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Harry Almela y Hesnor Rivera vuelven a manos de los lectores editados por La Poeteca

viernes 26 de julio de 2019
Harry Almela y Hesnor Rivera
La Poeteca edita Los daños colaterales, de Almela (izquierda), y Gramática del alucinado, de Rivera. Fotografías: Vasco Szinetar • Mauricio González

El próximo martes 30 de julio a las 5 de la tarde serán presentados en La Poeteca, en Caracas, los libros póstumos Gramática del alucinado, de Hesnor Rivera, y Los daños colaterales, de Harry Almela, en un acto que contará con palabras de Milagros Socorro, Valmore Muñoz Arteaga, Alberto Hernández y Graciela Yáñez Vicentini.

La edición de ambos títulos ha sido posible después de que las familias de ambos autores venezolanos confiaran el material a la Fundación La Poeteca, que ha inaugurado con ellos la colección Memorial de su fondo editorial, según explica la institución en nota de prensa.

Ambos títulos están ya disponibles en librerías de Caracas y pronto lo estarán también en Maracaibo, Bogotá (Colombia) y Miami (Estados Unidos).

El complejo proceso de edición de estos libros póstumos requirió consultas a expertos, amigos y parientes de Almela y Rivera, además de una revisión de toda su obra y otros aspectos que son explicados en epílogos y notas al margen de los textos.

Como sello distintivo de la colección Memorial, los libros incluyen un poema en el que cada autor recoge su poética.

En la presentación, la periodista y narradora Milagros Socorro hablará sobre Hesnor Rivera, de quien fue alumna, junto con el escritor e investigador Valmore Muñoz Arteaga, quien intervendrá vía web. Por su parte, Alberto Hernández y Graciela Yáñez Vicentini tendrán a su cargo presentar el poemario de Harry Almela.

Diseñados y montados por Waleska Belisario, los libros contaron con la asistencia editorial y corrección de Graciela Yáñez Vicentini y Franklin Hurtado, bajo la coordinación de la gerente editorial de la Fundación La Poeteca, la poeta Jacqueline Goldberg. Ambos títulos están ya disponibles en librerías de Caracas y pronto lo estarán también en Maracaibo, Bogotá (Colombia) y Miami (Estados Unidos).

 

“Gramática del alucinado”, de Hesnor Rivera

Gramática del alucinado, de Hesnor Rivera

Rivera nació en Maracaibo en 1928 y falleció en la misma ciudad en 2000. Iniciado en 1996, Gramática del alucinado es el último libro en el que trabajó el poeta. Él mismo llegó a mencionar su deseo de que fuese publicado junto a un CD con su voz.

Cuando se creía esa obra extraviada, nunca concluida y hasta producto de la imaginación de sus lectores, apareció entre los archivos que en 2014 la familia del poeta entregó a Muñoz Arteaga y que ahora confían a La Poeteca junto a una selección de poemas también inéditos, escritos entre 1988 y 1999.

En la introducción, el propio Rivera propone la necesidad de que cada quien, sin miramientos académicos, “escriba todos los días su propia Gramática del alucinado, con fantásticos futuros pluscuamperfectos y mágicos presentes indefinidos”.

“En Gramática del alucinado el lenguaje está fundamentado en el amor y sólo en el amor”, explica Valmore Muñoz Arteaga.

Además del poema que plasma la poética de Rivera, el libro incluye textos de Muñoz Arteaga y recuerdos de su hija, Celalba Rivera, quien resalta el doble propósito de esta edición: “Por un lado, seguir difundiendo su obra; por el otro, y esto me gusta más aún, tratar el lenguaje poético y la imagen con los recursos estéticos que él nos puso a disposición una y otra vez en cada poema. Esa es la manera de no olvidarlo”.

Muñoz Arteaga señala que la obra poética de Hesnor Rivera, fundamental integrante del Grupo Apocalipsis, es testimonio de lo que fue una travesía por la vida desde la poesía, porque lo suyo fue vivir poéticamente: “Su obra es la constatación de un imaginario que teje y desteje a Maracaibo, desaparecida por el sol de otros tiempos, para transformarla en una ciudad universal donde se pueden rumiar en secreto túneles hambrientos, naufragios de incendios melancólicos y las aguas de los desastres”.

