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José A. Rabelo
“Un creador nunca está de vacaciones”

domingo 28 de junio de 2020
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José A. Rabelo
Rabelo: “Soy un autor puertorriqueño que presenta lo puertorriqueño que a la vez es universal”.

José A. Rabelo (Puerto Rico, 1963) es escritor, actor, pintor, médico de profesión y profesor en creación literaria en la Universidad del Sagrado Corazón de Puerto Rico. Estudió en la Universidad de Puerto Rico, tanto en Cayey como en Ciencias Médicas. Rabelo es autor de, entre otros escritos, Cielo, mar y tierra (literatura infantil, 2003), Cartas a Datovia (novela, 2010), Los sueños ajenos (novela, 2011), Esquelares (cuentos, 2012), P. A. M. (novela juvenil, 2013), Club de calamidades (novela infantil, 2014) y Azábara (novela, 2016). Parte del trabajo creativo de José ha sido premiado por el PEN Club de Puerto Rico (2002, 2013), la Fundación Barco de Papel (2014) y El Nuevo Día (2014). A partir de su último trabajo creativo, Rabelo ha compartido unas palabras que son para compartirlas con vosotros.

 

“2063 y otras distopías”, de José A. Rabelo
2063 y otras distopías, de José A. Rabelo (Isla Negra Editores, 2018). Disponible en la web de la editorial

Recientemente ha salido publicado 2063 y otras distopías. ¿De qué trata esta colección de cuentos y cómo recorre usted entre la literatura y la realidad o no ficción?

Comenzaré con una cita: “¡Ven! ¡Oh ven! a viajar por los sueños, / lejos de lo posible y de lo conocido”. Estos versos de Baudelaire sirven como una invitación que les extiendo a mis lectores para que sueñen por medio de la literatura y para que me acompañen a un viaje al futuro a bordo de mi libro de cuentos, 2063 y otras distopías (Isla Negra Editores, 2018). Este libro se lo dedico a las personas que no se conforman con nuestro tiempo, a quienes se les escapa el alma por la ventana y a los lectores que les gusta viajar a otros universos dentro de nuestro mundo. 2063 y otras distopías es una colección de cuentos y microrrelatos futuristas en los que trato de predecir algunos aspectos de nuestra vida en el futuro. Incluyo cuentos distópicos en los cuales presento una sociedad controlada por nuevas reglas dictadas por un Estado “benefactor” (“2036”, “Luna”, “Estadio”, “Agua”, “Cuerda”). Los cuentos apocalípticos siempre me gustaron y en mi colección no podían faltar (“Lluvia”, “Cábala”, “Aparalipsis”, “Perihelio”). Hay una ucronía, cuento en donde un evento histórico se altera para generar una nueva línea de tiempo, el cual tiene como tema principal y se titula “Béisbol”. Como soy médico quise hacer una apuesta a los adelantos y condiciones médicas previstas para 2063. Cuentos como “Virago”, “Monedas”, “Vida”, “Aokigahara”, “Arretranco” e “In albis” tratan sobre enfermedades nuevas, experimentos no autorizados e inventos científicos. El huracán María también dejó su marca en mi libro. “Levitantes”, es un microrrelato de terror acerca de una nueva raza de zombis que surgió pocos días después del 20 de septiembre de 2017 como una metáfora de cómo mi pueblo y yo nos sentíamos a la deriva al percatarnos de los efectos del desastre. En este libro me esforcé por otorgarle énfasis al tema de lo humano en cada uno de los relatos. Al darle una lectura profunda, el lector se percatará de que además de hallar tramas con diversas situaciones futuristas encontrarán un subtexto saturado de comentario histórico, político, social y económico. 2063 y otras distopías cuenta con una ilustración para cada cuento, una imagen que evoca algún pasaje de la trama. Siempre he pensado que un cuento debe dejar grabada una imagen en la mente del lector y esta vez realicé dibujos en medio mixto (acuarelas, marcadores y arena) para revivir la experiencia de los libros antiguos, en donde un pequeño dibujo abría o cerraba cada uno de los textos presentados. Al terminar la escritura del libro fui cuento por cuento, sin pensarlo mucho, para determinar qué imagen se despertaba tras la lectura. Se los presenté a mi editor, Carlos Roberto Gómez, y el poeta en él les vio la posibilidad de integrarlos al proyecto. Durante la primera presentación en Cayey expuse los originales ante los asistentes.

 

Usted ha publicado novelas y cuentos, entre los que destacan también una serie de relatos infantiles. Me refiero a Club de calamidades (novela juvenil), Cielo, mar y tierra (cuento infantil) y, entre otros, P. A. M. (novela infantil). ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlos? ¿Qué relación tiene 2063 y otras distopías con su trabajo creativo-narrativo anterior y hoy (actual)?

