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Error incluido, es un éxito.
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Un error de Gabriel García Márquez en la redacción de su más reciente novela,
Memoria de mis putas
tristes,
no ha impedido que la misma se convierta en un éxito apenas se produjo su lanzamiento, vendiéndose en la
primera semana más de 400.000 ejemplares, por lo que sus editores preparan nuevas tiradas que abastezcan la
demanda.
La novela —un relato largo, para ser más precisos, de 109 páginas— no es, pese a lo que promete el
título, una colección de los episodios lúbricos de la vida del narrador, sino una historia sobre el
primer amor, vivido por un anciano a los 90 años. Claramente inspirado por La casa de las bellas
durmientes,
del japonés Yasunari Kawabata, el Nobel colombiano cuenta la solitaria vejez de un hombre que se resiste a
sentirse viejo y que revive gracias a una imposible y platónica relación con una adolescente.
El error existente en Memoria de mis putas tristes
fue notado por Jacobo Zabludovsky, quien, en su noticiario radiofónico De 1 a 3,
lo comentó en conversación telefónica con el propio premio Nobel. En el último renglón de la página
73, la novela hace referencia, en alusión a Jesucristo, a "un niño que nació hace 2 mil 500 años en
una caballeriza indigente".
Al mencionarle la equivocación en las fechas, García Márquez, según el conductor del programa,
admitió que el nacimiento de Cristo no fue hace 2.500 años, pero afirmó en tono de broma que lo escribió
así a propósito porque, como su libro se leerá en 500 años, "entonces ya está actualizado".
Luego de la corrección, García Márquez se preguntó cómo pudo pasar inadvertido un error así, a él
mismo y a sus editores, y prometió que en caso de haber una reimpresión, estará corregida y le quitarán
500 años a la cifra que aparece en la novela.
Sin embargo, Zabludovsky calificó la nueva novela de Gabo como una "obra maestra, redonda",
que muestra al autor de Cien años de soledad
"en la cúspide de su madurez de escritor, en el dominio absoluto de su herramienta principal, que es
el idioma". En los párrafos finales del volumen, agregó el titular del noticiario, se percibe
sorpresa y júbilo, "alegría de vivir, de gozar sin límites de edad ni de facultades físicas".
Según García Márquez, la obra es un texto accidentado porque al principio no era un libro, sino uno de
los tres cuentos de un libro. Cuando adquirió individualidad propia, se encontró con que era demasiado
corto para ser una novela, pero demasiado largo para ser un cuento, por lo que se movía en el mismo limbo
de El coronel no tiene quien le escriba.
La próxima novela del colombiano, según él mismo ha anunciado, será En agosto nos vemos
y parte de uno de estos cuentos.
García Márquez ya utilizó la historia del también Nobel Kawabata para un cuento de 1982, "El
avión de la bella durmiente". En esta novela recupera la figura de la hermosa desconocida, dormida y
perturbadora pero, a diferencia de lo que ocurre en las historias del japonés, donde las jóvenes desnudas
y narcotizadas son un estímulo a la nostalgia, la bella durmiente le sirve al colombiano para poner patas
arriba una vida solitaria y mediocre.
"Las putas no me dejaron tiempo para ser casado", explica el protagonista, incapaz de
enamorarse durante los 90 años de su aburrida existencia. Hasta que aparece la pequeña —14 años— y
famélica durmiente, la única mujer a la que paga pero casi ni toca.Al abordaje de la piratería, que ya
antes de su publicación colocó ejemplares defectuosos de la novela en las calles de Bogotá, se ha unido
un problema adicional: la palabra "putas" en el título ha hecho que algunos servidores en
Internet filtren la información que corre a través de ellos.
Miles de mensajes de correo electrónico que contenían la palabra "putas" fueron
inmediatamente eliminados por algunos servidores: "Cuando poníamos en la referencia del correo el
título Memoria de mis putas tristes,
desaparecía en el vacío cibernético. Los correos no llegaban ni aparecían tampoco como rechazados o
devueltos", aseguró Moisés Melo, director editorial de Norma. "Durante 15 días tuvimos unos
vacíos de comunicación bastante curiosos hasta que descubrimos que la palabra ‘puta’ aparece proscrita
en muchos servidores", afirmó Melo. Finalmente, los editores se vieron obligados a titular los
mensajes con la frase "nueva novela de Gabo", para evitar dichos filtros.
En su lucha contra la piratería, que ha sido noticia desde antes de su lanzamiento, la novela ha
inspirado rumores sobre un posible "segundo final" creado para despistar a los editores ilegales.
