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Madero para espantapájaros

lunes 31 de agosto de 2026
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XX

Una madera nada entre las olas
Mece su geografía al vaivén del ritmo salado
Casi toca la arena, pero a golpes la regresan
—¿A do vas? —le esputa la espuma,
Rasgando con velos de novia sus costados.
Pudo tal vez ser la mesa
Engalanada para los novios
Pero la vida la arrojó al mar
Y ahora es un triste náufrago.
Cuánto tiempo llevará en el infortunado intento
de arribar a puerto, de arropar su mano.
Una gaviota pósase en su húmedo lomo
Podría ser su novia
Pero levanta el vuelo, desagradecida, por el fugaz descanso.
Barrotes de sal, dejadme
Maldita gaviota que me da quebranto.
Otra vez se acerca a la salvación soñada
Y otra vez la regresan al azul de espanto.
Así voy yo en esta vida
Pendular manicomio de oscilaciones
Templando mi madero para espantapájaros.

 

XXI

Mis venas son los ríos por los que navegas
Pirata de mis razones
Te robas mis pensamientos.
Tu mástil clavado en mi pecho
Empuja y empuja
Y allá voy
Cual barca al viento
Detrás de tus huellas.

Detrás de tus huellas. Tus pasos finos
Tus finas manos me reman
Tu tibia boca me nutre
He de salir de ti para ir a mi encuentro
Pero cómo hacerlo
Si me deshago
Si me destejo y me esparzo sin ti.
Tuyo soy
Mía eres
Mi firmamento.

Una gaviota en tu mano me saluda
Tímida.
Y yo sonrío, sin mirarla
Por temor a que levante el vuelo.

 

XXII

Entre amarillo y azul estás vos
Con esa sonrisa que gravita, en caída libre
Desde la hondura a tu rostro
Y se ilumina
Radiante
De verde.
El verde que todo llena pausadamente
Se precipita
En ti
Sin ninguna mesura o cortejo
Te posee
Te penetra
Y te tornas hoja delicadísima
Transparente clorofila ondeante
Sobre aquel tallo fino
Que se inclina para saludarme.
Entre el amarillo y el azul estás vos
Y nada más me importa.

 

XXIII

Yo sé que la tierra traga la carne que más anhelo
Pero mira que no quiere
Tragarse tantos desvelos
No se traga mi nostalgia
Ni el dolor que llevo
Ni esta soledad que crece silenciosamente dentro
Mala tierra, mal engendro
Verde verdor en que espero
No sé hasta cuándo se puede vivir muriendo por dentro.
Todo viene y todo va a donde yo ni lo espero
La mano al talle serena
El sol pegado en el beso
Y un ala blanca se espanta
De querer lo que yo quiero.

 

XXIV

En silencio reniego de mí
¡Pobre mujer!, pienso, que tiene que soportarme todo el día
Y aun cargar con mis bemoles
Y los cadáveres de mis fantasías.
Así es el amor: todo un sacrificio
En que amontonamos displaceres al lado de la vía
Y nos subimos al tren, eso sí, muy bien vestidos;
Para el festín de la apariencia y la poesía.
También el árbol de las más jugosas frutas
Carga raíces viejas
Y muchas rendijas
En las que alimañas y bichos pueblan las columnas
Leñosas de su vida.
También el mar; hermoso y grave
Tiene en su seno huesos
Y graves asperezas que asustan y asesinan.
También la nube blanca carga sus enigmas
Que pueden, de repente, aniquilar la vida.
No soy ajeno, ni soy ala
Sólo un grupo de células sobreviviendo
Y en lo que extingo me extingo con prisa
Vivo como todos: muriendo.

Miguel Erasmo Zaldívar Carrillo
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