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Rodrigo Blanco Calderón:
“Sigo escribiendo porque me gusta dejar muy claro de dónde vengo”

domingo 3 de octubre de 2021
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Rodrigo Blanco Calderón
Rodrigo Blanco Calderón: “Desde que me fui de Venezuela no hubo un día en que yo me haya dejado de sentir extranjero”.

Rodrigo Blanco Calderón (Caracas, 1981) es uno de los escritores más relevantes de la literatura hispanoamericana en la actualidad. Desde la publicación de su novela The Night (2016), el autor ha gozado de un notable reconocimiento en los últimos años. En esta ocasión, conversamos sobre su más reciente obra, Simpatía, una novela donde las mascotas tienen un papel fundamental, pero que conserva su dialéctica con la situación política venezolana. Desde su residencia en España, Blanco Calderón habló con el periodista José del Prado sobre algunos aspectos de su obra.

 

Luego del gran reconocimiento que te dio The Night, vuelves al género con Simpatía, una historia que, al igual que tu primera novela, trasciende bajo el contexto político.

Simpatía tiene ciertos elementos en común con The Night, en el sentido de que el punto de partida es un contexto político y social bastante convulso, el de la Venezuela contemporánea; sin embargo, lo político se mantiene en un segundo plano. Eso me permitió desarrollar una serie de historias que temáticamente tienen relación con el abandono y el rescate de perros de la calle. Es una novela que funciona de puertas adentro, en el espacio de una casa familiar y de relaciones interpersonales bastante cercanas y conflictivas, mucho más lineal, menos experimental desde el punto de vista estructural, pero que me permitió experimentar más el punto de vista de la psicología de los personajes, y por la buena recepción que ha tenido me ha permitido crecer mucho como escritor por esa incursión en el ámbito de lo psicológico.

 

Por mi situación económica en París, mi esposa y yo empezamos a tener como trabajo alternativo cuidar perros.

En esta ocasión, le dedicas una novela a los perros. ¿Crees que la literatura ha sido poco empática con las mascotas?

Sí. La novela, tanto en su contexto como en el desarrollo de las acciones, tiene relación con la figura del perro y lo que ha representado históricamente para el ser humano. También es una metáfora, un modo de leer lo que ha sucedido en la sociedad venezolana de los últimos años. Yo no quise hacer una especie de investigación exhaustiva sobre la literatura del perro. Y, de hecho, no tenía mayor conocimiento sobre eso, más allá de referencias muy comunes, como Argos o El perro de los Baskerville en el género policial; sin embargo, durante el proceso de escritura me fueron apareciendo lecturas y he ido construyendo una especie de bibliografía de literatura sobre los perros. No es tan abundante, pero sí existe, y no estaría tan seguro de que se deba a una falta de empatía; creo que se trata simplemente de opciones de escrituras y preocupaciones de literatura que son muy distintas. Quizá esa visión del cariño hacia los perros es bastante reciente si se quiere, porque es cierto que en la literatura y en la mitología griega tú tienes a un perro como Argos, pero cuando investigas un poco sobre cómo era la visión del perro en la Grecia antigua o cómo es la visión del perro en la cultura judeocristiana, te das cuenta de que siempre ha sido visto como una metáfora de un ser humano que ha caído en desgracia, que está alejado de la civilización y no se sabe comportar; incluso, se le ha visto como una representación de falta de amor propio, pero paralelamente en los últimos años sí hay otra corriente que reivindica a los perros como amigos del ser humano, así como el animal que está más cerca de nosotros y que logra transmitirnos una fidelidad y una lealtad que es imposible de encontrar en nuestra propia especie.

 

¿Qué te inspiró a escribir una historia sobre esto?

Esta novela la escribí entre la primavera y el verano de 2018, cuando todavía estaba en París, y fue a causa de dos detonantes, uno era mi situación económica en París, que para resolver un poco la parte monetaria, mi esposa y yo empezamos a tener como trabajo alternativo cuidar perros. Los parisinos, que a veces se iban de vacaciones por unos días, nos dejaban el perro en nuestra casa, nosotros lo cuidábamos y nos pagaban por eso. En ese proceso, hubo un perro en particular de la raza leonberger, creo que es el perro más inmenso que he visto en mi vida, y me marcó mucho. Tuve una relación muy especial con ese perro. En paralelo a eso, se estaba dando en Venezuela este proceso que aún continúa del éxodo masivo de venezolanos, con el daño colateral del abandono de perros de la gente que se va del país, entonces estas dos circunstancias para mí se unieron, como en una misma serie de imágenes, y fue la razón por la que yo empecé a escribir.

 

El premio Rómulo Gallegos fue un premio importantísimo en mi formación como lector y después como escritor. Me duele mucho ver en lo que se ha convertido.

