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Federico Cintrón Fiallo:
“Me permea una visión universal”

domingo 26 de junio de 2022
Federico Cintrón Fiallo
Federico Cintrón Fiallo: “Mi involucramiento en trabajo de solidaridad con algunas luchas de varios pueblos ha tenido un fuerte impacto en mi vida personal”.

Federico Cintrón Fiallo (Arecibo, Puerto Rico) es escritor, analista político, docente e investigador. Ha ejercido la cátedra en la Universidad del Sagrado Corazón y en EDP College, entre otros centros. Estudió su doctorado en Educación en la Universidad Complutense de Madrid, España (2010). Completó su licenciatura en Ciencia de Cómputos y su maestría en Computación Educativa en la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Tiene en su haber, entre otros trabajos creativo-investigativos, la novela Despertar en Praga (2015) y el libro de cuentos infantiles Metamorfosis y la oruguita Andrea (2007). También ha articulado sobre lo político y sindical en la destacada poeta universal Julia de Burgos, y ha realizado análisis político sobre la importancia de la democracia participativa crítica para la descolonización y el socialismo del siglo XXI. Cintrón Fiallo ha respondido nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

En 2010 completó su tesis doctoral en la Universidad Complutense de Madrid. ¿De qué trata Didáctica de la conciencia social para la formación de ciudadanos democráticos en Puerto Rico? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarle?

La tesis fue el resultado de un cuestionarme la realidad política de aquel contexto histórico. Se unían las preocupaciones sociopolíticas y pedagógicas, que surgían de mi práctica de lucha anticolonial y por reivindicaciones humanas con la experiencia profesional en el ámbito educativo. La primera década del siglo XXI se había constituido en una especie de saldo con la historia. Muchos factores, de las dos décadas anteriores, se fueron acumulando y se manifestaron en un proceso reflexivo de introspección ideológica: el desvelo del llamado campo socialista o, si se prefiere, del “socialismo real”; el choque ideológico que eso representó, junto al surgimiento de las teorías políticas y socioeconómicas del posmodernismo, como el fin de la historia y de los metadiscursos, que también presenta al capitalismo triunfante como único sistema válido en el cual las luchas son entre uno salvaje y otro humanista, perdiendo validez la lucha por otro sistema, como el socialismo o cualquier otra utopía; el predominio de los Estados Unidos como imperio hegemónico; el disloque, desmembramiento, desbandada o fracaso (llámesele como se quiera) de la izquierda en Puerto Rico y parte del mundo; la contraofensiva imperialista contra los movimientos revolucionarios en América Latina; el agotamiento de la lucha clandestina armada en Puerto Rico y el asesinato del líder independentista machetero Filiberto Ojeda Ríos; la permanencia de Cuba casi como el único faro de una utopía revolucionaria; el surgimiento de nuevas esperanzas con la Revolución bolivariana y varios gobiernos progresistas en Bolivia y otros países de América; el surgir protagónico de la lucha de los pueblos indoamericanos; el surgimiento con gran vigor de las luchas LGBTIQ+, feministas, afrodescendientes, de migrantes, comunitarias y ambientales, al margen de los partidos políticos tradicionales; la victoria del pueblo de Vieques sacando a la Marina de Guerra norteamericana, y una época de destape de gran corrupción en los niveles gubernamentales en Puerto Rico y el mundo.

En otras palabras, ese torbellino político, que bullía problematizando mi ideología, encontró en trabajar mi tesis una gran oportunidad para reflexionar ideas, pasar cuenta a mis posiciones políticas y pedagógicas, en fin, a mi visión de mundo, pero con el rigor y la profundidad académica que exige este tipo de investigación.

¿Qué relación guardan la inteligencia, la creatividad y el pensamiento crítico con la conciencia social?

La tesis fluyó alrededor de las siguientes preguntas: si la inteligencia y la creatividad no son suficientes para una conducta más humana (como se ha demostrado en el capitalismo y el “socialismo real”), ¿qué es necesario en educación para desarrollar ciudadanos que actúen por el bien común de una sociedad cada vez más democrática, libre, sin opresión, justa y en paz? ¿Qué relación guardan la inteligencia, la creatividad y el pensamiento crítico con la conciencia social? ¿Qué relación guarda la educación con una participación democrática? Y, por supuesto, de estas se desprendieron otras que llevaron a investigar varias teorías de instrucción y varios procesos democráticos en Puerto Rico y el mundo.

