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Julio César Pol:
“El poeta tiene que asumir su responsabilidad como un termostato social”.

domingo 12 de septiembre de 2021
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Julio César Pol
Julio César Pol: “El campo de batalla de la poesía es el individuo, esa es la variable de elección o el sujeto de cambio”.

Julio César Pol nació en agosto de 1976 en Ponce, Puerto Rico. Ha publicado cuento y poesía en revistas como El Sótano 00931 (2001), Encuentro (1997), Desde el límite (2002), Palabreiros (2004), Letras Salvajes (2004), Borinquen Literario (2004), Hostos Review (2005), Aullido (2006), Prometeo Digital (2006), Los Poetas del Cinco (2007) o Baquiana (2007). Obtuvo premios en los certámenes del ICPR Junior College, Universidad de Puerto Rico en Ponce, Universidad Politécnica de Puerto Rico, Círculo Jaime Marcano, Certamen del Círculo de Recreo de San Germán, PEN Club de Puerto Rico y el Certamen de Poesía Olga Nolla. Fue director de la revista El Sótano 00931 y coordinador general de los encuentros de (De)Generaciones. Es editor de la antología Los rostros de la Hidra (2008), con las casas de Isla Negra Editores y Ediciones Gaviota, y de Poesía de Puerto Rico: cinco décadas. Sus libros La luz necesaria (2006), Idus de marzo (2008), Mardi Gras (2012) y Sísifo (2017) fueron publicados bajo el sello de Isla Negra Editores. Posee un doctorado en Economía. Es docente e investigador en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez. A partir de El ala psiquiátrica (2020), su quinto poemario, volvemos a intercambiar unas palabras que son para ser compartidas con todos vosotros.

 

Con El ala psiquiátrica continúo trabajando un tipo de poesía al que llamo “poesía etnográfica”.

El ala psiquiatra (2020) es su quinto poemario. ¿De qué trata este poemario?

El ala psiquiátrica (2020) es una confrontación a cómo la sociedad percibe y oculta los problemas de salud mental; cómo los sistemas de salud mental manejan la “locura”, al “loco” o a la “loca”; cómo el mercado clasifica y diseca los problemas de salud mental y los convierte en flujos financieros. También es una inmersión en la locura, en los razonamientos de las personas con problemas de salud mental, en la experiencia de saberse sin control.

Con El ala psiquiátrica continúo trabajando un tipo de poesía al que llamo “poesía etnográfica”. La etnografía es el estudio de las etnias, de su modo de vida, de los rasgos, de su cultura (es decir, signos, valores, creencias, motivaciones, prácticas, énfasis y perspectivas). Trata de observar, descubrir y documentar el modo de vida de la gente en ese grupo: ¿qué hace esta gente?, ¿cómo se comportan?, ¿cómo interactúan entre ellos?, ¿cómo interpretan “la realidad”?, ¿cómo justifican sus decisiones?, ¿cuáles son sus aparentes incongruencias y sus ambigüedades? Entonces, he estado trabajando con mis últimos libros una poesía que haga eso. Una poesía que logre una inmersión profunda en la etnia, en un grupo (por ejemplo, en los lugares de trabajo, en los hogares, en los manicomios, en las cárceles). Una poesía que le permita al lector vestirse de otra piel, en esa otra realidad. Que permita al lector descubrir los signos, los procesos mentales, las decisiones, las f(r)icciones, las incongruencias de ese grupo de gente. Una poesía que explore la gente en un espacio físico y en un período de tiempo, la experiencia humana en el cronotopo. No un cronotopo como los propuestos por Immanuel Kant o Mijaíl Bajtín, sino uno en el que el espacio y el tiempo (es decir, que habita en las mentes humanas) están intervenidos por una causalidad en reversa (es decir, cum hoc ergo propter hoc) donde el conocimiento y la experiencia se apropia de las realidades físicas para crear nuevas formas, mediciones, significados y valores en el cronotopo percibido. El cronotopo percibido, en contraposición al físico, el cual es el que es vital para la literatura.