Recuerdo que el escritor colombiano Fernando Vallejo donó la suma económica del premio Rómulo Gallegos a una asociación que ayudaba a los perros en Caracas.

Yo me acuerdo de que en ese momento causó bastante polémica y mucho escándalo. Algunas personas decían que, con ese gesto, él les tiraba el premio a los perros. Lo veían como una especie de desprecio. A mí me pareció una cosa estupenda. Primero, porque hay que tener valor para donar, a la causa que sea, un premio monetario de cien mil dólares, y Vallejo lo hizo además a una causa en la que cree, que es la de la defensa animal, específicamente, la de los perros. Así que me pareció un gesto valiosísimo. Tuve la oportunidad en Caracas de asistir a una presentación en la que él estuvo, y una persona del público le preguntó eso, que por qué les tiraba el premio a los perros, y Vallejo se incendió de rabia. Me pude dar cuenta de que era un sentimiento auténtico lo que él expresaba, y creo que también dejó muy en evidencia la hipocresía de la gente a la que le duele el dinero destinado a algo que ellos consideran sin valor.

 

¿Te haría ilusión ganar el premio Rómulo Gallegos?

Sí; de hecho, en mi primer libro de cuentos hay un personaje que dice que el premio literario que más le haría ilusión ganar, más incluso que el Nobel de literatura, sería el premio Rómulo Gallegos de novela. Eso es algo que a nivel afectivo comparto, porque para mí ese premio era un orgullo de mi país, fue un premio importantísimo en mi formación como lector y después como escritor. Me duele mucho ver en lo que se ha convertido.

 

¿Cuál es tu postura ante los premios literarios?

Yo defiendo la existencia de los premios literarios, y en mis talleres estimulo a los que escriben para que en algún momento participen en los concursos. Creo que es una etapa, si bien no decisiva, importante en la formación de un escritor. A medida que uno está en el medio literario empieza a filtrar y a darse cuenta de qué premios son transparentes, cuáles responden a criterios de autonomía y cuáles no. Yo soy un defensor de los premios literarios, siempre y cuando sean transparentes.

 

¿Cómo ves los últimos premios Nobel desde Bob Dylan: Kazuo Ishiguro, Olga Tokarczuk, Peter Handke, Louise Glück?

Los últimos premios me han parecido todos merecidos, excepto el de Bob Dylan, el cual me pareció una soberana estupidez, que luego desembocó en aquella crisis interna del Nobel, un castigo por esa tontería de darle un Nobel de literatura, pero de resto me ha parecido acertado. A Olga Tokarczuk no la había leído antes, la leí gracias al Premio Nobel y me pareció una autora maravillosa. Siempre lamento los premios que no han dado. No se lo dieron a Borges, incluso Roberto Calasso, que acaba de fallecer, lo hubiese merecido al igual que Harold Bloom, pero sabemos que en el Nobel lo político también influye.

 

“Simpatía”, de Rodrigo Blanco Calderón
Simpatía, de Rodrigo Blanco Calderón (Alfaguara, 2021). Disponible en Amazon

Venezuela te obliga a tomar posturas políticas, muchas veces sin proponértelo. Sobre The Night se ha dicho que es un retrato de la vida en la crisis que atraviesa ese país, y se resalta el contexto político incluso pasando por alto todo el ejercicio experimental y el valor artesanal de la novela. ¿Tú crees que el contenido político de tu obra pueda opacar el contenido puramente literario?

La novela está enmarcada en la situación política y social de la crisis energética chavista; por lo tanto, es obvio que ataco directamente un punto de vista político. The Night reconstruye unos crímenes horrendos que se cometieron en aquellos años y está vinculada también al sistema de gobierno y a la sociedad venezolana. Digamos que lo político está de entrada desde la primera página. A mí me gusta pensar que lo político allí, más allá de lo frontal que pueda parecer, sigue siendo un contexto en el cual se desarrollan muchas historias, que van más allá de lo político, y tienen que ver con la literatura, con la vanguardia, con los juegos de palabras, con muchas cosas.

Por otro lado, yo no puedo controlar, ni me interesa demasiado opinar sobre las lecturas que pueda tener la novela, sí puedo decir que esas lecturas están muy condicionadas por el contexto. En el ámbito hispano se ha tomado con interés el punto de vista político, pero la novela ha sido traducida al checo, al holandés y al francés, y por ejemplo, ni en Holanda ni en Francia me llegaron a preguntar mayor cosa sobre lo político sino que había más interés por los juegos de palabras, las teorías del lenguaje y esas cosas. Esto a mí me sirvió para abrir los ojos, darme cuenta de que el mundo es ancho y ajeno, por lo que hay demasiadas preocupaciones distintas fuera de las que uno tiene, y que los lectores cambian mucho de acuerdo con el contexto. Yo sabía que eso podía pasar, y efectivamente ha pasado, pero insisto en que la novela tiene muchas otras lecturas; eso es algo que ya no me corresponde a mí controlar, ni comentar demasiado, pues cada uno es libre de leer y de proyectar en la novela lo que quiera.

