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Alberto Martínez-Márquez:
“Siempre he propendido a lo extraño y a lo marginal”

domingo 10 de abril de 2022
Alberto Martínez-Márquez
Alberto Martínez-Márquez: “Me resisto al facilismo representacional, a través del cual tenga que identificar mi nacionalidad”.

Alberto Martínez-Márquez (Bayamón, Puerto Rico, 1966) es antólogo, artesano, activista cultural, dramaturgo, editor, ensayista, narrador y poeta. Ejerce de docente e investigador en el Departamento de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Aguadilla. Ostenta el grado de Bachillerato en Artes (B.A., 1989) con concentración en Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y el de Maestría en Literatura Comparada (2001) de la Universidad del Estado de Nueva York en Stony Brook. Ha sido docente del Programa de Maestría en Creación Literaria de la Universidad del Sagrado Corazón, y parte de su trabajo creativo se ha publicado en España, Estados Unidos, México, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela. Es editor de la revista digital Letras Salvajes desde 2010. En 2017, el PEN Club Puerto Rico Internacional le concedió el Premio Nacional de Poesía por su poemario La lógica de los ardides y otros poemas (2016). A partir de este poemario, Martínez-Márquez da respuesta a nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

En 2016 publicó su poemario La lógica de los ardides y otros poemas. ¿De qué trata? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarle?

El poemario consta de tres cuadernos que fueron elaborados entre los años de 1999 y 2011. Se trata de una poesía indagatoria que profundiza sobre la existencia interior del ser humano. En estos poemas busco penetrar en el misterio del ser. Sin embargo, la mayor parte de estos poemas son de corte minimalista y están cimentados sobre la ironía. El acento es aquí es principalmente filosófico, matizado por una suerte de pesimismo crítico. Aunque había escrito otros cuadernos cerca del mismo tiempo, me di cuenta de que esos cinco tenían un lenguaje común y decidí agruparlos bajo el título del cuaderno final. De hecho, los títulos de los cuadernos revelan el tono y la temática por los cuales se rigen los temas de cada uno.

 

En mi primer poemario, Las formas del vértigo (2001), el lenguaje es surrealista en unas instancias, conceptista en otros e imaginista en muchas.

¿Qué relación tiene su trabajo creativo previo a La lógica de los ardides y otros poemas y su trabajo creativo-investigativo entonces y hoy? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueño-caribeño y su memoria personal de lo caribeño dentro de Puerto Rico y el Caribe?

En términos generales, yo he trabajado siempre en torno al yo, la muerte, el tiempo, la existencia, el devenir de las cosas. Creo que eso le da unidad a toda mi obra. Al mismo tiempo, el sesgo irónico de mis poemas es algo que es fácilmente identificable. Incluso los motivos recurrentes del espejo, el papel, las aves, el vacío, la nada, entre otros, pueden apreciarse desde que me inicié en la poesía hace más de 35 años. Puede que haya variaciones en distintos períodos. En mi primer poemario, Las formas del vértigo (2001), el lenguaje es surrealista en unas instancias, conceptista en otros e imaginista en muchas. Los poemarios siguientes juegan con estas variantes en mayor o menor medida. Aunque no se nombra directamente lugares específicos o se haga alusión a elementos puertorriqueños, hay una mímesis diferencial que rescata la experiencia de un boricua que le ha tocado vivir múltiples vivencias que se transmutan a través de la palabra en un lenguaje más universal. Un lector caribeño, latinoamericano o de cualquier parte del mundo, puede identificar estas instancias y refigurarlas por medio de la palabra. Yo me resisto al facilismo representacional, a través del cual tenga que identificar mi nacionalidad.

 

Si compara su crecimiento y madurez como persona, escritor, docente, investigador, editor y antólogo con su época actual de escritor en Puerto Rico, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

Más que madurar, me parece que se trata de un desplazamiento. Mis gustos literarios y artísticos en general han sido bastante consistentes. Siempre he propendido a lo extraño y a lo marginal. Detesto las lecturas impuestas, el establishment literario y las modas. Son absolutamente aborrecibles. Borges decía algo más o menos así: si leo a un autor y no me seduce de pronto, es porque ese autor aún no ha escrito para mí. Eso me sucedió, por ejemplo, con Kundera. Todo el mundo lo estaba leyendo a finales de los 80. Yo vine a leerlo a mediados de los 90 y me atrapó. Siempre he dicho que todo escritor es la suma de sus lecturas. De forma que las mismas enriquecen el trabajo creativo. Ciertamente, ha habido variaciones en mi escritura. Tanto en mi poesía como en mi narrativa y en mi teatro, tiendo a ir de lo más lírico hasta lo más pedestre. Recientemente, he estado escribiendo un poemario que integra perfectamente esos dos polos. No es madurez, sino un trabajo constante sobre la palabra y sus posibilidades.