Mi primer acercamiento a la literatura fue en la Biblioteca Familiar de la Universidad de Puerto Rico en Cayey cuando tenía ocho años. Allí conocí la literatura infantil y nunca me he podido desligar de ella. Como consecuencia de ese contacto escribí a esa edad mi primera colección de relatos, de los cuales sobrevive uno, “Lucero”, y lo publiqué en mi primer libro infantil, Cuentos de la fauna puertorriqueña (Ediciones Payalila, 2002). Más adelante, en la adolescencia, escribí obras teatrales para niños y en mis tiempos de estudiante de medicina y pediatría incursioné en el mundo del guion de cine. Con el nuevo milenio, al terminar mi carrera en dermatología, decidí quedarme con la literatura y aventurarme a publicar mi primer libro infantil, Cuentos de la fauna puertorriqueña, el cual también ilustré por no conocer aún artistas especializados y, además, por carecer de los recursos económicos para tales fines. Me gustó tanto la experiencia que en 2003 escribí e lustré mi segundo libro infantil, Cielo, mar y tierra. Ambos libros surgieron como un regalo para mis hijos y como un esfuerzo para integrar aspectos acerca del medio ambiente y de especies en peligro de extinción de mi país. Desde entonces he alternado mi proceso de creación literaria con proyectos para adultos, jóvenes y niños. Creo que mi experiencia como pediatra durante diez años también me ayudó a captar los intereses y preocupaciones de niños y adolescentes. Pienso que los escritores de literatura infantil seguimos refugiando la niñez en algún rincón de nuestros cuerpos. Club de calamidades (Ediciones SM, 2014) fue un trabajo que hice para la convocatoria del Premio El Barco de Vapor, el cual obtuve en 2013 y surgió como un homenaje a esos libros y autores de literatura infantil que en la actualidad forman parte de mi genética literaria. P. A. M. (Publicaciones Educativas, 2013) es mi respuesta a las experiencias de mis hijos, pacientes y personales en torno al acoso escolar. En el fondo, ambos libros tienen un trasfondo con el acoso porque en Club de calamidades utilizo el acoso social como uno de los motivos para adelantar la trama.

He aprendido a ser como un radar que capta dichos, situaciones, anécdotas con el propósito de transformar estos estímulos en material literario.

Con relación a la segunda pregunta de esta sección, este libro es consecuencia de mi labor como profesor en la Maestría de Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón. Ya había leído cuentos y novelas de ciencia ficción. También me había criado con infinidad de películas de este género, pero no había escrito historias con esas características. Así que mientras brindaba los talleres a mis estudiantes (desde 2010) también realizaba mis asignaciones en secreto y las acumulaba en un archivo de mi computadora llamado “2063”. Mis planes eran publicar el libro para 2013 (cincuenta años antes de los eventos presentados en el libro), pero a causa de otros proyectos literarios tuve que posponerlo para 2017, y María me hizo moverlo hasta 2018. Al finalizar el trabajo de escritura me di cuenta de que este texto se parece a mis trabajos anteriores en el aspecto de crear una realidad alterna para mostrar nuestro mundo actual, a manera de una alegoría, metáfora, o una biopsia de nuestros tiempos con característica del mañana. Mis trabajos previos para adultos, como Cartas a Datovia (Isla Negra Editores, 2010) y Azábara (Isla Negra Editores, 2015), son dos novelas en las que confronto a mi país con nuestras características como pueblo. En la primera enfrento a Puerto Rico con una nación inventada en donde la literatura es la principal industria versus una en donde apenas se da a conocer a nuestros escritores. La segunda trata acerca de un reino que se hunde en el mar como alegoría de nuestro naufragio político-social-económico.

 

Si compara su crecimiento y madurez como persona y escritor, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-narrativo o no de entonces (anterior) con el de hoy?

Como persona me he seguido enriqueciendo con la influencia de mis estudiantes, pacientes, seres y situaciones que me rodean. He aprendido a ser como un radar que capta dichos, situaciones, anécdotas con el propósito de transformar estos estímulos en material literario. Admito que, a veces, son tantas las ideas que me llegan y tantas las novelas que se escriben en la mente o se esbozan en un cuaderno que serían necesarias varias vidas para completar tal agenda creativa. Ahora no dejo de cargar con un diario para escribir las ideas que me llegan, porque un creador nunca está de vacaciones, los conceptos llegan en cualquier momento, incluso cuando dormimos. Otro aspecto importante con el cual trabajamos los escritores es el reposo del texto; escribimos y guardamos para revisar y reescribir más tarde. A menudo, algunos de mis lectores me preguntan qué publicaré el siguiente año como si escribiera anualmente, y les contesto, “con posibilidad saldrá a la luz un trabajo que lleva escondido cinco o diez años”. Por ejemplo, en 2018 me publicaron dos libros infantiles, Los cuatro del oro (Editorial Raíces) y La estrella de largos brazos (Editorial EDP University); el primero es una historia que llevaba conmigo más de veinte años y el segundo, de seguro, ya celebró su quinceañero.

