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Recordando a Antonio Machado

martes 25 de febrero de 2020
Antonio Machado
Tierra de su España era el gran tesoro que Machado llevó al exilio.

A las cuatro de la tarde del 22 de febrero de 1939 falleció Antonio Machado, mientras huía de la Guerra Civil española. Tres días duró el último de los viajes del poeta desde que tuvo que salir de Madrid a finales de 1936, hasta el día de su muerte.

La guerra había transformado a Machado, que sentía un impulso impostergable de escribir, de decir cosas y denunciar.

Llegó aniquilado de guerra a la frontera, prófugo de las bombas, los aviones y las metralletas. Unos cuantos kilómetros más allá de su España, en la pequeña población de Colliure, Francia, comenzó a gastar los días que le iban quedando de vida.

En la pensión de Bougnal, donde la señora Quintana lo dejó en la menos modesta de sus habitaciones junto a su madre, doña Ana Ruiz, Antonio Machado alcanzó a sugerir que pagaría su cuenta con un poema si se lo recibían, pues no tenía ni una peseta.

Ese, su último viaje, se había iniciado dos años y medio antes, a finales del 36, cuando a su casa de Madrid, ubicada en la calle de General Arrando 4, llegó otro grande de la literatura española, Rafael Alberti, a pedirle, a rogarle que se marchara porque los nacionalistas habían comenzado a sitiar la ciudad, y pronto empezarían los bombardeos.

La guerra había transformado a Machado, que sentía un impulso impostergable de escribir, de decir cosas y denunciar. Así, tocado y herido por el horror que veía y escuchaba, le escribió un poema a Federico García Lorca, brutalmente asesinado un año antes.

Se le vio, caminando entre fusiles, por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos,
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
sangre en la frente y plomo en las entrañas.
…Que fue en Granada el crimen
¿Sabed? ¡pobre Granada! En su Granada.

Tierra de su España era su gran tesoro que llevó al exilio y la guardaba en una caja de madera para ser enterrado con ella.

Ici repose Antonio Machado mort en exil le 22 Février 1939”. Esto se lee en la sencilla lápida donde descansa el poeta en Colliure.

A continuación quiero compartir con los lectores un poema de mi autoría con el que obtuviera una mención de honor en febrero de 1999, en el Premio Internacional de Poesía Antonio Machado organizado por dicha fundación en la ciudad de Colliure, Francia:

Poemario a Antonio

Antonio, tu poesía de honda calidad
representa el lirismo del 98.
Tu Sevilla natal
te da la inspiración castellana.
Hombre de vida silenciosa,
bueno y cordial,
tu poesía sincera, sobria y varonil.
Íntima sin halago retórico.

Tu poesía, grave y reflexiva.
No busca perfección externa,
sino sinceridad y emoción.

Vate luminoso y profundo,
la filosofía se presenta en tu poesía
también el ser popular
con sus proverbios y decires.

Tu pluma abrió caminos,
navegó y atracó inspirada
escuchó niños cantar
y hombres trabajar.

Cantaban los niños canciones ingenuas,
de penas y amores.
Con lágrimas viejas
y sonrisas nuevas.

Soñaste caminos…
con verdes pinos y
polvorientos encinos…
Sin amor y con pasión
herido con una espina
tu hermoso corazón.

Tu corazón aguarda
a la amada no vista
en la noche amiga
a la amada mentirosa
que sabía tu secreto.

Las flores de abril
en el balcón florido
mostraban a las hermanas
cosían, hilaban.

Una pequeñita, otra más crecida,
la rueca hilaba.
La mayor lloraba,
en la tarde clara te enseñó las lágrimas.

Las lágrimas de una España
que sufrió, la España Republicana,
de la cual fuiste símbolo
e inspiración.

Las moscas, golosas, vulgares,
voraces, pertinaces, divertidas,
perseguidas, revoltosas,
amigas viejas, como mujeres, amigas…

Tres cantares enviaste
en 1913 a Unamuno.
Decías: la vida te cansa.
Es una eterna búsqueda.

Por todas partes te busco
sin encontrarte jamás,
y en todas partes te encuentro
sólo por irte a buscar.

No perseguiste gloria
pero sí la obtuviste,
dejaste en la memoria de los hombres,
tu poesía y tu canción.

El hombre contemporáneo
sacraliza tu oración:
De diez cabezas, nueve
embisten y una piensa.

Antonio, hiciste camino al andar,
y cuando llegó tu partida
te encontraste ligero de equipaje,
casi desnudo, como buen hijo del mar.

Washington Daniel Gorosito Pérez
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