En cuanto a mi trabajo como crítico e investigador literario, puedo decir que no han variado mucho mis intenciones de hacer valer el trabajo de autores poco difundidos o desconocidos. Me dediqué a escribir sobre la poesía puertorriqueña a partir de los ochenta porque prácticamente no había estudios de la misma. Por eso publiqué Avatares de la palabra, una coedición de EDP University e Isla Negra. Cada ensayo está enfocado en un libro en particular de poetas como Edgardo Nieves Mieles, Maribel Sánchez Pagán, Claudio Cruz Núñez, Daniel Torres, Jorge David Capiello, Julio César Pol, René Pérez Martínez y Carmen Rodríguez Marín, por mencionar algunos. En estos momentos es el único volumen actual que compendia la poesía más reciente escrita en Puerto Rico. Tengo en ciernes un libro de ensayos sobre la narrativa puertorriqueña que recoge trabajos sobre autores como Hugo Ríos, Ana María Fuster, Francisco Font, Yvonne Denis, el colectivo Vivir del Cuento, José Rabelo y Pablo Cancio, por mencionar algunos. De igual forma, espero publicar en un futuro otro libro que recoge los temas de la historia, la música, el arte y la teoría crítica.

 

Tanto mi trabajo creativo como mi trabajo investigativo forman parte esencial de mi vida.

¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y el Caribe? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo e investigativo a su quehacer literario?

Siempre me he considerado un poeta marginal dentro de mi generación y de la propia poesía boricua. No lo digo por falsa modestia. Mi trabajo es muy heterogéneo y disímil. Hay aspectos del mismo que conjugan y dialogan con otros escritores de mi generación. Sin embargo, considero que dentro de mi generación hay voces enormes y cenitales como las de Carlos Roberto Gómez Beras, Edgardo Nieves Mieles, Mayra Santos Febres, Zoé Jiménez Corretjer, Edgar Ramírez, Rafael Acevedo, Edgar Ramírez Mella, Giselle Duchesne e Israel Ruiz Cumba. Ellos han consolidado una poética singular y, a la vez, muy sólida. Siempre los leo con sobrada admiración y maravilla. Si los lees, vas a notar esa grandeza de la palabra. Si mi poesía ha de quedar en el tiempo, yo aspiro a ser un poeta de culto. A que me lean unos pocos a través del tiempo y me recuerden como un poeta marginal. Eso sería un gran honor para mí, sin duda. También he compartido con poetas caribeños y de otras partes de América Latina con los que he tenido igual afinidad que con los poetas puertorriqueños de mi generación y más jóvenes. Especialmente, en las ocasiones en las que he asistido a la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo. Allí he tenido la oportunidad de compartir con ellos en foros y lecturas. Ha sido una gran oportunidad para establecer esos vínculos tan necesarios entre nuestros países.

Tanto mi trabajo creativo como mi trabajo investigativo forman parte esencial de mi vida. No puedo separar una cosa de otra. Aunque debo decir que me dedico más a la creación, porque me permite expresarme con mayor libertad. No obstante, el trabajo crítico y de investigación me provee la oportunidad de acercarme a la creación de otros, desde una óptica más razonada y explicativa. La creación sugiere. La investigación interpreta y define.

 

Ha logrado mantener una línea de creación literaria enfocada en la poesía. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?

Es curioso, porque pensé que casi nadie me leía. Sin embargo, he descubierto que alguna gente me lee y me cita en este país. Empero, mi poesía se conoce más fuera de Puerto Rico. Las veces que he estado en República Dominicana, para ser más específico, hay poetas que han generado interés en lo que escribo. De igual forma, en algunos círculos de poetas en México, Argentina y Venezuela. La gente de mi generación conoce bastante bien mi trabajo. Y algunos poetas que vinieron después, como los colectivos de El Sótano y Zurde. Con ellos participé en varias lecturas y recitales.

