Figuración
¿Qué es lo que había antes del nacimiento? No un abismo o una profundidad ininteligible, sino un camino ascendente, una ladera, una cumbre, una inmensidad azul, el reposo entre conjunto de nubes perdurables y pajarillos inextinguibles, la quietud concebible. Onomatopeya célica, pigmento colosal. Mi creadora y su diurna expansión: corpúsculos de la atmósfera mitológica, cosmos en fábula bermellón, rumor como narrativa de gametos y cometas, gesto de la existencia soslayada, de la atávica vida y su ilógica infinidad.
Ente clásico
El vínculo entre el ser humano y el entorno: exaltación ante el paisaje. Su cuerpo, que contiene una finalidad en sí mismo, se mueve interactuando con la estructura del panorama. Sus sentidos habitando e interpretando el espacio, la gran constitución de la materia. La admiración intrínseca a través del escenario; ya luego vendrá el desplazamiento y el tacto, el lenguaje del formato, la consumación de la consciencia y la explicación: un objetivo de unificación, experimentación de la imagen tangible, la mínima ideología de la sensación.
Agridulce
Me encantaría preguntarte si puedes mencionar al joven que fui. Mis palabras, mis ropas, mis miradas inspiradas. Resbalamos en dirección a los rincones de aquel pretérito, como firmamento alterable, tinta impresa inestable, seducción en lo retrospectivo. ¿Te acuerdas de mí? Yo sí te recuerdo. Pero esa pregunta y esa declaración se deslizan por un hoyo blanco que va a dar a un basurero intangible. Aquella minucia neuronal. Es lo aparente, ilusorio. Fugazmente meditabundo. Dormido, ausente. Inexistente.
Cópula
Entusiastas al atardecer. He tratado de conmoverte y no he podido. Femenino satélite observado: no me obligues a ser emotivo, pero quiero ver una expresión. Te escabulles, desapareces, dejo de verte. Quizás te desintegras en el celaje: cielo fracturado, sangre de los arreboles, rojo purpúreo en el horizonte, inicuo sol en despedida. Ensueño cosmético: perfume, esmalte, pintalabios. Tanta sugerencia: capullo carmín en la arena del río, la fruta derretida en el musgo, el precioso felino. Árbol de humanidad, rocas en cavilación, polvo fértil. Te has propagado, apariencia de omnipresencia: montañas y llanuras corporales, selva y cultivación somáticas. Pero me otorgas el frecuente anhelo: mi astro mundanal se posa en el agua quieta y yo, con un obcecado salto, lo penetro y lo devoro. Quedan restos del corazón insumergible: abrazos volátiles, plumas, peces, abstraído ocaso.
Ensimismamiento
Siempre me he obsesionado por ciertas sensaciones infrecuentes o poco comunes. Durante los instantes en que ocurren, puedo percibir algo que es parecido a una revelación: la grieta por donde saco la mano y, semejante a un soberano adorador, hurgo en la fascinación. Un goce cognoscible. Líquido, pulpa, carne; turquesa, escarlata, lechoso: amalgama de la creatividad sentimental. Mis dedos en el órgano reproductor de una deidad íntima. Metaconsciencia en el estímulo de mis nervios: la euforia venérea, enamoramiento escéptico, inducción irrepetible. Primeras luces, efervescencia, desconocido espasmo, privativo clímax.
Anverso
La mujer posee una sensibilidad distinta a la del hombre. Ese aspecto de su comportamiento me despliega una senda por la que transito lentamente, apreciando paso a paso las formas presentadas: corceles, bisutería, vestuarios multicromáticos. Quizá hacia una luz, una ofrenda que todavía no comprendo, una promesa palpitante: moralidad, emotividad, lucidez. Tal vez el descanso en un jardín: ángulos florales, curvas frutales, misericordiosos jaguares. Acaso lepidópteros, caramelos, encantos matutinos y vespertinos. O probablemente un género de contemporánea evolución: ídolo delicado e inmune.
Exteriorización
Cuando estoy en la finca, me doy cuenta de que podría vivir en ella perpetuamente. La calma y la flora que me rodean son invaluables. Mientras ando entre las sombras frescas, casi como una divinidad espontánea y admirativa, no me interesan los seres humanos, su desarrollo material e intelectual. Al detenerme en mi recorrido, rodeado de insectos, hojas y luminosidad filtrada, pienso en paraísos antiguos, muy primitivos, en los que sólo había vegetación naciente, fauna elemental. Caótica coloración, placenteros cantos irreflexivos, afluentes de deseables néctares. Apacible asimilación, impulso verde azulado, caricia, lentitud, solidez, definidamente corpóreo. Savia, vigor. Innato, congénito.
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