 

¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico?

Cada uno de los escritores de mi tiempo tiene diversos intereses, pero he visto que muchos comparten preocupaciones por los aspectos sociales de nuestros ciudadanos. En muchos de mis trabajos toco el tema de los derechos civiles y de las injusticias (acoso escolar, crímenes de odio), temas que veo tratados en muchos textos contemporáneos. También, he visto interés por dar a conocer distintos males de salud de nuestra época (el autismo, la enfermedad de Alzheimer), los cuales he tratado en varios de mis cuentos contenidos en Esquelares (Isla Negra Editores, 2012). La novela y el cuento histórico se están publicando en nuestra isla como un intento para fortalecer la memoria colectiva. En mi experiencia, intento insertar aspectos históricos en mis cuentos y novelas para provocar o perturbar a mis lectores.

 

¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro de Puerto Rico, y la de sus pares, bien sean escritores de relatos u otro género?

En general el ambiente literario en Puerto Rico es muy diverso y les da oportunidades a lectores y profesores de disfrutar textos de calidad de muchos de nuestros autores. Por fortuna, mi trabajo literario ha sido aceptado por los lectores, los cuales me apoyan en cada una de mis presentaciones. Maestros y profesores los utilizan en escuelas, colegios y universidades en Puerto Rico y en el exterior. Me da mucho placer visitar a los estudiantes y escuchar las preguntas, que muchas veces me hacen pensar mucho para poder contestarlas. Los estudiantes sorprenden con sus comentarios porque descubres aspectos insospechados de nuestro trabajo literario. En cierta ocasión un estudiante aseguró que una de mis novelas era la metáfora de mi vida, cosa que nunca pensé al escribirla. En otra oportunidad, una estudiante me dijo que cambiaría sus estudios de ciencia a literatura tras leer una de mis novelas. Un día, una niña se me acercó llorando para decirme que mi novela acerca del acoso escolar la había ayudado a encontrar alternativas para defenderse de los abusos por parte de sus compañeras de clase. Nunca olvidaré el correo electrónico que recibí de un lector poco después de la presentación de 2063 y otras distopías: “Nunca había sido tocado tanto por un cuento. ‘Multiversos’ me hizo llorar y llorar porque de cierta manera es la historia de mi vida”. Estas y otras experiencias le dan motivos a nuestro esfuerzo y vida a nuestra alma como escritores.

Con mis pares escritores he tenido la oportunidad de participar junto a ellos en congresos internacionales, de presentar sus libros en ferias de libros dentro y fuera de Puerto Rico, de ser incluido en antologías de temas variados. Muchos me han regalado el honor de reseñas de mis libros en variedad de medios. Cada uno de los esfuerzos literarios de mis colegas es un estímulo para incrementar nuestra creatividad. Por eso veo necesaria la solidaridad a la hora de sus presentaciones, no sólo para apoyarlos en su trabajo sino para ser parte de nuestra historia literaria, un tiempo alterno de nuestra realidad como país. Otro aspecto que me llena de satisfacciones es ver el éxito de mis estudiantes al obtener premios por sus trabajos literarios.

 

Usted es de Puerto Rico. ¿Se considera un autor puertorriqueño o no? O, más bien, un autor de literatura, sea esta puertorriqueña o no. ¿Por qué?

Soy un autor puertorriqueño que presenta lo puertorriqueño que a la vez es universal. Nuestras luchas, nuestros dolores son las gestas y penurias de cada ser humano en el mundo. Al presentar las experiencias desarrolladas en nuestra tierra, demostramos que somos ciudadanos de una nación llamada planeta Tierra. Nuestros problemas ambientales y espirituales no distan de los acaecidos en otros lugares del mundo.

 

Al escribir, los escritores crean fisuras por donde ven el cielo o el infierno.

¿Cómo integra su identidad étnica y su ideología política con o en su trabajo creativo?

Es cierto que tenemos ciertas particularidades políticas, sociales y económicas, pero todos estos conceptos son comprensibles por lectores del mundo porque la palabra libertad es un denominador común en cada mente humana. En mi obra literaria caribeña he trabajado con el concepto del valor y autoestima de nuestro país en cuentos infantiles como “Libertad”, acerca de una cotorra en cautiverio, y en “Sato”, cuyo protagonista es un perro callejero que lucha por destacarse en un barrio habitado por perros de raza. He tocado el tema de nuestra relación con Estados Unidos en Cartas a Datovia y en “La orgía verde”, cuento contenido en Esquelares. 2063 y otras distopías presenta varios cuentos en los cuales muestro destellos de nuestra trastienda del poder: “Aparalipsis”, “Arretranco”, “Colonia”, “María”, entre otros.