El yo lírico ha gobernado la poesía por los últimos siglos. Ese modelo está agotado y es la gran barrera para que la poesía se integre a la sociedad. Los temas de la poesía se han limitado al amor, a las pasiones, a la familia, al hogar, lo que está bien, pero no se puede quedar ahí. El mundo es más rico y complejo que esto. ¿Cuánto se puede decir de todos los grupos que forman los seres humanos? Principalmente de los que no tienen voz. Los que actualmente son invisibles en la poesía porque el yo lírico los rechaza y aborrece sus circunstancias. Pienso en las 867 ocupaciones de la Clasificación Estándar de Ocupaciones (SOC, por sus siglas en inglés); en las 1.065 industrias que tiene el Sistema de Clasificación Industrial de América del Norte (NAICS, por sus siglas en inglés) de 2017; en los 70.000 códigos de enfermedades que posee la Clasificación Internacional de Enfermedades (ICD, por sus siglas en inglés); en las 4.300 religiones a nivel global y aproximadamente 650 grupos étnicos en el mundo. Todos estos códigos interactuando los unos con los otros en distintos escenarios de tiempo y espacio. Cada uno de estos códigos, o estos grupos, es una vida alterna, un pequeño mundo, y merece su propio poemario. Y ni remotamente lo tiene. Hasta hoy los poetas han girado en torno al yo lírico, teniendo como centro su narcisismo, dándole vueltas a su cola. Por eso, la poesía ha perdido pertinencia. Hasta hoy los poetas hemos hecho un trabajo sencillamente deficiente. La poesía actual apenas roza la superficie de la experiencia humana.

El poeta tiene que asumir su responsabilidad como un termostato social. Con la poesía se tiene que tomar el pulso de los grupos de personas, de las etnias y de los pueblos. Tenemos que retomar ese propósito. Con esa visión, la poesía tiene tanto o más que aportar que cualquier rama de las ciencias sociales.

Pero una vida no da para esa encomienda. Mi objetivo es crear la zapata. Mi trabajo actualmente es levantar los fundamentos para esta nueva poesía, la poesía etnográfica.

 

Sé que es usted un autor temático. ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajar el tema que aborda en El ala psiquiátrica? ¿En qué se diferencia del tema que trata en sus otros cuatro poemarios?

Estudié dos doctorados. Uno en Economía, el cual es puramente cuantitativo, y un segundo doctorado en Evaluación Interdisciplinaria, el cual es primordialmente cualitativo. En los estudios cualitativos tuve la oportunidad de estudiar y practicar un poco la etnografía y hacer un pequeño estudio sobre las decisiones de consumo de las familias nucleares con niños en centros comerciales. Fue una experiencia rica y luminosa. Esta técnica busca documentar y describir la cultura de grupos humanos atados por denominadores comunes, así como comunidades, en un principio comunidades primitivas. Esta forma de investigación contempla a los individuos dentro de su grupo social con el fin de descifrar sus creencias, su perspectiva, su sistema de valores, su ubicación espacial y temporal —su cronotopo.

En El ala psiquiátrica (2020) me adentro en el espacio del hospital psiquiátrico y abordo la temática de la locura y los shocks entre las desviaciones de los “locos” y las “locas” con la “norma-lidad”.

Esa experiencia coincidió con discusiones con mis compañeros de la revista y grupo literario El Sótano 00931. Ellos me trajeron la idea de escribir “un poemario redondo y circular”. Para la mayor parte de los poetas el reto es realmente escribir “el poema”. Pero en El Sótano 00931 los ojos estaban puestos en algo mucho más ambicioso y complicado, crear unos poemas que funcionaran como un sistema. Generar un grupo de poemas que se alimentaran mutuamente, que llevaran al lector a un pequeño universo. Conozco muchos poetas que han escrito uno o dos poemas excepcionales, pero muy pocos han escrito un poemario que en su unidad sea excepcional. Eso se convirtió en el reto para mí y para los miembros del grupo.

En mí la poesía etnográfica y la creación de un libro redondo surge con Mardi Gras (2012). Mardi Gras entra al espacio del hogar y el tema de la familia y del obeso. Luego en Sísifo (2017) trabajo el espacio de la oficina y el tema de las relaciones de poder entre los trabajadores y los jefes. En El ala psiquiátrica (2020) me adentro en el espacio del hospital psiquiátrico y abordo la temática de la locura y los shocks entre las desviaciones de los “locos” y las “locas” con la “norma-lidad”. Ahora me encuentro trabajando los espacios de la cárcel y la iglesia.

