Saltar al contenido
Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Todo lo que no te pude decir o la necesidad de relatar el amor

• Miércoles 7 de febrero de 2018
Cristina Peri Rossi
En el comienzo de su nueva novela, Todo lo que no te pude decir, Cristina Peri Rossi nos transfiere a una obra fotográfica.

Si la novela La nave de los locos guarda una relación con un tapiz medieval sobre la Creación, expuesto en la Catedral de Gerona, y El amor es una droga dura con el cuadro de Courbet “El origen del mundo”, contemplado largamente por Lacan en una habitación a solas, en el comienzo de su nueva novela, Todo lo que no te pude decir, Cristina Peri Rossi nos transfiere a una obra fotográfica. Es una novedad vincular su propuesta narrativa con el mundo de los chimpancés, bonobos, gorilas, orangutanes, que tan excepcionalmente ha retratado la madrileña Isabel Muñoz. De ellos la fotógrafa ha extraído una fuerza emocional que parece haber encontrado eco en la escritora hispano-uruguaya, quien a la par que teje una historia donde primates y hombres se relacionan entre sí, también da cuenta de la relación de estos animales con el lente e incluso con la conciencia de ser fotografiados. La historia de Elisa y Bubú, un par de chimpancés escapados del zoológico, es una historia de amor con todos los componentes posibles, incluyendo, claro, la inevitable oposición del mundo exterior a la consumación de esa elección. Los monos, luego de ver un documental sobre un parque urbano, una suerte de bosque, no anhelan otra cosa que llegar allí. Algo en lo proyectado les ha hablado de un estadio anterior de vida que no está dentro de los barrotes. El macho alfa y la fiel Elisa aspiran en el aire el Paraíso. “El Paraíso no existe para los monos”, se le escapa esta frase a Fonseca, el oficial a cargo de atraparlos y que no puede evitar un desenlace trágico y conmovedor. El Paraíso no existe para los monos, pero, ¿para quién y por qué aún se preserva, pareciera que hasta en los genes, esta antigua noción de la felicidad?

Las variantes que se van sucediendo en cada capítulo, lo que pudiéramos llamar las combinaciones de la pasión, son múltiples y no voy a enumerarlas todas, que para eso está la novela. Suárez, un hombre joven, cuidador del zoo, tiene una novia, Claudia, quien lo refina en las artes amatorias a semejanza de la película No mires para abajo, lo que al parecer no le impide dejarse seducir por Lucila, una mona inquieta, llena de ardides y apetencias sexuales tentadoras. Está la combinación de Fonseca con Silvia, una prostituta uruguaya que renuncia a sus encuentros con él por haber encontrado el amor de su vida; amor lésbico que la transforma y renueva. Su pasado está sellado por tragedias oscuras que su amante Laura codiciará tanto como su cuerpo. Novela en torno a la pasión y a todo lo que le concierne: pasivo, sufriente, paciente, compasivo, todos derivan de una misma raíz. La pasión amorosa y su papel en la evolución humana, lo que puede incluir a nuestros antepasados homínidos. “¿Acaso en el cerebro de los humanos y los primates las neuronas del placer y del dolor no son concomitantes?”. Así tradujo la escritora las impresiones de Suárez al penetrar a la mona.

Todo lo que no te pude decir (Cuadrante Nueve, Band 46)

