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Cacimar Cruz Crespo:
“Lo que publico apela a un lector bien particular”

domingo 9 de agosto de 2026
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Cacimar Cruz Crespo
Cacimar Cruz Crespo: “Siento mucha admiración por el trabajo que realizan mis colegas historiadores”.

Cacimar Cruz Crespo nació en 1980 en Mayagüez, Puerto Rico. Completó su educación primaria en las escuelas públicas de su localidad, en los barrios Balboa y París. Posteriormente, finalizó sus estudios secundarios en la escuela Eugenio María de Hostos. En 1998, se graduó cum laude del programa de Historia en la Facultad de Artes y Ciencias del Recinto Universitario de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico (UPR), donde también participó activamente en el movimiento estudiantil, ocupando varios cargos en diversas organizaciones.

En 2012 completó su grado de Maestría en Historia en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Ha trabajado como bibliotecario en una institución universitaria privada, además de colaborar con publicaciones como el semanario Claridad y el mensuario Compartir es Vivir. También se involucra en la producción de contenido sobre el movimiento estudiantil en plataformas digitales como Indymedia Puerto Rico. Su compromiso con la educación y el activismo social refleja su dedicación a la comunidad y a la historia de Puerto Rico y el Caribe.

 


 

En 2014 publicó usted Solidaridad obrero-estudiantil: las huelgas de 1973 y 1976 en la Universidad de Puerto Rico. ¿De qué trata este trabajo de investigación? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

El libro titulado Solidaridad obrero-estudiantil fue una publicación realizada como resultado de mi investigación para mi tesis de maestría en Historia de Puerto Rico y el Caribe en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe (CEAPRC). La tesis la hice bajo la asesoría y mentoría del profesor Pedro Reina Pérez, quien amablemente aceptó ser director de la misma. El texto es acerca de las huelgas estudiantiles y universitarias en los años de 1973 y 1976 en la Universidad de Puerto Rico (UPR). También intento atender los vínculos y muestras de solidaridad entre el movimiento estudiantil universitario y el movimiento obrero nacional, además de las organizaciones sindicales universitarias. La curiosidad por investigar aquellas luchas universitarias surgió durante mi época como estudiante de bachillerato y mi activismo estudiantil en el Recinto Universitario de Mayagüez (RUM, también conocido como el Colegio) de la UPR. En los diversos talleres o conferencias recibidas durante mi militancia en la Federación Universitaria Pro Independencia (FUPI) tuve el privilegio de atender y escuchar las anécdotas de distintas personas que participaron de aquellas gestas estudiantiles. No tan sólo sus experiencias de lucha en el recinto de Mayagüez sino también lo acontecido en otros recintos de la UPR, incluyendo las universidades privadas. Fue en mis años de la maestría cuando tuve oportunidad de comenzar a recopilar documentos y acudir a los archivos institucionales y de personas particulares para la investigación historiográfica. Esos documentos son parte indispensable para que fuese publicado el libro.

 

¿Qué relación tiene su trabajo creativo-investigativo previo a Solidaridad obrero-estudiantil y su trabajo creativo-investigativo entonces y hoy? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueño-caribeño y su memoria personal de lo caribeño dentro de Puerto Rico y el Caribe?

Pocos meses antes de la publicación del libro, había redactado un ensayo corto sobre el “Campamento Colegial” y su lucha contra la presencia militar en el RUM, además de su oposición a la invasión y guerra desatada por el gobierno de Estados Unidos contra el pueblo iraquí en 2003. También hice otro escrito acerca de los sucesos ocurridos en el recinto de Río Piedras de la UPR a finales del mes de octubre de 1964. Ambos ensayos fueron publicados por un mensuario de la zona oeste, ya desaparecido, llamado Compartir es Vivir. Casi diez años antes de los escritos antes mencionados había redactado unas breves notas para el semanario Claridad acerca del mártir estudiantil puertorriqueño y latinoamericano José Rafael “Fefel” Varona Berríos, también otro acerca del 49º aniversario de la Fupi. Menciono estos ensayos, pero sin dejar a un lado las ocasiones en que tuve que participar y colaborar en la redacción de boletines y escritos cortos durante mis años de militancia en la Fupi. Sin duda alguna, fueron experiencias muy importantes y enriquecedoras en mi proceso y formación en la investigación de la historia nacional y caribeña. Tuve una militancia corta en la Fepi (Federación Estudiantil Pro Independencia) durante mi año senior de escuela superior pero no recuerdo haber redactado algún escrito en esa fecha.

