
La editorial mexicana Almadía anunció el viernes 23 de octubre la suspensión de las presentaciones en España de Donde el agua trabaja, del peruano David Silva Rojas, tras la publicación de una investigación del diario El País que señala indicios de uso de inteligencia artificial (IA) en la novela, ganadora del I Premio Internacional de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat. El libro debía presentarse ese mismo día en Madrid y posteriormente en otras ciudades españolas.
El trabajo, firmado por Jordi Pérez Colomé, Elizabeth Duval y Kiko Llaneras, sometió las aproximadamente 26.000 palabras de la obra al detector Pangram, que atribuyó a textos generados mediante IA el 99% del contenido. Los periodistas ampliaron el análisis a materiales relacionados con el autor: el programa clasificó como producido por IA el 97% de sus respuestas en una entrevista publicada por la revista Ulrica y el 80% de un texto sobre el origen de la novela difundido por la Fundación Ventosa Arrufat.
El País advierte, sin embargo, que estos resultados no constituyen una prueba concluyente. Los detectores identifican patrones estadísticos, pueden arrojar falsos positivos y no permiten establecer el grado concreto de intervención humana en la escritura. El periódico recuerda que el estilo de oraciones breves de la novela, que Silva Rojas relaciona con el haikú, podría influir en la clasificación.
La polémica afecta a un galardón convocado por Almadía y la Fundación Ventosa Arrufat, dotado con 20.000 euros y concedido en julio entre 2.204 manuscritos, como informamos en Letralia 431. Su jurado estuvo integrado por Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda. Las bases excluían expresamente las obras escritas total o parcialmente mediante IA. En una actualización publicada por El País el sábado 24 de octubre se informa que Silva Rojas, quien ya se encontraba en España para las presentaciones, habría regresado al Perú sin dar declaraciones.
Los organizadores acababan de convocar la segunda edición del galardón. El plazo de recepción de manuscritos cierra el 22 de diciembre de 2026 y las condiciones reiteran la prohibición del uso de IA, con la descalificación de las obras ante cualquier indicio o sospecha de incumplimiento.
En su comunicado del 23 de octubre, Almadía señaló que Silva Rojas declaró por contrato y personalmente que no había recurrido a estas herramientas. “No tenemos elementos para desconfiar de su palabra”, sostuvo la editorial, que tampoco había advertido señales de ese uso durante la lectura y evaluación del manuscrito. No obstante, anunció una “revisión detallada, sin anticipar conclusiones” y defendió la necesidad de contrastar los resultados de los detectores antes de adoptar decisiones sobre la obra y su autor.
El episodio ocurre dos días después de que la editorial canadiense Boréal rompiera su relación con el escritor haitiano-canadiense Thélyson Orélien, cuya novela C’était ça ou mourir había sido excluida de la selección del premio Goncourt. Tras un examen independiente de versiones del manuscrito, Boréal informó que encontró marcas de IA en metadatos de algunos documentos y resolvió no reimprimir el libro ni publicar nuevas obras del autor.
Duval: la editorial y el jurado fueron víctimas
En un comentario público a la publicación del comunicado en el perfil de la editorial en Instagram, la periodista Elizabeth Duval, que formó parte del equipo de El País que realizó la investigación, manifiesta su opinión de que el jurado del concurso y la editorial “han sido víctimas de un uso espurio de la IA”.
“Los indicios me parecen demasiado claros y no se limitan a la novela: el uso de la IA aparece en publicaciones del autor, en su biografía, en sus respuestas de entrevistas o en sus papers, de forma repetida, y no en porcentajes pequeños o en margen de error”, continúa Duval.
“Es totalmente comprensible que quien no esté familiarizado con la prosa de la IA no lo identifique; la respuesta que el mundo del libro tiene que dar a eso es más cuidado, más precaución”, agrega. “Me encantaría que nos hubiéramos equivocado y que resultaran existir pruebas irrefutables en contra del uso de la IA aquí, pero creo que, como en el caso de Thélyson Orélien, las cosas caerán por su propio peso”.
“Ojalá sirva, en cualquiera de los casos, para abrir una reflexión más profunda sobre la transparencia del uso de la IA en la literatura, sus consecuencias y adónde nos lleva… (y entiendo las críticas a no dejarlo todo a Pangram, pero es que los indicios son demasiados, si no lo fueran jamás se habría llegado a publicar algo así. Lo mismo pasó en las letras francesas con Orélien)”, concluye.
El comunicado de Editorial Almadía
23 de octubre de 2026
A nuestros lectores:
Publicar un libro supone una relación de confianza entre quien escribe, quien edita y quien lee. Esa confianza es la base sobre la que se sostiene Almadía y, por lo tanto, también es nuestro trabajo velar por los compromisos que la hacen posible. Desde el día de ayer hemos recibido comentarios que sugieren el posible uso de inteligencia artificial generativa en la escritura de la novela ganadora del I Premio de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat. Esta situación nos genera desconcierto y abre preguntas que nos planteamos con seriedad.
Desde la apertura de la convocatoria, las bases y el protocolo del premio establecieron la prohibición del uso de inteligencia artificial en la escritura de las obras. Además de firmar y declarar en el contrato que no utilizó estas herramientas, el autor también nos lo aseguró en persona y no tenemos elementos para desconfiar de su palabra.
Durante la lectura de la novela, ni al jurado ni al equipo editorial nos pareció que se hubiera usado IA generativa. Nos acercamos a la obra en su conjunto, atendiendo a su voz, su construcción y los sentidos que abre. Nuestra mirada reúne experiencia, sensibilidad e interpretación, dimensiones que consideramos esenciales en el encuentro con la literatura.
Nuestro trabajo comienza con un encuentro humano entre quien escribe y quien edita. Y en ese encuentro buscamos una mirada, una forma de contar y una experiencia que merezca ser compartida.
La rápida evolución de estas herramientas durante el último año plantea nuevos desafíos para el sector editorial, y también nos lleva a cuestionarnos cuánto de nuestro criterio estamos dispuestos a delegar. La discusión nos enfrenta a preguntas para las que todavía no tenemos respuestas definitivas. Sin embargo, nos preocupa un escenario en el que confiemos a las máquinas la producción de textos y la autoridad definitiva para juzgar su procedencia. Los detectores pueden aportar información, pero sus resultados requieren interpretación y contraste, en especial, cuando están en juego la trayectoria de una persona y la confianza de los lectores.
Consideramos necesario realizar una revisión detallada, sin anticipar conclusiones y con el cuidado que requiere una valoración que puedan afectar a una obra y a su autor. Mientras la llevamos a cabo, suspendemos todas las actividades relacionadas con la presentación del libro en España.
Dedicaremos a esta revisión el tiempo y atención necesarios. La tecnología forma parte de esta discusión, la responsabilidad ante los autores y lectores sigue siendo nuestra.
Fuentes: Editorial Almadía • El País
- “Sin anticipar conclusiones”:
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