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De algunas mujeres infames

martes 16 de febrero de 2021
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“Despot Housewives”, serie documental dirigida por Joel Soler
La serie documental Despot Housewives, dirigida por Joel Soler, retrata a las cónyuges de algunos de los tiranos que han gobernado en el mundo.

En la historia de la humanidad, por desdicha abundan los dictadores que han reprimido, torturado, asesinado y robado a millones de personas de distintos pueblos. Despot Housewives (Las esposas de los dictadores) es una serie documental de seis capítulos de origen francés y dirigida por Joel Soler que, como su nombre lo indica, retrata a muchas cónyuges de estos tiranos. La idea es interesante pues, generalmente, quienes reciben la atención mediática suelen ser los déspotas que depredan una nación, pero casi nunca sus consortes, y en esta ocasión es al revés, el primer plano lo obtienen todas estas mujeres que —para bien o para mal— se han unido a semejantes sátrapas. Pero antes de describir a algunas de estas féminas que nos muestra la serie, y ofrecer unas breves reflexiones al respecto, sería pertinente preguntarse por qué una mujer puede verse atraída por estos autócratas.

 

A ciertas mujeres les atraen los chicos provocadores, indisciplinados y desconsiderados.

¿Por qué una chica se casa con un dictador?

Por supuesto, lo primero que habría contestar ante esta pregunta es algo obvio: nadie lo sabe. Por allí hay una película de Netflix llamada Historia de un matrimonio (Marriage Story, 2019, dirigida por Noah Baumbach) que, otra vez como su nombre lo dice, cuenta la historia de una pareja desde que se conoce y se casa, hasta que se acaba separando, y que plantea la sugestiva tesis de que una pareja se casa sin tener claras las razones de ese acto, pero también se divorcia sin tampoco tener claras las razones de este otro acto. Es decir, debe haber matrimonios en donde son claras las razones de por qué se unieron y por qué se alejaron, pero también debe ser legión el número de casorios donde nunca se sabe por qué la pareja se unió y luego por qué se desunió. Esta película es curiosa porque allí se propone la tesis de que matrimonio y divorcio es algo casi tan inevitable como nacer y morir, y ante lo cual la voluntad de los contrayentes juega un menor papel de lo que se piensa. Así pues, si un matrimonio entre dos personas comunes y corrientes siempre tiene causas inexplicables (al menos algunas), con mayor razón si te casas con un tirano.

Por otra parte, también es evidente que en algunos casos la razón para que una mujer se case con un déspota es tan sencilla como que a ella la obligaron, y ese caso se ve en la serie, por ejemplo, en algunas de las mujeres de Bokassa o en la segunda esposa de Pol Pot. Pero entonces, si exceptuamos a estas mujeres que fueron forzadas a un himeneo, ¿por qué hay otras que lo hacen voluntariamente?

En psicología hace rato se ha planteado que las mujeres que conforman una pareja con sujetos malvados a menudo no lo hacen a pesar de que ellos son malvados, sino justamente porque son malvados. Es decir, a ciertas mujeres les atraen los chicos provocadores, indisciplinados y desconsiderados. Cierto estudio hablaba de que existían mujeres a quienes las excitan mucho los machos que componen la “tríada oscura”, o sea aquellos tipos que son sociópatas, maquiavélicos y narcisistas. Otro estudio revelaba que los individuos sociópatas tenían un encanto especial que desleía a ciertas chicas. Otro más hablaba de la hibristofilia, una peculiar parafilia donde las mujeres se sienten atraídas sexualmente y se enamoran de sujetos peligrosos y violentos (y aclaremos aquí que la hibristofilia también ocurre desde ciertos hombres hacia mujeres peligrosas). Se ha teorizado acerca de por qué ocurren estas atracciones y se ha dicho que para algunas mujeres, los hombres que ofrecen relaciones calmadas son aburridos y que, consciente o inconscientemente, ciertas chicas buscan chicos malos porque ellos ofrecen un carrusel de emociones constante, al lado de ellos es imposible aburrirse pues siempre hay una montaña rusa de euforias y depresiones, de subidas y bajadas de ánimo. También se ha dicho (y esto lo defienden los psicólogos evolutivos) que los sujetos de la “tríada oscura” son hipermachos y que ciertas damas por eso mismo se sienten muy protegidas a su lado. Incluso se ha propuesto que cuando una doncella coquetea a estos tipos con exceso de testosterona, sin darse cuenta lo único que quiere es su semen, pero no su compañía, pues de una posible unión sexual podría nacer una progenie fuerte y vigorosa que tendría más posibilidades de tener éxito evolutivo. Recuerdo incluso que algún autor propone que entre los humanos uno siempre busca como pareja a sujetos con rasgos conductuales y de personalidad parecidos a los de uno, y que entonces, las muchachas que buscan muchachos malos es porque ellas mismas ya son malas antes de conocer a estos muchachos.