 

Si compara su crecimiento y madurez como persona, historiador y escritor con su época actual o reciente en Puerto Rico, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

Personalmente, entiendo que ese proceso de crecimiento o madurez no se detiene. Al menos, yo como individuo, no pretendo detener el mismo. Mucho menos ahora, que en estos momentos de mi vida que soy padre convivo con la madre de mis hijas, pertenezco a la clase obrera de mi país e intento mantener mi activismo en las causas justas por construir un mejor país. Todo eso se combina para mi crecimiento como persona e historiador. Gracias a ese crecimiento me considero que soy un poco más riguroso en la investigación y la búsqueda de fuentes primarias y secundarias para mis escritos. Por mencionar dos ejemplos concretos, con los escritos sobre el “Viernes Santín” (publicado en 80 Grados) y los actos fúnebres de Pedro Albizu Campos (publicado en Claridad en junio de 2023) hice mi tarea de localizar y analizar documentos para sustentar mi investigación. Según mi impresión, con dichos documentos y la investigación realizada pude redactar un mejor escrito, al menos mejor elaborado, de los que había hecho en mi época de bachillerato.

 

¿Cómo visualiz su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y el Caribe? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo a su quehacer investigativo?

Mis investigaciones las visualizo como complementarias al resto de muchos colegas. Que tanto sus escritos como los míos ayuden al lector a entender y contextualizar lo que sucedió, al igual de lo que acontece en estos momentos. De mi parte, yo siento mucha admiración por el trabajo que realizan mis colegas historiadores. Las investigaciones o textos sobre la lucha armada y clandestina en Puerto Rico después de la segunda mitad del siglo XX han sido muy buenas. Esas labores de investigación son bien retantes por múltiples factores, que van desde localizar publicaciones hasta intentar contactar y entrevistar a ex combatientes de esas organizaciones. Las publicaciones o escritos sobre las organizaciones clandestinas en Puerto Rico realizadas por Lucila Irizarry Cruz, Álvaro Rivera Ruiz, Guillermo Morejón y el fallecido historiador Félix Ojeda Reyes (también ex fupista) son lecturas recomendadas. Las entrevistas realizadas por dos jóvenes desde el canal Archivo Proletario en la plataforma digital YouTube son muy interesantes y reveladoras que añaden al tema antes mencionado. También hay recientes estudios sobre temas ambientales, militarismo en la universidad, movimiento estudiantil en las escuelas, el siglo XIX, nueva lucha independentista, la identidad nacional deportiva, por colegas como G. Padilla Marty, R. Rodríguez Cruz, A. Jirau Arroyo, A. Pérez Soler, I. Muñiz Medina, G. Surillo Luna, R. Díaz Torres y L. Díaz Feliciano, entre otras tantas personas que hacen investigaciones que enriquecen nuestra historiografía nacional. Me reafirmo en mi planteamiento inicial que me agrada imaginar mi trabajo como una parte o pieza complementaria de un colectivo de profesionales de la historia boricua. Desde sus diversos enfoques de investigación vamos aportando poco a poco a la historiografía puertorriqueña.

 

Ha logrado mantener una línea creativo-investigativa enfocada en la historia. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-investigativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?