En el caso de El ala psiquiátrica (2020) tuve una experiencia personal con un familiar muy querido el cual desarrolló una enfermedad mental crónica. Esta persona sencillamente no tenía ningún tipo de control. Si bien la experiencia fue surreal, lo que más me impresionó y a lo que nunca había estado expuesto, fue al sistema de salud mental, con sus trabajadores, especialistas e instituciones y a los usos y costumbres de esa subcultura, los cuales también son surreales.

Entonces, para descifrar esta experiencia, me distancié y me puse los sombreros de investigador social y escritor; combiné la técnica de la etnografía con mis herramientas de poeta y con lo que había aprendido como estudiante de psicología. Comencé a analizar, a deconstruir, a estudiar mis experiencias con pacientes de salud mental, sus cuidadores y el personal entrenado. Así abordé la documentación de las experiencias utilizando un medio artístico.

 

El ala psiquiátrica es un poemario entre otros poemarios, cuentos y ensayos. Sé que el Colegio Ergos le premió un trabajo poético en 1994. Todavía no lo conocía, ni idea tenía de su existencia. ¿Cómo llega a la literatura? ¿Quiénes fueron esos maestros, madres, abuelas, vecinos que le pusieron ese primer papel en la mesa para que se llenara de palabras, de imágenes literarias?

La poesía llega por mi madre. Ella me leía poemas de pequeño. Luego en el colegio una de mis maestras, Adelaida Bidot, me regaló unos casetes de música de protesta y leyó mis primeros cuentos y poemas. También compartí mis poemas con la psicóloga escolar, la doctora Charline Lizarraga, y ella me puso en contacto con el gran escritor ponceño Juan López Bauzá. Él a mis quince años me obsequió mis primeros libros de Vallejo y de Neruda. Ese encuentro con Juan fue trascendental, formalizó mi amor por la lectura y me alentó a continuar escribiendo. Yo he intentado continuar con ese legado que me transfirió Juan, y en ocasiones he tenido la oportunidad de obsequiar libros de poesía a los escritores jóvenes que se me acercan.

 

En sus primeros dos poemarios, La luz necesaria e Idus de marzo, ¿cómo el poeta nos devela su mirada a lo marginal en el Caribe que habita?

En estos dos poemarios un tema reincidente es la poesía desde la pobreza. Cuando los escribí era un joven universitario pobre. Pero, sin importar estas circunstancias, estaba descubriendo y experimentando los mundos caribeños. Idus de marzo es un poemario contra la desigualdad social y los atropellos de la clase dominante.

 

¿Cómo ha integrado usted su experiencia creativa a su diario quehacer y a su interés por un lenguaje propio y disciplinado en Mardi Gras y Sísifo?

El día es para mi familia y mi trabajo. La noche es para mi obra literaria. Requiere mucha disciplina. Pero cada proyecto literario es obstinado y me exige que le dedique su tiempo. Es intenso para el cuerpo.

 

Ese miedo constante no sólo por la vida biológica, sino la continua amenaza al estilo de vida, quiebra a muchas personas.

El ala psiquiátrica es una mirada que nos retrotrae a la realidad desde un imaginario de seres vivos y enfermos. A mí me recordó que ya en Sísifo nos dejaba usted entrever la locura que se vive dentro de contextos normales de trabajo.

En Puerto Rico la locura es un síntoma colonial, pero también es un síntoma de la percepción de que se vive al final de los tiempos, esto a nivel colectivo o individual. La situación colonial de Puerto Rico, el desplome de la población, una depresión económica que ha durado más de quince años, desastres naturales como sequías categoría 3 y 4, huracanes categoría 4 y 5, terremotos y pandemias, han generado un contexto amenazante que la gente ha percibido como apocalíptico. Cuando la gente experimenta amenazas continuas a su vida y a su bienestar y no encuentra cómo zafarse, se disocia.

En el libro Los condenados de la tierra, Franz Fanon describe los trastornos mentales de los sujetos colonizados como “psicosis reaccionales”. Fanon dice que lo que desencadena esas psicosis reaccionales es no solamente “la historia psicológica, afectiva y biológica del sujeto”, sino también “la atmósfera sanguinaria, despiadada, la generalización de prácticas inhumanas, la impresión tenaz que tienen los individuos de asistir a un verdadero apocalipsis”. Ese miedo constante no sólo por la vida biológica, sino la continua amenaza al estilo de vida, quiebra a muchas personas.