 

Los tipos de esposas de los dictadores

A mi modo de ver, las consortes de tiranos que presenta la serie que menciono son de tres tipos: las bobas o que se hacen las bobas, las resueltamente maquiavélicas, y las víctimas. Veamos los ejemplos de cada una de estas clases.

 

Bobas o que se hacen las bobas

Estas son mujeres ambiguas; ante los crímenes de sus maridos simplemente los niegan y, después de hablar con ellas, el espectador queda con la duda de si eran tan bobas como para no darse cuenta de los crímenes del consorte o son solamente señoras que han optado por fingir que son bobas para así librarse de sus responsabilidades en el asunto (y en ese caso, su bobería sería una forma de astucia).

El primer caso es el de Madina Amín, la viuda de Idi Amín, el dictador de Uganda en la década de 1970. Cuando es entrevistada, esta ex bailarina niega que su ex esposo haya cometido algún crimen y dice que las fechorías que se le atribuyen a Idi Amín no pasan de ser rumores. Lo que más sorprende es que cuando le preguntan por los delitos de su ex, ella contesta con una amplia sonrisa que lo pone a uno a pensar si esta mujer es estúpida, cínica o las dos cosas. Es evidente que esta fémina, a pesar de todas las pruebas que incriminan al sujeto en cuestión, sigue idolatrándolo, es claro que no dimensiona lo que hizo su marido o no desea hacerlo. Cuando la entrevista finaliza, uno se queda pensando si esta señora es boba o se hace la boba, si es cómplice o no de su ex esposo; lo cierto es que uno no puede decidirse por una de las dos alternativas. En todo caso, salta a la vista que aquí hay un particular disfraz usado por el mal: el mal disfrazado de bobería, ya sea que esa bobería sea auténtica o simulada.

La impunidad y tranquilidad de Lucía Pinochet es otra demostración de que —contrario a lo que dicen los medios— el crimen sí paga.

Otro caso en esta línea es el de Nancy Doe, ex esposa de Samuel Doe, el dictador de Liberia en la década de 1980. Igual que Madina Amín, Nancy no admite que se llame dictador a su cónyuge y afirma, contra toda evidencia, que él fue un buen gobernante. Otra vez al concluir la entrevista el espectador queda sumido en la misma duda que en el caso Madina: ¿esta mujer es incurablemente lela? ¿Simula ser lela? Otra vez llama la atención cómo el mal, voluntaria o involuntariamente, se pone la careta de la tontería.

El tercer caso es el de Lucía Pinochet, esposa de Augusto Pinochet, el dictador chileno. Tras la apariencia de una señora añosa, inofensiva y risueña se esconde una persona que presionó a Pinochet para derrocar a Allende y que apoyó resueltamente la tiranía de su marido. Ella afirma que con sus fundaciones contribuyó a empoderar a la mujer chilena, pero olvida mencionar que su postura frente a la mujer de su país siempre fue ultraconservadora, tanto que ni siquiera aceptaba como válida la anticoncepción. Lucía fue declarada culpable de fraude fiscal y malversación de fondos en el 2007, pero de nuevo, cuando se le pregunta sobre el asunto, asevera que nunca supo de qué la acusaban. A lo largo de la entrevista deja claro que el amor a su macho está por encima del amor a la verdad. Dos aspectos me llaman la atención de esta historia, uno es que tras su fachada de abuelita normal bien puede estarse escondiendo una mujer demoníaca, pero esa duda nunca es resuelta. La otra es que al momento de realización del documental (2015) de nada han servido acusaciones y procesos en su contra pues se dedica a vivir plácidamente de una pensión que le asegura el Estado chileno. La impunidad y tranquilidad de Lucía Pinochet es otra demostración de que —contrario a lo que dicen los medios— el crimen sí paga.

