
Los días pasan y ocurren cosas extrañas en este mundo. Sin embargo, la humanidad sigue viva. En estos momentos, los líderes temen iniciar una guerra global porque saben cuál sería el desenlace. Entran en el juego de llamarlo guerra en estado permanente de tregua. Es y no es, como en una pesadilla, que parece una película kafkiana en blanco y negro. Inician un ataque, pero no lo continúan. Sin embargo, es inevitable que el final llegue.
Por otro lado, el Apocalipsis ya fue profetizado hace mucho tiempo. Hace tanto que hasta nos hemos olvidado. Fue predicho en el Libro de Daniel, escrito en un rollo de cuero de cordero, que apareció en el siglo VI a. C. Sucedió durante el cautiverio del pueblo judío en Babilonia. El Libro del Apocalipsis, otra predicción escrita por Juan de Patmos, apareció entre los años 90 y 95 d. C., época en que las legiones romanas llevaban a cabo sus persecuciones y se creía que Dios finalmente preparaba el triunfo final sobre el mal. Teólogos romanos predijeron que la humanidad llegaría a su fin en el año 500 d. C. Sin embargo, al llegar esa mañana soleada, todo transcurrió con mucha placidez, con un sabroso desayuno compuesto por panis siligineus untado con miel, uvas, dátiles y leche de cabra. Luego, sintiéndose muy felices, todos se fueron a caminar por el campo a ver el Apocalipsis, pero éste nunca llegó.
A pesar de esto, todos sabemos que llegará. En el pasado eso no importaba. Ahora es alarmante porque, al verlo en cuenta regresiva, sabemos que con cada día que pasa hay un lapso menor de paz y nos acercamos más a ese final. La solución estaría en establecer una paz permanente. No obstante, la violencia genética que el ser humano lleva en su ADN de doble hélice no permite que nadie esté exento de ofenderse con otra nación por el más insignificante de los motivos. Se vuelve aún más alarmante cuando concluimos que la humanidad es la única especie que ha evolucionado para extinguirse a sí misma y que seremos nuestros propios genocidas.
Sólo nos queda esperar la mañana soleada del Apocalipsis para verla como un espectáculo maravilloso.
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