Investigar para la tesis me permitió abundar en la teoría crítica de democracia que había planteado en mi libro Democracia participativa crítica: descolonización y socialismo del siglo XXI (Alarma, 2008; DPC, en adelante). Criticando la democracia representativa eurocéntrica y norteamericana y buscando una participación real, consciente y crítica lo más amplia posible. Pero en esta ocasión, buscando procesos pedagógicos que contribuyan a formar ciudadanos capaces de ejercer una participación crítica.

La aportación, como conclusión y propuesta, fue en esa relación democracia-pedagogía. A esos fines elaboré una teoría de instrucción, aprendizaje basado en análisis social crítico (Abasc). Sustentada con una crítica al concepto y práctica del pensamiento crítico metodológico proveniente de Richard Paul, Linda Elder y otros, apoyándome, como marco teórico contrapuesto, en la teoría crítica de Max Horkheimer y la Escuela de Frankfurt, del concepto de análisis dialéctico de Carlos Marx, la teoría de ideología y hegemonía de Gramsci y la teoría de Educación Popular de Paulo Freire. Lo que me llevó a rescatar el concepto de pensamiento complejo y plantear como forma de pensamiento analítico alterno lo que denomino análisis social crítico (ASC).

Una aportación, más práctica y metodológica, dirigida al magisterio en ambiente escolar, fue elaborar unas guías —que he puesto en práctica como profesor y activista político— para la implementación de las teorías en talleres, seminarios, salas de clase y mediante recursos literarios como los cuentos, la elaboración de preguntas problematizadoras y dinámicas de juegos.

 

¿Qué relación tiene su trabajo creativo-investigativo previo a Didáctica de la conciencia social para la formación de ciudadanos democráticos en Puerto Rico y su trabajo creativo-investigativo posterior? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueño y su memoria personal o no dentro de Puerto Rico o fuera?

En mi práctica política ya había iniciado un proceso de introspección ideológica. Había problematizado tanto elementos de táctica como teóricos: ¿qué errores o ausencias tenemos en el discurso de la izquierda y la lucha por la independencia? ¿Debemos reconsiderar las prácticas organizativas y tácticas que hemos utilizado hasta el momento, ante la experiencia política del último siglo en Puerto Rico, América Latina y el mundo, y las formas que ha tomado el contraataque del capitalismo? Incertidumbres que, de una parte, me llevaron a activarme en 2005 en la organización política La Nueva Escuela, trabajando principalmente en comunidades con el concepto de educación popular de Paulo Freire. Y, desde una perspectiva teórica, tratando de incidir en la reformulación del discurso político con mi libro DPC, donde pretendo arrebatarle al discurso capitalista el concepto de democracia y replantearme el socialismo desde una perspectiva latinoamericana diferenciada del “socialismo real”. Mis estudios doctorales y la tesis se presentan como la oportunidad de continuar la reflexión desde una perspectiva profesional y académica. Con el rigor que ello exige, ver mi práctica formando maestras y maestros en programas universitarios de educación, insertada en la lucha ideológica por alterar los discursos y prácticas magisteriales hegemónicos.

Posteriormente, tanto mi trabajo político como profesional ha girado en llevar mis teorías, resultado de mi investigación para la tesis, a las clases, talleres, conferencias, trabajo político, e incluso a mis trabajos literarios. Todo mi quehacer como activista político y autor ha continuado la investigación alrededor de los temas trabajados en el libro DPC y la tesis, con las siguientes diferencias: las incorporo al campo de la literatura y la ficción a través de cuentos y la novela Despertar en Praga (Ediciones Mágica, 2015); me enfoco más en las teorías y experiencias provenientes del sur, como los estudios poscoloniales, estudios culturales, marxismo crítico (lo que esto quiera decir y abarque), la teoría decolonial y luchas específicas como el feminismo, por el ambiente y las luchas contra la homofobia, la xenofobia y el racismo.