“En Gramática del alucinado el lenguaje está fundamentado en el amor y sólo en el amor”, continúa Muñoz Arteaga. “El lenguaje respira desde dentro como si se tratara de un cuerpo fragmentado luego de haber hecho el amor y que, casi como artilugio mágico, comenzara a unificarse. Amor que no se dice, amor que se vive”.

Sobre la fundación del grupo Apocalipsis en 1955, el investigador agrega que fue “la imprudencia del amor” lo que llevó a Rivera “a apostar por una propuesta que renovara las letras zulianas”, lo que se concretó con la creación del movimiento junto con los poetas César David Rincón, Ignacio de la Cruz, Atilio Storey Richardson, Miyó Vestrini, Néstor Leal, Laurencio Sánchez Palomares y Régulo Villegas, y los artistas visuales Francisco Paco Hung, Rafael Ulacio Sandoval y Homero Montes.

A decir de Muñoz Arteaga, el grupo Apocalipsis “no sólo debe ser relacionado con un instante determinado dentro de la literatura zuliana, sino también como expresión de un momento muy intenso dentro de las letras venezolanas. Tan intenso que la literatura nacional no volvió a ser la misma, incluso tras su desaparición en 1958”.

 

“Los daños colaterales”, de Harry Almela

Los daños colaterales, de Harry Almela

Almela nació en Caracas en 1953 y falleció en Mariara en 2017. El manuscrito de Los daños colaterales —libro que tenía anteriormente el título Escorados— que se trabajó para esta edición es el que el propio autor enviara a un concurso en España pocas semanas antes de su muerte, y que varios amigos y la familia tenían en su poder.

Ocho poemas de una versión anterior del libro (eliminados por el autor en esta) fueron publicados en el suplemento Papel Literario del diario venezolano El Nacional en julio de 2017. La edición de La Poeteca recoge esos poemas huérfanos en un meticuloso texto de Graciela Yáñez Vicentini.

Con Los daños colaterales Almela “cierra un ciclo, el de su ausencia física, y abre otro, el de su presencia espiritual”, escribe Alberto Hernández.

En uno de los epílogos del libro, Yáñez Vicentini se pregunta “cómo y por qué llegamos de Escorados a Los daños colaterales. Y qué se queda en el medio, qué se queda por fuera, qué se convierte accidentalmente en residuo no deseado de una poda circunstancial mas, quizás —cómo saberlo, a quién preguntarle— no literaria”.

Los daños colaterales ofrece otros epílogos de Alberto Hernández y Antonio López Ortega e incluye el poema que da título al libro y que forma parte del poemario de Almela Silva a las desventuras de la zona sórdida, publicado en 2011.

Como señala Hernández, con este libro, “el último que dejó para que se hiciera testamento, Harry cierra un ciclo, el de su ausencia física, y abre otro, el de su presencia espiritual, porque la poesía seguirá siendo el espíritu vivo de los poetas que dicen morir”.

“Harry siempre estuvo muriendo”, continúa Hernández, “siempre delegó en el tiempo la angustia de ser la agonía del otro, la que le dolía y lo hizo sucumbir. Como todo daño colateral, nuestro autor fue una víctima propiciada desde el odio, desde el discurso del poder contra quien albergaba el deseo de verse en una calle y seguir siendo voz y presencia humana”.

López Ortega, gracias a quien llegó el libro a La Poeteca, da cuenta del reclamo y el dolor del poeta ante nuestra incapacidad como venezolanos para labrarnos otro destino que no sea el de la caída: “Harry se resiente ante esa incapacidad, y sólo le quedan los versos para ensayar un canto coral, por no decir fúnebre”.

“Que su deceso haya acaecido luego de esta escritura doliente es un diseño que nos cuesta creer, pero Harry ha sido auténtico hasta el último de sus gestos”, prosigue López Ortega. “En ello no deja de ser admirable, aunque por ello lo hayamos perdido para siempre. Son estos versos los que lo recuperan para la gloria de la poesía venezolana”.

 

La Poeteca

Creada en 2017, la Fundación La Poeteca es una institución sin fines de lucro que busca promover la lectura, la escritura, el estudio y la reflexión de la poesía. Su sala de lectura alberga más de cinco mil ejemplares de o sobre poesía venezolana e internacional, y cuatro salones donde se realizan talleres, conferencias, homenajes, lecciones magistrales y recitales de poesía. Está ubicada en el piso 2 del edificio Mene Grande II en la avenida Francisco de Miranda de Los Palos Grandes.

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