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Reivindicación del renegado, Juan Goytisolo…

• Jueves 13 de febrero de 2020
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Juan Goytisolo
Goytisolo, el mejor renegado español en mucho tiempo.

Hablamos de Goytisolo sin tapujos, vamos, de ese escritor que, según algunos, dicen que odiaba a su patria y a su gente y que siempre escribió de su país y de sus paisanos, como en Campos de Níjar (1960), que señaló y criticó el atraso secular y premeditado de su país, la explotación del campesino en manos de sus caciques, que retrató la época gris y opresiva que le tocó vivir a él y a su gente en Coto vedado (1985), En los reinos de taifa (1986) y Memorias (2002). Ese escritor que reprueba tanto la sociedad en la que vive y la civilización en la que nació que no dudó en poner su pluma y su talento al servicio del derribo de los mitos del nacionalcatolicismo español imperante, castrador, monopolizador de conciencias, que rescató del olvido a Américo Castro y su concepción de la historia de España como una amalgama de diferentes culturas o tradiciones en contraposición a esa otra historia menendez-pidalista de descendientes de godos reconquistadores en lo que lo moro y lo judío apenas fue una anécdota o más bien una pesadilla. Ese escritor que partiendo de lo aprendido de Américo Castro se internó en el legado histórico-cultural de esa otra España oculta, proscrita, supuestamente antagónica en libros como Reivindicación del conde don Julián (1970) o la maravillosa Makbara (1980). Ese escritor que rescató también del olvido a otros heterodoxos como José María Blanco White que ya en su tiempo fueron tachados, también, de malos españoles, por cuestionar las supuestas esencias nacionalcatólicas de la España oficial (no consta que White recibiera cheque alguno de manos del bien nutrido Fernando VII…). Ese escritor que desde su exilio parisino y su trabajo en la famosa e influyente editorial Gallimard ayudó a dar a conocer a buena parte de los escritores españoles de su época, que les ofreció una ventana al mundo, que se acercó a la América con la que compartimos idioma y una larga historia en común como un deudo y no como un conquistador, Pueblo en marcha. Tierras de Manzanillo. Instantáneas de un viaje a Cuba (1962). Ese escritor que lejos de cerrarse entre los muros de su patria, como era y acaso es tradición entre los españoles de su oficio, también utilizó su pluma tanto para escribir en español de otros mundos como para dar a conocer lo español a otros. Ese escritor que siempre había tenido España en la cabeza y al que reprocharon en su momento que se atreviera a aceptar el mayor galardón de las letras de su patria, cómo se atrevió a recibirlo siendo como fue a los ojos de aquellos a los que su literatura molestaba por ir a contracorriente, a los que sus críticas irritaban por desmitificadora, a los que no soportaban sus fobias —ay, ay, con la Iglesia hemos vuelto a topar…— y, esto acaso lo peor de todos, a los que avergonzaban sus filias. Ni más ni menos que el prototipo eterno y perfecto del mal español, un renegado de los pies a la cabeza. Suerte que ese escritor también vivía en Marruecos, esto es, a lo renegado clásico, puro cervantino, entre moros como antiguamente tantos otros enemigos de España, y por eso se permitían criticarlo con su razón, esto es, porque defendía, una vez más a contracorriente, la marroquinidad del Sahara (pecado, pecado, el pájaro que caga en su propio nido ni siquiera era perfecto a los ojos de la progresía patria, no era ideológicamente inmaculado, es decir, no pasaba el test del perfecto progre en chaqueta de pana por muy en desacuerdo que sigamos estando con él en este asunto). Por eso, y también por participar en la vida cultural de aquel país extraño, enemigo secular, que como vivía lejos entre la morisma y no nos llegaba, o más hacían como que no, sus críticas al déspota alauita, bien que tibias o medidas. Goytisolo el vendido al moro, porque sí, aunque aquella no fuera su guerra. Vaya por Dios, sería cosa de la edad, vivía muy cómodo entre los muros de su mansión marrakechí y así cualquiera se puede permitir hacer caso omiso de su apoyo a los movimientos que reclaman democracia y libertad en aquel país. No hablemos ya de su apoyo a la tibia primavera árabe que duró lo que las margaritas en el prado. En fin, y encima se llevó el cheque del Cervantes, un cheque castellano viejo, nacionalcatólico, para pagar unidades de destino en lo universal o por estilo. Goytisolo, el mejor renegado español en mucho tiempo, y eso, en un país tan de verdades como puños por decreto y sumido en un eterno ensimismamiento histórico, siempre es de agradecer.

Txema Arinas

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