Debo señalar que, aunque en todas mis investigaciones y trabajos está presente mi contexto puertorriqueño y no puedo desprenderme de mi condición colonial como uno de los lentes a través de los que estudio y analizo todo lo que leo y experimento, también me permea una visión universal. Yo he viajado bastante, principalmente haciendo trabajo político, pero también estudiando y turisteando. Viví cinco años en la entonces Checoslovaquia estudiando y haciendo trabajo político, he estado en contacto personal con luchadores de prácticamente todos los continentes, mi madre era migrante dominicana, leo literatura puertorriqueña, pero también me encanta leer a autores de otros países, incluso, algunos son mis favoritos. Mi involucramiento en trabajo de solidaridad con algunas luchas de varios pueblos ha tenido un fuerte impacto en mi vida personal: cárcel por apoyar al pueblo vietnamita y no inscribirme en el Servicio Militar Obligatorio; retención e interrogatorio en Centroamérica; no dejarme entrar a República Dominicana en varias ocasiones, aunque fuese a visitar parientes. Esa experiencia personal y universal está claramente plasmada en mi novela, mis cuentos y en todo lo que escribo.

 

Mi madre decía que el buen conversador es aquel que escucha al otro. Esa máxima la he ido desarrollando cada vez más.

Si compara su crecimiento y madurez como persona, docente, investigador y escritor con su época actual en Puerto Rico, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

Mi madre decía que el buen conversador es aquel que escucha al otro. Esa máxima la he ido desarrollando cada vez más. Investigar me ha ayudado al abandono de posiciones estructuralistas, cerradas, esquemáticas y binarias y a analizar desde perspectivas lógicas formales de causa y efecto. Ahora, mis acercamientos a cualquier tema, incluso en literatura, son más complejos y, siempre, tratando de ver lo alternativo.

La investigación y el escribir exige responsabilidad y objetividad científica, que no es lo mismo que neutralidad. Desde el momento que se escoge un tema o situación para estudiar, la ideología del investigador se hace presente, no existe una musa etérea y externa a sí mismo que le dicte a uno qué investigar; la dificultad estriba en ser capaz de enfrentarse a los datos y la información que se recoge para presentarla tal cual es, aunque medie una interpretación que siempre cargará el sesgo ideológico del investigador, pero permitirá que el lector reinterprete y encuentre alternativas. Quizá por eso me gustan tanto la literatura breve y el microcuento, que no contengan moralismos explícitos y estén abiertos a múltiples interpretaciones.

Ahora, estar más consciente de la diversidad humana y de las dimensiones intrínsecas a la persona, me han llevado a preferir las investigaciones cualitativas, las preguntas abiertas y las problematizadoras sobre las preguntas cerradas y la investigación cuantitativa. La concepción marxista de que no hay esencia humana y de que ésta es contextual e histórica la he ampliado. Ahora veo a las personas no solamente como pertenecientes a una clase social o una nacionalidad o una identidad de género, sino en su calidad de individuos, seres sociales, naturales, psicológicos, sexuales y espirituales.

Aunque siempre fui lector, principalmente de poesía y cuentos, tuve muy abandonada la literatura por mi escritura ensayística partiendo de mi quehacer político. Ahora creo ser más creativo y en las últimas décadas he retomado la literatura ampliando y diversificando los temas y géneros como lector y como autor. También me ha llevado a tomar talleres y estudiar por mi cuenta en este campo porque yo no tuve una formación académica en literatura.

En definitiva, ahora, tanto en política como en literatura, y como educador, soy un practicante, investigador y autor más complejo, crítico, diverso y de más perspectivas que, modestia aparte, me hace un mejor ser humano.

 

¿Cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de docentes, investigadores y estudiantes con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo-investigativo a su quehacer de docente e investigador y su trabajo escrito de interés histórico, social, político y educativo?

