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Tesis sobre el sexoagenciamiento u orgasmo rizomático

viernes 15 de julio de 2016
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Libro-laberinto
El libro clásico de raíz fija se erige armónico y espiritual, a diferencia del movimiento heterogéneo y anárquico propio del texto metamórfico.

Falópico1 el cuerpo que se entrega en ondas
y construye sobre sí pequeñas ciudades

Toda simbiosis funda zonas de vibración y paroxismo. La realidad es un conjunto inexplorado (o explorado por vías equívocas; por artilugios sin maniobra y alcance); un ente “artificial” remite a otro “natural” constituyendo ilaciones. O muy bien un ente híbrido constituye una zona de circuitos artificionaturales. Para posturas autómatas y antiquiméricas dichas nociones son de poco valor científico, y por lo mismo, sin lógica ni valor pragmático. Pero no deben descartarse resquicios. Entregarse a intensidades filosóficas o a principios aprehensivos permeados por el éxtasis puede que inaugure un túnel oscuro e infinito. En esa aparente infinitud se despliega, dejando ver puntos lumínicos, puertos, caminos, portales hacia otras redes o territorios.

En este orden de alucinaciones, sería aún más osado que un pseudocientífico (lo mismo escritor de ficciones) afirmara en algún suplemento literario (espacio extinguible, trinchera oscuramente maniobrada donde en ocasiones se vacían argumentos huecos) “se pueden extrapolar mundos de la ficción a nuestro mundo empírico,2 es decir, desarticular las leyes que no dejan gravitar el universo de la página para crear facsímiles muy bien logrados, un Macondo por ejemplo, aunque eso de reproducir mundos echaría abajo el verdadero proyecto”. ¿Generaría esta afirmación una suerte de optimismo/escepticismo? Los asesinos vaticinarían su desgracia: “el fin de la ortodoxia homicida por la artesanía prolija de los asesinos literarios”. Bajo este umbral psicodélico (porque también la alucinación y los narcóticos son parte de la escritura) el Tlön borgeano sería ese knockout que desgajaría la faz de los neopragmatistas. La coexistencia no soportaría el orbe, el prisma astronómico, el revés y las posibilidades que fustigarían a los adeptos del mundo terreno. En todo caso no se procura mostrar el lado atroz de las conciencias encapsuladas, sino manifestar que en ocasiones actúan bajo el impulso de vituperar nociones descabelladamente literarias, filosóficas, metafísicas.

La profusión de páginas no equivale a dimensiones. La multiplicidad no se determina en grosores sino en la generación de territorios, referencias, sentidos, tesituras.  

En lo que concierne a esa logicidad intuitiva la tesis de los núcleos ilativos atestigua que en la meseta (lugar de vibraciones o punto Gräfenberg) de los textos se producen mecanismos de conexión y mixtificación: la unión de elementos diversos en forma y contenido, y de esa generación, el nacimiento de híbridas complexiones que superan sobrios e inertes calcos. Al respecto, el texto, objeto escalofriante (para el ojo antilectura) constituye una zona en constante movimiento, unión e inquietud. En un solo evento se interceptan distintos campos que refieren, remiten, procrean con otros cuerpos, otras líneas y ficciones.

Para el texto contemporáneo el mundo parece ser un pretexto, lleva hacia su vórtice parajes externos, referencias, y en ese llevar hacia adentro, cede y prolonga territorios. Así pues, la página se constituye “(…) de materias diversamente formadas, de fechas y de velocidades muy diferentes”.3 Se advierten, considerando las leyes de conexión, dos tipos textuales: texto-raíz y texto-raíz rizomática (o metamórfica). El libro clásico de raíz fija se erige armónico y espiritual, a diferencia del movimiento heterogéneo y anárquico propio del texto metamórfico. El mismo aborta y funda madrigueras, háblese en este sentido de multiplicidad. Al mixtificarse se descentra, deshabilita núcleos fijos. Su desplazamiento desproporciona la unidad para dejar resquicios, romper y expandir montículos.

Por otra parte, la profusión de páginas no equivale a dimensiones. La multiplicidad no se determina en grosores sino en la generación de territorios, referencias, sentidos, tesituras; una página es múltiple porque establece puertos en otras zonas de sentido, pues “no hay imitación ni semejanza sino surgimiento”.4 En la zona generacional se producen fugas. Lo uno se computa en diverso. El texto rizomático se revela ante determinadas mentes, sensibles a la intensidad de la conexión. Por esta razón, el agente se descentra y sitúa en otros órdenes, sacrifica sus órganos para seguir el movimiento, la “(…) circulación de intensidades que impulsa la desterritorialización cada vez más lejos”.5 Frente a un texto de tal propiedad el individuo experimenta una especia de destierro; sopesa y vislumbra parajes ignotos. El sujeto proscrito se comporta, gracias al agenciamiento, rizomáticamente.

El rizoma, el cuerpo, ha de sufrir en su progresividad quiebres, sin embargo, la conexión es progresiva. El circuito rizomático no puede exterminarse, se funda en líneas que interceptan superficies exteriores y generan zonas de paroxismo y procreación; es un modus multidireccional y caótico: desorganiza y reúne, edifica y descentra, así, cualquier punto del cuerpo deleznable es susceptible de interconexión. Bajo este movimiento generativo proliferan piernas y manos (arborescencias). Adviértase lo siguiente, el texto árbol se constituye simétricamente, las líneas no emergen, siguen un orden subterráneo perfecto, los trazos no generan zonas-vórtices sino que se posicionan unos sobre otros sobrepoblando madrigueras. No así el movimiento multidireccional propio de la dimensión rizomática, en ésta “las multiplicidades se definen por el afuera: línea abstracta, línea de fuga o de desterritorialización (…)”.6 En el punto Gräfenberg (meseta) divergen y convergen elementos, el rizoma no cesa de enraizar, no hay límite alguno para el aumento de superficies y subyacencias (sexoagenciamiento).

El texto rizomático es, entonces, “aquél que lo distribuye todo en ese plan de exterioridad, en una sola página, en una misma playa (…)”.7 Es oportuno referir, sin equívocos, que aquel túnel aparentemente infinito (presentado al inicio) con pequeñas luces dispuestas en la superioridad, es mundo pluricelular: oscuridad y luz coexisten; los rastros lumínicos (líneas de fuga) se escapan por las hendiduras. Es entrada y salida, refugio y canal de encuentro; hábitat de humanos, insectos y roedores. Orbe semisubterráneo que se instaura sobre (e ilustra) el inframundo; en él convergen los más diversos factores: humedad, sequía, polvo, luz, oscuridad, hombre, insecto, roedor.

(Lectura que surgió a partir de una conversación con Gilles y Félix entre soleras y polares).

Emiro Colina
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Notas

  1. Falópico: capacidad de adherirse a otros cuerpos silenciosamente, surcando la piel y adaptándose.
  2. Piénsese en este escenario y la conmoción epistemológica que suscitaría.
  3. Deleuze, Gilles, y Félix Guattari (1997): “Rizoma”. En Mil mesetas: capitalismo y esquizofrenia. Pre-Textos. España, p. 10.
  4. Ibíd., p. 16.
  5. Ibíd., p. 16.
  6. Ibíd., p. 14.
  7. Ibíd., p. 15.
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