Creo que hubo bastante receptividad a varias publicaciones mías. La publicación del libro me ha ayudado bastante para darme a conocer, aunque sea un poco, o entre ciertos sectores del país (risas). Mi libro es autogestionado, así que mientras se van vendiendo poco a poco, voy imprimiendo otros más. Hay investigadores, tanto locales como de la diáspora, que han mencionado mis escritos en sus referencias consultadas. Así me agrada ver mi trabajo, como una humilde aportación a que otras personas sigan publicando y aportando a la investigación de la nuestra historia nacional. También debo reconocer que mis escritos son temas bastantes específicos. No son de historia general de Puerto Rico o algo parecido. Estoy consciente de que lo que publico apela a un lector bien particular; por lo tanto, mis temas de investigación no necesariamente son algo llamativo para todas las personas. Para ampliar el público o tener más alcance de personas lectoras, mis escritos los publico con algunas fotos que haya localizado en mi proceso de investigación. Para mí es importante tener alguna imagen visual en mi publicación para poder captar la curiosidad de personas. Es mi intento de ofrecerle al lector una pizca visual del tema que presento en mi escrito. Algo, aunque sea un poco, más allá de letras, palabras y párrafos. Que la persona tenga la oportunidad de descansar la vista y que una imagen le ayude a transportarse al momento histórico. Por esa razón, el libro Solidaridad obrero-estudiantil contiene bastantes fotos. Yo como lector disfruto mucho poder leer un libro con fotos o imágenes artísticas. Me ayuda a comprender mejor lo que leo. Creo que esa fórmula me ha resultado bastante efectiva y ha hecho que la receptividad sea mejor de la que esperaba. Hice más de cinco presentaciones de mi libro en distintos lugares de Puerto Rico.

 

Sé que usted es de Mayagüez, Puerto Rico. ¿Se considera un escritor puertorriqueño o no? O, más bien, un escritor de historia, sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

Para responder apropiadamente esa pregunta empiezo por citar al salsero mayagüezano Frankie Ruiz cuando dice: “boricua y de Mayagüez” (risas). Este verso lo entona en la canción titulada “Puerto Rico” y me agrada usarlo como reafirmación de mi identidad y origen. En 2026 cumplo veinte años residiendo en la zona metropolitana y estoy poco a poco perdiendo mi condición de mayagüezano bonafide (risas). Por tal razón, siempre que puedo me escapo a mi querida zona oeste de Puerto Rico con mi familia para visitar o coincidir con familiares y amistades. Me resulta refrescante y me ayuda a reconectar con mis raíces para no olvidar de dónde vengo. También es un ejercicio de reconexión con mi ser y mis ancestros. Mi madre es rincoeña que trabajó casi cuarenta años como enfermera, que en ocasiones tuvo que laborar en más de una jornada de trabajo. Una mujer que por diversas circunstancias tuvo que ser madre soltera, además de parir y criar a hijo e hija de Mayagüez.

Soy producto de las escuelas públicas en Mayagüez, además mis últimos años residiendo en mi pueblo fueron en los barrios Balboa y París. Me ha dolido un poco ver el cierre, el deterioro y abandono de mis escuelas elementales como la Federico Asenjo y Francisco Vicenty. Mi abuelo y mi abuela materna se criaron toda su vida en el pueblo de Rincón. Mi abuela trabajó en la industria textil en la elaboración de guantes y mi abuelo fue obrero agrícola en los cañaverales. El Central Igualdad, ubicado en el pueblo de Añasco, fueron sus últimos años en que trabajó picando caña en el cañaveral (valga la redundancia). Cada vez que cruzo por el puente de la carretera #2 y alcanzo a divisar el antiguo puente de metal, el Río Grande de Añasco y las ruinas de la chimenea del Central Igualdad, aparecen los recuerdos de mi familia materna. También cuando oigo o escucho las canciones como “La zafra”, de Richie Ray y Bobby Cruz; “Negrito bonito”, de Roy Brown, e “Hijos del cañaveral”, de Residente/Calle 13, me conmueven o emocionan porque me recuerdan la vida dura y laboriosa de mi familia materna alrededor del monocultivo cañero. Como dije inicialmente, todo esto es la reconexión con mis ancestros y el origen obrero de mi ser. Por eso me identifico como un boricua mayagüezano cuyas raíces provienen de los pueblos de Rincón y Añasco, además del resto de la zona oeste del país.

 

¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política, con o en su trabajo creativo-investigativo y su formación y experiencia creativa de origen puertorriqueño o no?

Pocas personas conocen este dato, pero debo aclarar que tengo sangre salvadoreña en mis venas que proviene de mi padre. Aunque la convivencia con mi padre fue de poca duración, mantuvimos unas vías de comunicación. He podido visitarlo varias ocasiones luego de la firma de los acuerdos de paz en El Salvador en 1992. Mi madre me inculcó la importancia de conocer mi herencia centroamericana. En mi adolescencia comencé a leer un poco sobre la historia de El Salvador y la lucha revolucionaria del pueblo salvadoreño desde los años 1930, además de empaparme un poco de la historia general de Centroamérica del siglo XX. Este ejercicio fue una búsqueda de otra parte de mi identidad. En la escuela superior algunas amistades me identificaban, en buena lid y a manera de chiste, como “salvarriqueño” debido a esta mezcolanza entre puertorriqueño y salvadoreño.

