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Manuel Lasso
“El cuento tiene que ser corto, poderoso y contundente”

viernes 25 de septiembre de 2015
Manuel Lasso
Manuel Lasso, escritor peruano, novelista y autor de cuentos. Ha publicado la novela El carnicero de Lyon, y recientemente una colección de cuentos titulada El danzarín de las fiestas del Tayta Shanti. Estudió literatura en el City College de la Ciudad de Nueva York, donde resultó ganador de los Juegos Florales en la categoría de narración. Sus trabajos han sido publicados en revistas y periódicos de las Américas, Europa y Asia.

En su novela El carnicero de Lyon (Amazon, Charleston South Carolina, EUA, 2012), Manuel Lasso ofrece una visión de las atrocidades cometidas por los seguidores de Hitler en Alemania, Francia y América Latina, durante y después de la Segunda Guerra Mundial, a través de un siniestro personaje, el genocida Klaus Barbie. En su infancia, Manuel Lasso fue vecino de Barbie, ambas casas estaban ubicadas en la orilla norte de la carretera de Lima a la sierra central, a la entrada del camino que conduce a la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle de La Cantuta. Recientemente Manuel Lasso, tal vez como compensación al tánatos de la novela, nos sorprendió con una colección de cuentos donde el tema principal es el amor; su título, El danzarín de las fiestas del Tayta Shanti (Milabar, Inc. Charleston, SC, EUA, 2015).

—Según las investigaciones arqueológicas, el arte de hacer figuras geométricas, de aves y peces, y también de personas, en pequeñas calabazas, tiene una antigüedad aproximada de más de 3.500 años, y se ha producido principalmente en la costa norte del Perú. ¿Qué significado tiene para ti que un matero de Cochas Chico se haya inspirado en tu cuento, “El danzarín de las fiestas del Tayta Shanti”?

—En realidad fue el maestro matero don Pedro Veli quien realizó el trabajo de iluminar todas las escenas del cuento en un mate burilado a pedido del autor. En el año 2008 tuve la idea de que todo el cuento se podría representar en un mate. Me puse en comunicación con el escritor huancaíno don Nicolás Matayoshi, quien sabía del artista de Cochas Chico. Fue entonces cuando hice el pedido y el señor Veli decidió hacerlo. Lo interesante fue la manera como se llevó a cabo. Se convocó a toda la familia, incluyendo a los escolares, para reunirse un día por semana con la intención de planear y ejecutar el trabajo artístico después de leer el texto impreso. Toda la iluminación demoró tres meses en terminarse. Tienes razón cuando afirmas que este arte ya se viene practicando desde hace 3.500 años. Vale decir que cuando ocurrió la fundación de Roma y Alejandro se encontraba conquistando la India ya había artistas materos que calladamente trabajaban sobre la superficie de sus calabacinos en esta región del mundo. Otras culturas también han practicado este tipo de arte.

—¿Es por ese motivo que elegiste un fragmento del mate burilado para la carátula de tu libro El danzarín de las fiestas del Tayta Shanti?

—Fue una cuestión de estrategia editorial. Durante la preparación para la publicación de esta colección de cuentos y narraciones breves tuve varios materiales gráficos para escoger; al final me decidí por algo original, el cuento de Niquiash, el combatiente de la Guerra del Pacífico. Me acordé del mate burilado que habíamos hecho en 2008 que contiene todas las escenas del cuento “El danzarín de las fiestas del Tayta Shanti”. De ese modo una fotografía de la iluminación sirvió para ilustrar la carátula.

—Precisamente, este cuento trata sobre la Guerra del Pacífico, las batallas de San Juan y Miraflores hasta el inicio de la Campaña de la Breña comandada por Andrés Avelino Cáceres. ¿Qué significado tiene para ti este capítulo de la historia del Perú?

—Tiene un significado enorme. Este tema de la Guerra del Pacífico es una preocupación constante dentro de mi mente. Uno de mis bisabuelos peleó en la batalla de Miraflores y durante toda mi infancia y juventud escuché historias y anécdotas sobre esta contienda. Lo mismo, cuando estudiaba en la Escuela de Aplicación de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle de La Cantuta los maestros nos hablaban mucho acerca de esta parte de la historia. En cierta forma se podría decir que tengo registradas estas escenas en mi mente.

—En tu libro El danzarín de las fiestas del Tayta Shanti hay otros relatos interesantes y significativos. En el cuento sobre Adriana y el payaso, por ejemplo, ella aparece en segundo lugar, no tiene presencia más que en la voz del payaso. ¿Cómo saber entonces si ella efectivamente regresa con él, si el final también es imaginado y relatado por el personaje Hans?

