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Reloj solar en Marte y reloj digital cuneiforme

domingo 13 de junio de 2021
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Reloj de sol Mastcam-Z del rover Perseverance
El reloj de sol Mastcam-Z del rover Perseverance Mars de la Nasa, con muestras de calibración y el lema “Dos mundos, un comienzo”.

Un antiguo reloj solar para medir el tiempo en Marte nos transporta a los recientes logros de la ciencia y la tecnología en una misión espacial y un reloj digital con signos cuneiformes nos traslada de Mesopotamia, cuna de la civilización, hasta las epopeyas primigenias de la humanidad. En uno las cifras de las ciencias, en el otro la armonía de las humanidades. Medir el tiempo y espacio es una tarea humana incesante pues ambos constituyen las coordenadas que reacomodan las percepciones y los raciocinios.

El 18 de febrero 2021 la Nasa informa que el rover o vehículo espacial Perseverance arribó al suelo de Marte. La imagen muestra un robot sobre un desierto y una semana después el mundo contempló por televisión e Internet varias imágenes de esa misión espacial; entre ellas, un reloj solar que permite seguir y medir el recorrido del sol sobre las arenas y rocas de Marte. Pensé, el astro sol sigue iluminando las búsquedas y aventuras emprendidas desde la Tierra.

Justo dos meses después la Nasa informa otros datos sobre las mediciones del tiempo marciano, registro que en Nueva York, Berlín o Tokio siguen muchos individuos por celular cual incansable obsesión. Después de siete días continuos de medición, las trasmisiones espaciales del rover en Marte indican que allí el orto solar comienza entre las 6:02 y 6:05 am, que la temperatura oscila de -22ºC a -84ºC en las cercanías del cráter Jezero, y las ráfagas de viento marcan unos 35,4 kilómetros por hora. A mediados de abril nuevos datos colman los portales de la Web. La estación medioambiental a bordo del rover comenzó a emitir informes meteorológicos del planeta rojo y, gracias a los telescopios en la Tierra y los satélites de telecomunicaciones, los científicos y tecnólogos tienen una mejor y mayor comprensión del clima en un año marciano, que son dos años terrestres. Esa estación examina el aire, las temperaturas, los flujos de calor y polvo, la intensidad de la radiación solar y la formación de nubes y vientos locales, todo un enorme y novedoso conjunto de mediciones que podrían influir en la escogencia de las condiciones atmosféricas para los vuelos del minihelicóptero Ingenuity. Ciertamente, en abril la Nasa avanza otro peldaño y difunde otro hito tecnológico que abre amplias y nuevas opciones, porque mediante una caja adosada al rover se logró captar aire y procesar oxígeno respirable para futuros astronautas, un primer paso para convertir el dióxido de carbono en oxígeno; más aún, se anda otro peldaño más, pues el proceso de separar y obtener oxígeno acarrea mejoras muy útiles para la propulsión de cohetes en futuros lanzamientos hasta 2030.

Sorprende que las horas diurnas en Marte se registren al seguir las sombras del sol tal como en la antigüedad lo hicieron los astrónomos babilonios y los sacerdotes en Egipto.

Se cumple una vez más, respecto al conocimiento científico-tecnológico, una marcha inexorable que tras treinta años de trabajo académico solía explicar a mis alumnos en la cátedra de Historia de la Ciencia y Tecnología con breves frases… los primeros granos o toneladas del trigo cosechado, refinado, van a la propia molienda; léase, aquí y ahora, los laboratorios de la Nasa.

Asombra que por primera vez se logre colocar un reloj solar en un planeta y se utilice un reloj elemental de hace unos cuatro mil años creado por los egipcios y conformado por dos simples elementos, una base con signos o escalas y un indicador o medidor. Sorprende que las horas diurnas en Marte se registren al seguir las sombras del sol tal como en la antigüedad lo hicieron los astrónomos babilonios y los sacerdotes en Egipto, donde un reloj similar estaba a cargo de un sacerdote observador de esas sombras en el templo de Horus.

Reloj de sol egipcio, 1579 a.C.
Reloj de sol egipcio, 1579 a.C. Fue encontrado en el Valle de los Reyes, en las cercanías de Luxor.

Parece cuestión de sentido común seguir la sombra del cuerpo humano, un árbol, un palo o un obelisco, si bien es necesaria la observación de los astros para llegar a la invención y el uso del reloj de sol. En el antiguo Egipto era un dispositivo que proyectaba las sombras del recorrido diario del sol, que ajustaba la percepción visual con los tramos marcados por una vara o gnomon. La invención del reloj tendría una secuencia combinada de percepción, medición y registros. En todas las civilizaciones conocidas, el primer criterio para medir el tiempo refiere la observación del espacio estelar, la aparición periódica y/o constante de las estrellas, el seguimiento del orto y ocaso solar, los movimientos astrales, los solsticios y equinoccios y los cambios ambientales al paso cíclico de las estaciones. Marte desde el alba de los tiempos era visible a ojo desnudo y era observado y seguido por su color rojo característico, de manera que fue identificado con el dios Marte o Ares en la mitología grecorromana. Nuestras referencias a las mitologías son luces guías de aproximación a tiempos y regiones en las que el mito oral era la única fuente de conocimiento.

