al padre Pío
“Mi amor es pura alegría”
(Libro del amor, Luigi Gaspari)
“Aquella vida de arriba
es la vida verdadera”
(“Vivo sin vivir en mí”, santa Teresa de Jesús)
Caridad
Es el azul hambriento de palomas
y la rosa que sale de los labios.
Es la palabra llana que se lanza,
la manera de ser de las esporas.
Es la veta profunda que se abraza
cuando alcanza la lluvia cada hoja.
El alma en soledad que mira al cielo
y lo hace como el mar, inmensamente.
Inmensamente, sí, pero en el otro,
una nube que pende de otra nube,
soledad que es huir del solamente.
La llama sin igual de las espigas,
primaveras saliendo de la tierra,
así es la caridad, el amor mismo.
Esencia
Tan grata su visión, tan sempiterna
apoyada en el quicio de lo hermoso.
Tan prendada del ser, tan generosa
que quererla aprehender ya es aprehenderla.
Tanto afán por hallarla y tantas cuitas
y tan cerca sus ojos de los nuestros,
esos ojos del alma que no encuentran
lo que dicen mirar porque no miran.
Esencia que es amor, luz desprendida,
sencilla claridad que es la medida
del vasto corazón del universo.
Esencia tan veraz, tan infinita
que amarla es olvidar hasta la muerte
y amarlo, amarlo, amarlo, amarlo todo.
Luz
Si olvidara tu luz me moriría,
me iría desprendiendo de los dedos
como un delirio verde o una flor cabizbaja
que vacía su piel en el crepúsculo.
No se puede olvidar la luz amada
tan distinta al resto de los pájaros,
de las alas que huelen a silencio,
de las alas de las que todos hablan.
Esa luz cenital que te traspasa
y aloja un sentimiento en los pulmones
como si respirar el mundo no bastara.
Porque tu luz me ha visto, me ha sembrado
a la vera de un sueño o una idea
jamás me olvidaré de tu mañana.
Latidos
Hay latidos hechos de gaviotas
y una música de esferas para el alma
que lleva su canción por las arterias
y siente sus tejidos del océano.
Hay un afán que colma los silencios
y un corazón manando a todas horas
que palpita de edenes y palabras
y una alegre verdad aquí, en el pecho.
Un fragor, un clavel, un mar de lumbres
dispuesto a palpitar por las entrañas,
a reír, a sufrir, a amar sin pausa.
Y una voz que sigue palpitándonos,
esa estela de Dios que no se apaga
y toda la belleza de las nubes.
Grito
Escucho tu voz en medio de las sombras,
magullado de luz sobre el madero
y el eco de los clavos, clavos rotos
como rota la tarde y el anhelo.
Hallar quisiera tu mañana entera.
Quisiera imaginar cuánto nos amas,
cuánto pesa tu amor y es imposible,
no cabe tanto amor en un poema.
Jesús del corazón, del propio verso,
el alba, la metáfora que sueña
la estrofa al caminar, mar de mis tuétanos.
Quisiera yo quererte hasta los huesos
hasta sólo latir, todo escribirte
y poderte decir: “Toma mis versos”.
Amor
Esa palabra amor, que es la palabra,
ese palmo de letras y ese aliento
que resuena en la mente, el firmamento
porque sale de Dios, de cada gracia.
Ese gozo del ser que acaba siendo
esa breve oración que no se acaba
y ese amor que lo es porque se ama
cada estela de Dios, cada momento.
Esa alma de amor enamorada
que ignora la impostura de la muerte,
de ese arroyo del ser que se va yendo.
Alegría, canción, ánima llana
y al final ese mar que ha amado siempre
porque todo es amar, seguir queriendo.
Los pájaros
No hay rencor, no lo hay en los pájaros
ni bandadas que vuelen en silencio
con los bolsillos llenos de tristeza
o las borrascas atadas a los ojos.
No se entienden las alas retenidas
en vitrinas diarias, cercenadas
ni se aprende a volar en los manuales
ni les crecen atajos a los sótanos.
El alma de los pájaros es otra.
Su vuelo es oír, hablar, unirse,
pensar, crecer, sentir el aire, el cielo,
subir las escaleras y seguir,
al fin volar, reunirse con el todo,
amar y caminar como los ángeles.
De repente
De repente el corte en la mirada,
el mundo, la sima entre los párpados
y la rosa tendida en las ventanas
y el cielo comido por el rayo.
Una camisa envuelta de repente
y el pecho ardiendo, en los botones clavos.
De repente la piel sobre la nada.
No saber el porqué ni el qué ni el cuándo.
La cruz de mañana, la tristeza
como un dolor tremendo de barrancos.
Un corazón que iba hacia su casa
palpitando, ya nunca palpitando.
No entender de repente lo que ha sido
del ayer, del alma o los poemas.
Invierno
Tras los cirros, sobre el gris de los pájaros
más densos se vacían los cielos.
La aridez de los árboles, del silencio
en los troncos, su invierno de palabras.
Los follajes al fondo parpadean
y pasan como pasan los aires,
todo arrullo perdido, cada anhelo,
cada viruta muerta de los días.
Una pira mundana de ramajes abiertos
se divisa y un paraguas redondo,
casi humano que desnuda su alma.
Pero el Sol resplandece con su anillo cercano.
La semilla lo sabe, lo percibe muy dentro,
la oración que prosigue y germina y ama.
Mar
Mirar el mar, fundirse en los pináculos
de las fachadas lentas pero ingrávidas.
Marea de la espuma en los acantos
que hunden sus cimientos en el agua.
El mar a bocajarro en la mirada
y las olas creciendo como pórticos
en las praderas húmedas de salvia,
de sumergidos peces en los posos.
Las aldeas azules en las crestas
vaciando la cesta de sus quillas
en el seno febril de las arenas.
Totalidad, celaje en las orillas.
Oh Dios, cierro los ojos y estás cerca.
Mi alma es azul en tu mirada azul.
Tarde
Bulle la tarde, tarde silenciosa.
Un soplo de hermosura baña el aire.
Acuden en tropel los encinares.
En las fuentes el oro se reposa.
La mano del lentisco entre las frondas
acaricia la frente de los árboles.
Se dirigen al Sol todos los ánades
y el ancho corazón del hortelano.
Medito entre el azul de los cipreses,
la hierba llana, el viento que deambula
y olvido ese naufragio de la vida,
ese dolor de sal que va conmigo.
Bulle la tarde, tarde luminosa
y Dios se hace sentir en cada hombre.
Salmo
Señor, en el cénit que sigue a la noche
tu corazón derrota a las tinieblas
y me llenas de gozo en la victoria
porque la paz se sienta en el banquete.
Oh Dios, tu amor es mi horizonte,
tus párpados la azul misericordia
porque tus brazos son del infinito
y tu abrazo es uno con el alba.
Por eso mi voz mira a los cielos
y las nubes se impacientan de brillos,
aguardan la señal de tu venida.
Tras un rayo de sol una columna
se yergue en los confines de la aurora
como reflejo hermoso de tu templo.
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