Quiero destacar en esta oportunidad, un poco a manera de comparación generacional, aspectos de forma y contenido. Mi generación, en parte, se distinguió por los debates en trincheras. Con esto quiero decir que cada quien tomaba sus posiciones, de cualquier tipo, como verdad escrita en piedra. Diferir nos hacía enemigos. El sectarismo partidista predominaba. Hasta cuando académicamente se trataba de presentar ideas divergentes, se miraban por el crisol partidista y la teoría que ya se había asumido, se obviaban la argumentación y el análisis crítico. Se debatía sobre la base de consignas políticas de movilización callejera. Inclusive la solidaridad se ejercía ciegamente. Esto nos llevó a cometer muchos errores y no recibir bien planteamientos teóricos que no encajasen totalmente con nuestras posiciones políticas; inclusive, así también veíamos la literatura. Hasta los cuentos, la poesía y las novelas tenían que responder a un realismo acorde a nuestras visiones identitarias. Ya para las décadas de 1980 y 1990 comenzaron a manifestarse cambios que han ido cobrando fuerza en el siglo XXI.

Mis planteamientos, aunque no sólo por mi trabajo alrededor de ellos, han ido cobrando mayor sentido entre los jóvenes. Recuerdo debates con contemporáneos al impartir cursos, conferencias, talleres y presentaciones de los planteamientos contenidos en mi libro DPC y la tesis doctoral, donde se rechazaba mi argumentación sobre una educación basada en racionalidad de fines política, mis críticas a la teoría clásica de pensamiento crítico en contraposición a mi teoría de aprendizaje basado en análisis social crítico (Abasc), mi argumentación contra la visión hegemónica de que los maestros debían comportarse como neutrales, en política e ideología, y sólo traer los datos e información contrastada para que el alumnado llegue a sus propias conclusiones, o de que no se debe argumentar contra las posiciones de uno u otro estudiante porque son sus ideas y como tal se deben tomar como válidas aunque no se esté de acuerdo.

En política no se vio con buenos ojos mi argumentación contra la organización tipo partidista por una más abierta y flexible.

Pero las diferencias con mis contemporáneos no fueron sólo en educación. En política no se vio con buenos ojos mi argumentación contra la organización tipo partidista por una más abierta y flexible, o mis críticas a la relación entre partido y organizaciones de base heredada de los partidos comunistas, o también a la solidaridad acrítica con Cuba y los movimientos de izquierda en América Latina, o mi llamado a una nueva valoración de la lucha por la democracia, que la incorpore como consigna fundamental de la izquierda tanto para las luchas contra el capitalismo y el patriarcado como en la formulación de nuestra utopía, o mis señalamientos a reconocer que no hay un sujeto revolucionario único e integrar en el discurso las luchas sectoriales antisistémicas para una reformulación tanto del carácter de la lucha como de la visión de otra sociedad posible.

Sin embargo, no ha sido así con las nuevas generaciones y con aquellos contemporáneos que han tomado como eje de sus vidas políticas las luchas contemporáneas y los movimientos no partidistas en Puerto Rico, América Latina y el mundo. Desde principios del siglo XXI mi quehacer político y literario ha estado vinculado al florecimiento de las luchas sociales y que llamo sectoriales: rescates de terreno, condiciones ambientales, movimientos culturales, contra la privatización, por derechos laborales, reclamos estudiantiles, el feminismo y contra el racismo, la homofobia y la xenofobia. Todo con jóvenes y generaciones intermedias entre ellos y mis contemporáneos. La reacción a mis planteamientos ha sido diferente, más abierta y receptiva. Aunque también hay que reconocer que algunos movimientos actuales han heredado viejas prácticas.