 

Sé que es usted de Bayamón, Puerto Rico. ¿Se considera un escritor puertorriqueño o no? O, más bien, un escritor, sea éste puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

Yo siempre me he sentido bayamonés y puertorriqueño. Pero esto no quita que también he querido ser un cosmopolita. Es algo que no puedo explicar como tal. No puedo desprenderme de lo que soy. Mi bayamonesidad, por decirlo así, definió la heterogeneidad de mi escritura. Podría hacer un larguísimo excursus. No obstante, diré que yo soy yo y todo lo que me ha formado como persona y como escritor.

 

Mi familia era pobre. Pero la mayor riqueza en mi hogar estaba en los libros de mi padre.

¿Cómo integra su identidad étnica y de género y su ideología política con o en su trabajo creativo y su formación en literatura e hispanista de origen puertorriqueño?

Ser puertorriqueño e independentista ha definido mi trabajo creativo y mi disciplina. Siempre he estado opuesto al insularismo y al ombliguismo de una parte sustancial de la literatura puertorriqueña. Como puertorriqueño aspiro a abrazar al mundo, conocer otras culturas e integrar todo lo que sea posible en mi literatura y en mi formación como docente. Como tal, no soy hispanista, sino un estudioso interdisciplinario, conocedor de otras literaturas y expresiones artísticas. Fue mi educación en el Departamento de Estudios Comparativos de la Universidad del Estado de Nueva York en Stony Brook la que contribuyó enormemente a imbuirme en otras culturas y esferas del conocimiento. El ambiente multicultural de la universidad propició esa necesidad de integrarme al mundo que ya venía sintiendo desde que cursé mi Bachiller en Artes en la Universidad de Puerto Rico.

 

¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida como estudiante antes y después de su paso por la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor en Puerto Rico hoy?

Desde niño, sentía una enorme sed de conocimiento. Mi familia era pobre. Pero la mayor riqueza en mi hogar estaba en los libros de mi padre. Luego descubrí un mundo en la antigua Biblioteca Carnegie de San Juan, de la cual me hice miembro desde que estudié el octavo grado. Mi padre me llevaba a tomar prestados libros allí. Otras veces, viajaba solo en guagua pública. Devoraba todo lo que podía. Al entrar en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, más allá de los cursos, me nutrí de la biblioteca, de las actividades, los conciertos, las conversaciones de pasillo. Aquello fue extraordinario para mí. Además, había toda una ebullición cultural fuera de la universidad en librerías y café-teatros. Cuando llegué a Stony Brook fue como toparme con el cosmos. Esto me llevó a compenetrarme y lograr una familiaridad tremenda con personas de otras etnias y culturas. Aprendí de sus costumbres, su gastronomía, su arte, su música, su literatura y su cinematografía. Todas estas diferencias se convirtieron en increíbles similitudes. Como cultor de la palabra me nutrí de todas estas experiencias.

                                                                                                                            

¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática ficcional o no del mismo? ¿Cómo ha variado?

Habría que preguntarles directamente a los lectores. Nunca he hecho un acopio de esa recepción. Una vez que escribo y publico mi creación deja de pertenecerme.

 

¿Qué otros proyectos creativos tiene recientes y pendientes?

En agosto de 2020 publiqué en formato digital mi libro de obras y performances de teatro, titulado Teatro desechable. En 2021, Teatro Universitario de UPR-Aguadilla presentó todas las obras en formato de video, bajo la dirección de la profesora Ivelisse Cortés Ramos. Pienso publicar ese libro en papel en algún momento. En marzo de 2021 publiqué un poemario a dos voces, con mi esposa, la también poeta Emma Jeannette Rodríguez. Lleva por título Historias amarradas. Aunque realizamos una presentación virtual del mismo, apenas ha circulado. Sin embargo, espero comenzar a promocionarlo. Tanto Teatro desechable (edición digital) como el libro de poemas han sido publicados con mi sello editorial: Letras Salvajes. Por otro lado, la editorial Arco de Plata, con base en Aguadilla, publicó en marzo de 2022 mi segundo libro de cuentos, intitulado Supongamos que soy Enderman.