El reciente evento del robot con un reloj solar en Marte evoca otro hecho histórico: nos referimos al mayor reloj solar construido, un obelisco ubicado en el Campo de Marte, en la antigua Roma; medía la sombra proyectada por el sol mediante ese monumento erigido en honor al emperador Augusto, y de ese gran reloj solar Plinio el Viejo dejó una exacta y bella descripción en su Historia natural.

Tenemos pues dos relojes solares que vienen marcando hitos, ambos construidos con miles de años de distancia, uno que aún está en pie en el centro de Roma y otro recién colocado sobre las arenas desérticas del planeta rojo. Pareciera que la diosa Fortuna, tan venerada por los antiguos griegos y romanos, se decanta por los asuntos de Marte como mito, dios y planeta. Sin embargo, hay una medida interna no métrica del tiempo y es nuestra memoria apegada al cuerpo. Un distinguido escritor dice: “Nunca dejaremos de pensar en el tiempo desde nuestro cuerpo porque nos vemos y envejecemos cada día como mortales”.

Reloj digital con números cuneiformes
Reloj digital con números cuneiformes.

La escritura nos hizo humanos, nos diferenció de otros seres vivos. La primera escritura se denomina cuneiforme y se trata de signos trazados sobre tabletas de arcilla cocida, recién halladas en el Medio Oriente durante las excavaciones arqueológicas iniciadas en el siglo XIX.

Por Internet conocemos un hermoso reloj digital portátil de muñeca con signos cuneiformes que marcan las horas, un objeto que armoniza la tecnología digital del siglo XXI con la escritura cuneiforme de origen sumerio acadio de 4.000 años antes de la era cristiana. Este reloj digital, disponible hoy por doquier, es una pieza sorprendente y hermosa que exhibe técnicas e inventivas de pueblos y culturas remotas en el tiempo, que muestra el tránsito de la técnica, en cuanto a escritura, hacia la tecnología, en cuanto a reloj.

Teclado de computadora con fuente cuneiforme
Teclado de computadora con fuente cuneiforme.

En el otro extremo del eje temporal, hoy la escritura se hace sobre tableta plástica digital con lapicero táctil del siglo XXI, se preparan textos utilizando laptops y teclados con escritura cuneiforme originada en Mesopotamia y se usan textos con alfabetos antiguos al investigar pueblos y culturas desaparecidas. Se trata de un maravilloso y útil tratamiento informático integrado bajo la codificación Unicode con unos 879 caracteres cuneiformes. Un historiador destacaba en una frase el rasgo específico de la tecnología afirmando que “es intrínsecamente pragmática” —léase, útil. Es el enorme despliegue histórico de creaciones, de cambios radicales en los soportes del lenguaje escrito y en las comunicaciones e innovaciones progresivas para la transmisión y acumulación de experiencias, conocimientos, artes y ciencias.

Los signos cuneiformes más antiguos datan del 3300 a.C., y luego del 1400 aparecen los primeros alfabetos cuneiformes donde cada signo representa una letra.

En la antigüedad, la primera escritura cuneiforme (no confundir con alfabeto) fue usada entre diversos pueblos y en distintas lenguas: sumerio, acadio, eblaíta, elamita, hurrita, luvita, ugarítico y persa antiguo. En esa escritura, el signo “estudiante” significa “hijo de la escuela” y alude a quien escribe con cálamo sobre una tableta de arcilla blanda. La palabra cuneiforme remite a la caña biselada que servía para labrar signos y el otro elemento básico era la arcilla húmeda aplanada en forma de tableta que cabía en la mano del escriba. Gracias a las tabletas y al cálamo, el lenguaje escrito se propagó ampliamente entre pueblos que hoy son valorados después de cuarenta y seis siglos en razón al prodigio del primer lenguaje escrito.

Sobre esta escritura los registros históricos y arqueológicos remiten a Mesopotamia. Allí el dios Nabú era el protector de la escritura, el patrón de los escribas y los astrónomos, y en Nínive se le honró con un templo apropiado como divinidad. En las tradiciones de Mesopotamia y Egipto, la escritura era exaltada, alabada e incluso se le atri­buía un origen divino. Los signos cuneiformes más antiguos datan del 3300 a.C., y luego del 1400 aparecen los primeros alfabetos cuneiformes donde cada signo representa una letra.

