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José Antonio Prades y la literatura desde adentro

miércoles 31 de julio de 2019
José Antonio Prades
Prades: “Mi proceso creativo es muy de interpretación empática y con muy poca planificación”.

Aunque insista en que no posee una rutina determinada para sus tareas de rutina como leer y escribir, el español José Antonio Prades deja claro que es un autor bastante dedicado, riguroso, exhaustivo, y que cuando escribe lo hace con las tripas, pues sólo de este modo consigue crear historias memorables que le permitan atravesarles la mente y el alma a sus lectores.

Leer la obra de Prades es igual a realizar un viaje por sus recuerdos, por la necesidad de escribir.

Su definición de literatura es bastante clara: literatura es aquello que está escrito “desde las tripas”, dice, “es aquella que se introduce en alguna parte del cuerpo, o del alma, o de la mente, y nos muestra sin tapujos, sea dulce o amargamente, sutil o directamente, lo que viven adentro los personajes ante los hechos que aparecen en su vida”.

Fue así como escribió su novela de tipo autobiográfico Los últimos catorce años, en la que narra desde una perspectiva bastante íntima cómo fue para él y su familia vivir los últimos años del régimen franquista, en España. El libro, publicado en 2018 por el sello Adarve, fue el resultado de un proceso de creación que se extendió por casi diez años: siete de maduración y tres de redacción plena.

“Esta novela es una introspección y no sólo biográfica, también sentimental, también de creencias, también de enfrentamiento al subconsciente. Hoy después de tres años de haber colocado el punto final, puedo afirmar que gracias a esta escritura empecé a poner luz cerca de mi corazón, ahora incluso más cerca”, cuenta el autor.

En una nota anterior sobre este autor, ya habíamos declarado en esta Tierra de Letras que leer la obra de Prades es igual a realizar un viaje por sus recuerdos, por la necesidad de escribir. Ahora, en esta entrevista, la principal sensación sigue siendo la de viajar pero, esta vez, el recorrido será por espacios aún más profundos.

 


 

En su sitio web dice que, cuando le preguntan cosas como por qué escribe usted, no suele dar las respuestas “prefabricadas” que otros autores dan. En Letralia queremos ir más allá y preguntarle: alguna vez, mientras escribe, ¿se ha hecho usted esta pregunta?, ¿cuál es su secreto para superar el bloqueo creativo?

Creo que en todo momento que escribo está latente la pregunta del porqué. Y nunca encuentro una única razón. Es impulsivo, visceral. También podría contestar (hay tantas respuestas…) que quienes escribimos tenemos una impronta irrenunciable que nos obliga a expresarnos, es decir, quizá sea determinista con esa afirmación. Puede ser. ¿Escribo porque no tengo más remedio? Buen dilema.

Y superar el bloqueo creativo… Nunca lucho contra el bloqueo creativo. Si no puedo escribir, no escribo. Paro, me detengo, me dedico a otra cosa. Soy constantemente inconstante o inconstantemente constante. Sólo necesito escribir cuando estoy escribiendo. Si no lo estoy, la necesidad se diluye… y he aprendido a disfrutar de esos momentos de paréntesis saboreando el tránsito que va del entorno al interior. Luego llegará, qué más da.

 

Mi novela Los últimos catorce años es una introspección, y no sólo biográfica, también sentimental, también de creencias, también de enfrentamiento al subconsciente.

Nos llama mucho la atención su novela Los últimos catorce años, especialmente por todo el proceso de investigación familiar y muy personal que debió realizar para concretarla. En entrevistas anteriores ha comentado que el tiempo total de creación se llevó tres años, ¿qué fue lo más difícil al momento de avanzar en la novela? ¿Alguna vez sintió deseos de parar y abandonar?

Escribí la novela después de haberla pensado durante casi siete años. No sabría decir (apelo a personas expertas en teoría de la creación literaria) si hay que incluir ese proceso preparatorio en la elaboración de la novela. Porque ahí sí tuve deseos de parar y abandonar, de duda sobre si era necesario para mí esa escritura, si era necesario para los demás, si sería capaz de atravesar el túnel, si tendría lectores… Y precisamente gran parte del proceso de escritura, que paradójicamente resultó rápida y segura, se produjo en un momento personal muy duro, que me llevó a refugiarme en lo más sagrado para la mayoría de los seres humanos, los orígenes, la infancia, las etapas del crecimiento, como terapia para sanar del dolor que no curan los medicamentos. Esta novela es una introspección, y no sólo biográfica, también sentimental, también de creencias, también de enfrentamiento al subconsciente. Hoy, después de tres años de haber colocado el punto final, puedo afirmar que gracias a esta escritura empecé a poner luz cerca de mi corazón, ahora incluso más cerca. Por eso me sentiría extremadamente feliz si quien se decida a leer esta novela también puede transitar por ese proceso vital de hacer despertar al ser infantil que fue y puede abundar en el descubrimiento de su esencia.

 

Notamos que es usted un lector apasionado a quien le gusta la investigación y el deseo de contar historias que toquen la fibra de las personas. ¿Cómo es su proceso creativo? ¿Qué se necesita para ser un autor que de verdad genere impacto en quienes lo leen?

No me creo dueño de recetas mágicas ni salvadoras. Cada cual escribe a su manera, y para sí mismo es la más válida. Diré cuál es la literatura que más me atrapa ahora, tras más de cincuenta años de lector, y que por lo tanto es la que a mí, y ojalá que haya más lectores así, “me genera impacto”: la que está escrita “desde las tripas”, aquella que se introduce en alguna parte del cuerpo, o del alma, o de la mente, y nos muestra sin tapujos, sea dulce o amargamente, sutil o directamente, lo que viven adentro los personajes ante los hechos que aparecen en su vida.