Foucault también habla de esto en su libro Historia de la locura en la época clásica. En este libro Foucault dice:

¿Qué anuncia el saber de los locos? Puesto que es el saber prohibido, sin duda predice a la vez el reino de Satán y el fin del mundo; la última felicidad es el supremo castigo; la omnipotencia sobre la Tierra y la caída infernal. La “Nave de los locos” [el ala psiquiátrica] se desliza por un paisaje delicioso, donde todo se ofrece al deseo, una especie de Paraíso renovado, puesto que el hombre no conoce ya ni el sufrimiento ni la necesidad; y sin embargo, no ha recobrado la inocencia. Esta falsa felicidad constituye el triunfo diabólico del Anticristo, y es el Fin, próximo ya. Es cierto que los sueños del Apocalipsis no son una novedad en el siglo XV, pero son muy diferentes de los sueños de antaño. La iconografía dulcemente caprichosa del siglo XIV, donde los castillos están caídos como si fueran dados, donde la Bestia es siempre el Dragón tradicional, mantenido a distancia por la Virgen, donde —en una palabra— el orden de Dios y su próxima victoria son siempre visibles, es sustituida por una visión del mundo donde toda sabiduría está aniquilada. Es el gran sabbat de la naturaleza; las montañas se derrumban y se vuelven planicies, la tierra vomita los muertos, y los huesos asoman sobre las tumbas; las estrellas caen, la tierra se incendia, toda vida se seca y muere. El fin no tiene valor de tránsito o promesa; es la llegada de una noche que devora la vieja razón del mundo.

Nosotros los puertorriqueños vivimos en ese apocalipsis en esa ausencia de promesa.

 

Usted ha sido editor de otros autores, además de escritor. ¿Qué otros autores inspiran su trabajo creativo?

Los poetas que más me han impresionado son Rafael Alberti, Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Oliverio Girondo, Pablo Neruda, Nicanor Parra, Ernesto Cardenal, Allen Ginsberg, Lawrence Ferlinghetti, Leopoldo María Panero Blanc, Manuel Ramos Otero, Charles Bukowski, Gioconda Belli y Ana Istarú, entre tantos otros.

 

Usted no sólo ha escrito poesía. ¿En qué otros géneros literarios se siente cómodo?

Es natural para los poetas sentirse cómodo con el ensayo. Como economista y evaluador trabajo mucho el ensayo. Pero me gusta trabajar el cuento. He escrito varios libros de cuento infantil y comencé dos libros de cuentos cortos. Sólo que el cuento requiere mucha soledad y tiempo para desarrollarlo efectivamente. En este momento me interesa consolidar mi propuesta como poeta.

 

Cuando nos conocimos, ya usted estudiaba Economía a nivel graduado en la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras. ¿Cómo relaciona su quehacer de escritor con su trabajo creativo publicado o no y su formación académica en economía?

La poesía y la economía son herramientas para descubrir la verdad. Una utilizando la razón y la otra las emociones. El orden y el caos son vitales para entender la experiencia humana.

Mi poesía está inmersa en teoría económica. Escondo en mis poemarios muchos conceptos económicos que en un futuro probablemente se integren al lenguaje coloquial. Esto me permite aportar a la poesía desde otro ángulo. El marco de la poesía es uno íntimo, privado, reflexivo. Por eso la poesía debe aspirar a confrontar al individuo a la reflexión íntima, social y estética.

El campo de batalla de la poesía es el individuo, esa es la variable de elección o el sujeto de cambio. Por el contrario, las herramientas de la disciplina económica que tengo me permiten proponer cambios sociales, justificarlos, llevarlo al plano del plan, ejecutar la idea. Hoy la economía es la ciencia social más escuchada en términos de política pública y es la disciplina desde la cual se puede ejecutar más efectivamente renovaciones sociales.

 

Los compañeros del PEN Club han hecho un trabajo excepcional. ¡Bravo por ellos! Sin recursos económicos ni dádivas del Estado han mantenido un proyecto nacional propio y vivo, a contracorriente.

En el año 2007 obtuvo usted el Premio Nacional de Poesía que concede el PEN Club de Puerto Rico por La luz necesaria. En 2013 y en 2018 recibió también menciones del PEN Club de Puerto Rico por Mardi Gras (2012) y Sísifo (2017). ¿Cómo se sintió al obtener dichos premios de parte de sus pares?

