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Mario Benedetti encontró el paraíso en Celaya, México

viernes 30 de octubre de 2020
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Mario Benedetti
Benedetti viajó en 1967 a México para participar en el II Congreso Latinoamericano de Escritores. Fotografía: Elisa Cabot

Celaya es una hermosa ciudad del Bajío mexicano, ubicada en la meseta central del país. Su nombre viene del momento de su fundación, en que se le denominó Villa de la Purísima Concepción de Zalaya.

Este nombre en vasco significa “tierra llana”. Nacida por mandamiento virreinal expedido en una fecha emblemática, un 12 de octubre de 1570, ha sido parte importante de la historia de México.

Durante la lucha por la independencia, sus calles vieron marchar, encabezadas por el líder Miguel Hidalgo el 21 de septiembre de 1810, a las tropas insurgentes.

Posteriormente, durante la Revolución Mexicana, del 13 al 15 de abril de 1915, esta tierra vio librarse la denominada Batalla de Celaya, en la que el general Álvaro Obregón triunfó sobre las tropas comandadas por el “Centauro del Norte”, me refiero a Pancho Villa.

En las últimas cuatro décadas del pasado siglo XX empieza a desarrollarse, ocupando un lugar destacado en el área industrial, ganadera, agrícola y artesanal; además se transforma en un centro universitario de importancia en la región.

Ciudad donde nace un dulce típico del estado de Guanajuato, la “cajeta”, palabra que será el centro de nuestra historia. Se elabora con la mezcla de leche de vaca y cabra, y se puede degustar de diferentes sabores, como vainilla, nuez, coco o quemada.

En el Río de la Plata, región del continente americano de donde provienen los protagonistas de esta anécdota, a este dulce se le conoce como dulce de leche y la paternidad del mismo es una discusión permanente entre los pueblos hermanos de Uruguay y Argentina.

Corría el año 1967 cuando Mario Benedetti y Juan Carlos Onetti viajan a tierras mexicanas a participar en el II Congreso Latinoamericano de Escritores.

El periodista Enrique R. Soriano Valencia, quien escribe en el periódico El Correo de Guanajuato la columna “Chispitas del lenguaje”, dio a conocer una anécdota sobre la estancia de Benedetti y Onetti en México y la cajeta de Celaya.

La misma se la trasmitió en una entrevista don Gregorio Salvador, quien en ese momento era vicedirector de la Real Academia Española de la Lengua.

Comentaba el lingüista que el idioma unía a más de cuatrocientos millones de hispanohablantes y precisaba que, salvo pequeñas diferencias, casi siempre caen en lo gracioso, prácticamente no variaba el idioma español de país a país.

Ahí tiene el caso de la palabra cajeta, dulce típico de una ciudad de Guanajuato en México. Le voy a comentar una anécdota. Cajeta es una palabra absolutamente impronunciable en Uruguay, Argentina y otros países de esa zona.

Cajeta en esos sitios es el órgano sexual femenino, pero dicho con la mayor crudeza. Pues bien, viajando por México (…) llegaron a Celaya Mario Benedetti y Juan Carlos Onetti.

Ahí se toparon con grandes rótulos en su caminata por las calles celayenses, que anunciaban las más ricas cajetas, las más deliciosas cajetas del mundo, las más dulces cajetas. Admirados, los dos escritores uruguayos, boquiabiertos, contemplaban el desenfado para anunciar tan libremente una palabra censurada en su tierra.

Benedetti entonces tomó la iniciativa y se acercó discretamente a su compatriota y en voz baja le dijo:

“Yo aquí me quedo a vivir para siempre, ¡esto es el paraíso!”.

Washington Daniel Gorosito Pérez
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