 

¿Es justo afirmar que existe un auge de la literatura venezolana enmarcada por el exilio? ¿Ha servido ese exilio como aliciente inspiracional o es mera casualidad?

Hay varios datos que son objetivos. Primero, dentro de la emigración masiva de venezolanos, por supuesto, están incluidos los escritores. Muchísimos han emigrado, y si bien es cierto que muchos siguen viviendo en Venezuela, la emigración de escritores venezolanos ha provocado que éstos se hayan visto forzados quizá a publicar sus libros en editoriales extranjeras, o por lo menos en los países donde han llegado a vivir. Esto tiene un costado positivo, porque ha sido un medio para que la literatura venezolana finalmente rompiera la barrera de lo nacional y pudiera empezar a ser publicada y leída fuera del país de una manera más sostenida que antes.

Hay otro asunto que sí debemos ver con más cuidado, y es el de una literatura propiamente del exilio venezolano, es decir, una literatura que toque el tema. Yo sí creo que se está generando desde los últimos años un conjunto de novelas, cuentos y poesía que trabaja abiertamente lo que es el desgarramiento del país provocado por la situación política y luego por la emigración masiva de venezolanos. Esto es visible incluso en las últimas novelas, como Llévame esta noche, de Miguel Gomes, quien tiene más de treinta años viviendo en Estados Unidos, pero es hijo de inmigrantes portugueses que tuvieron que marcharse de Venezuela. También está presente en una novela como Ficciones asesinas, de Krina Ber, quien es una inmigrante polaca en Venezuela que sigue viviendo en el país. Entonces eso está presente en toda la literatura que se escribe ahora, y creo que es trabajo de la crítica académica y literaria tratar de leer todas esas obras y traducir eso en un discurso que logre conectar a la literatura con el país.

Estos elementos han contribuido a la internacionalización de la literatura venezolana. Es como un dato positivo que desde la literatura ha dejado la tragedia venezolana, y es muy perverso, pero es así. Otro aspecto, la inmigración de profesores universitarios ha llevado a profesores de literatura a buscar espacios en universidades del extranjero para desarrollar sus temas de trabajo que tienen que ver con literatura venezolana. Todas estas cosas, al menos para la literatura, redundan en un balance que, para mí, al final va a ser positivo.

 

Me fui de Venezuela hace casi seis años, primero a Francia y ahora a España. He estado tres años en cada país, y efectivamente, desde que me fui no hubo un día en que yo me haya dejado de sentir extranjero.

La coyuntura venezolana se ha convertido en argumento político en varios países, donde el tema de Venezuela se trata quizá desde un punto de vista superficial para argumentar una cosa u otra…

Sí, evidentemente el conflicto venezolano se ha globalizado desde hace un tiempo, y mucha gente está más o menos al tanto de lo que ha sucedido. Sobre todo, en el caso de España, es cierto que Venezuela se ha convertido en arma arrojadiza entre los bandos políticos locales para imponerse discursiva o políticamente. Esto es parte de la realidad que nos ha tocado, pero les pasó también a los autores cubanos, argentinos, chilenos y uruguayos después de los años 70 con las dictaduras que asolaron esos países. Los conflictos políticos generan una audiencia y una atención que los países con estabilidad política no tienen.

 

Varios autores hispanoamericanos siguen optando por España como lugar para llevar su exilio. ¿Cómo te sientes escribiendo desde España? ¿Sientes que irremediablemente escribes desde la otredad?

En mi caso yo tengo que remarcar que no soy refugiado ni exiliado político. Yo soy un emigrante. Me fui de Venezuela hace casi seis años, primero a Francia y ahora a España. He estado tres años en cada país, y efectivamente, desde que me fui no hubo un día en que yo me haya dejado de sentir extranjero. Eso es algo que me ha acompañado desde que me fui, y que lo he vivido de distintas formas en estos años. Al principio pega mucho, pero también me ha causado momentos de euforia del gusto de ser extranjero, de ser verdaderamente independiente de muchas limitantes que son normales cuando uno vive y crece en el mismo lugar durante treinta años. Hay momentos donde yo me extraño de la extranjería misma, caigo en cuenta de que sigo siendo y siempre voy a ser un extranjero. Esto es algo que me llama a mí mismo la atención, y creo que me ha permitido tomar distancia de mi país con ciertas cosas, mantener una distancia, también a lo interno, con el país al que llego. Imagino que eso tiene ciertas ventajas, porque te da perspectivas, y a la vez tiene la limitante de que siempre hay ciertas cosas que no termino de captar, entender y asimilar del lugar donde estoy, cosas que se asimilan cuando naces y creces en un lugar. Yo me imagino que todo eso impregna lo que escribo, pero no estoy en la posición de ver puntualmente esos datos.