Mi quehacer en general, como político, investigador y escritor en literatura, ha cobrado un rol más pedagógico. Al trabajar con jóvenes he percibido varios aspectos inquietantes. De una parte, manifiestan una laguna histórica sobre la lucha en las décadas de 1960 a 1980. No la comprenden y los lleva a asumir una de varias posiciones: incertidumbre, rechazo, idealización o que todo lo que ellos hacen es totalmente nuevo y creativo, es lo que faltó en aquellas épocas. Pero, además, entre los contemporáneos y los jóvenes que han heredado nuestras visiones estructuralistas de entonces encontramos dos tipos de análisis dañinos para comprender nuestro pasado histórico. En un extremo están quienes idealizan aquella época y en el otro quienes son sus detractores. Todo lo anterior me ha llevado a tomar como responsabilidad, para con las generaciones que no vivieron esas épocas y las venideras, una postura pedagógica. A ello responde mi novela Despertar en Praga, organizar seminarios, campamentos de formación política para jóvenes activistas, paneles críticos contrastando temas desde puntos de vista divergentes en lo teórico, político y de disciplinas académicas distintas, mis actuales entrevistas a luchadores de aquellas épocas y la novela histórica que, basada en esas entrevistas, con mucha dificultad, estoy tratando de escribir.

 

Ha logrado mantener una línea de creación-investigación enfocada en la educación, la narrativa y el análisis social-político de carácter crítico en y desde Puerto Rico y fuera. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-investigativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?

Abundaré en dos aspectos: el literario y el extranjero. En cuanto a los planteamientos políticos y educativos, principalmente en América Latina y foros internacionales en Puerto Rico, han sido bien recibidos. En términos generales, en América Latina son temas de amplios debates. Yo he tenido la oportunidad de asistir a foros relacionados con la educación popular, los trabajos comunitarios y el desarrollo del pensamiento, algunos de carácter internacional, como el Encuentro Internacional de Educación y Pensamiento, otros organizados por Consejo de Educación Popular de América Latina y el Caribe (Ceaal), y varias asambleas, seminarios y congresos de editoriales y organizaciones de maestros y sistemas educativos escolares y universitarios. Estos temas se discuten desde variados puntos de vista y diferentes contextos sociales. Son ambientes propicios para recibir, escuchar y reflexionar sobre ideas divergentes. Las reacciones recibidas han sido más de preguntas y de tratar de profundizar, no de rechazo. Aunque también se han suscitado algunos debates.

Cuentos, artículos, crítica literaria y conferencias han sido recogidas por publicaciones como Cruce, 80Grados, El Post Antillano, Academia (tomos 1 y 2), Plaza Crítica (1 y 2), El Investigador (2), Tecne 7 o Ceaal 2, entre otras publicaciones impresas y digitales originadas en y fuera de Puerto Rico. Inclusive, en el campo de la tecnología educativa y a distancia he discutido mis teorías como, por ejemplo, el artículo “Aprendizaje basado en análisis social crítico: metodología aplicada en educación a distancia” (en Rama, Claudio, coordinador, 2014: Informe: educación virtual y a distancia en Puerto Rico. Virtual Educa, Observatorio, Departamento de Estado de Puerto Rico e Hispanic Educational Technology Services, HETS; pp. 15-20).

Mi literatura, principalmente cuentos, han sido seleccionados para antologías en España y Argentina. En España se escogió un cuento de tema ligero, no muy controvertible, que ironizaba el uso de la tecnología (Microrrelatos El Bunker Z; Diversidad Literaria, 2016). En 2020, para la antología de relatos breves juveniles Efecto mariposa, de la Editorial Quipu, Argentina, me seleccionaron cuatro relatos con temas de acoso escolar, feminismo y antirracismo.

 

Lucho por la ciudadanía puertorriqueña que se nos ha negado por los imperios coloniales que nos han dominado.

Sé que es usted de Puerto Rico. ¿Se considera un educador y escritor puertorriqueño o no? O, más bien, un docente-investigador, sea éste puertorriqueño o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

Como bien dices, nací en Puerto Rico y, desde una perspectiva estrecha de identidades nacionales y ciudadanías estatales, soy puertorriqueño. Ampliando el concepto de ciudadanía, me siento y lucho por la ciudadanía puertorriqueña que se nos ha negado por los imperios coloniales que nos han dominado; por lo tanto, no me siento ciudadano norteamericano, que es la ciudadanía impuesta. Para mí, esta pregunta tiene un carácter político que se impone sobre consideraciones sociológicas. Si ya hubiésemos superado nuestra condición colonial, posiblemente ni la pregunta se haría ni la contestación fuese relevante. Usualmente a un cubano o colombiano no se le preguntaría y, en todo caso, se contestaría con un escueto sí, soy de tal o cual país, al menos que sea un migrante como lo fueron José Luis González y los múltiples migrantes exilados por política o economía que hay alrededor de todo el mundo. Yo, como luchador por la independencia de Puerto Rico, me siento puertorriqueño.

