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Bob Dylan tiene su Nobel: “¡Si se lo dieron a Dylan que se lo den a Tite no es ná…!”

sábado 22 de octubre de 2016
Bob Dylan y Tite Curet Alonso
Bob Dylan y Tite Curet Alonso.

El pasado 13 de octubre el mundillo literario fue tomado por sorpresa. La Academia Sueca anunciaba que otorgaba el Nobel de Literatura 2016 a Robert Allen Zimmerman, mejor conocido como Bob Dylan (Estados Unidos, 1941) por “haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición de la canción americana”. El anuncio del laudo sueco tomó por sorpresa a muchos, entre los que me incluyo. Los Nobel son otorgados en vida de los laureados, bien sea por su actividad pasada o presente, o bien por su actividad pasada y presente. Pero con Dylan la sorpresa vino porque para muchos las letras de sus canciones no son literatura, o porque, tan simple como sencillo, las letras de las canciones de un cantautor no son literatura, son música, y música es música. Pero los suecos nos cambiaron las reglas del juego en pleno juego.

Tite Curet Alonso solía ser un hombre humilde, pero también un negro orgulloso de su sabrosa negrura.

El Nobel en Literatura 2016 a Dylan me recordó a Catalino “Tite” Curet Alonso (Puerto Rico, 1926-2003). Conocí de Curet Alonso por medio de La Lupe, Cheo Feliciano, Ismael Rivera, Rubén Blades, Willie Colón y Héctor Lavoe, entre otros. Reconozco que me gozo su repertorio, pero que soy malísimo bailándolo. También le conocí por ser una de Las 100 caras del milenio (2000), según el diario español ABC. Tal reconocimiento internacional no era para menos, pues don Tite había sido piedra angular en la transformación del son cubano en salsa, más que puertorriqueña, caribeña. Siendo estudiante del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe (Ceaprc), tuve la oportunidad de compartir junto a él y su entonces compañera de ruta, Norma Salazar Rivera (fallecida en 2014). Salazar no sólo estuvo consciente de al lado de qué caballero andaba, sino que hizo de su obra lírica objeto de estudio avanzado.

Doña Norma defendió su tesis de maestría en Artes con concentración en Historia y Estudios Puertorriqueños y del Caribe en 2006, intitulada: Análisis temático de la lírica en las composiciones de Tite Curet Alonso. Entonces, cuando conocí a don Tite, contrario a lo que otros con su trayectoria serían, Curet Alonso solía ser un hombre humilde, pero también un negro orgulloso de su sabrosa negrura. Así lo reflejaba en su diario vestir cuando solía sentarse a tomar la brisa y observar a los niños jugar en un banco de la Plaza de Armas del Viejo San Juan (Puerto Rico). Era mucha la gente que se sorprendía de verlo allí, como siempre, en silencio, sonriente, con su repique por dentro, con su mirada dulce y afable, y, sí, al margen del Estado colonial. En ese mismo banco, luego de su fallecimiento, quedó para todos los visitantes del Viejo San Juan, inmortalizado por su pueblo, el que hizo suyas “las caras lindas de mi gente negra”.

A propósito del Nobel en Literatura concedido a Dylan, compartí la nota que sigue con uno que otro escritor o investigador relacionado con los temas de la historia, la cultura, la música y la literatura puertorriqueña y caribeña. Les comparto la nota, la cual contiene una serie de preguntas, y también sus respuestas. A todos los que me dieron una respuesta, gracias; a quienes en esta ocasión no pudieron darla, será en otra. Seguimos vida, que la muerte es mentira. Los que aceptaron el reto, en esta ocasión, son Daniel Torres Rodríguez, Marioantonio Rosa, Juan Duchesne Winter, José Raúl Gallego González Rodríguez, Héctor Sepúlveda Rodríguez y Juan Otero Garabís.


Si Puerto Rico es salsa, como nos presentó el Estado colonial al mundo en la Feria de Sevilla en 1990, lo es, sobre todo, por la letra de las canciones de Catalino “Tite” Curet Alonso. ¿Por qué no peticionar póstumamente el Nobel en Literatura para don Tite? ¿Por qué no pensar en grande aquel repertorio de caribes que nos dio a conocer como nación antes que como país en todo el mundo? ¿Por qué no ponerle ritmo, sabor y control tropical al Nobel de Literatura con un Belén para don Tite?


Daniel Torres Rodríguez

No sólo el gran Tite Curet Alonso es merecedor del Nobel de Literatura si seguimos los parámetros de la Academia Sueca, sino también lo pudieron ser en su momento Puchi Balseiro, Sylvia Rexach, Rafael Hernández, Pedro Flores y otros poetas compositores boricuas como El Topo. Y salvando todas las distancias, por canciones como “Latinoamérica” de Calle 13. Tite con “La tirana” y “Puro teatro”, inmortalizadas por La Lupe y en el cine español por Pedro Almodóvar, son verdaderos poemas de amor.

 

Marioantonio Rosa

Bob Dylan con su relámpago de décadas ha iniciado la posibilidad; el compositor como poeta de la vida, sus detonantes, su luna psicológica, su circunstancia. ¿Por qué no Tite Curet Alonso? “Marejada feliz, vuelve y pasa por mí, aún yo digo que sí, que todavía pienso en ti…”, grande como poema, grande esa fusión hombre-mar-amor, grande la metáfora del mar, rico de vértigo y el pecho enamorado dispuesto a recibirse, nada que envidiarle a Dylan.

El compositor siempre fue poeta; Agustín Lara dentro de su diadema personal de poesía echaba su “noche tibia y callada de Veracruz, cuento de pescadores, que arrulla el mar” y conquistó el mundo, Tite lo hizo en su himno Caribe, centelleando versos, repicados en tambor, y ritmo sublime, porque en algún lugar más luminoso que el universo, la salsa embulle gloria, alma, pueblo, sentimiento… y Tite, su apóstol…

Tite Curet Alonso es mundo, y con Dylan el culto a la canción no tiene resistencia. ¡Vamos al Nobel con sabor a Caribe!

 

Juan Duchesne Winter

El premio Nobel se otorga a autores con posible impacto mundial. Hay todo tipo de gustos. Algunos son más mundiales, otros son más bien locales o regionales.

Todo eso es relativo. Un autor mundialmente conocido puede impactar poco en la vida de una persona, mientras un autor local le puede cambiar la vida.

Así que lo importante es que te guste a ti, no al jurado de un premio X.

 

José Raúl “Gallego” González Rodríguez

Sin duda alguna que el premio a Dylan abre la posibilidad. La obra musical de Tite (interpretada por la gran mayoría de los exponentes del género de la salsa, o mejor decir: interpretada por los mejores del género, la crème de la crème) es sin duda uno de los catálogos más grandes y exitosos cometido por cualquier algún otro compositor de música tropical (como la catalogan los académicos). Tite plasmó la vida y los contratiempos del corazón humano, creando un universo de historias que jamás caducarán… y que son precisamente eso: historias universales. Ya Matos Paoli tuvo su turno al bate… no tengo dudas de que si a Tite lo colocaran en la alineación… y le tocase algún día consumir su turno al bate… la saca del parque (tomando en cuenta siempre los milagros y misterios de un jurado en Estocolmo y sus criterios). Antes de esto y después de todo, no importa si alguna mañana de esas en Noruega… en el futuro; claro está: un jurado decide darle el Nobel a Tite. Yo pienso en Tite y en el monstruo de su obra, y sin que me quede ná’ por dentro: ¡si se lo dieron a Dylan que se lo den a Tite no es ná..! (es cool el eslogan de Puerto Rico es salsa… but si more tan that).

 

Héctor Sepúlveda Rodríguez

Hace unos veinte años o algo así, Marcelino Canino decía que había canciones más poéticas que muchos poemas y, por tanto, había compositores más poetas que muchos poetas. Me sorprendió esa aseveración de un literato y crítico respetado como Canino y me interesé por repensar el proceso creativo del poeta vis a vis con el del compositor. Claro, no sin dejar de lado el objetivo final que se persigue de ambos creadores y los públicos a los cuales se dirigen. Además, cómo esos textos de ambos creadores llegan a ser apropiados por las mayorías, de manera que su consumo les convierten en iconos de la cotidianidad. Me parece que el compositor tiene una ventaja porque sospecho que su proceso creativo tiene como objetivo principal la presentación de su obra ante el público y sus gustos y por tanto no escoge crear en la soledad íntima de las metáforas o sus malabares lingüísticos en los que crea el poeta. Pienso más o menos en lo que piensas. Tite Curet fue mucho más poeta que muchos de nosotros y sus letras fueron apropiadas, más que las de cualesquiera de los poetas que hemos tenido, desde Vidarte hasta Corretjer. Y, en última instancia, eso es lo que inmortaliza a la poesía y sus bardos; la apropiación que hacen las culturas populares de sus textos.

 

Juan Otero Garabís

¿Un Nobel para Tite? Para ser sincero, me importan poco los premios Nobel. No porque tenga objeciones de las intenciones, ni porque tendría que pasar juicio sobre ciertos premios de economía y de la paz que han otorgado, sino porque para mí como ciudadano colonial, caribeño y latinoamericano, no me interesa la idea de necesitar, mucho menos peticionar, reconocimientos europeos. Es simple, el Nobel se lo dieron a García Márquez, pero no a Borges, y quién es ese grupo de la Academia para establecer la distinción. Catalino Curet Alonso, como Bob Dylan y muchos otros, no necesita premios de las academias que intentan lavar su centenario clasismo, racismo, etc. Más que abogar por que se le reconozca en Suecia, a Tite hay que darlo a conocer a la juventud en Puerto Rico y el Caribe. Escuchar sus canciones, leer sus columnas y entrevistas, integrarlo a los currículos escolares y universitarios, ese es el mejor Belén con que se le puede honrar.

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Comentarios (2)

Esto me parece un grave error. El género de la canción es un género híbrido entre literatura y música. No es ni una ni la otra. Esa periferalidad es lo que distingue a los géneroes híbridos de sus géneros matrices y es lo que los hace interesantes. Es un error garrafal de parte de la Academia Sueca haber abierto el Nobel de Literatura a cantautores. La canciones de Dylan no son poesía. Son canciones. Hay estriba su grandioso mérito. No en la literatura. Mientras la Academia se revestía de mantos inclusivos que nunca ha mostrado, escritores de la talla de Ursula K Leguin, Neil Gaiman, Haruki Murakami y Edwidge Dandicat, escritores con gran capacidad de arribo en su literatura y con grandes preocupaciones universales sobre el futuro y el destino de la humanidad, con grandes obras y trayectorias, se quedaron sin la posibilidad de un premio, que no es otra cosa que el reconocimiento de una labor bien hecha. Lo siento, pero esto es moda, “hipstería”, el derroche de miembros de la Academia que todavía son hippies.

Por otro lado, hay quienes invocan el premio de Tagore como prueba más allá de toda duda razonable de que la Academia Sueca ya le ha dado el premio a músicos anteriormente. Un estudio cauteloso de la vida de Tagore revela que no era solo músico, sino también literato. De hecho, Tagore fue un hombre “renacentista”, en el sentido de que sabía y podía hacer de todo, en tiempos en que el afán por las especializaciones y especialidades profesionales apenas comenzaba a surgir. En fin, Tagore fue, más que nada, un folclorista, y su premio se lo dieron por ello. ¿Qué es Dylan, sino un gran músico, un gran cantante, un gran compositor, pero no un escritor? Tagore siempre tuvo la literatura en mente. Siempre tuvo la producción literaria como norte. Se le premió por eso. ¿Qué propósito literario ha tenido Dylan? Ninguno. Sus preocupaciones nuna han sido literarias, sino musicales. Sus propósitos de vida han sido musicales. Aun sus libros, sus crónicas, todo ha girado en torno a un norte musical, nunca literario. Digo yo… se le puede exprimir alguno que otro significado literario a sus canciones, pero eso no las hace poesía. Tener significado literario no equivale a ser literatura en ningún foro.

Toda esta discusión de la exclusividad y la inclusividad se ha aceptado sin problematizarse lo suficiente. Hay exclusividades buenas e inclusivades peligrosas. Hay exclusividades justas e inclusividades injustas. Lo más triste es ver académicos respetables montándose en esta guagua a todas luces híspter de gran contenido melancólico.

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*géneros
*Ahí estriba
*sus preocupaciones nunca

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