Hoy la escritura cuneiforme es reconocida como el singular y primer modo gráfico específicamente humano de registrar, conservar y transmitir sabiduría, conocimientos y técnicas. Se localizaron fragmentos de estantes donde las tabletas se clasificaban y organizaban en las bibliotecas, espacios a cargo de sacerdotes y escribas de la corte imperial; es el caso de Nínive y Babilonia. En Egipto el lugar donde se guardaban los papiros escritos se llamaba el tesoro de los remedios del alma… Y sobre el oficio de los escribas se conoce un pasaje donde un padre escribe al hijo estos encomios: “Aplícate a esta noble profesión. Hazte amigo del rollo de papiro, de la paleta de es­criba. Dan más placer que el vino. Para el que la conoce, la escritura es la mejor profesión, da más placer que el pan y la cerveza”.

A la invención de la escritura siguió la lectura en voz alta en templos y zigurates, el alfabeto, la literatura y la poesía, el oficio de escribas, los letrados, las epopeyas, las leyes escritas y las bibliotecas.

De la antigua Mesopotamia se conservan unas 3.200 tabletas con textos religiosos, himnos y cánticos a los dioses, oraciones, augurios, conjuros, cuentas del comercio, cálculo de interés y préstamos en oro y plata, textos sobre encantamientos, rituales ante los eclipses, registros sobre la luna y los planetas, exorcismos, ceremonias, dibujos del zodíaco, proverbios sapienciales, registros sobre el clima y la lluvia, tabletas sobre historia, agricultura, ganadería, medicina, cocina, astronomía y matemática; por último, y en menor cuantía, la literatura. Con números se llevaban las cuentas de los templos y palacios sobre el comercio de productos (granos, cebada, dátiles, especias, cueros, piedras preciosas y sésamo) y el peso y volumen de las caravanas que transitaban por los desiertos del Medio Oriente. Los números en cuneiforme del reloj digital arriba aludido semejan a los incluidos hoy día en las laptops y teclados.

En cuanto a la escritura cuneiforme cabe mencionar una valiosa pieza de Babilonia (1800-1750 a.C.) famosa y extensamente estudiada y descifrada, el Código de Hammurabi. Es una enorme columna de basalto negro que mide 2,25 metros de altura y muestra 282 leyes en caracteres cuneiformes acadios. Hammurabi, rey de Babilonia —narra el mito—, recibió de Marduk, dios supremo, esas leyes para regir la vida del imperio, y en el panteón de divinidades de Mesopotamia, Marduk era padre de Nabú, dios tutelar de la escritura. Del mito a la escritura, a la vida cotidiana en un imperio. La pieza se exhibe en el Museo del Louvre, en París.

Un reloj con signos cuneiformes ilustra un caso particular de los tiempos arcaicos en cuanto a la invención de la escritura e indica el recorrido hacia las modernas tecnologías digitales para medir el tiempo.

Los pueblos de la antigua Mesopotamia, según muestran los estudios arqueológicos, fueron los primeros en registrar los eventos astrales e inventaron las historias del cielo y las epopeyas de la creación. “Cuando en lo alto el cielo no había sido nombrado, cuando abajo la tierra no había recibido nombre…”. Son versos inmortales del poema acadio Enuma Elish, la más antigua epopeya que se conoce de la creación, y precede al relato hebreo bíblico. El poema comienza con una teogonía, la creación de los dioses, avanza hacia una cosmogonía y finaliza con la creación del hombre. Para mejor ilustrar el conocimiento alcanzado en la astronomía anotamos dos casos específicos de tabletas de humilde arcilla hoy altamente valoradas en razón al alcance universal: entre los escombros de una biblioteca se entresacó un mapamundi único en su género que data del siglo IX a.C. y que exhibe trazos de una amplia geografía y/o espacio terrestre; en otra exploración arqueológica se localizó un planisferio que muestra un mapa celeste con Venus retrógrado observado, estiman los expertos, desde el primer período arcaico de Sumeria en Uruk.

Cerca de 6.500 siglos separan la civilización de Mesopotamia del inicio de la era cristiana, civilización asentada entre dos ríos, Tigris y Éufrates. La exploración interdisciplinaria y la investigación arqueológica iniciadas desde el siglo XX continúan develando que Mesopotamia es la cuna primigenia de la humanidad en cuanto a los inicios de la agricultura, la escritura, la religión, la observación y el seguimiento de los astros, la invención del zodíaco, las epopeyas sobre la creación del hombre y el universo, los calendarios y las ciudades como espacios de la vida cotidiana.

Un reloj con signos cuneiformes ilustra un caso particular de los tiempos arcaicos en cuanto a la invención de la escritura e indica el recorrido hacia las modernas tecnologías digitales para medir el tiempo, y a nivel más general se trata de la creación incesante y el despliegue histórico de modelos teóricos, procesos de producción e innovaciones científico-tecnológicas. Valga conjeturar que si bien la Nasa produce al 100% sólo informa como novedad un 10%. La misión espacial en Marte constituye un complejo proyecto de cara al futuro con fases y peldaños en creciente complejidad que no excluye fallas o errores. La ingente cantidad de pruebas y resultados obtenidos este año son ya ampliamente aprovechados en mejorar y ampliar otras investigaciones sobre el universo estelar.

María Méndez Peña
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