Sin embargo, mi crianza y formación como individuo se ha ido desarrollando por las experiencias o supervivencia vividas en la colonia llamada Puerto Rico. La vida con mi madre fue indispensable para esa formación de mi identidad y como persona. A través de ella aprendí a apreciar nuestros recursos naturales y su importancia, además de disfrutar nuestra música autóctona y boricua. Una parte importante de mi colección de vinilos de salsa eran de mi madre. En ocasiones me pregunta si los sigo conservando y escuchando en mi tocadiscos (risas). Como mujer boricua y obrera, su activismo patriótico fue integral para mi formación ideológica. No es casualidad que mi nombre sea del cacique de Vieques (Bieke). Desde muy pequeño, mi hermana y yo acudíamos a la Jornada Betances en Cabo Rojo. La lucha ambiental realizada por La Voz del Faro contra la instalación de antenas de la VOA (Voice of America, vinculada a la CIA). Participamos de las manifestaciones contra la construcción de una planta generatriz (Cogentrix-Endesa) utilizando carbón fósil en mi pueblo natal. Sin dejar pasar los cientos de manifestaciones que participamos para exigir por la excarcelación de presos políticos y por la libertad de nuestra patria, entre otras tantas causas.

Todas estas experiencias fueron piezas importantes e inspiradoras para mí como investigador de eventos históricos. Comienzo por ubicarme como individuo en un proceso histórico de mi país. Ya fuese como testigo o participante. Durante mis estudios de maestría, me convencí de investigar un poco más el período de 1972 a 1976. En la década del 1970 mi madre comienza sus estudios universitarios en el RUM-UPR en enfermería. El campus mayagüezano, al igual que el resto del país, era parte de un florecimiento de luchas sociales, sindicales, estudiantiles, etc. A partir de esa década mi madre inició su proceso de formación ideológica y su militancia patriótica.

La investigación que realicé tuvo la intención de plantear las movilizaciones y el activismo estudiantil de la zona oeste. Tuve toda la intención de localizar las fuentes primarias y secundarias que incluyeran los vínculos y relaciones entre el obrerismo y el movimiento estudiantil más allá de la zona metropolitana. En resumen, mi identificación como residente boricua de la zona oeste de Puerto Rico fue muy importante al momento de realizar mi investigación historiográfica de las huelgas de 1973 y 1976 en la UPR. En mis escritos sobre el movimiento estudiantil universitario trato de incluir la perspectiva de otros recintos.

 

¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida como estudiante antes y después de su paso por la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor en Puerto Rico hoy?

A mi entender, mis años de militancia en la Fupi del Colegio fueron una enorme experiencia. La redacción de boletines u otros escritos, así como los talleres o conferencias recibidas u ofrecidas, fueron parte integral en mi formación profesional, ideológica y personal. La interacción y camaradería con mis colegas fupistas que estudiaban para diversas profesiones, además provenían de otros pueblos del país me enriquecieron como persona. Hubo casos en que el compañerismo se transformó en amistad que aún perdura. A esto le sumamos los cursos tomados en el bachillerato tales como de redacción y de historiografía. También la interacción fuera del salón de clases con una facultad y un profesorado bien comprometidos con la universidad y con el país. Muchos de estos profesores estaban sindicalmente organizados en la Asociación de Profesores del RUM (Aprum). Hubo varias instancias y momentos en que se crearon puentes de solidaridad entre la Fupi del Colegio y la Aprum, además con los sindicatos universitarios. Con las organizaciones sindicales de la Federación Laborista y la Hermandad de Empleados Exentos No Docentes (HEEND) del Colegio se estrecharon relaciones solidarias con la Fupi. Relaciones de solidaridad que comenzaron a solidificarse en la década de 1970. En mis años como estudiante universitario y participar de acciones conjuntas con profesores y sindicalistas del RUM fui tomando conciencia de que estaba heredando un legado fraternal con la clase trabajadora. Teniendo en cuenta que provengo de una estirpe obrera. Todas estas vivencias como alumno y fupista del Colegio fueron alimentando mi deseo de investigar sobre el surgimiento y cimentación de la solidaridad obrero-estudiantil. Con la publicación del libro pude expresar un poco esa curiosidad que tuve por indagar sobre las relaciones o los vínculos entre clase obrera y movimiento estudiantil en Puerto Rico.

