
La editorial mexicana Almadía ratificó el viernes 6 de noviembre el fallo del I Premio Internacional de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat, concedido al escritor peruano David Silva Rojas por Donde el agua trabaja, tras concluir una revisión sobre las sospechas de que la obra hubiera sido escrita mediante inteligencia artificial. La decisión fue anunciada en un comunicado suscrito también por la Sociedad Ventosa Arrufat y las escritoras Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda, integrantes del jurado.
La controversia surgió el 23 de octubre, cuando el diario español El País publicó un análisis según el cual el detector Pangram atribuía a texto generado por IA el 99% de la novela, como informamos en Letralia 434. Las bases del certamen excluían expresamente las obras escritas total o parcialmente con estas herramientas. El premio, dotado con 20.000 euros, había sido otorgado el 29 de julio entre 2.204 manuscritos procedentes de 22 países.
Silva Rojas negó haber empleado IA generativa en la creación, redacción o revisión de su novela. Almadía inició entonces una investigación y suspendió la gira de presentaciones prevista en España. Según explica ahora, la medida buscaba proteger al autor y evitar que los encuentros con los lectores se convirtieran en interrogatorios.
Para su revisión, la editorial examinó materiales proporcionados por el escritor sobre el proceso de elaboración del libro y mantuvo conversaciones con tecnólogos, abogados y peritos lingüísticos. El comunicado sostiene que el examen no modificó la confianza de Almadía en Silva Rojas. Asimismo, respalda la independencia del jurado, cuya decisión —señala— respondió a criterios literarios.
Los firmantes consideran que los resultados de un detector automatizado no constituyen por sí solos una prueba concluyente de la procedencia de un texto. También cuestionan la cobertura de El País, al entender que no distinguió suficientemente entre indicios y hechos demostrados, y plantean que una disculpa del periódico sería un gesto de respeto hacia los afectados.
El comunicado extiende la discusión a las implicaciones de confiar a empresas del norte global la validación de prácticas de escritura latinoamericanas y advierte del riesgo de que los autores modifiquen su estilo para evitar alertas algorítmicas. “Por nuestra parte, preferimos seguir confiando en el criterio humano”, concluyen los firmantes.
El propio diario El País, cuya cobertura es cuestionada en el comunicado, informó el mismo día 6 sobre la decisión de Almadía en una nota firmada por Andrea Aguilar y Jordi Pérez Colomé. Este último había suscrito, junto con Elizabeth Duval y Kiko Llaneras, el reportaje publicado el 23 de octubre que desencadenó la controversia.
En su nueva información, el periódico destacó que la editorial mantenía el premio sin aportar documentación que permitiera comprobar los resultados de su investigación interna. Almadía respondió que no divulgaría esos materiales y que no tenía motivos para cuestionar la autoría de la novela. La nota de El País no menciona la petición de disculpas que los firmantes del comunicado dirigieron al periódico.
El comunicado
(publicado en el perfil de Almadía en Instagram)
A nuestros lectores y a toda la comunidad del libro:
Queremos agradecer las innumerables muestras de cariño y apoyo que escritores, lectores, libreros y editores nos han ofrecido durante estas semanas. Su respaldo, además de hermoso, ha sido fundamental para el autor y para quienes formamos parte de este premio. Estamos agradecidos también con quienes han pedido prudencia, han formulado preguntas y han defendido la necesidad de examinar los hechos sin convertir la sospecha en condena pública.
Este premio reúne el trabajo y la confianza de muchas personas. Por respeto al autor, a las juradas, a la Sociedad Ventosa Arrufat y a los lectores, Editorial Almadía decidió realizar una revisión de Donde el agua trabaja. Tras concluirla, la editorial reitera su confianza en David Silva Rojas y mantiene el fallo del I Premio Internacional de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat. Quienes suscribimos este comunicado compartimos esa confianza y respaldamos la decisión.
La revisión se llevó a cabo a partir de los materiales aportados por el autor sobre el proceso de escritura de la novela. David mantuvo en todo momento una actitud abierta y disposición para colaborar, atender las preguntas de la editorial y aportar la información solicitada.