—Eso se debe a que en este cuento se ha usado el punto de vista del payaso, no el de Adriana. Entonces todo se subordina a lo que diga el payaso; es su drama o su tragedia. En este caso, a pesar de usar un solo punto de vista se logra crear algo difícil de hacer. Sin embaular al lector con la descripción física del personaje o sin decir mucho acerca del mundo interior de Adriana, sólo dando unas pocas referencias sobre ella, con una técnica indirecta, se logra formar en la mente del lector la imagen de una hermosa y noble mujer. Sin empapujar al leedor, cada cual, de acuerdo con sus conocimientos y con sus recuerdos personales, funde en su cerebro la imagen de una mujer ejemplar. De modo que cada uno desarrolla en su mente una imagen distinta, de acuerdo con su vivencia personal. Un profesor de literatura inglesa de la India me dijo que era la primera vez en su vida que había visto la imagen de una extraordinaria heroína sin haber leído una sola letra de su descripción física. El lector mismo construyó su propio retrato. Tenía una imagen particular de acuerdo con sus propias experiencias. Sin decir mucho, Adriana termina triunfando porque alcanza la extrema visión de libertad. Es ella, la heroína del cuento, que triunfa, la que revela su grandeza de espíritu y su victoria, como sucede en el poema El extranjero de Baudelaire. Porque ella sabe que al vivir en un parque de París sobrevivirá sin importar las condiciones en que viva. El payaso es más bien un personaje más convencional. Tiene temor de vivir en un ambiente en el que ignora cómo habrán de ser las cosas. A pesar de ser contado desde el punto de vista del payaso ella es la heroína. La técnica consiste en hacer ver mucho al lector sin decir casi nada. Técnicamente, en el cuento, no se pueden usar dos o más puntos de vista. Es mejor hacerlo desde uno solo. En el cubismo había varios puntos de vista; pero ya no se usa porque no se llegó a mucho. El género del cuento requiere que el relato sea corto. Debido a esto no se pueden analizar los hechos de todos los personajes. En una novela sí se puede hacer eso. Dicho sea de paso, es necesario hacerlo para examinar con integridad sin dejar nada en el olvido, como sucede en En busca del tiempo perdido, de Proust.

—Lo mismo sucede con Anyushka, la amada del astronauta, cuya existencia solo está en la voz de él, en sus recuerdos, en su propia historia. Su voz son sus recuerdos, e incluso al final también se la encuentra buscando a Alexeivich entre las cenizas. ¿Por qué no construir un relato donde estas mujeres tengan una mayor presencia y expresen sus sentimientos?

—Esto también se debe a que el cuento está escrito desde el punto de vista del astronauta. Es un ser solitario en la dimensión del interminable espacio en el que se ha extraviado, dialogando con la voz de otro astronauta que es su propia invención. Aquí se describe lo que sucede cuando un ser se encuentra solo en la inmensa dimensión del espacio infinito. Un solo ser en contra de todo el universo. En general, la construcción del cuento sale mejor si se usa un solo punto de vista. Sin embargo, a pesar de su breve presencia, la heroína termina siendo Anyushka porque al final se descubre la grandeza de su espíritu. Se demuestra que ella siempre vendrá a verlo aunque ya no exista. Es una Penélope moderna. Con esto ella quiere demostrar que siempre lo amará y lo esperará para siempre. Lo que no sucede corrientemente. Ella viene con el libro de cuentos que le gusta leer a los niños. Quiere decir que viene incambiable. Viene tal como es. Viene con el mismo amor que le tiene al astronauta y que le tendrá siempre. No todos los seres humanos pueden ser así. Esto la convierte en algo muy especial.

—En el caso de Pushkin, la historia es tan interesante sobre él, la injusta y terrible muerte, el adversario frívolo, idiota, y sin embargo vencedor. La bella esposa es el pretexto de la tragedia, no tiene existencia frente a la inmensa fuerza del drama que vivió Pushkin.

—Como mencioné, aunque todo es posible, en el género del cuento es mejor usar un solo punto de vista. El cuento tiene que ser corto, poderoso y contundente. Tiene que avanzar rápidamente hacia el final. Si se usan varios puntos de vista esa fuerza se diluye y la tensión disminuye, muchas veces se contraponen y todo termina en propuestas sin final como intentaron hacer ciertos autores “revolucionarios” del siglo XX que buscaban hacer lo imposible y no consiguieron ningún logro efectivo. Un cuento tiene que ser como “El milagro secreto” de Borges, en el que la acción tiene que dirigirse con energía hacia el final porque al personaje lo van a fusilar, pero algo extraordinario sucede en la fracción de un segundo. Desafortunadamente, si se incluyeran los puntos de vista de otros personajes la narración terminaría en un caos completo. En el género de la novela o del teatro la situación es diferente. En ellos sí se puede usar el análisis de las acciones de otros personajes que iluminen la fuerza de la trama. Allí sí caben todos los puntos de vista posibles. En el caso de este cuento sobre Pushkin todo está escrito desde el punto de vista del personaje que es su vengador; sin embargo la esposa demuestra tener el máximo poder entre todos los caracteres. Ella tiene el poder de decidir entre la vida o la muerte de los personajes que la rodean. Ese poder sólo le corresponde a Dios. Sin embargo en la dimensión literaria algunas veces también puede ser atributo de un buen personaje. Ella puede jugar con los hombres, puede hacerlos pelear, puede hacer que se maten o que hagan lo que ella quiera. Su poder es absoluto. Ella es dueña de sus acciones y no está sujeta a nadie. Supremacía del personaje. Otro caso en que la técnica puede hacer ver mucho sin describir casi nada. Hay que agregar que en este cuento se tiene que tomar en cuenta que está escrito desde el punto de vista no de Pushkin mismo, sino del personaje que venga a Pushkin. En este caso el personaje trata de satisfacer el deseo de Pushkin de castigar a su oponente, que no sólo le ha hecho perder el honor sino que también lo ha eliminado del mundo de los mortales. Pero a través del duelo de este cuento se logra castigar al burlador tal como lo habría deseado Pushkin. Vale decir que la intención de este cuento de vengar a Pushkin en una dimensión literaria se cumplió completamente. Para hacer una obra desde el punto de vista de una mujer hay que hacerlo desde un inicio. Como es el caso de Madame Bovary o de Anna Karenina o de Fedra de Racine. Sobre todo de Fedra porque allí todo comienza con las acciones del personaje femenino con una elaboración extraordinaria de lo que le está sucediendo, al apasionarse con alguien que no debe, hasta llegar a un final completamente literario.

Sara Beatriz Guardia
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