Pero la pregunta guarda en sí varias dimensiones que en mí cobran realidad. Como luchador antiimperialista me identifico con múltiples luchas nacionales, las estudio, las sigo, hago referencias a ellas en mis escritos y siento empatía tanto con sus triunfos como sus sufrimientos. Así fue y ha sido con las luchas de Vietnam, las colonias portuguesas, el apartheid en Suráfrica, los indios y afrodescendientes norteamericanos, Palestina, Chiapas, Cuba, Venezuela, Guatemala, Nicaragua, Bolivia, Chile, etc.

También podría contestarte que me siento caribeño y dominicano. Además de por razones políticas, por ser hijo de dominicana, tener queridos familiares y haber vivido en República Dominicana, aunque en varias ocasiones se me ha prohibido la entrada por razones políticas.

Viví cinco años en Checoslovaquia, actual República Checa, y la experiencia ha marcado mi vida para siempre. En ella aprendí lo que realmente fue el socialismo europeo y amo a su pueblo y su cultura. En ese entonces, era el centro de paso de múltiples luchadores de todo el mundo, aprendí sus historias y me identifiqué e identifico con ellas.

Como escritor tengo literatura, inclusive infantil, que transcurre fuera de Puerto Rico o hace referencia a personajes y situaciones migratorias.

Actualmente trabajo una investigación histórico-gastronómica que cubre el hemisferio americano. Como docente, investigador y escritor soy un ciudadano del mundo que parte de su realidad glocal.

 

¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política con o en su trabajo creativo-investigativo y su formación en Puerto Rico y España?

Desde el inicio de mi formación ideológica independentista, socialista y marxista en mi juventud, terminando la escuela secundaria, he tratado de ser coherente en mi práctica social y académica. Claro, ha sido un proceso en el cual se afinan conceptos, se descartan percepciones, se superan conductas, se corrigen errores y se cometen otros. Algunas ideas y procederes desarrollados desde mi formación familiar y escolar infantil, tomadas como instintivas y naturales, fueron cobrando sentido en la formación posteriormente iniciada en la universidad. El racismo, la xenofobia, el machismo, la homofobia, el colonialismo y la persecución política me fueron conocidos desde mi niñez y rechazados, al principio sin conceptualizarlos como tales. Soy independentista y me siento puertorriqueño, pero no soy chauvinista, me siento también dominicano y caribeño. Como constructo social soy hombre heterosexual, pero he aprendido a manifestar mi yo femenino. En mi práctica política y mis relaciones sociales nunca he diferenciado por género, sexo, color de piel o nacionalidad. La equidad de género es consustancial a mi ser.

En mis investigaciones y escritos de todo tipo, busco siempre cuál ha sido la presencia femenina, de migrantes o de la diversidad sexual en el objeto de estudio. Una de las dificultades es la ausencia de esos datos en las estadísticas y documentos oficiales o que constituyen fuente, y obliga a depender sólo del trabajo de campo propio.

Sigo el vocabulario políticamente correcto, es importante y necesario hacerlo como destaque, promoción y consignas de movilización.

Un problema que encuentro al momento de redactar, principalmente en literatura de ficción y ensayos, es mantener coherencia ideológica en el vocabulario y las expresiones idiomáticas al tratar a las personas. Claro, en política es relativamente fácil, sigo el vocabulario políticamente correcto, es importante y necesario hacerlo como destaque, promoción y consignas de movilización, para combatir la misoginia, el racismo, la xenofobia y la homofobia. En mis escritos trato de ser lo más inclusivo posible, pero estoy consciente de no lograrlo a plenitud. Por ejemplo, para no escribir siempre “el/la”, usar al final “@” o “X”, “individuo/individua”, “ser humanx”, “el/ella/le”, etc., trato de sustituir ciertos términos, como: “las personas” por “los individuos”, “la humanidad” por “los seres humanos”, “que cada quien” por “que cada uno”. Y en el caso de dirigirme específicamente a una mujer entonces lo feminizo: “la sujeta poética o literaria”, “la sujeta literaria”, “la yo lírica” y el término literario “la actante”. Como se comprenderá, no es fácil, no es aplicable en todo momento, no complace a todo el mundo y llueven las críticas.

