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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

El cura de Dolores

• Martes 2 de abril de 2019
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Miguel Hidalgo y Costilla
Miguel Hidalgo y Costilla era un intelectual, un ilustrado de formación jesuita.

La historia oficial retrata a Hidalgo como Padre de la Patria, ser impoluto carente de defectos. Ésta lo glorifica. El surgimiento de México como Estado-nación, a principios del siglo XIX, no se entiende sin Hidalgo. La contrahistoria habla del mujeriego y jugador; exhibe al Hidalgo que no hizo nada mientras la turba asesinaba españoles. No olvidemos que los peninsulares ejercieron la violencia durante tres siglos, torturaron y decapitaron a miles de novohispanos. La contrahistoria pretende minimizar su importancia frente a Allende, Aldama, Jiménez y el general Arias. La historia lo moraliza. ¿Por qué, si era parte de la estructura católica, tuvo hijos? ¿Por qué jugaba a las cartas y bebía vino? La historia puede ser reaccionaria y ultraconservadora. Me parece más pertinente cuestionar: ¿qué pasó con la Iglesia Católica que antes generaba revolucionarios y hoy produce violadores de niños?

Hidalgo y Costilla fue precursor de la teología de la liberación, durante el siglo XIX. Con eso nos quedamos sus herederos, sus descendientes.

Los descendientes de Hidalgo, pertenecientes a la quinta y sexta generación, preferimos la visión de la historia cultural. Miguel Hidalgo y Costilla era un intelectual, un ilustrado de formación jesuita, un genio-loco amante de los toros que se metió en la historia. Hidalgo practicaba teatro, pintura, música y poesía; hablaba, leía y escribía en francés, latín, castellano y náhuatl. Hidalgo era un hombre de teatro, con todas las implicaciones revolucionarias que esto conlleva, e inversionista en plantaciones de morera y sus poblaciones de gusano de seda. Hidalgo trabajó en beneficio de indígenas del norte de Guanajuato. La perfección de cura es problema de la historia oficial. Hidalgo no necesita de ella para justificar su existencia. Fue clérigo católico, artista, políglota y empresario.

Ayudó en la mejora económica de los residentes del pueblo de Dolores. Aquí estableció la Escuela de Artes y Oficios. Este recinto educativo ofrecía talleres de alfarería, trabajo en talavera, producción de olivos, carpintería, herrería, curtiduría, talabartería, cultivo de la vid y apicultura. Mandó traer abejas de La Habana para echar andar su proyecto apícola y encaminó la fabricación de vino en el norte de Guanajuato. También creó una orquesta en la que se desempeñó como solista-violinista. Seamos justos, Hidalgo y Costilla fue precursor de la teología de la liberación, durante el siglo XIX. Con eso nos quedamos sus herederos, sus descendientes. Nosotros preferimos al Hidalgo imperfecto, al intelectual, al liberal, al revolucionario, al loco. Más allá de los libros de texto, Hidalgo es un personaje fascinante.

Aunque el chuchumbé data del siglo XVII, se popularizó durante la primera etapa de la Revolución de Independencia, encabezada por Hidalgo y Costilla, a principios del XIX. El chuchumbé, considerado “danza de negros”, fue prohibido por la Inquisición. Recuperada por Hidalgo y sus huestes, la melodía fue enarbolada por los independentistas como referente musical, por su naturaleza transgresora. El movimiento independentista de principios del siglo XIX es fundamental para estudiar el “son jarocho” que Miguel Alemán Valdés mediatizó en la primera mitad del siglo XX. La música de negros fue, igualmente, promovida por Morelos y Pavón, en la segunda etapa de la Revolución de Independencia. Recordemos que Morelos era un hombre de raza negra. Además de son jarocho, el romance —cuyo origen está en Andalucía, España— también formó parte del escenario musical independentista.

Entre los descendientes de Hidalgo encontramos normalistas, abogados, presidentes municipales, empresarios, historiadores y miembros del Sistema Nacional de Investigadores.

Descendientes de Miguel Hidalgo somos bastantes. Los hay en Estados Unidos, en Chihuahua, en Guadalajara, en Irapuato y en Pénjamo. En Jalisco se encuentra la familia de Carina Hidalgo y Costilla, mientras que en Pénjamo y en Irapuato viven los Arias. Arias es un apellido de origen germano, vinculado a Galicia, España, desde la época medieval; cuenta con su escudo de armas y guarda estrecha relación con las arias de ópera. No sorprende que los Arias en América Latina sean muy cercanos a la práctica musical. Para profundizar en el tema, recomiendo leer El síndrome de la nostalgia, libro editado en diciembre del 2014.

José Arias Bribiesca es el patriarca de la familia Arias de Pénjamo. Hombre culto, hablante del inglés y el francés. Durante la primera mitad del siglo XX vivió en Detroit, Estados Unidos. El Dueto Hermanas Arias y Las Alteñitas Hermanas Arias fueron un par de proyectos de música mexicana que llenaron escenarios nacionales y que grabaron para sellos importantes como CBS. Hoy radican en la Ciudad de México y en Irapuato, Guanajuato. Entre los descendientes de Hidalgo encontramos normalistas, abogados, presidentes municipales, empresarios, historiadores y miembros del Sistema Nacional de Investigadores.

Luis Omar Montoya Arias

Investigador mexicano (Irapuato, Guanajuato, 1982). Es licenciado en historia por la Universidad de Guanajuato y tiene una maestría en historia en la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Sus textos publicados antes de 2015
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Luis Omar Montoya Arias

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