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Hebra guía
(desde La persistencia)

viernes 9 de diciembre de 2022
Rossana Hernández
Rossana Hernández protagoniza el montaje unipersonal La persistencia.

Podría haber sido sólo una anécdota, quizás la breve y azarosa esquina por donde el futuro apura su equipaje hacia “la verdadera” calle del paraninfo, el taller, la sala de ensayo, el estudio, el aplauso. A veces —las más— suele tomarse como mero accidente a quien inventó universos, sembró pájaros gozosos sobre un mar embravecido, puso flores en el desierto, llevó la mano, tensó cuerdas. Todo para que una cría de su especie fuese, para que emprendiera con fuerza y tino el complejo camino avistado por Píndaro: “Llega a ser quien eres”.

En el montaje unipersonal La persistencia, Rossana Hernández (actuación), Alma Kochen (dirección coreográfica) y Sara Valero Zelwer (dramaturgia y dirección) cosen un biodrama en el cual varias hebras entregan su materia a la memoria. La abuela y sus decires, dos actrices, una Antígona González y una maestra, son algunos de los hilos que conducen a la artista en este retrato que se nos entrega de ella. Aparece entonces entre las invitadas quien —desde nuestra mirada— va a ser determinante en la vida de la actriz y, como hilo intangible, sostendrá en buena medida la obra. Es la hebra guía que, en la doble hélice del ADN, lidera la replicación celular. Así en la escena como en el invisible acontecer biológico.

En la obra, la maestra —de ballet— es más que una anécdota, se nos asoma en toda su estatura: la evidencia de su impronta en la actriz, su voz en off ante el deseo que le impulsa y el obstáculo que enfrenta el cuerpo, resguardarán siempre la posibilidad de movimiento y, con ello, el hecho de que la otrora niña se encuentre allí, con sus huesos y músculos —aún en puntas— frente al público. Será esa invitada la barra que hace de soporte a la pierna en su empeño de retar cuanta fuerza de gravedad Rossana encuentre en la vida; sus palabras, grabadas aún en la memoria, atraviesan el tiempo para ser ahora pronunciadas; la disciplina inculcada se hace presente con contundencia en un cuerpo tallado en el esfuerzo.

Para Gabriela Mistral, maestra y primer Premio Nobel de Literatura recibido por un autor latinoamericano, el maestro es un artista; así, para crear su obra, ha de conjugar y tensar elementos de tal manera que cuanto se entregue propicie “la conciencia, el sentido, el significado y la belleza de la vida”, como diría mi maestro Dwayne Huebner.

Por su parte, Enriqueta Arvelo Larriva, figura señera en la poesía venezolana y entre cuyos poemarios están, casualmente, Poemas persistentes y Voz aislada, nos dice en este último:

Vienen recuerdos de la maestra.
Las manos de otoño
labraban en mi tierra viva.
Mi tierra.

Recuerdos de la maestra.
Gastosas las manos artistas.

Ahora, en rezagos de tierra, yo misma me labro.
Todas las mañanas.

Entre sus grandes aciertos, La persistencia tiene el de destacar esa hebra fundamental que está en todos; con ello nos recuerda, por contraste, de cuántos olvidos está hecha nuestra frágil memoria.

Después de su primera temporada, que cumplió en noviembre de 2022, esta obra vuelve al teatro Luis Peraza, sede del Centro de Creación Artística TET (Taller Experimental de Teatro), en Los Chaguaramos, Caracas, en el marco del evento La Parada TET: Estación 50 años. Durante una semana la agrupación presentará diferentes obras de su reciente repertorio en ocasión de la celebración de su 50º aniversario. Estarán en cartelera: el martes 13, La persistencia; el miércoles 14, Los Careculpable; el jueves 15, Todos los poemas son verdad, y el viernes 16, sábado 17 y domingo 18, La vida perdida (estreno). Cada obra, a excepción de La vida perdida, tendrá una sola función (5 de la tarde).

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