Una vez me dijo un crítico literario que yo desarrollaba mejor los personajes femeninos. Pienso que eso se debe a estar consciente del deber de ser inclusivo y destacar el rol de la mujer y, como no soy mujer, tener que estudiar y elaborar con mayor cuidado el carácter del personaje para librarme de mi visión masculina y asumir la femenina. Igual me ocurre con otros personajes que me llevan a tener dificultades con las ilustraciones de algunos artistas. En mis cuentos infantiles, por ejemplo, describo niños negros o con rasgos de descendencia afro, pero cuando me entregan las ilustraciones los han blanqueado y las tengo que devolver.

De hecho, la tesis y mis estudios en España no estuvieron exentos de controversias por manifestar mi ideología abiertamente en mis trabajos. Puedo darte como ejemplo la defensa de la tesis. El jurado estuvo compuesto por profesores y profesoras. En ella entró en controversia conmigo uno de los jueces por las críticas que se planteaban a la versión de un descubrimiento de América de progreso y desarrollo para nuestros pueblos, además de otras críticas al sistema político español. Lo que inició como señalamientos críticos del juez hacia mi trabajo terminó suscitando un debate entre ellos; una jueza se identificó con mis señalamientos y salió en mi defensa.

 

¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida tras su paso por la Universidad Interamericana de Puerto Rico? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de docente, investigador y escritor en Puerto Rico hoy?

Mi paso por la Universidad Interamericana constituyó el inicio de otra etapa de vida. Fue un reinicio de los estudios universitarios que estaban tronchados por el quehacer político, pero también un importante inicio con perspectivas nuevas y prácticas. Yo salía de la cárcel por no cooperar con el Gran Jurado Federal de los Estados Unidos, que investigaba las acciones del movimiento clandestino por la independencia de Puerto Rico. No tenía estudios universitarios completados en ningún nivel académico. Estaba casado, con tres hijas y un hijo, y aunque tenía el apoyo incondicional de mi esposa, de la madre de mis hijos mayores y de mis padres, hermanas y hermano, necesitaba trabajar. Esa situación práctica y existencial me llevó a estudiar un bachillerato en Ciencias de Cómputos. Para mi sorpresa, posiblemente por los buenos profesores que tuve, vi rápidamente el valor de vincular la tecnología digital con la educación, desde una perspectiva ya no tanto existencial, sino como parte de mi práctica social. Tan pronto terminé esos estudios inicié, en la misma Universidad Interamericana, la maestría en Computación Educativa. Esa formación en tecnología se refleja claramente en mi libro DPC y en la tesis doctoral. En esos trabajos discuto la importancia de integrar la tecnología digital para lograr los propósitos de las teorías planteadas en ellos. Además, ha sido un eje importante en mi prédica pedagógica, que la tecnología no se vea como un fin en sí misma, se saque de una visión de racionalidad técnica y se enmarque dentro de una racionalidad de fines.

 

¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-investigativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

Vivimos una época en la cual los reclamos por una educación con racionalidad de fines y una mayor y más significativa democracia han cobrado prioridad. Los sectores feministas, afropuertorriqueños, la comunidad LGBTIQ+ y los ambientalistas, han llevado sus reclamos al sistema escolar. Algunos ejemplos son la demanda por la implementación de un currículo con perspectiva de género, y proveer a maestros y estudiantes con literatura infantil, talleres y representaciones artísticas que trabajan los temas antes mencionados. Pero lograr receptividad a teorías contrahegemónicas es un proceso de altas y bajas, de avances y retrocesos. Va más allá de hacer los planteamientos y divulgarlos. Va más allá de lograr cambios institucionales o leyes que creen estructuras que contribuyan a ambientes favorables para su logro. En realidad, se trata de lograr transformaciones ideológicas que ocurran en las personas. No bastaría con la adopción por el Departamento de Educación del currículo con perspectiva de género o con leyes que promuevan equidad entre sexos o perspectivas raciales. En la práctica se requiere que quienes implementan, efectivamente tengan una visión de mundo acorde con esos currículos y leyes; que su vocabulario, sus comportamientos, los ejemplos que utilizan y las decisiones que toman, reflejen que viven un cambio ideológico.