 

¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-investigativo y a la temática ficcional o no del mismo? ¿Cómo ha variado?

He notado que otras personas han publicado o han realizado actividades conmemorativas de gestas de la resistencia estudiantil en la UPR. En días recientes adquirí un libro sobre la huelga estudiantil de 2010-2011 de la UPR. A mediados de 2025 se realizó un acto de conmemoración a la huelga del Cuca (Comité Universitario Contra el Alza) de 2005. Esa fue mi última jornada de lucha universitaria en la que participé antes de graduarme de bachillerato. Me pareció una actividad importante para entender y conectar con la lucha universitaria de 2010-2011. También recientemente hubo actividades recordando los veinte años del asesinato de Filiberto Ojeda Ríos por el FBI en el pueblo de Hormigueros. En aquel año hubo una jornada de manifestaciones y denuncia por parte del estudiantado contra lo que consideramos un asesinato vil y cobarde del imperialismo yanki en Puerto Rico. La diferencia que veo hoy es que la universidad en la que empecé a estudiar no es la misma hoy. La ley Promesa, impuesta por el presidente Obama y su congreso imperial, han acrecentado la desigualdad en nuestro país. La población universitaria ha decrecido en casi 50% si la comparo con la población universitaria de mis años en el Colegio. El daño perpetrado por la ley Promesa contra la universidad pública ha sido real, la junta de control fiscal le arrebató los fondos para su funcionamiento. Las políticas de austeridad impuestas por la junta han saboteado a la UPR. Eso tiene unas implicaciones que afectan el presente y el futuro de la universidad que conocimos, incluyendo la investigación histórica y creación literaria, entre otras tantas disciplinas.

 

¿Qué otros proyectos creativo-investigativos tiene usted pendientes y recientes?

En estos momentos estoy intentando terminar de escribir mi tesis doctoral en Historia. El tema es acerca de las protestas universitarias de inicios de la década de 1990 en la UPR. Este tema lo escogí para mi tesina en el curso de investigación con el profesor (y uno de mis mentores en esta disciplina llamada Historia) Mario Cancel Sepúlveda (QEPD), durante mi bachillerato en el RUM. En los últimos cursos del programa doctoral decidí retomar el tema para de cierta manera proseguir con un hilo conductor entre mi investigación de maestría y el doctorado. Afortunadamente mantuve y guardé muchas de las fuentes primarias que utilicé en mi bachillerato para la tesina.

Unos meses atrás sometí un artículo a una revista académica para su consideración a ser publicado. El escrito fue con motivo de los cincuenta años de los sucesos durante la protesta estudiantil en el campus de Humacao de la UPR en septiembre de 1975. Diez años atrás había publicado un escrito similar en la desparecida página de internet Indymedia. Al cumplirse medio siglo de aquellos eventos decidí revisar y ampliar el ensayo, además de entrevistar a algunas personas que fueron líderes estudiantiles para esa época en Humacao. Sólo espero que a la junta editorial le agrade y acojan mi escrito para que sea publicado.

También mi esposa, Lydimar Garriga, me ha sugerido que revise, reescriba y amplíe mi libro Solidaridad obrero-estudiantil. Confieso que es una idea muy tentadora; sin embargo, la tengo al pendiente por falta de tiempo y tengo asuntos que me toca priorizar. Sin duda alguna, no veo muy lejana la posibilidad de ampliar mi investigación sobre las huelgas de 1973 y 1976. He localizado nuevos documentos y fuentes que no tuve durante mis años en la maestría. Es saludable volver a revisitar los escritos que como investigador redacté. Mis publicaciones no las veo como palabras sagradas que no merecen ser reescritas o ampliadas. Mucho menos son “la historia” del movimiento estudiantil u obrero universitario sino son acercamientos históricos que pueden y deben ser nuevamente investigados con otras perspectivas.

Wilkins Román Samot

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