El día del lanzamiento oficial, el 20 de octubre, se dijo que las copias ilegales tenían un final distinto
al de la edición oficial.
Braulio Peralta, de Random House Mondadori, explicó en México que García Márquez "tuvo la virtud
de encontrar algunas sensaciones de atmósfera que necesitaban, o requerían, que determinadas palabras se
cambiaran por otras".
Sin embargo, García Márquez negó la versión de los dos finales. "Yo pongo el punto y me olvido,
lo demás es cosa de los editores", dijo el novelista en una conversación con el periodista mexicano
Julio Aguilar, editor de la sección de Cultura de Diario Monitor, el jueves 21. Aguilar señaló que
"de acuerdo con lo comentado informalmente por el Nobel, es falsa la existencia de dos finales que
presuntamente podría constatarse comparando un volumen que se ofrece en cualquier librería con un ejemplar
pirata como los que circularon hace unos días en Bogotá".
La nueva novela de García Márquez fue reimpresa en ediciones piratas pese a las inusuales medidas de
seguridad que rodearon la aparición del libro en su edición oficial. Con cámaras y guardias vigilando la
imprenta, procedimientos de registro a los empleados y una única copia en disquete que fue trasladada por
un hombre de confianza de la editorial desde España hasta Colombia, la piratería logró su objetivo:
colocar ediciones ilegales de la novela en las esquinas de Bogotá a un precio menor que la edición legal.
La casa Norma, que editó Memoria de mis putas tristes
conjuntamente con Mondadori, no podía creer que alguien no sólo hubiera logrado penetrar el intrincado
sistema de seguridad que rodeaba la obra, sino que, además, nadie lo descubriera hasta que llegó a manos
de los vendedores ambulantes.
"Ni siquiera yo tenía una muestra del libro. Para guardar el secreto, la compañía no me lo dejó
ver hasta hace muy poco", explica Moisés Melo, editor de Norma en Bogotá. Cuando le llegó, él mismo
obligó a ir hasta su casa para leerlo a los 10 escritores que harían un comentario para un número
especial de la revista colombiana Cambio,
propiedad de García Márquez.
Carmen Balcells, agente del premio Nobel, ordenó redoblar las precauciones para esta novela
específicamente. Todo el proceso editorial, que siempre se hace en Colombia, se realizó en España. Para
satisfacer la demanda de la agente española, contrataron una empresa de seguridad con el fin de que
vigilara las 24 horas todo el proceso de impresión en la sede de Bogotá de la multinacional canadiense
Quebecor World, una de las más reconocidas. También instalaron cámaras dentro y fuera de las
instalaciones durante los veinte días que duró el trabajo.
A cada empleado se le registraba a la entrada y salida. Los ejemplares se iban guardando en cajas para
dificultar su manipulación, y éstas eran pesadas cada vez que salían de una dependencia y las llevaban a
los almacenes. Tan preciso era todo, que la sola falta de un libro se habría detectado. O eso pensaban.
Llegaron al punto de escoltar con vigilantes privados los camiones que cargaban el tesoro literario mejor
guardado del mundo.
Todos los que de alguna manera intervienen en ese largo proceso están bien aleccionados de lo que
ocurriría si sucumben a la tentación de traicionar a la casa. Aun así, en algún eslabón la cadena se
rompió y las 106 páginas fueron impresas en algún taller clandestino. La única diferencia con el
original, porque figura hasta el copyright, es que al falso le faltan cuatro hojas.
"Pienso que ha sido un empleado de la imprenta, porque a ningún directivo se le ocurre arriesgar su
carrera por algo así", dice Melo. Agrega que piensa que el ladrón no habrá ganado más allá de
100.000 pesos (50 dólares), una miseria comparado con los beneficios de los piratas. En la calle, el precio
era de 12.000 pesos (6.29 dólares) y el tiraje podría superar los 20.000.
Norma ha logrado que la policía actúe de forma inmediata y eficaz. El alcalde de Bogotá, Lucho
Garzón, criticado por su permisividad con los vendedores ambulantes, dio la orden de que retiraran de las
calles los ejemplares piratas. Desde el jueves 21 por la noche, en que dictó la medida, los libros
desaparecieron como por arte de magia. "Los han encaletado hasta que pase la tormenta", comenta
Alberto Ramírez, editor del Círculo de Lectores. "Pero en dos o tres días, ya están de nuevo en los
semáforos".