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Ricardo Martí Ruiz:
“Lo que pasa es que mi vida sigue cambiando”

domingo 6 de diciembre de 2020
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Ricardo Martí Ruiz
Ricardo Martí Ruiz: “Siempre me he considerado como un pájaro raro en la comunidad literaria”.

Ricardo Martí Ruiz (Puerto Rico, 1970) es un escritor que —además de escribir con humor— se nos presenta como un cuentista realengo. A inicios del 2019, el Instituto de Literatura Puertorriqueña reconoció como primer libro de creación o literatura uno de sus libros, El Finalito: un cuento para niños grandes (2017). Como si presagiara el futuro, en el 2017 su par en las letras, Yolanda Arroyo Pizarro, señaló de Martí Ruiz y su obra: “Martí es un autor diestro a quien hay que seguir de cerca”. Martí Ruiz es egresado de la Maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón, en la que presentó su novela El cuento se llama sangre (2014). El Finalito deviene acompañado de ilustraciones creadas por Ada Montañez. Martí Ruiz ha respondido a mis preguntas, y todas sus respuestas son para compartirlas con vosotros.

Por mucho tiempo fui un publicista que también escribía, pero ahora soy escritor a tiempo completo.

—Usted ha publicado desde cuentos infantiles hasta cuentos no infantiles, o “no aptos para menores”. Me refiero a El Finalito: un cuento para niños grandes, Cuentos tan cortos que no aburren, Pajas: malas palabras con buenas intenciones y Demencias: 3 cuentos sin madre. ¿De qué trata esta colección de cuentos y cómo recorre usted entre la literatura y la realidad o no ficción?

—No sé si es que estoy madurando, o inmadurando, pero en los últimos años me ha dado por escribir cosas simples y fantasiosas que contrastan con mi estilo usual, que es satírico y enfoca en asuntos mundanos “de adultos”. Pero todos mis escritos son retratos sinceros de mi realidad interna en el momento en que los escribo. Lo que pasa es que mi vida sigue cambiando.

—¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlos? ¿Qué relación tienen los relatos de esta colección de cuentos con su trabajo creativo-narrativo anterior y hoy (actual)?

—Sospecho que la influencia de mis dos hijos y el estilo de vida que ahora llevo como hombre casado, tan domesticado, que es mucho más civilizado que el que llevaba cuando era soltero, son los causantes de la aparición de mi nueva variable inocentona. Pero no he abandonado los temas de adultos. De hecho, mi próxima publicación es una historia de horror que tampoco será apta para menores.

—Si compara su crecimiento y madurez como persona y escritor, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-narrativo o no de entonces (anterior) con el de hoy?

—Pues, por mucho tiempo fui un publicista que también escribía, pero ahora soy escritor a tiempo completo. Obtuve una maestría en Creación Literaria y acumulé experiencia. Por eso, ya sé ubicar los acentos y no uso el gerundio en exceso, por ejemplo. También tomo mi tarea más en serio, soy bastante más prolífero y he desarrollado una gama de intereses más abarcadora que antes. Eso, en combinación con mi crecimiento natural como persona, hace que mi trabajo ahora sea de mayor calidad, creo.

—¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico?

—Siempre me he considerado como un pájaro raro en la comunidad literaria; como una oveja negra o un patito feo, tal vez. En parte es por estrategia, y en parte es que me sale natural. De todos modos, lo que hago es diferente a la norma y eso me agrada. Pienso que muchos autores convencionales, además de ser muy serios, tienen la mala maña de ponerse verbosos y demasiado contemplativos, en vez de ir al grano, desarrollar personajes y generar tensión e intriga. Eso espanta a muchas personas que podrían interesarse en un buen cuento. Por eso, me autodefino como “cuentista realengo” y humorista, en vez de autor, y me promuevo de formas que no son asociadas con las que usaría un escritor común y corriente.

“El Finalito”, de Ricardo Martí Ruiz
El Finalito, de Ricardo Martí Ruiz (Bolita Group, 2017). Disponible en Amazon

—¿Cómo concibe usted la recepción a su trabajo creativo dentro de Puerto Rico, y la de sus pares, bien sean escritores de cuento u otro género?

—Aparentemente, yo debería estar satisfecho porque El Finalito ya ha vendido sobre 5.000 unidades en Puerto Rico. Me dicen que eso es, oficialmente, un resultado exitoso. Pero, para mí, celebrar esa cantidad es un bochorno. En un país de 3,5 millones de ciudadanos, esa cifra no debería impresionar a nadie. Debería haber más lectores. Y pienso que el suelo es fértil, pero habrá que cosecharlo mucho más agresivamente.

—Sé que usted es de Puerto Rico. ¿Se considera un autor puertorriqueño o no? O, más bien, un autor de literatura, sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué?

—Pienso que emano puertorriqueñidad sin tratar de ser puertorriqueñista. Sin embargo, mis temas centrales son bastante universales: religión, política, sexo, drogas, enfermedad, muerte, justicia, etc. O sea que un ruso podría leerme y se reiría un rato.

—¿Cómo integra su identidad étnica y su ideología política con o en su trabajo creativo?

—Supongo que es inevitable. Digo, aunque no tengo agenda maestra, cada cuentito que hago tiene una meta en mente. Muchas veces la meta es divertir, pero casi siempre quiero convencer también; o por lo menos sembrar semillas. De igual manera, cada palabra que emito refleja mi identidad y trasfondo cultural. Como dije, es inevitable. Mis valores y regionalismos están tan impregnados en mí que los expreso sin darme cuenta.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor hoy?

—Se me hace difícil generalizar esa respuesta, porque cada cuento es su propio universo y tiene sus particularidades. Sin embargo, como dije al principio, todos mis cuentos son retratos sinceros de mi realidad interna en el momento en que los escribo.

Si todo me sale bien, también estaré comenzando una nueva religión. Deséame suerte.

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

—Va mejorando, en parte porque la calidad de mi producción está mejorando también; y la realidad es que siempre he tenido apoyo. Aunque es verdad que a veces soy controversial, y supongo que habré enfadado a una que otra persona en más de una ocasión, creo que a la larga mi atrevimiento dará fruto, y tengo mucha esperanza para el año entrante.

—¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?

—¡Qué bueno que hagas esa pregunta! En el 2019 participaré en varias nuevas publicaciones, y todas me tienen superentusiasmado. Lo primero será un relato gráfico de horror, titulado Sangre, que estoy generando con mi amiguísima ilustradora Ada Montañez, quien hizo los dibujos de El Finalito. Con ella también estaré lanzando un cómic sobre una superheroína LGBT, titulado Gina la dragga. Estos dos ya están por salir, presumo que antes de marzo. Luego lanzaré otra colección de cuentos cortos, muy divertida; y, si todo me sale bien, también estaré comenzando una nueva religión. Deséame suerte.

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