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Todos los maestros son verdad

domingo 25 de septiembre de 2022
“Todos los poemas son verdad”, del Taller Experimental de Teatro (TET)
Todos los poemas son verdad, obra teatral del Taller Experimental de Teatro (TET), se presenta en Caracas el domingo 2 de octubre. Fotografía: Gustavo Lagarde
A Nicolás Curiel,
A Eduardo Gil,
A María Fernanda Ferro
In memoriam.
A sus discípulos.

“Hasta los bordes de tu vida / Llevarás tu infancia / Sus fábulas y sus lágrimas / Sus sonajas y sus miedos”. Es, en la traducción de Alfredo Silva Estrada, Andrée Chedid quien con su insoslayable voz nos conduce “hacia la sustancia del mundo”. Esta vez la esencia del orbe toma la forma de escenas generadas a partir de relatos que nos entregan los intérpretes y que aquí abonan el territorio de la memoria como tierra común. Así, gracias al teatro y su magia, el tú-yo de Martin Buber fructifica y el utilitarismo que nos separa es puesto en un paréntesis pleno de gracia. Haciendo honor a su nombre y a la —limitada— historia que de él conocemos como amantes de la escena, el Taller Experimental de Teatro (TET), con sede en Caracas y fundado en 1972 por Eduardo Gil, nos entrega en Todos los poemas son verdad la feliz combinación del talento tallado y la chispa encantadora donde los dos mundos familiares —el del hogar y el teatral— mueven sus sonajas para conjurar los miedos e invocar la alegría.

El paréntesis de gracia abre con lo que se hace evidente a través de los diferentes cuadros del montaje y constituyen claras marcas en el quehacer del TET: la creación colectiva y la investigación teatral que, en esta pieza, recrean Jariana Armas, Sara Azócar (directora), Marisela Montiel, Areani Rondón, Joe Justiniano, Sergio Palma y Boris Paredes. Abierto el escenario a la vida, cada intérprete nos ofrece las muñecas y las metras de su infancia, algunos rasguños, los calores y sabores del crecimiento y, luego, una que otra interrogante de estreno cuando ya muñecas y metras comienzan a guardarse; todo puesto al servicio de esta fiesta donde actores, actrices y público nos reconocemos al balbucear, jugar, reír, cantar, bailar, ser miedos: entregas que brindan el gesto y la emoción al pensar.

En franco contraste con el teatro de protagonistas y papeles secundarios, aquí palpita organismo, acompañamiento, querencia en la búsqueda por la reafirmación del yo a través de su expansión; giro en el foco de la mirada que se logra apelando al tejido conectivo entre pares y, por ello, a la circulación de nutrientes: lo vivido por otro también está en mi hechura; lo mío, también en la suya.

La encarnación de la palabra poética es, quizás, uno de los mayores retos para un intérprete; no obstante, aquí cuerpos y almas van a su encuentro.

La familia y la escuela, reservorio eterno de imágenes y anécdotas, orbitan hasta hacerse cálidamente presentes. En tiempos en los cuales ambas instituciones han sido tan cuestionadas —por decir lo menos—, este trabajo recupera su valor en la constitución de los intérpretes que, finalmente, somos todos. Frente a nosotros hay mamá, hay papá, grandes que reciben a las niñas en casa, que hacen desayuno; hay hermanas cómplices, abuelas que cuentan; hay kínder, hay receso en la escuela, hay amigos: hay un mundo visible ya olvidado y, en esta pieza, reencantado. Hay, para recordar a Shakespeare en un amago de traducción, “habitar”.

La encarnación de la palabra poética es, quizás, uno de los mayores retos para un intérprete; no obstante, aquí cuerpos y almas van a su encuentro. Así, se le da la bienvenida a textos de poetas como sor Juana Inés de la Cruz, Anna Ajmátova, Antonia Palacios, Wislawa Szymborska, Andrée Chedid, Armando Rojas Guardia, Roberto Juarroz, Lope de Vega, Yehuda Amijai, Walt Whitman. Por otra parte, canciones de todos nos son devueltas, habitadas ahora de nostalgia y de humor por las voces de los intérpretes. La danza también nos roza y queda, sagrado pájaro en vuelo.

Resulta simple contar hasta cincuenta con la cara ante la pared, como otrora lo hacíamos jugando al escondite. Los números se aceleran en los labios cuando el foco es sólo dar con alguien a quien sorprender en su improvisada guarida. Otra cosa es reconocer el canto rodado, el sueño que lo presintió, las lágrimas que le humedecieron, los pasos que lo tornearon, la mano que —dichosa— lo recogió y nos lo trajo, como ofrenda de niño, como rayo y esplendor. Todos los poemas son verdad porque la poesía y el teatro como certeza han sido canto durante cincuenta años rodado por gestos de maestros en el TET; esta obra —no sabemos si a propósito— les rinde un singular y hermoso tributo. Eduardo Gil amaba, como su maestro Nicolás Curiel, la poesía. Todo maestro es una historia que comienza en el futuro.

Con funciones ya realizadas en julio y septiembre en el teatro Luis Peraza y en el Centro Cultural Parque Central, Todos los poemas son verdad tiene una nueva convocatoria el domingo 2 de octubre a las 5 de la tarde en el Luis Peraza, sede del Centro de Creación Artística TET ubicada en Los Chaguaramos, Caracas.

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