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Iris Miranda
“Escribo como un ejercicio de liberación de ideas”

domingo 10 de mayo de 2020
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Iris Miranda
Miranda: “Velos de la memoria es el poemario más difícil que jamás haya escrito”.

Iris Miranda (Puerto Rico, 1961) es escritora y docente-investigadora de lengua y literatura, adscrita a la Universidad Politécnica de Puerto Rico. Es egresada del Bachillerato y de la Maestría en Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico (B.A.-M.A.). Forma parte del Grupo Guajana y ha sido una destacada gestora, periodista cultural, crítica literaria y representante de nuestras letras en festivales internacionales. Escribe e investiga desde la poesía, el cuento, la entrevista y el ensayo. Tiene una amplia producción literaria, de la que destacan varios de sus poemarios: Noches de lina: embelesos y melismas (2007), Alcoba roja (2011), Óptica del desierto, Flash creativo (2013), y Flor de luna: Moonflower (2014). Iris ha respondido a mis preguntas, y todas sus respuestas son para compartirlas con ustedes.

Velos de la memoria es un poemario de pura experiencia biográfica. Algo nuevo para mí.

—Recientemente publicó Velos de la memoria (Editorial Isla Negra, 2019). ¿De qué trató o trata en ese nuevo poemario? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

Velos de la memoria es el poemario más difícil que jamás haya escrito. Trata de la historia de mi madre y el proceso degenerativo de su enfermedad. Es sobre la locura del amor más puro perdido entre unos velos que se hacen cada vez más densos. Mientras, el cuerpo se queda lleno de otras memorias que nunca viví a su lado y para atarme a mi realidad escribí, al comienzo, como perdida en una isla paralela a la que se me tiende bajo los muy controlados pasos del ahora. La oportunidad de escribir Velos… nace en cuanto se le diagnostica a mi madre un trastorno demencial indeterminado. De ese momento es el poema “Cordón roto”, que escribí en el 2012 y que no figura en Velos… Cuando después se le da un nombre a su mal, a mi angustia le dio la necesidad de documentarlo todo entre suspiros por lo que pudo haber sido y no fue. Así fue tejiéndose Velos…, entre su memoria y la mía.

—¿Qué relación tiene su trabajo creativo previo a Velos de la memoria y su trabajo creativo-investigativo entonces y hoy? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueña-caribeña y su memoria personal o no de lo caribeño dentro de Puerto Rico y el Caribe?

Velos de la memoria es un poemario de pura experiencia biográfica. Algo nuevo para mí. Somos ella y yo girando como luna y planeta Tierra alrededor la una del otro. En cuanto a lo caribeño y mi memoria personal, nadie escapa de demostrar la realidad que lo ha conformado. Sí soy puertorriqueña caribeña y aunque no hago mucho uso de regionalismos, aludo a momentos importantes de la experiencia puertorriqueña, sobre todo en los versos que evocan su pasado, usos y costumbres. Por mencionar algunos: cocinar en la playa, ayudar a la mujer físicamente maltratada, entre otros.

—Si compara su crecimiento y madurez como persona y escritora, con su época actual de escritora en Puerto Rico, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

—Comencé como casi todos escribiéndole al amor, al eros y a lo cotidiano en Noches de luna (2007). Luego giré hacia el eros político, la búsqueda de un amante justo para la madre Tierra fue mi versión ecofeminista dentro de esa habitación, y mi línea o tono fue más intenso o asertivo en las demandas planteadas en Alcoba roja (2011). El año 2013 marca, tal vez, el mayor de los cambios en mi escribir, Óptica del desierto… es un poemario de temática universal inspirado en el conflicto árabe-israelí. En este instante, zarpé del puerto de la isla sólo para volver a ella en el vientre de mi madre en Velos de la memoria.

Leer nos conecta a los unos con los otros. Sentir las imágenes de los escritos de cada autor y sus vivencias es lo maravilloso de este oficio.

—¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo e investigativo a su quehacer literario?

—Estamos en un momento de mucha creación literaria, de surgimiento de nuevos temas, de espacios que no se daban anteriormente como la literatura LGBT. Por otro lado, hace un par de años Guajana me extendió una invitación para formar parte de su colectivo, la que acepté sin miramientos. Un acto por parte de ellos de extensión de valores no necesariamente iguales hacia el futuro. Las redes sociales llevan el libro a lugares distantes a donde jamás pensamos que íbamos a llegar. Nuestra literatura tiene muchos exponentes. Los escritores tienen sus blogs, ofrecen sus talleres, van a festivales, los invitan a ser parte de antologías, hay certámenes que alientan a los noveles, como el que dirijo hace ya varios años, el de la Universidad Politécnica de Puerto Rico. También hay más editoriales en el ruedo literario, algunas artesanales muy interesantes, y las que surgen como publicaciones de autor. Entre todo esto que forma parte de ser un escritor activo, me hallo en alguna parte. Admiro a mis colegas por sus esfuerzos por posicionar sus obras según sus recursos, la calidad de sus trabajos y toda la gestoría cultural de la que son parte en y fuera de Puerto Rico. No sé si deba usar la palabra generación o hablar de mi generación en términos críticos, como aprendí en Estudios Hispánicos, así que hablaré en términos de lo que me mueve y nos mueve. Leer nos conecta a los unos con los otros. Sentir las imágenes de los escritos de cada autor y sus vivencias es lo maravilloso de este oficio. Todos tomamos de la fuente del saber de las lecturas que hemos hecho y hacemos. A veces tengo la oportunidad de reseñar un libro, moderar un club de lectura, asistir a su presentación, coordinar un certamen literario o publicar algo mío, y cuando el tiempo y el espacio me lo permite, representar a Puerto Rico en algún rincón del planeta.

