrow, y el más reciente, A Man Made of Stories.

Esta traducción de la introducción a su libro Poetry @ Pigeons responde a la necesidad de hacer más comprensibles estos ensayos publicados por Sheila-Na-Gig Editions en forma de libro, pero que originalmente fueron piezas independientes compartidas en su página de autor y en algunas revistas. Esta es la invitación de Franklin a adentrarnos en una serie de ensayos breves como “Poesía e imagen”, “El impulso de publicar”, o “¿Qué es un poema?”, y que ahora toman cuerpo independiente y compacto. De modo que el poeta Franklin se desdobla para reflexionar sobre el acto de la poiesis, que es creación, que es el acto de dar vida a lo informe, el gestar supremo. Los poetas más inexpertos encontrarán aquí ciertas luces que les aclaren un poco cómo navegar en estos tiempos en las aguas de una vocación tan inútil como inmortal, pero sobre todo cómo angustiarse menos con lo que viene después de la escritura, esos caminos que conducen a la publicación, a la legitimación de la obra, ese momento en que los poemas, como las palomas, sobrevuelan los techos y se alejan en busca de otros horizontes.

María Cristina Fernández

 

Poesía y palomas
(introducción)

“Poetry & Pigeons”, de George Franklin
Poetry & Pigeons, de George Franklin (Sheila-Na-Gig Editions, 2025). Disponible en Amazon

Poetry & Pigeons
George Franklin
Ensayo
Sheila-Na-Gig Editions
Los Ángeles (Estados Unidos), 2025
ISBN: 978-1962405140
86 páginas

Hay días en los que, como todos los poetas y todos los seres humanos, comprendo que debo detenerme, mirar alrededor y preguntarme dónde estoy y qué estoy haciendo aquí. ¿Por qué sigo escribiendo poemas, esas criaturas sin definición, que se niegan a hacer lo que se les dice y nunca nos dan las respuestas que uno espera? Hoy es uno de esos días. Estoy sentado en una plaza en Madrid, una plaza donde un tiempo atrás los comerciantes vendían papel, donde poetas y editores solían venir a comprar los materiales de su oficio. Hay montones de mesas de café, y todo el mundo está bebiendo una cerveza de un tipo u otro. Las palomas que se congregan cerca deben estar hambrientas. Se vuelven agresivas y hasta se posan en las mesas.

¿Qué tiene que ver esto con la poesía? Supongo que quiero que un poema aterrice en mi mesa como una de esas palomas. Quiero que me exija que lo escriba, del mismo modo que las palomas exigen pan o papas fritas. Claro que eso no ocurre siempre, y definitivamente no está ocurriendo hoy. Así que me encuentro leyendo el manuscrito de un nuevo libro y preguntándome a mí mismo por qué lo he escrito. La respuesta es complicada. Algunos de los poemas fueron escritos ante la sorpresa de que el mundo todavía existiera, de que haya algo en vez de nada, sorpresa de que las alas de la paloma capturen el brillo de la luz del sol y de que el cielo sea profundamente azul. Algunos fueron escritos ante el temor de que en poco tiempo el mundo todavía estará aquí, pero el yo de estos poemas no estará. No soy lo suficientemente tonto como para creer que los poetas continuarán existiendo en sus poemas, pero sí creo que son una manera de transmitir nuestras experiencias a otros. Aun cuando las experiencias resulten ficciones, o quizás especialmente porque lo sean, ellas existen como representaciones de sus autores. Estas representaciones, sin embargo, no son un sustituto del estar vivo.

Escribí arriba que los poemas no suelen comportarse bien. Ellos exhiben una cierta autonomía que puede ser frustrante para los poetas, pero es esta autonomía la que dota a la poesía de vida. Muchas personas tienen la impresión de que es el poeta quien decide: escribiré un poema sobre amor, o historia, o injusticia, etc. Lo que ellos no comprenden es que la más grande virtud que un poeta posee es la habilidad de dejar que el poema ocurra, de apartarse y no interferir. Esto no es un argumento para la asociación libre o la espontaneidad total. La función del poeta es más bien la que clamaba Sócrates al hablar de la partera filosófica. Nuestras ideas, emociones y todo lo que pensamos o aprendemos son la materia prima que el poema usa para llegar a ser. También tenemos el trabajo de la edición. Editamos esos detalles del poema donde no hemos hecho el mejor trabajo de amanuense posible. Dicho poema no es nada errado que necesita ser arreglado. Simplemente hemos fallado en escuchar tan bien como debimos.

Tomas Tranströmer explicaba que el poema es un lugar de encuentro. Se refería al encuentro de la mente consciente con la subconsciente, pero el poema es más que esto. Cada encuentro de un poema con su lector es un momento singular también. Cada vez el poema le habla diferente al lector porque éste trae consigo diferentes experiencias en cada lectura. Estamos acostumbrados a ver reproducciones por todas partes, así los objetos que componen nuestro mundo pueden perder muy rápido su singularidad. Las reproducciones de grandes pinturas, por ejemplo, pueden convertirse en íconos gráficos o memes antes de que nos demos cuenta. Debemos pensar en ellos en términos de lo que supuestamente significan más que en lo que son. Pero a pesar de los esfuerzos de los maestros sin imaginación, la autonomía del poema continúa afirmándose, demandando que el lector llegue al poema sin preconcepciones. Cada lector encuentra así un poema diferente.

La autonomía del poema tira de él en direcciones inesperadas tanto para el poeta como para el lector. El poeta puede que no tenga idea de qué clase de poema aparecerá en la página, o quizás entienda que el poema quiere tomar una forma distinta, quizás un soneto o una villanela. Esta nueva forma le concede otro significado al poema. Para el lector, el poema puede convertirse en un espejo de desapercibidas emociones, o experiencias que han sido olvidadas. Esta, entonces, es la razón para escribir poemas, así como para leerlos. Queremos encontrar lo que no somos, y encontrar en ese encuentro partes de nosotros que no tenían existencia previa.

El camarero acaba de traerme otro vaso de cerveza y un pequeño cuenco de aceitunas. Cae el sol detrás de los edificios que bordean la plaza. Acerco un poco más mi chaqueta y advierto que las palomas han volado a lo alto de los techos.

María Cristina Fernández

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio