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Hablemos, de Octavio Santana Surez

Cuentos cortos para tiempos cortos
(Brevísima antología del cuento atómico)

• Martes 19 de febrero de 2019
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Cuentos cortos para tiempos cortos (brevísima antología del cuento atómico), por Carlos Alberto Agudelo Arcila

Los cuentos son historia, mito, ficción, y como tal existen para ser leídos durante cierto tiempo, ya sea a través de una página, en algunos folios, en volúmenes extensos. En este género tradicional acaecen diversas ramificaciones, las cuales, por su contenido, por el punto marginado en el espacio, por el destino en que intervienen sus personajes, por el tiempo paralelo a la realidad, por su misión incierta, por su infraestructura, por su matiz, por su explosiva coexistencia, van teniendo nombre muy personal, al grado de parecer distantes unas de otras, hasta vérsele como si fuese un nuevo arquetipo de la narración nutrido de cánones propios. Especie de autorrevitalización, ramas de aparente inconexión al encarnar su esencia genuina en supuesta nueva bibliografía. Hablo de una heterogénea perspectiva del cuento, como si esta supuesta dilatación fuese una ficción más, sin serlo.

Entre estas subdivisiones existe el cuento corto o también llamado minicuento, relato corto, cuasicuentos, hiperbreves, microficciones, cuentos mínimos, relatos bonsái, textículos, relatos pigmeos, relatos vertiginosos (lo utilizó Lauro Zavala como título de uno de sus libros), ficciones súbitas, cuentos alígeros, cuento fantástico y muchos otros nombres de hermoso relieve, dados según el gusto de sus estudiosos, quienes son artífices de una historiografía subjetiva del arte de escribir narraciones breves. Cabe anotar que a esta literatura vanguardista tratan de abatirla con críticas destructivas, males intencionados con una mofa hiriente hacia el “prosista” del cuento breve. Se sindica a estos audaces de la brevedad de ser incapaces de ejercer la imaginación al circunscribir la palabra en contadas líneas, de pereza mental. Los anteriores sarcasmos se rebaten con el pronunciamiento de Julio Cortázar, uno de los mayores exponentes de la teoría del cuento, maestro del mismo, cuando “comparaba al cuento con una esfera; es algo, decía, que tiene un ciclo perfecto e implacable; algo que empieza y termina satisfactoriamente como la esfera en que ninguna molécula puede estar fuera de sus límites precisos”. Esta reflexión es aplicable en la minificción en relación con el cuento extenso, en el haikú —poesía de diecisiete sílabas— respecto al poema largo, el aforismo en proporción al ensayo, etc. En conclusión, un cuento no tiene valor de cuento por el solo hecho de ser narrado en episodios inacabables, aburridos, inconsistentes, merecedores de ser lanzados al olvido. En este caso, el auténtico cuento es indiscutible, penetra, recrea, desentraña, se afirma en el vértigo o se mimetiza de cualquier circunstancia. De forma categórica el cuento debe cumplir con la premisa de ser cuento, así de sencillo, de narrar y dejarnos con el asombro a cuestas, no importa si se blinda de extensión o brevedad. Es absurdo y deplorable observar cómo el desdén contra tan extraordinaria escritura promueve la no lectura del microrrelato.

El escritor, poeta, ensayista, editor, fotógrafo y cuentista calarqueño Umberto Senegal, en sus constantes indagaciones, propone una nueva naturaleza del cuento y con acierto instituye el nombre de cuento atómico. En uno de sus apartes sobre esta tesis manifiesta: “El cuento atómico es invitación a leerse a sí mismo en la página en blanco”.

Defino el cuento atómico como una minificción que tiene de cero a veinte palabras, sin cuantificar las del título, capaces de evocar, enfocar, visualizar y describir una situación determinada con personajes directos o indirectos, identificables en espacios y tiempos definidos. En ocasiones, al cuento atómico se le puede encontrar introducción, nudo y desenlace sintéticos, sin que tales elementos sean necesariamente visibles para la estructura del mismo. Aquí está la esencia del principio dramático de “las tres unidades”: un hecho, en un lugar limitado, con un número restringido de personajes.

En otro de sus apartes, en relación con esta teoría, prosigue:

El cuento atómico es siempre minificción y ésta se caracteriza por su extrema brevedad y la presencia de ironía literaria, todo lo cual propicia una estructura paradójica y una relectura cuidadosa. Algunos de los nombres aplicados al minicuento pueden ajustarse al cuento atómico: brevicuento, cuento diminuto, microcuento, cuento en miniatura, nanocuento, cuento instantáneo, relato microscópico, texto ultrabrevísimo, o ficción de segundos, entre otros, todos con igual capacidad de evocación…

 

Muestra de cuentos atómicos

De Ernest Hemingway

Vendo zapatos de bebé, sin usar.

 

De Albert Camus

Compraventa

En un barecito, una sinfonola anula las conversaciones. Para tener cinco minutos de silencio hay que echarle cinco centavos.

 

De Franz Kafka

El destino

Una jaula salió en busca de un pájaro.

 

De Jorge Julio Echeverri Botero

Otoño

Sobre el escaño del parque, una hoja seca-yo.

 

De Rafael Courtoisie

La fiera

Un rebaño de lobos acechado por un único, terrible cordero.

 

De Edmundo Valadés

Sueño

Sentada ante mí con las piernas entreabiertas, columbro la vía para cumplir mi sueño de cosmonauta: arribar a Venus.

 

De Georg Christoph Lichtenberg

No sólo no creía en fantasmas, sino que ni siquiera los temía.

Cuando la helada de la muerte cubra de escarcha mis mejillas.

 

De Ana María Shua

¡Huyamos!

¡Huyamos, los cazadores de letras están aquí!

 

De Bibiana Bernal

Descontinuado

Después de comprar la cabeza, brazos, piernas, el tronco y los órganos, al fantasma le fue imposible comprar la vida.

 

De Francisco Garzón Céspedes

Armonía

El picor de su ala lo rascó con su mano.

 

De Aníbal Trespalacios Villa

Brindis

El bebedor incorregible alzó la copa y dijo:

—¡Me voy a tomar el último! —vació la copa y cayó muerto.

 

De Antonio Skármeta

Desnudo en el tejado

¿Y qué pretendes?

¿Que viva desnudo en el tejado?

 

De Luis Vidales

Superciencia

Por medio de los microscopios los microbios observan a los sabios.

 

De Julio Torri

Don

Un hada le concedió el don de abrir cualquier diccionario justamente en la página donde se hallaba la palabra buscada.

 

De Tomás Arauz

El sueño de la virgen

Cuando dijo “sí”, tendida en el pasto, descubrió que soñaba; pero era demasiado tarde.

 

De Carlos Alberto Castrillón

Visor

Aturdido por la feroz matanza, se llevó las manos a la cabeza y no tenía cabeza.

 

De Triunfo Arciniegas

Pequeños cuerpos

Los niños entraron a la casa, destrozaron las jaulas. La mujer encontró cuerpos muertos y enloqueció. Los pájaros no regresaron.

 

De Juan José Arreola

Cuento de horror

La mujer que amé se ha convertido en fantasma: yo soy el lugar de las apariciones.

 

De Rodrigo Argüello

Cuento de hadas

La mujer que amo se me convirtió en hada: me hace el amor todas las mañanas.

 

Cuento policíaco

La mujer que busco me busca desesperada: soy el culpable de todos sus crímenes y pecados.

 

De Hernán Lavín Cerda

El miedo

Nadie anda detrás de mí, pero corre. Nadie que ahora se abalanza.

 

De Juan Eduardo Cirlot

Sueño 1

Una ciudad se derrite lentamente como carcomida por un incendio.

 

Sueño 2

No me interesa la otra vida, dije, puesto que en ella también hay suplicios y verdugos.

 

De Agustín Monsreal

Reencarnación

¡Carajo, otra vez perro!

 

De Anatole France

Desfiguración

Se había puesto tan horroroso que, pasándose la mano por la cara, sintió su fealdad.

 

De Augusto Monterroso

El dinosaurio

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

 

Historia fantástica

Contar la historia del día en que el fin del mundo se suspendió por mal tiempo.

 

Fecundidad

Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando esta línea.

 

De Ángel Olgoso

Monstruo

“¡Eres un monstruo!”, le gritó ella. Él asintió con lo que parecía su cabeza.

 

De Max Aub

Crímenes ejemplares

I

La hendí de abajo arriba, como si fuese una res, porque miraba indiferente al techo mientras hacía el amor.

 

II

Lo maté en sueños y luego no pude hacer nada hasta que lo despaché de verdad. Sin remedio.

 

III

¿Usted no ha matado nunca a nadie por aburrimiento, por no saber qué hacer? Es divertido.

 

IV

De mí no se ríe nadie. Por lo menos ese ya no.

 

V

Lo maté por no darle un disgusto.