Pero esta pasión es también pasión por conocer. “Todo lo que se habla antes de conocer a alguien es escaramuza, floreo, molinete, finta, pase; el conocimiento empieza justamente cuando los cuerpos se separan, y el sueño reparador vuelve a establecer el límite que la embriaguez de la piel, los órganos y el deseo pareció borrar”. El querer abarcar al otro en esa dimensión donde lo aparente no resulta suficiente, algo imposible de experimentar en los intercambios de sexo por comida que la mona Lucila insinúa a su cuidador, o la ley del intercambio de bienes que el comisario Fonseca trata de razonar con la muchacha dominicana que encuentra en un bar. En la combinación de Silvia con Laura, la novelista intenta aproximarse a una frecuencia más alta del amor humano. “Estaban unidas como una lapa de concha cónica a la roca, sólo que esta vez, una lapa se había unido a la otra, eran dos lapas que mezclaban sus mucosidades a la noche y, al desplazarse conjuntamente, dejaban una cicatriz en la roca, y esa cicatriz las adhería aún más firmemente. Y como las lapas, tenían una parte de macho y otra de hembra. Pero sólo las hembras sobrevivían porque eran más fuertes. Y ellas eran hembras. Un par de hembras juntas, aliadas, cómplices, dispuestas a luchar contra el pasado, contra los miedos, la angustia, las enfermedades, la muerte”. O sea que tienen a su favor, según las expectativas que nos sugiere Peri Rossi, la “solidaridad de género”, la única compatibilidad posible. Así lo expone el personaje Fonseca a la ex novia del cuidador del zoo. El lector puede sonreír suspicaz y argumentar que la solidaridad de género es relativa, y a veces inexistente. También pudiera esgrimirse con toda entereza que los personajes de Silvia y Claudia están construidos un tanto arquetípicamente; a una sensibilidad casi hiperestésica se le agrega una cultura que no es la media. Y encima, por las descripciones cumplen con un atractivo patrón de belleza.

Sin embargo, serán los contornos míticos que irá descubriendo Laura en su amante lo que alimente con mayor fervor la relación. El rapto de Proserpina es el hilo que enlaza a Silvia con su pasado en un país que fue tomado por los militares, donde el secuestro pasó a ser un método extendido de represión. Su destino la iguala al de tantísimas mujeres violadas, desaparecidas, arrancadas de cuajo y violentamente de su cotidianidad. Laura, directora teatral, ha montado la obra La muerte y la doncella, del escritor Ariel Dorfman, inspirada en el mito griego. Reconocer cuánto encaja el pasado de Silvia en este mito le aviva la importancia del relato en cualquier historia de amor. “El amor, Silvia, es un sentimiento que depende del relato, o que depositamos sobre el relato. Y yo necesito tu relato”. “No te basta con el presente, necesitas algo más, ganártelo cada noche, como se lo gana Scherezade”, lo expresa Silvia de otro modo. Sólo cuando esta entrega sucede pareciera que la unión ha llegado a consumarse. Me temo que más de algún lector verá en esta idealización del amor entre mujeres la huella de la propia filiación sexual de la escritora. Pero de lo que se trata es de que en la relación entre Silvia y Laura se da la combinación que Octavio Paz observara como componentes medulares de toda relación: el sexo, el erotismo y el amor. En una frase de Claudia no se excluye la posibilidad de que esta unión suceda entre personas de diferente sexo: “Basta ya de machos raros, solitarios, incapaces de amar. Aunque hubiese uno solo capaz de amar a una mujer, ese sería el que elegiría mi corazón”.

Hay ciertas constantes de su ya extensa obra literaria que matizan también este libro, como la nostalgia por su ciudad natal (a donde regresará Mauricio, el secuestrador de Silvia, con su relato de amor incompleto), su añoranza por el mundo marino, el tema del viaje, del exilio, etc. La intención más encomiable de la novela tiene que ver con los modos en que nos imbricamos los seres humanos unos con otros, cada uno con su melodía, su estridencia, su cantinela, su clamor, sus susurros, la necesidad de expresar hasta lo que parece indecible. Cada discurso trata de desentrañar los misterios en que conciencia y cuerpo se relacionan entre sí y con los otros, dentro y fuera de los límites del lenguaje. Todo lo que no te pude decir es también una ofrenda a eso que el ser humano ha buscado insistentemente: el semejante. Cada quien póngale el rostro, la voz, el sexo que más le satisfaga. Una de las últimas escritoras humanistas que tenemos, Peri Rossi nos recuerda que podemos vivir sin dioses siempre y cuando la sensibilidad y la inteligencia ocupen el lugar que a los primeros le retiramos.

María Cristina Fernández

María Cristina Fernández

Escritora cubana. Reside en Miami desde 2006. Su último libro de narrativa, No nací en Castalia, fue publicado por Editorial Silueta. Tiene publicados otros dos libros de cuentos, así como literatura para niños. Antologada en revistas y publicaciones literarias, colabora también en diversos medios con reseñas y textos sobre arte y literatura.
María Cristina Fernández