El cuarto caso en este grupo es el de Agathe Habyarimana, primera dama de Ruanda de 1973 a 1994 y esposa del dictador Juvénal Habyarimana. De Agathe se dice que fue una de las promotoras del genocidio de los tutsis en 1994, que era líder del clan que cometió las masacres, que ayudó a elaborar las listas de los tutsis que fueron asesinados, que teniendo el poder no hizo nada para detener el genocidio. En la entrevista manifiesta que ella era una simple ama de casa que nada sabía de política y que por eso todo ocurrió a sus espaldas (y aquí uno recuerda a cierto ex presidente colombiano); asimismo se señala que aunque ha sido llevada a tribunales, nunca se le ha podido comprobar ninguna complicidad en los crímenes. Al finalizar la charla, uno se pregunta cómo es posible compartir cobijas con un dictador y no saber nada de los delitos que éste comete, uno tiene la sensación de que, tras la apariencia de anciana que no mata una mosca, bien podría estarse ocultando algo más siniestro. Se reitera la moraleja de que el mal también puede tener la cara de una pobre viejecita.

En general, en este grupo de esposas uno se encuentra con damas que o son ciegas o quieren hacerse pasar por ciegas. Malvadas discretas y bien educadas, ancianas malas que no se han dado cuenta de que son malas o que lo son de una manera tiernamente sutil.

 

Las maquiavélicas

Aquí encontramos mujeres que fueron dictadoras al lado de los dictadores, auténticas codictadoras. La mayoría fueron militantes políticas, no advenedizas metidas en la política. Ellas fueron casi siempre tan represivas como el cónyuge represor, chicas maquiavélicas a quienes les gustaban chicos maquiavélicos.

Tal vez la más tenebrosa fue Jiang Qing, la esposa de Mao Zedong y primera dama de China de 1943 a 1976. Ella era una actriz de cine que se casó varias veces y fue amante de varios sujetos con poder en el partido comunista chino hasta que logró seducir a Mao. De allí en adelante su poder fue pavoroso y los historiadores estiman que pudo haber instigado la muerte de tres millones de chinos. Tras la muerte de Mao fue detenida, sometida a juicio y condenada a cadena perpetua, pero sin duda, con esas cifras a cuestas, es la mujer que más ha ocasionado muertes en la historia (o al menos, una de las que más).

Un segundo ejemplo es Nexhmije Hoxha, esposa de Enver Hoxha, el dictador de Albania entre 1945 y 1991. Hoxha fue un típico autócrata estalinista, y su consorte, mientras ese gobierno duró, no sólo apoyó los crímenes de su marido, sino que persiguió disidentes, propició encarcelamientos y llenó de terror a todo el país. Tras la muerte de su esposo estuvo en la cárcel cinco años por un motivo baladí (comprar demasiado café a costa del erario). De esta fanática totalitaria llaman la atención tres cosas: que durante la entrevista asevera que ella fue una suerte de Teresa de Calcuta para Albania, que no muestra ningún arrepentimiento por sus delitos y que su apariencia de dulce abuelita es difícil de encajar con la realidad de que fue una bruja.

Por su parte, Leila Trabelsi fue la primera dama del dictador Ben Alí de Túnez entre 1992 y 2011. Su esposo fue famoso por el modo en que saqueó el erario tunecino, pero ella no se quedó atrás; durante el gobierno de su cónyuge, Leila se apoderó de manera ilícita de muchos activos económicos de su país y en su época su poder generaba miedo entre la población. Tras la caída de la dictadura en 2011, aunque fue condenada en su país, ella logró huir a Arabia Saudí, donde lleva una existencia tranquila e impune. Tristemente, Leila Trabelsi otra vez es una demostración de que el crimen sí paga.

Grace Mugabe pasó a la historia de la infamia por sus lujos y despilfarros en medio de un país donde la gente moría de hambre.

