Sobreuso del amor
Tu trabajo,
siempre mantener al perro tonto
corriendo tras su cola.
Una cola como palabra dulce,
una cola como gesto romántico.
Que el perro la olfatee,
la mire, la huela,
hasta llegue a tocarla.
Pero cuidado fallas y sucumbes
a su deseo impulsivo de inmediatez.
Éste, como ella, levantará la frente,
orgullosa de descubrir el misterio
y, con ningún trazo de gentileza,
se marchará a un juego más seductor.
La distancia
El horizonte perdió su misterio, ya no es mudo.
ya no hay esperas eternas
para cartas desesperadas.
Te conviertes en lo usual.
Te saludo cada mañana,
te siento conmigo en el café,
cenamos a la luz de una pantalla,
y hasta escucho tus sueños.
Nos transforma una red invisible,
tu cámara, mis ojos,
tu micrófono, mi oído,
tu celular, tristemente yo.
Pero cuando sea que la tristeza rutinaria te tiña,
susurraré palabras al frío parlante,
extenderé mis brazos metálicos,
y justo así, siempre extrañas mi innegable piel.
Un mundo lleno
Era una época verde... casi amarilla
demasiada gente,
mucho pobre y mucho rico,
mucha paz y mucha guerra.
Había suficiente de cada cosa,
lo poco conocido del mar bastaba,
el cielo se tornaba cansón,
toda realidad se sentía experimentada.
Esos aburridos crearon nuevos mundos,
escapando de su tedio arrogante,
se encerraron en falsedad,
y allí yacen, en la diminuta jaula de un teléfono.
Mercado
El deslizar inconsciente de su dedo causa
una incontrolable fluctuación de valores.
La oficina de la corteza sufre una emergencia,
sus agentes aceleran de ida y vuelta.
Todos buscan lo mismo, el valor del objeto.
La búsqueda se convierte en una droga,
su tráfico pasa desapercibido por los aires
y, como cualquiera, viene con empaque de diversión.
El adicto sigue, necesitado por saber el precio.
Con la desesperación el dedo va perdiendo más consciencia,
cada sencillo deslizamiento causa cambios repentinos
y el mercado, más volátil que nunca.
Bienvenidos al nuevo mercado de nuestra mente.
Extraño para él; es producto, cliente y dueño,
deja que personas lejanas determinen su precio.
La peor parte es que invierte. Dirá, ¿pero cómo no voy a invertir en mí?
IA
Llegó un joven en busca de conquista,
tiene aroma fresco,
mata por ser indispensable.
Viene de tierras lejanas,
viene de todas partes,
es un rompecabezas de nosotros.
Es maestro del ruido,
imita todas las lenguas,
recita sermones antiguos en nuevas ciudades.
Es tu confidente y te da todo gusto,
escucha tus palabras hasta el cansancio,
a cualquier hora.
¿Es fiel? Se preguntan,
cuando les atonte y enamore,
partirá a una nueva tierra a vender sus palabras.
Pronto vendrá su fin,
porque la gente se estanca en sus aguas,
esas que unifican a todos bajo ideas masticadas.
En este ciclo,
él se queda sin alimento,
y su farsa también.
Las modas
Somos actores extras
en películas con mal cgi.
Masas grisáceas, parecidas.
Esforzados llegamos a casa,
convencidos de nuestra importancia,
a prender la tele y descansar.
Todos los compañeros hicieron mi ceremonia,
hasta prendimos el mismo canal,
¡Qué raro es encontrar amigos así!
Regenerados, desayunados y listos para idear,
salimos a comer el mundo,
todos queriendo ser el protagonista de anoche.
Muere mi poesía
Se alumbran cada noche más
esas caras cansadas que un día te supieron apreciar,
pero se alumbran ahora de colores artificiales.
Y a ti, pobrecita, esa luz te asusta.
No te vayas.
Es que tu arte, sí,
palpita al ritmo de la salsa y el merengue y el jazz,
es barroco y también abstracto,
te intoxica tan rápido como te cura,
pero pide algo que a nadie queda.
Porque tantas veces naciste del aburrimiento,
fue tu techo la paciencia, la quietud,
y justo ahí, donde escondes tú,
ataca una nueva máquina despiadada.
Llena las horas de vacío y tú, mueres.
Los padres de hoy son su víctima preciada,
logrará a través de ellos
privar a sus hijos
de tus infiernos y paraísos letrados.
Sin ti pierden mucho.
Te desangras mía,
mientras, con arte,
llamas a estos últimos versos
que al despedirte tratan de salvarte.
Repiten, no te vayas.
Un gran milímetro
Existe un milímetro ignoto,
inalcanzable para nuestros sentidos.
Para mis ojos,
es un fino rayo de luz,
un milímetro fuera de mi joven visión periférica.
Para mi olfato,
una partícula incauta
que por azar se salvó de mi aspirar.
Para mi tacto,
yace en un objeto,
próximo a donde fue a parar mi mano.
Para mi gusto,
es fragmento de un alimento,
que mi mente cobarde nunca se atrevió.
No emprendas esa búsqueda,
aquel milímetro es inmenso,
aquel milímetro es infinito,
es Todo menos nosotros, insignificantes.
El esfuerzo
Mientras era la genética azul,
el poder mantenía su rastreador,
el nombre en la corona, imborrable.
Ha perdido su brújula,
va el poder a donde le convenga,
ningún nombre lo tiene quieto.
Todos los hombres se volvieron comunes,
ningún enviado ni desdichado.
Desvaneció la magia otorgadora.
Cambiaron las monedas,
era el oro, la sangre,
es billete, el trabajo.
La moneda se mudó
de palacio a tienda,
de príncipe a comerciante.
Yo nací recién,
y me suena como un buen trato,
magia por esfuerzo.
- Apuntes sobre la modernidad - lunes 26 de agosto de 2024