 

¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio que hacer de escritor hoy?

Mis experiencias con otras vidas me han ayudado a desarrollar proyectos literarios. He pensado que, al escribir, los escritores crean fisuras por donde ven el cielo o el infierno, y a la larga tenemos la necesidad de contar lo que vemos por esos portales. Una mañana, llegó una paciente para atenderse una enfermedad en la piel, pero no dejó de contarme acerca de sus vivencias mientras permaneció varios días en estado de coma. Su impresionante recuento fue un regalo que me llevó a buscar más información acerca de este estado de la conciencia en donde la vida se confunde con la muerte, y el producto de la investigación fue una novela titulada Los sueños ajenos (Isla Negra Editores, 2011).

También, las experiencias de mi vida me han ayudado en mi trabajo literario. Muchos de mis protagonistas son personas allegadas a mí. En mis novelas he creado nuevas geografías (Datovia y Azábara) basadas en las observaciones, durante mis viajes, del comportamiento de otros pueblos y del mío. La preparación en ciencias naturales que recibí me ha ayudado a percibir mejor los problemas ambientales para lograr transformarlos en relatos para el entendimiento de grandes y chicos. Pero lo más importante de todo mi desarrollo literario ha sido la lectura. La divina comedia, La Ilíada, La Biblia, Cien años de soledad, La metamorfosis de Kafka, la obra de Julio Verne y muchas obras más encontradas durante mi juventud me ayudaron a perderle el miedo a la imaginación para crear mis propios mundos. Mi contacto tan cercano con el séptimo arte, porque viví cerca de dos cines en Cayey, me ayudaron a visitar universos inimaginables por muchos. Recuerdo que cada tarde miraba las puestas de sol tras las montañas de mi pueblo desde el techo de mi casa y trataba de imaginarme qué había detrás de esas murallas verdes, ¿ciudades de piedras preciosas, monstruos amigables, fantasmas de colores, brujas hermosas, lagos de jalea, naves para conocer otras galaxias, libros con el secreto de la inmortalidad? Me consolaba al pensar que tenía toda una vida por delante para descubrirlo y para contarlo en mis libros.

 

¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

Al principio eran la familia y los amigos cercanos quienes me acompañaban durante las presentaciones. Recuerdo que a mi primer evento literario fueron ocho bellas caras conocidas, incluyendo a mi esposa, Sherybell Bigio Rosa, quien me animó para estos proyectos iniciales e independientes. Con el tiempo se fueron sumando más personas y caras desconocidas. Nuestro mundo de lectores se amplía con el tiempo, con altas y bajas, por supuesto. Ahora con las redes sociales y las tiendas electrónicas hay una multitud dispuesta a adquirir tu libro. Escribimos en forma solitaria para estar acompañados de una forma virtual tras publicar el texto. La temática de mi obra y el acercamiento a la misma es variada porque no me gusta repetirme, creo que soy un científico de la palabra porque me agradan los experimentos literarios. He explorado la fantasía, la ciencia ficción, lo real, lo crudo, lo histórico, he tratado de escribir para todas las edades, desde cero a cien años, no porque lo planifique sino porque lo siento. Los relatos son concebidos y nacen, como los hijos, diversos e impredecibles.

 

¿Qué otros proyectos creativos tiene recientes y pendientes?

Como mencioné más arriba, terminé 2018 con dos libros infantiles. En octubre salió Los cuatro del oro (Editorial Raíces), un cuento basado en una aventura de mi niñez cuando se pensaba en la existencia de minas de oro en las montañas cayeyanas. En 2019, en Navidad, Editorial EDP University me publicó otro cuento, La estrella de largos brazos, un relato cuyo tema es brillar sin temor en la vida. Como proyectos futuros, trabajo en una novela de aventuras para lectores juveniles; la describiría como una mezcla de las historias de Harry Potter y El Señor de los Anillos. Llevo trabajando esta trama desde 2004 y no veo la hora en que la termine. Espero darles buenas noticias pronto. Además, tengo en desarrollo otro libro de aventuras, pero esta vez para los más pequeños, desarrollado en un mundo dentro del nuestro. Pero, como también mencioné, tengo muchas historias para niños, jóvenes y adultos escritas en la cabeza, en cuadernos, en mi celular, en la computadora, en diarios de viajes y hasta en servilletas. Veremos cuál de todas se adelanta en esta carrera para convertirse en libro.

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