—Usted ha logrado mantener una línea de creación literaria enfocada en la poesía, el cuento y el ensayo. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?

—Escribo poesía desde que tengo memoria, el cuento vino después al igual que el ensayo. Creo que son estados mentales diferentes que parten de la situación específica que vive el escritor. La poesía se me da en cualquier momento, en cambio la narrativa necesita de silencio. Este último no es muy común en estos días, al menos para mí. Escribo como un ejercicio de liberación de ideas que parten de sentimientos y encontronazos con la vida y la muerte. La recepción de mi trabajo literario es, como aprendí en Hispánicos, cosa de los críticos del futuro. Amo escribir, compartir, escuchar a mis contemporáneos, ayudar a los que se interesan en escribir, corregir y editar a quienes me lo solicitan, participar en la creación de actividades culturales cuando tengo el espacio.

—Sé que usted es de San Juan, Puerto Rico. ¿Se considera una escritora puertorriqueña o no? ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

—Wilkins, “dicen que la luna es una”.

—¿Cómo integra su identidad étnica y de género y su ideología política con o en su trabajo creativo y su formación en la Universidad de Puerto Rico?

—Provengo de un hogar criollo en el que ha habido un poco de todos los genomas que nos conforman: taínos, africanos, españoles y emigraciones europeas. En mis textos, sobre todo en los ensayos, se muestran grandes preocupaciones en torno al momento histórico que me ha tocado vivir: la debacle política y moral del coloniaje y las consecuencias en la psique humana. Pienso que las entidades político-partidistas producen el ambiente propicio de la corrupción, contrario a las universidades. Lamento que los políticos necesiten del dinero de la gente para sufragar sus campañas sobre todo en este siglo en que abundan los medios de promoción virtual. Mi ideología política es la que se basa en la justicia social, política, económica y cultural de los pueblos. Por ello me disgustan los corruptos, los codiciosos, los mentirosos o embaucadores, los acosadores, los agresores, los pedófilos, los vagos de profesión, y los hipnotizadores de masas sin importar sus nombres. Valoro la sinceridad, el diálogo, el respeto, la inclusión, la paz, la misericordia y todas las acciones por mejorar la calidad de vida de los oprimidos. El dinero y los recursos deben estar donde se necesitan, en la educación para la evolución positiva de nuestro pueblo, tanto la sociológica como la económica y la ambiental. Todas con la misma importancia y nivel.

Todo evoluciona y no me escapo de ese principio.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida como estudiante antes y después de su paso por la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritora en Puerto Rico hoy?

—El antes de la UPR era la niñez. Sabía que era una aprendiz de escritora, aunque a mi familia no le pareciera nada bien, pues no se podía vivir de la literatura. Doña Pepita, mi abuela, fomentó que siguiera escribiendo. En el bachillerato tuve la oportunidad de leer y aprender mucho. Sin embargo, de las lecciones más importantes que obtuve en Hispánicos está la de que la obra de arte, de cualquier arte, se independiza de su creador al momento de ser expuesta a la mirada de otros. Esto me hizo claro que escribir era un asunto serio. Lo intento, claro está. El maridaje del sentimiento y la forma: sea la formalidad de lo sentido o el sentimiento de la forma me ocupa en la fase de pulido del texto poético, principalmente. Debo agradecer a mis profesores universitarios por todo lo que sé del valor y respeto al acercamiento al hecho literario: a un Josemilio González, por la importancia de leer bien, como se respira, antes de hacer trabajo crítico; a José Luis Vega y Félix Córdova Iturregui, en poesía y crítica; Federico Acevedo y Luis Felipe Díaz, en narrativa y crítica literaria; a Marcelino Canino, por la óptica múltiple del análisis lingüístico, y por último, pero no menos importante, a doña Luce López-Baralt, que me enseñó con su ejemplo que valen poco el talento, el estudio, la erudición, si no se llevan con verdadera pasión en la vida. Esta es mi escuela.

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática ficcional del mismo? ¿Cómo ha variado?

—Como mencioné anteriormente, es cosa del futuro. Todo evoluciona y no me escapo de ese principio; tal vez haya más personas que me conozcan hoy que hace diez años.

—¿Qué otros proyectos creativos tiene pendientes?

—Está por salir a las librerías mi poemario Tacitas de café, con Calíope Editoras y fotos del maestro del retrato Luisito Rodríguez Cruz. Es poesía en honor al café y a los valores de la familia puertorriqueña en la que me crie. Para el año que viene, coordino la celebración del 25º Certamen de la Universidad Politécnica. Haremos un festival multicultural y contaremos con todo y ballet para la primera semana de mayo. Será una actividad interesante que integrará las artes y los avances tecnológicos.