El escritor se añeja, se curte no sólo en sus lecturas. Los certámenes, las reseñas, las publicaciones personales y antológicas, las lecturas al público, las conversaciones con los pares hacen al escritor. En el caso particular de los certámenes, éstos le toman el pulso a la literatura y cumplen el propósito de alentar a que se continúe con la tradición de publicar y de que los trabajos sean evaluados por pares.

Los compañeros del PEN Club han hecho un trabajo excepcional. ¡Bravo por ellos! Sin recursos económicos ni dádivas del Estado han mantenido un proyecto nacional propio y vivo, a contracorriente. A ellos mi más profunda admiración y mi agradecimiento.

 

Si fuera a hacer un escogido de un poema de cada uno de sus cinco poemarios, ¿cuáles serían esos cinco poemas? ¿Por qué? ¿Puede compartir algunos con nosotros?

Un poema de cada poemario: “Expreso de occidente”, de La luz necesaria; “Las bailarinas”, de Idus de marzo; “La intemperancia de Salomón”, de Mardi Gras; “Supervisor”, de Sísifo; y “cuerpos celestes”, de El ala psiquiátrica. Los escogí porque son poemas que en mayor o menor grado confrontan a la sociedad y al lector.

Expreso de occidente

Amémonos de tren en tren
como dos dioses que huyen
y saben
que en la última parada
les esperan
los ateos

 

Las bailarinas

A Isabel

Las bailarinas
destrozan sus pies diez años
para entrar en el Bolshoi.
Sus costillas atraviesan su carne;
ellas, el escenario.
Sus dedos deformes
chocan contra el suelo
en esas largas horas
en que practican su hambre.
Las bailarinas,
lacónicas y perfectas, guardan el equilibrio.
Anulan su espíritu bajo el rostro frío
del mármol de Moscú.
Con gracia extienden sus manos.
Y —como ángeles o cisnes—
levitan en el contrapeso de su sombra.
Las bailarinas yerguen
sus pechos secos
para alcanzar la promesa
de los escenarios de Tokio y Londres
antes de cumplir los treinta años.
Ellas olvidan, engañan su aliento
y sus cuerpos parecen entender.
Las bailarinas
mueren o nacen girando
sobre la punta de sus dedos.

 

La intemperancia de Salomón

beber del fruto
—no de la manzana—
del glúteo
que no sacia

probar la gota de sudor
en la mujer amarilla
bajando espesa como la soya

la leche avinagrada y tibia
del sudor de la mujer blanca
haciendo surcos
entre estrías

desvariar en el vahído del sudor
de la mujer negra
probar el éter del comino
subiendo puñales por la carne

pero de la mujer roja
no la gota de azafrán
sino el vapor
de un pubis que te consume
lentamente entre llamas

 

Supervisor

El súper-visor
Sabe

Abre sus ojos
Y estás desnuda
Puede ver lo que subyace
Debajo de tu lengua

Lee el demeanor de las sombras
La carta que piensas

Atraviesa el reloj y la pared que lo sostiene
Él ve los memos venir
La gente irse

En su clarividencia
Cierra sus ojos
Te deja de pensar
Y vuelves
A estar
Vestida

 

cuerpo celeste

el hombre es una cuerda
tendida entre el animal y el superhombre,
—una cuerda sobre un abismo
friedrich nietzsche, así habló zaratustra

sus dedos arrastran cuerpos celestes
se ennegrecen con el hollín de las estrellas
con sus uñas perfora hoyos negros
en el canvas infinito
con un giro de cintura mueve galaxias
hilvana con ondas gravitacionales de baryshnikov
planetas y satélites en espiral
sus manos chocan de prisa sobre sistemas solares
y del polvo nacen nébulas
en la excitación estática de los erizos
su pelo
ramalazos puntiagudos de oro puro
explosiones de lava dorada
de las venas de sus manos emanan astros azules
de su sudor
planetas líquidos
un soplo dispersa meteoritos
y de su saliva
surge el hielo de los cometas

aquel cuarto de hospital
no lo guardaba de él mismo
aquel rectángulo
era el universo que se expandía

 

Usted fue el editor de una revista literaria que sirvió de junte con escritores de su generación, pero también de escritores de otras generaciones. De su generación, ¿qué escritores destaca de aquellos con los que compartió en El Sótano 00931?

