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Genialidad literaria

martes 9 de agosto de 2022
Miguel de Cervantes Saavedra
El grado de genialidad mayor está cuando las ideas y las técnicas son novedosos, superando las limitaciones del arte recurrente en ideas y técnicas; un ejemplo al respecto es Miguel de Cervantes Saavedra. “Miguel de Cervantes, imaginando El Quijote” (1858), óleo de Mariano de la Roca y Delgado • Museo del Prado

Ya desde la antigüedad se ha venido atribuyendo genialidad en las artes, la literatura y en otros campos.1 En la actualidad, esta genialidad ha sido y es atribuida a artistas y escritores favoritos. Por ejemplo, es común decir que Chaplin fue un genio del cine, incluso de la poesía; por supuesto, se ha atribuido y atribuye genialidad también a poetas contemporáneos de nuestro contexto, tales como Octavio Paz y otros.

Es innegable que, en la historia de la literatura, muchos autores, a quienes se les ha atribuido este adjetivo, se les ha comprobado y reconocido su genialidad en términos conceptuales y lógicos. Pero no sucede igual cuando este adjetivo se atribuye sólo sicológicamente, es decir, sin verificación analítica y competente alguna, sino por fanatismo, impresión personal, fórmulas teóricas ideológicas, amistad e intereses creados; de esa cuenta, son coronados fraudulentamente de premios y gloria por los medios masivos de comunicación, organización y, en general, por el llamado “tercer mundo semántico”, los cuales tienden a clausurar la nómina y la genialidad. Y aquí está el gran desafío literario: la genialidad debe ser no sólo comprobada sistemáticamente sobre la base de serios criterios analíticos, normativos y lógicos,2 sino también reconocida y posicionada contra toda negación, ninguneo y hasta persecución por parte de los detentores del poder (Moby Dick, por ejemplo, ahora un clásico); para este fin, los críticos literarios académicos son necesarios.3

Mi objetivo es apenas enumerar brevemente algunas normas o características que justifican la genialidad de la obra estética, especialmente la poesía como prototipo de la literatura; lo haré con base en criterios normativos y lógicos, sin pretensión de crear teoría de la genialidad científica alguna. Este desafío tentativo lo realizo sin señalar muchos ejemplos y bajo la convicción personal de que la originalidad y la objetividad total es inalcanzable en una obra del espíritu humano, pero alcanzable en grado suficiente.4

 

La originalidad implica uso de ideas articuladas o temáticas inéditas, que nadie antes ha dicho o presentado, no trilladas ni desgastadas.

Características que confirman la genialidad de una obra estética5

  1. Originalidad en las ideas. Nadie negaría que la originalidad es una de las características más importantes de un trabajo estético genial. La originalidad implica uso de ideas articuladas o temáticas inéditas, que nadie antes ha dicho o presentado, no trilladas ni desgastadas, que ya no dicen nada ni aportan ni demandan nada de los lectores. El caso más acorde es la poesía con temáticas inéditas, aun si es recurrente aquello que muchos poetas se oponen por considerar erróneamente que poetizar y la poética no exigen nada más que inspiración y sentimiento: la forma-técnica de la obra estética.
  2. Originalidad en la forma-técnica. La forma/técnica es el medio por el cual el poeta objetiva o intenta comunicar sus ideas en el poema. Pero para que evidencien grado de genialidad, estas ideas deben comunicarse a través de técnicas inéditas o novedosas. Ahora bien, las ideas recurrentes podrían comunicarse mediante técnicas inéditas. Obviamente, en este caso el grado de genialidad está en la innovación de las técnicas y no en las ideas; un ejemplo de ello es el arte surrealista. Lo contrapuesto a esta variable son las ideas nuevas mediante técnicas viejas; un ejemplo de esta modalidad es el arte recursivo. Pero el umbral más bajo de genialidad es el arte cuya temática y técnica son recurrentes; este es el caso del arte kitsch y el poema fácil de leer, que lo copia todo de las obras originales o de otras. Tal arte no desafía, pues, en nada a sus receptores, razón por la cual es el más popular, más consumido.
  3. Originalidad en ideas y formas-técnicas. El grado de genialidad mayor está cuando ambos elementos, las ideas y las técnicas, son novedosos, superando las limitaciones del arte recurrente en ideas y técnicas; un ejemplo al respecto es Cervantes. Esta es la obra estética que demandaría más a los receptores en cuanto a conocimiento o preparación previa. Y es la obra que llama la atención, impacta en un contexto cultural, capaz de convertirla consecuentemente en un clásico.

Sin embargo, ningún tipo de genialidad que se autodenomine vanguardia hace uso de ideas o términos vulgares que, además de altamente recurrentes en un entorno cultural, no exigen nada de los receptores, razón por la cual es muy consumida en tales entornos. Es que cuando uno se embarca a una moda cree que está inventando la verdadera poesía; pero acaba repitiendo lo que flota en el contexto y atrofiando el diálogo digno, con sentido de respeto, que debe darse entre la intimidad (la poesía) y el lector de distinta generación.