En la lista sigue Simone Gbagbo, consorte del dictador Laurent Gbagbo, quien sometió a Costa de Marfil entre el 2000 y el 2011. Simone fue militante política, diputada y vicepresidenta del congreso, y durante su “época de gloria” no sólo instigó la represión política junto a Laurent, sino que se dice que ella misma dirigió escuadrones de la muerte. Tras la caída de su esposo, queda en arresto domiciliario y luego fue condenada a veinte años de cárcel.

Tenemos también aquí a Grace Mugabe, primera dama de Robert Mugabe en Zimbabue entre 1996 y 2017. Grace Mugabe pasó a la historia de la infamia por sus lujos y despilfarros en medio de un país donde la gente moría de hambre, por haberse apropiado indebidamente de innumerables riquezas de su nación, porque exigía que la llamaran “doctora” porque alguna vez se matriculó un tiempo en una universidad y porque su foto gigante obligatoriamente debía aparecer en los autobuses de su país. Una mujer frívola que le sacó jugo a su belleza para saquear a un país y subyugar a una nación.

Otra que supo capitalizar su belleza física fue Dewi Sukarno, la esposa japonesa de Sukarno, el dictador de Indonesia depuesto en la década de 1960. Sukarno la conoció mientras ella trabajaba en un club nocturno japonés, se casó con ella y se la llevó a Indonesia. Tras la muerte de su marido, Dewi se dedicó a ser una figura del jet set. En la entrevista ella afirma —como todas estas mujeres— que su consorte fue un alma de Dios y que —otra vez un rasgo repetido— ella fue como la madre Teresa de Calcuta, pero esta vez para Indonesia. Claramente se advierte su arrogancia y su propensión autoritaria y antidemocrática. Al verla y escucharla, uno no sabe si reír por el delirio en que vive o llorar por su incurable frivolidad y estupidez.

También en la sección de las que le sacan ganancias a su belleza aparece Michèle Duvalier, la esposa de Jean-Claude Duvalier, el dictador haitiano conocido como Bebé Doc. En su época de gobierno, Michèle contribuyó al robo de dineros públicos que ejecutaba su esposo y exhibió la más tremenda opulencia en medio de un país que se moría de hambre. En 1986 los Duvalier cayeron y fueron al exilio, pero Michèle se las arregló para escapar a Francia y allí vivir de manera impune y tranquila. Un ejemplo más de que el crimen sí paga.

Mencionemos de igual modo a Imelda Marcos, la esposa de Ferdinand Marcos y primera dama de Filipinas de 1966 a 1986. Esta ex reina de belleza también ocupó cargos políticos durante la dictadura y se dedicó a dilapidar dineros públicos mientras su pueblo a duras penas sobrevivía. En la entrevista se revela un personaje ridículo y megalómano que cree que el fin de la Guerra Fría comenzó el día que ella visitó a Mao Zedong en China en 1974. Tras la caída de su marido, Imelda ha demostrado gran habilidad para emplear todo tipo de argucias legales a fin de permanecer impune (muy parecido a cierto ex presidente que tenemos acá). El hecho es que, en la actualidad, ella permanece sin castigo y sin mayores problemas en la vida, demostrando —otra más— que el crimen sí paga.

En esta categoría de codictadoras, la serie Despot Housewives muestra otras lumbreras semejantes a las que aquí señalamos, pero por el momento no enumeremos más. Con las mencionadas hasta ahora, queda clara la categoría de maldad de la cual estas féminas son prototipo.

 

Las víctimas de sus esposos

En esta clase de mujeres podríamos referir aquellas que, hasta que se allegue nueva información que demuestre lo contrario, tienen toda la apariencia de haber sido víctimas o instrumentos de los tiranos con quienes acabaron emparejadas.

La primera es Sajida Husein, una de las esposas de Sadam Husein en Irak. Es cierto que esta ama de casa puso a algunos familiares suyos en cargos públicos durante los tiempos de la dictadura, pero su historia revela que ella se quedó junto a su marido por miedo y no por amor. Igual su devoción a Sadam no le sirvió de mucho, pues éste asesinó a familiares de Sajida y a ella no le quedó otra opción que morderse la lengua y no decir nada. Tras la caída del dictador, Sajida debió contemplar la muerte de dos de sus hijos y de uno de sus nietos, amén de la del mismo Sadam. Después de ello, acabó exiliada en Qatar.