Aunque vocalmente se asuma el discurso democrático, en la práctica constantemente se actúa contrario a él.

En la política pasa algo parecido con mi concepto de democracia participativa crítica. En los niveles partidistas, electorales, de instituciones cívicas, de luchas comunitarias y de los sectores antes mencionados, se escuchan voces disidentes y mayor amplitud de ideas, abandonando las prácticas anteriores de acatar discursos monolíticos y no permitir la disidencia. Pero se está lejos, muy lejos, de tan siquiera acercarse a lo planteado por mí. Aunque vocalmente se asuma el discurso democrático, en la práctica constantemente se actúa contrario a él, y eso lo vemos tanto a nivel del Estado como de la sociedad civil.

Todo lo anterior me lleva a pensar que las conclusiones de mi tesis entrelazando educación y democracia tienen un mejor ambiente para su aceptación, pero que confirma la necesidad de un aprendizaje basado en análisis social crítico para desarrollar ciudadanos con conciencia social.

 

¿Qué otros proyectos creativos tiene recientes y pendientes?

El trabajo cultural, literario y de debates de ideas, desde una perspectiva contrahegemónica y educativa, son mis proyectos actuales. Se me hace difícil separar mi trabajo creativo por disciplinas o medio de expresión. Tiendo a trabajar en forma híbrida, relacionando temas y personas destacadas en diferentes campos. Unos trabajos se pusieron en pausa por la pandemia y ahora los estoy retomando; algunos, que antes eran presenciales, ahora se llevan a cabo en las redes digitales, y otros, que constituyen proyectos continuos: la actualización en una segunda edición del libro DPC; continuar, a través del colectivo Cedei y en colaboración con Junte Gente, los foros digitales sobre temas socioeconómicos, educativos, filosóficos e históricos, y sobre las luchas y movimientos sociales y ambientales, fomentando visiones críticas sobre la ideología imperante; terminar dos ensayos críticos sobre la ideología de Julia de Burgos, que constituirán una trilogía con Julia de Burgos: “Olfateando horizontes de justicia de dios” (Editorial Múcaro-Cedei, 2019); recopilar mis microcuentos en un libro; convocar el tercer Certamen Nacional de Microcuentos, interrumpido por el terremoto y la pandemia del Covid, en el que colaboran Cedei y Ediciones Mágica.

Pero el proyecto de mayor magnitud parte del compromiso que he asumido con la juventud de traer mi perspectiva y experiencia de las décadas de 1960-1980. No es un proyecto que asumo en solitario. Colaboro con varios historiados jóvenes que trabajan sus tesis sobre diferentes temas de esas épocas, respondiendo a sus entrevistas y proveyendo documentos. Además, estoy haciendo una serie de entrevistas a compañeros luchadores de esas épocas de un carácter diferente. En ellas escudriño en sus experiencias existenciales, en su ser como personas, en las dimensiones padre, madre, compañeros de vida, hijos, migrantes, su sexualidad, en fin, sus dimensiones más íntimas, espirituales y psicológicas. Quiero ver cómo se compaginaron con su activismo político, que muchas veces les puso en riesgo y donde surgieron conflictos. No busco en ellas datos ni reproducir los sucesos y actividades de la lucha política, esa información está en fuentes documentales y varios trabajos de historiadores. Estas entrevistas son mi fuente para una novela histórica-psicológica que escribo —que, por cierto, ya lleva casi tres años y me está dando mucho trabajo. No es fácil la construcción de personajes, ambientes y situaciones que uno ha vivido, pero en los que se trata de no ser biográfico ni desvelar información comprometedora, por ejemplo, relacionada con la lucha armada.