 

El arte estético que posee esta genialidad es el arte que aporta algo nuevo a la literatura.

Recapitulación

La genialidad es una forma nueva de racionalismo estético, ya sea por las ideas o por las técnicas.6 La invención nueva tanto en contenido como en forma o técnica es la genialidad mayor respecto a las otras variables. El arte estético que posee esta genialidad es el arte que aporta algo nuevo a la literatura; alcanza su reconocimiento y aceptación, incluso por sus más agudos oponentes —que ya no vacilan en reconocerla—, cuando su genialidad ha sido analizada y justificada por los intérpretes críticos competentes; se podría afirmar, entonces, que este arte es un arte neovanguardista.

Ahora bien, al hablar del intérprete y justificador de la genialidad se debe tener presente que la poesía es un género ficticio; tan es así que, aunque mediante ella el poeta intenta comunicar una verdad, no una mentira —incluso sobre él—, no lo hace al modo ensayístico ni periodístico, excepto en algunos casos. Tampoco el poema, como bien afirma el poeta español Luis García Montero (Pérez, 2022), es una confesión espontánea; por tal razón, no revela un yo biográfico, sino que crea un personaje literario, con quien, según este mismo poeta, los lectores se pueden identificar o no, agregaría yo.

 

Referencias

George Reyes
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Notas

  1. No pocas veces relacionada a desórdenes mentales. Es conocido el caso de Platón y Aristóteles, quienes hablaban ya sobre la naturaleza del acto creativo y su relación con la “locura”, tal como ésta era entendida en esa época. Mientras para Platón la genialidad poética estaba relacionada con estados de intensidad emocional, Aristóteles pensaba que la creatividad estaba relacionada con la melancolía. Se presume que la genialidad de, por ejemplo, Van Gogh, Miguel Ángel y otros estaba relacionada con trastornos emocionales.
  2. Siendo la crítica literaria perteneciente a las ciencias del espíritu, la crítica no puede llevarse a cabo como en las ciencias naturales; ver Gadamer (1999); Ricoeur (2000). Por eso, más adelante, hablo más bien de un análisis de relaciones.
  3. Ciertamente, una obra literaria puede subsistir sin que nadie la lea, pero no sin ser estudiada o analizada por los críticos quienes, a mi criterio, también deben poseer experiencia creativa y evitar en su análisis juicio de valores y lisonjas infundados; ¿acaso no por ellos muchos autores alrededor del mundo han alcanzado reconocimiento y sus trabajos han sido elevados a nivel de clásicas? Sin embargo, ciertas teorías ablativas tienden erróneamente a marginar al crítico y negarle su aporte, así como también a infundir temor contra él y considerarlo, en el mejor de los casos, el aguafiestas de una obra.
  4. La crítica literaria no necesariamente tiene que dispersarse en el subjetivismo total. Pero, entonces, ¿cómo alcanzar esta objetividad suficiente? La respuesta a esta pregunta rebasa el tiempo y espacio de este ensayo; sólo me gustaría apuntar lo siguiente: que una lectura objetiva será aquella realizada con base en uno de los modos inmanentes del conocimiento gnoseológico como son las demostraciones o hechos literarios: construcciones de relaciones, es decir, a partir de relaciones en el texto, los autores, el lector y el intérprete (transductor, que interpreta para otros); estos hechos literarios son el motor de la crítica literaria, ya que ella no puede funcionar sin teoría literaria o construcciones explicativas y racionales de las ideas. Claro que a veces, por diferentes razones, la crítica se limita a una lectura irracional, o a una de compromiso con sus autores.
  5. Como ya dije, en esta sección seguiré la propuesta solamente esencial del teórico español de la literatura Jesús G. Maestro (2018), por ser él quien ha aportado sustancialmente sobre el tema, si bien él sigue a la vez a su maestro, el filósofo español Gustavo Bueno; además, me parece una propuesta tanto legítima, lógica y aceptable como desafiante para el mundo literario de hoy. Pero esto no quita que sea una propuesta sujeta a revisión y, en mi caso, a mayor investigación.
  6. El materialismo filosófico como teoría literaria, encarnada en Maestro, siendo un racionalismo galopante, pareciera negar en el arte ese otro ingrediente fundamental, además del intelecto: la emoción o el sentimiento, y el placer o sensibilidad que realmente despierta leer un poema bien logrado; sin sentimiento o emoción no hay arte ni éste produce el efecto poético que produce todo arte verdadero. Y esto no es negar que la obra estética sea verdaderamente una construcción del racionalismo humano ni que ésta no desafíe a la razón humana ni sea analizada desde criterios racionales. La literatura no es cuestión sólo de emoción o sentimiento, pero este elemento es fundamental en ella.