La segunda mujer a referir es Mea Son, quien fue también la segunda esposa de Pol Pot en Camboya después de que la primera esposa de este tirano acabó demente y Pol Pot se divorciara de ella. Mea sólo era una cocinera de veintidós años que por avatares de la vida terminó casándose con Pol Pot, pero que nunca fue más allá de ser una inofensiva ama de casa. En 1998, cuando Pol Pot muere, Mea y la hija que tuvo con el dictador quedan desamparadas y entonces un antiguo ex funcionario de Pol Pot, llamado Tep Khunnal, se divorcia de su esposa para poder casarse con Mea y protegerlos a ella y a su hijo. La verdad es que Mea luce como una mujer sumisa e ignorante utilizada por el dictador, y lo chocante es que Tep Khunnal abandonó a la mujer que amaba (su primera esposa) sólo para cumplir su deber para con la familia de Pol Pot. En esta historia uno no sabe si al proceder así, Tep Khunnal fue un ser misericordioso o un cretino (probablemente las dos cosas).

 

Sería muy interesante que se hiciera una versión latinoamericana de Despot Housewives donde pudiéramos conocer las esposas de los presidentes latinoamericanos más destacados.

A modo de conclusión

Despot Housewives es una colección de malvadas que van desde las que tienen una apariencia anodina (las bobas o que se hacen las bobas) hasta las abiertamente comprometidas con el mal (las maquiavélicas). Particularmente, las primeras encajan como ejemplos de lo que Hannah Arendt llamó “la banalidad del mal”, es decir, sujetos comunes y corrientes que cometían crímenes espantosos sin sentirse culpables, sujetos que únicamente obedecen órdenes sin jamás cuestionarse si el sistema en que están insertos es maligno o no. Las bobas o que se hacen las bobas son señoras comunes y corrientes que se limitaron a acompañar a criminales sin nunca cuestionarse si ellos eran decentes o éticos, y así ellas pecaron por omisión. Las maquiavélicas, en cambio, pecaron por acción, por proponerse de manera deliberada esquilmar y eliminar a seres humanos. Estén en una categoría o en otra, estas mujeres de algún modo confirman esa vieja teoría de la psicología social a la que ya aludimos en un principio, según la cual uno escoge como pareja a alguien con rasgos semejantes de personalidad. Además, salta a la vista que, de modo patente o subrepticio, cuando percibieron hacia dónde iban sus consortes y cuáles eran los métodos por ellos empleados, sin mayores reatos de conciencia decidieron que serían sus cómplices. En particular, a mí me llamó la atención un caso que se cuenta en el último capítulo de la serie, el de Nadezhda Alilúyeva, la esposa de Stalin, el dictador ruso. Según la serie, cuando Nadezhda se dio cuenta de los crímenes que su esposo estaba cometiendo y percibió también que ella era incapaz de detener esa barbarie, ella optó por suicidarse. Es cierto que existen otras teorías sobre la muerte de Nadezhda y que incluso se ha dicho que su muerte no tuvo que ver con el descubrimiento de los crímenes cometidos por su marido, pero lo cierto es que no deja de ser plausible que la mujer del tirano ruso se haya quitado la vida como un modo extremo de mostrar dignidad y que no era cómplice del criminal con quien se había casado. Si la historia de Nadezhda Alilúyeva es verdadera, esta mujer se constituye en un ejemplo para las demás mujeres de dictadores, tiranos y de criminales en general. No es cierto que todos los suicidios sean condenables; si algunas de las mujeres de los autócratas de esta serie se hubieran suicidado, no sólo hubieran demostrado su decencia sino que tal vez —si de verdad Dios existe y en verdad es misericordioso—hasta cabría la posibilidad de que se hubieran ganado el Cielo. Quién sabe.

 

Post scriptum

Sería muy interesante que se hiciera una versión latinoamericana de Despot Housewives donde pudiéramos conocer las esposas de los presidentes latinoamericanos más destacados. También sería provechoso que se hiciera una serie sobre las cónyuges de la mayoría de ineptos que han sido presidentes de Colombia. Creo que nos llevaríamos más de una sorpresa.

 

Referencias

  • Soler, J. (2015). Despot Housewives [serie de televisión]. Francia: Day for Night Productions.
Campo Ricardo Burgos López
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