 

Bolaño manifestó una vez su disconformidad con dividir la literatura por países; argumentaba que no existían las literaturas nacionales, y en su lugar sólo había literatura en español, pues para él Don Quijote es tan canónico en Chile como lo es en Venezuela o España. Tú que estás en España, ¿cómo percibes esto?

Estoy de acuerdo con Bolaño. Ese tema se está discutiendo desde hace mucho tiempo, aunque ahora los estudios universitarios académicos lo están abordando de nuevo con la llamada World Literature. La idea de que cada vez las literaturas nacionales importan menos, y el concepto de una literatura mundial, ya lo había planteado Goethe en su momento. En el caso de Bolaño, él llegó a ese convencimiento por su propia vida; nace en Chile, emigra a México, y termina viviendo en España. Él conoció muchos otros lugares, y tanto en sus entrevistas como en su literatura reflejaba ese tránsito. Al final es totalmente secundario discutir cuál es la nacionalidad literaria de Bolaño, porque ni siquiera puedes decir que pertenece sólo al ámbito hispano, sino que, en muchos aspectos, es un autor inconcebible sin la literatura francesa. Yo creo que, para bien, eso mismo aplica a cualquier autor hoy en día, independientemente de si ha emigrado de su país. A mí me interesa muchísimo la literatura venezolana, en la misma medida como me interesan otras tradiciones como la francesa, la española o la norteamericana. Creo y espero que cada vez importen menos esas discusiones sobre lo nacional.

 

Bolaño fue un autor fundamental para mí, y muchos de sus temas, así como su tratamiento, los he incorporado a mis cuentos y, sobre todo, a mi primera novela.

¿En tu estancia en España, qué has descubierto de la literatura de este país?

Una de las mejores cosas de estar viviendo en España ha sido poder leer a autores españoles contemporáneos que están un poco fuera del radar, que normalmente no aparecen en las listas y los resúmenes de los grandes medios; ha sido una oportunidad de descubrir toda una literatura española riquísima, que no aparece reflejada en Babelia, el suplemento cultural de El País que responde a intereses literarios, pero también extraliterarios. Autores como Pedro Ugarte, Óscar Montoya, Rosario López, Elvira Navarro, Bruno Galindo, Ben Clark… He estado leyendo a muchos autores contemporáneos que tienen apenas treinta o cuarenta años, es decir, contemporáneos de verdad, y que son realmente interesantes. Esa es una de las ventajas de vivir en ciertos países, porque te ponen en contacto directo con una cantidad de autores que no se ven reflejados en los medios de comunicación.

 

Las comparaciones son necias, pero a veces nos dan una descripción bastante bien referenciada de las cosas. ¿Te puede llegar a incomodar que te comparen con Bolaño?

No creo que sea una comparación, porque obviamente no hay punto de comparación entre Bolaño y yo, para nada. Eso lo tengo muy claro. Creo que hay una asociación de temas. Bolaño fue un autor fundamental para mí, y muchos de sus temas, así como su tratamiento, los he incorporado a mis cuentos y, sobre todo, a mi primera novela. Creo que hay un aire de familia, del cual yo me siento muy contento y orgulloso, porque es una influencia muy importante para mí.

Yo sigo escribiendo mis libros porque me gusta dejar muy claro de dónde vengo, y yo vengo de la lectura de Bolaño, pero vengo también de la lectura de Francisco Massiani, de Rómulo Gallegos, de Ramos Sucre, de Ricardo Piglia, de mucha gente, y todos esos autores están reflejados en lo que yo escribo, incluso explícitamente. Lo que pasa es que Bolaño probablemente haya sido el escritor latinoamericano más famoso, más reconocido y leído de los últimos años desde García Márquez. Es como un gancho que siempre utilizan las editoriales para atraer lectores.

 

¿Cuándo sentiste por primera vez que eras escritor?

Yo me sentí escritor la primera vez que logré escribir un cuento, no fue el primer cuento que escribí, pero sí el primero que quedó como yo quería. Ciertamente, hay otros momentos donde uno puede confirmar esa sensación, y tiene que ver con los premios y los reconocimientos. Cuando logré publicar mi primer libro, Una larga fila de hombres, que ganó el Premio Monte Ávila en 2005, también podría ser uno de esos momentos.

José del Prado