De mis contemporáneos, Casquillos (2008), de J. D. Capiello; Testamento (2013), de Carlos Cana; Efectos secundarios (2004), de Kattia Chico; Miss carrusel (2010), de Myrna Estrella; Ventriloquus (2013), de Juanmanuel González; Kitsch (2006), de Federico Irizarry; Simplemente Angelats (2019), de Robert Jara; Bilis (2017), de Zuleyka Pagán; Realid(H)ades (2006), de Amarilis Tavárez; Undead (2017), de John Torres, y Malacostumbrismo (2012), de Carlos Vázquez. Son libros excepcionales.

 

Los compañeros del 80 crecieron en un claroscuro, la transición al desastre. Esa rebeldía en ellos se lee.

De la experiencia de ser el coordinador general de los encuentros de (De)Generaciones, ¿qué tiene que recordar? ¿Cuál fue la acogida entre pares de generaciones literarias diferentes? ¿Qué escritores conoció y destaca de esa época de (De)Generaciones?

Fue una experiencia bien grata integrar a los escritores de todas las generaciones o promociones literarias. Yo soy amigo de muchos escritores guajanos y del 80, sin contar los de mi generación. Los del 70 fueron siempre un poco más herméticos. Pero todos estos son grupos idiosincráticamente disímiles. Eso me trae a relieve todas las transformaciones que ha experimentado Puerto Rico en las últimas décadas.

El Puerto Rico donde creció la generación del 60 fue uno rural, de extrema pobreza. En cambio, los miembros de la generación del 70 se formaron en una isla con tasa de crecimiento de dos dígitos, la envidia de cualquier país industrializado del mundo. En gran medida esto se dio porque Estados Unidos utilizó a Puerto Rico como “la gran vitrina” de su modelo capitalista. Entiendo que por eso los escritores del 70 tienen una personalidad más aristocrática y están obsesionados por la belleza. A partir de los 70 este modelo se desinfló y las tasas de crecimiento mostraron una pendiente decreciente. Los compañeros del 80 crecieron en un claroscuro, la transición al desastre. Esa rebeldía en ellos se lee. Pero todos los autores de El Sótano 00931, con los que he podido compartir más de cerca, nacieron y se criaron en un país con un modelo desgastado en continua desaceleración. Esta muerte lenta continuó hasta que el modelo no dio más y comenzó a presentar crecimientos negativos a mediados de la década de 2000. Esto ha provocado, entre tantas cosas, la migración de más de un millón de puertorriqueños, una reducción poblacional y de la economía agregada, la imposición de una Junta de Control Federal y la quiebra del gobierno. Nosotros somos hijos de esa vorágine social, de un Puerto Rico en estado de descomposición.

 

Usted es oriundo de Ponce. ¿Se considera un autor puertorriqueño o no? O, más bien, un autor de literatura sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué? ¿Cómo integra su identidad étnica, su género e identidad de género, su orientación sexual y su ideología política en su trabajo creativo-poético?

Ponceño, puertorriqueño, negro puertorriqueño y caribeño, varón, cristiano, heterosexual, socialdemócrata, escritor y economista. Uno le pertenece a su contexto, al espacio y al tiempo en que uno se desarrolla. Indiscutiblemente todo esto está ahí. Uno siempre es más que la suma de las definiciones y todas las limitaciones que impone cada categoría. Lo que soy resulta de todas estas interacciones e incongruencias.

 

Ya para finalizar, ¿qué otros proyectos creativos tiene recientes y pendientes?

Estoy culminando mi más reciente poemario, titulado Panóptico. En Panóptico, el cual espero sea publicado en 2022, trabajo el espacio de la cárcel. Trata sobre los temas de la legalidad, la norma, el castigo, y cómo los seres humanos se enfrentan a ese mundo. Ya comencé a abordar otros espacios que son críticos para nuestra sociedad, como las instituciones educativas y de investigación y las iglesias.

También estoy trabajando con una antología de los autores de la revista El Sótano 00931. Esta antología compila los más de cuarenta libros publicados por el grupo en los últimos veinte años. También espero que sea publicada en 2022 por el sello Isla Negra. Estoy trabajando en adición el cuento infantil y el cuento breve. Además de un libro de ensayos en que mezclo economía y literatura, y que ya me parece eterno.