 

De Iván Adamovic

Anuncio por palabras

¿Y si fueras tú el androide? ¡Piénsalo un poco!

 

De José Emilio Pacheco

Tentador

Dijo el demonio al cielo: —No me tientes.

 

Infernalia

Anoche no soñé. Despierto, comprendí que estaba en el infierno y ustedes eran los demonios.

 

Cuento de espantos

Violó la cripta a medianoche. Halló su propio cadáver en el sarcófago.

 

De Fredric Brown

Llamada

El último hombre sobre la Tierra está sentado a solas en una habitación. Llaman a la puerta.

 

De Vladimir Nabokov

Botánica y paternidad

¿Ese que está bajo un olmo es tu padre?

—No es un olmo, es un roble —contestó Ada.

 

De William Ospina

Amenazas

—Te devoraré —dijo la pantera.

—Peor para ti —dijo la espada.

 

De César Vallejo

Despierto

Conozco un hombre que dormía con sus brazos. Un día se los amputaron y quedó despierto para siempre.

 

Pasó

Le vi pasar tan rápido, que no le vi.

 

De Gabriel Jiménez Emán

Sin título

Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello.

 

De Arturo Pérez Reverte

Cruce

Cruzaba la calle cuando comprendió que no le importaba llegar al otro lado.

 

Enrique Vila-Matas

Molestia

Sentí una molestia muscular, era la quinta vez que yo nacía.

 

De Cuca Canals

E-mail

http://www.AnayCarlosSeConocieronPorInternet.EstánAtrapadosEnEl@mor.hothothotmail.Fin//

 

De Umberto Senegal

Guillotina

Entre la cesta su sonrisa adquirió más fuerza.

 

Vanidad

La mujer, en avanzado estado de descomposición, se quedó otros minutos frente al espejo.

 

Licantropía

“¿Ves esa monja orinando?”.

“¡Sí!”.

“En realidad, es el hombre lobo”.

 

Sorpresa

“¿Encontraron los regalos?”.

“Sólo el tiburón y la mano izquierda de papá”.

 

Teoría

“Dios creó el universo porque no soportaba el desorden dentro de Sí”, dijo el filósofo, vomitando sobre la audiencia.

 

De Carlos Alberto Agudelo Arcila

Nieve

Todo lo blanco, para el vampiro, es tan triste…

 

En…

Fantasmas dando discursos de inauguración en las ruinas del Coliseo.

 

El terrorista

Al decomisarle una realidad, le sentenciaron a la guillotina en la dictadura de la fantasía.

 

Realidad

Soñé que cuando desperté, el dinosaurio todavía estaba allí. En realidad, cuando desperté, el dinosaurio todavía estaba allí.

 

Se ve…

El fantasma come en el estanque mendrugo de luna blanca. Se ve pálido, como la niña temerosa al verlo alimentarse.

 

De Claudio de Castro S.

Ballenas

Querido lector. No busques más. Esto es todo. Deberás imaginar a las ballenas. Ese es el cuento.

 

Esta sinopsis no pretende ser un estudio profundo del minicuento ni del cuento atómico. Existen especialistas de esta materia los cuales tienen años de disertaciones, de reflexión indiscutible, de elementos de juicio concluyentes, a quienes debo respeto y admiración. Para mí, la literatura es lúdica, juego con la noche, con el aire, con la manzana, con la palabra, alucino y escribo el agua, bebo la escritura, en fin, sólo invito a leer cuentos cortos en tiempos cortos, para entrar a recrear nuestros sentidos después de la hora exacta de un siglo cualquiera…

Carlos Alberto Agudelo Arcila

Carlos Alberto Agudelo Arcila

Escritor colombiano (Caicedonia, Valle del Cauca, 1956). Ha publicado los libros de aforismos Antidiario (1988) y Desentrañismos (2003) y los poemarios ¿De qué color es el azul? (2007), Perros metafóricos (2008) y Usos de la noche (2017). Textos suyos han sido recogidos en diversas antologías. Ha dirigido varias revistas literarias, como Cascadas de Polvo, Prosa Resoluta, Andarina, Floresía y Kanora. Ganó el Concurso Departamental de Poesía Comfamiliar. Tallerista literario y conferencista en educación superior, básica, media y primaria. Fue integrante del comité organizador del Tercer Encuentro Nacional de Escritores por la Paz, realizado en Caicedonia Valle, y gestor del Encuentro Nacional Luis Vidales, sede Caicedonia.
Fotografía del autor: Cristian Gil Masso
Carlos Alberto Agudelo Arcila

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