Almadía fundamentó su juicio en criterios humanos, a partir del conjunto de la información examinada, su relación con la obra y las distintas conversaciones sostenidas con tecnólogos, abogados y peritos lingüísticos durante el proceso.
El fallo de Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda fue una decisión literaria, tomada a partir de la lectura de las obras que concursaron. Respaldamos ese fallo y reafirmamos la independencia del criterio de las integrantes del jurado.
A lo largo de más de veinte años, Almadía ha construido vínculos que requieren atención, diálogo y confianza. Esa confianza implica un riesgo, pero hace posible el trabajo editorial y nuestra vida en común. Compartimos la convicción de que la relación entre escritores y editores debe conservar esa confianza y no convertirse en una vigilancia permanente.
Entendemos que las dudas sobre una novela premiada tienen interés periodístico y deben examinarse con seriedad. También creemos que los resultados de una herramienta de detección no bastan por sí solos para dar por demostrado cómo se escribió una obra. Cuando está en juego la reputación de alguien, es necesario escuchar a las personas involucradas, dar tiempo para sus respuestas y examinar el conjunto de la información disponible.
Almadía decidió suspender la gira de David en España para protegerlo y evitar que una presentación se convirtiera en un interrogatorio. Una presentación es, ante todo, una celebración y un encuentro alrededor de un libro. Tampoco parecía prudente exponer a quienes iban a acompañarlo a una situación de esa naturaleza.
La cobertura de este caso en uno de los periódicos de mayor alcance en lengua española nos lleva a reflexionar sobre el poder de las palabras y la responsabilidad de quienes las pronunciamos. A nuestro juicio, no siempre se distinguió con suficiente claridad entre una sospecha y un hecho demostrado, y eso tuvo consecuencias para el autor, las juradas y la editorial. La capacidad de amplificar una afirmación exige también cuidado hacia las personas sobre las que se informa. Nos parece importante señalarlo, no para cuestionar el legítimo ejercicio del periodismo, sino porque creemos que reflexionar sobre sus consecuencias es también una forma de ejercer esa responsabilidad. En ese sentido, una disculpa por parte del diario sería, a nuestra manera de verlo, un gesto de respeto y consideración.
Las noticias ya se publicaron y seguimos todos aquí: periodistas, autores, editores, jurados, distribuidores, libreros y lectores. Compartimos un espacio que necesita crítica, preguntas y capacidad de rectificación. Queremos que esta experiencia nos ayude a cuidar ese espacio y los vínculos que lo hacen posible.
Desde nuestra vinculación con la literatura latinoamericana, también nos preguntamos qué implicaciones tiene conceder a empresas del norte global la autoridad para validar nuestras formas de escribir. Nos preocupa que esa autoridad termine condicionando la propia escritura. En 1984, George Orwell puso en boca de Syme esta frase: “Cada año habrá menos palabras y el radio de acción de la conciencia será cada vez más pequeño”. ¿Qué ocurre, entonces, cuando alguien evita una palabra, una cadencia o un procedimiento por temor a ser calificado por una máquina?
No nos interesa convertir esta controversia en una discusión interminable. El uso de la inteligencia artificial como herramienta de detección ha abierto un debate en el mundo editorial. Por nuestra parte, preferimos seguir confiando en el criterio humano.
Sabemos que hoy esta declaración encuentra una atención que probablemente no tendría en otras circunstancias. Nos escuchan porque estamos bajo un reflector que no buscamos. Queremos que esa atención llegue también a nuestros autores y, sobre todo, a sus libros, que dan sentido a este proyecto compartido. Queremos seguir haciendo lo que nos reúne: leer, escribir, editar, publicar y compartir literatura. Acompañar a quienes escriben y propiciar su encuentro con los lectores seguirá siendo el centro de nuestro trabajo.
Editorial Almadía
Sociedad Ventosa Arrufat
Cristina Rivera Garza
Mónica Ojeda
Selva Almada
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