Así pues, mi proceso creativo es muy de interpretación empática y con muy poca planificación. Soy intuitivo, me introduzco casi a modo de posesión en los personajes y dejo que con ellos fluya la historia. Raramente, he terminado una novela o relato tal como lo había pensado, por lo cual ya dejo actualmente de generar ni siquiera raíles de dirección. Ciertamente, trabajo en profundidad previamente, pero sin anotaciones ni esquemas ni organigramas, sólo con la imaginación, la creatividad y la intuición. Si lo que imagino se posa, se ancla en la memoria, es válido, y cuando me decido a escribirlo ya no hay discusión alguna para corregirlo.

 

Mis lectores favoritos son aquellos que buscan una literatura que enriquezca su crecimiento interior.

Entre todas sus obras, ¿existe alguna que sea la más preferida entre otras? ¿Puede un autor querer a una de sus obras por encima de las demás?

Tengo tres hijos, tres varones maravillosos. ¿Quiere usted que les ponga preferencias? No, mon dieu. Igual me ocurre con las obras literarias… porque las he escrito con el corazón. Supongo que quien escribe a modo de cadena productiva podrá elegir entre un modelo u otro de los fabricados. En mi caso, cada novela, cada relato, cada poema ha nacido con el amor prendido que no es ni más ni menos cuantioso o profundo o transparente que el de cualquier otro escrito así.

 

Nos gustaría conocer su opinión en cuanto a la literatura en España y el trabajo literario que se está ejecutando actualmente (una muestra: los libros que ocupan lugares en las vitrinas y estantes de las librerías), ¿cómo es la literatura española actual? ¿Cuáles son sus lectores favoritos?

Soy poco proclive a seguir u observar modas. En España, al igual que en el panorama internacional que puedo conocer, se está creando una ola de ignorancia colectiva, entiéndase analfabetismo intelectual y emocional, que va impregnando todos los estamentos sociales, incluso los de la literatura. Esa ola se crea con un viento sutil que lleva venenos casi indetectables: el adocenamiento y la alienación, herramientas de educación que erradican paulatinamente los valores que nos hacen seres humanos más llenos de amor, léase solidaridad, fraternidad, unión, compasión, arte, cultura… y que enriquecen la convivencia entre todos. Esa ola quiere llenar la sociedad de placeres superficiales que se queden en la piel sin llegar al alma. De ahí, que cada vez más vayan siendo los libros fáciles, de entretenimiento, de trama y no de lenguaje, de hechos y no de personajes, lo que llenan esas vitrinas y estantes. No juzgo, ni siquiera valoro. Sirva lo anterior para contestar a la segunda pregunta: mis lectores favoritos son aquellos que buscan una literatura que enriquezca su crecimiento interior, sea por lenguaje rico, sabroso, artístico, y por la creación de personajes con alma y expresión profunda de los valores universales que dan sentido a existir aquí y ahora.

 

¿Cuál es la forma ideal en la que usted disfruta de la experiencia de leer? ¿Así como mantiene una rutina para escribir, mantiene también un ritual para disfrutar de un libro?

Siento defraudarle, no tengo ningún ritual para leer (ni rutina para escribir), y más ahora que es tan fácil hacerlo con las tabletas o los teléfonos móviles. Si acaso diré que mi ritual de lectura comienza cuando paso de la primera frase de lo que leo. Es el detonante para poner mi actitud al servicio de mi sensación. Y leo con atención, con relax, con profundidad, con arte o con ligereza… A veces, y eso es el síntoma más veraz para entender la huella que me está dejando esa lectura, llevo mi libro junto a mi pecho, cierro los ojos y repito mentalmente esa frase o revivo la sensación recibida dando millones de gracias a quien la ha escrito por provocarme tan profunda emoción.

 

Los libros que he leído más veces: Cien años de soledad, de García Márquez; Don Quijote de la Mancha, de Cervantes; Crónica del rey pasmado, de Torrente Ballester; La metamorfosis, de Kafka, y El lobo estepario, de Hesse.

Háblenos de sus planes para 2019 y 2020.

Cada vez estoy haciendo menos planes y me dejo llevar por el fluido del tiempo, que no deja de ser una ilusión (el tiempo, digo, no el fluido). Llevo varios meses empezando y abandonando la escritura de una historia de amor que cuenta un hijo sobre los recuerdos de un padre viudo que está ya agonizando. Llevo años empezando y abandonando una trilogía sobre el tránsito hacia la luz de un hombre que quiere dirigir a la gente de su barrio hacia un mundo mejor. Llevo aún más años haciendo espirales con el argumento de una novela que hable de un Cristo en los tiempos actuales. Y dos libros de relatos, uno sobre el amor, otro sobre la muerte… Supongo que todo esto va más allá del 2020, perdón.

 

¿Podría hacernos una recomendación de sus cinco libros favoritos? (esos que nunca le faltan en su biblioteca).

Debería pedirle que modificara su pregunta añadiendo un cero o multiplicando por veinte esa cifra de cinco, algo escasa. Pero voy a ser obediente y contestaré de forma algo menos rebelde, ya que no voy a poner los favoritos, sino aquellos que he leído más veces, por diferentes razones y en diferentes épocas de mi vida: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez; Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes; Crónica del rey pasmado, de Gonzalo Torrente Ballester; La metamorfosis, de Franz Kafka, y El lobo estepario, de Hermann Hesse.

Letralia